Martes, Mayo 25, 2010
SE PUEDE TOCAR EL CIELO. AYUDANDO.
Lo hemos vivido. Hemos llegado muy lejos. A donde el destino nos había dicho, a donde muchos nos habían avisado. Hemos llegado y alli estamos. Gracias a la ayuda que le damos a los demás. Gracias a esa justicia que está presente en cada acto.
Con humildad, con cariño y con respeto. Con ese toque mágico que le damos a cada encuentro. Con esas ganas que contagian a quien las arrastra pensando que su condena es esa soga en el cuello. Con el mayor de los cuidados, sabiendo donde estamos caminando. Sabiendo que el dolor se mira en el espejo de ellos, todos los dias, mientras se peina sus dientes afilados.
Gracias a ellos aquie estamos. Y la verdad es que es un honor compartirlo y es un orgullo estar a tu lado. En esa mesa que compartimos, mientras hablabamos en público. Hasta un punto, donde nos sentíamos en casa. Una casa plagada de ganas, entusiasmo y pasión, una voz que habla desde el corazón y no se calla nada. Por más que enfrente hablara la voz de lo anticuado, la voz de lo que va quedando lejano.
No nos intimidamos. Pudimos hacerlo a al altura de las circunstancias. Y de las expectativas de aquellos. De los que se merecen lo mejor de lo nuestro. De los que esperan cada encuentro para ver si tenemos las respuestas ansiadas.
Por tantas almas es que se llega a equilibrar la balanza. Por tantas ganas es que encontramos la clave y las respuestas necesarias para que esas personas que nos encuentran sequen sus lagrimas y encuentren una sonrisa de este lado. Una sonrisa de regalo, que los contagia.
Y los anima a seguir.
Por tanta cobardia que va quedando lejos, por tantos pequeños que no se animan. Por tanto que has puesto en juego y me invitaste a compartirlo, es que te agradezco hasta lo infinito.
Y levanto esta copa, llena de orgullo y alegría.
Jueves, Mayo 06, 2010
VOLVER. PORQUE ES NECESARIO.
Volver al eje, volver a uno. Cuando se quiere ser uno, uno pasa por los demás. Es inevitable pensar que las cosas pasan por algo. Es ineludible aceptarlo, si es que uno se hace cargo de las cosas.
Pueden decir cualquier cosa, pero las cosas son de una manera. La realidad juega tantas veces con el espejismo de creerse distinto, siendo igual a la historia. La realidad se acopla a las complicidades ajenas, mientras uno se envenena trantando de entender algo.
Podemos morir crucificados, con la lanza clavada en el costado. Podemos estar dudando, mientras nos dan vinagre de tomar. Pero la mirada en alto nos da ese alivio de la verdad, esa honestidad del deseo. Saber que uno fue sincero, aunque tenga debilidades y errores. Poder amar sin rencores. No poder odiar al ser amado.
El dolor quiere hacer estragos, pero con el tiempo uno madura y no lo deja robarse como comadreja los mejores momentos vividos. El muerto se rie del degollado, el dolor se rie del lamento. Yo me quedo con lo nuestro, aunque ya no sea de nadie.
Es necesario volver, siempre al eje de uno. Es necesario entender que el camino se hace con los pies, a cada paso y tropiezo. A veces es complejo entender que no hubo tropiezos ni caidas, que las cosas de la vida nunca se dan en linea recta. Y que tampoco todo es cara o seca. Que las mentiras siempre son parte de la verdad. Y que la verdad, es una mentira a medias.
¿Esperar? No darle tiempo al atrás para que se lleve lo mejor del futuro. No dejar que las cadenas de lo absurdo puedan enredarse en los pies. No dejarse de querer porque alguien ya no puede con uno. No hundirse en lo bruto de las palabras dichas sin amor. Y sin consideracion de quien está enfrente. No ser insolente con el omnipresente, que sabe lo que hace.
Mientras uno algo de idea tiene. Las cruces ya no se llevan con pena. La victima ya dejo su viejo traje. Y quiere ser parte de las decisiones a tomar. Ya sabe que es amar. Ya entendio su aprendizaje.
La suerte no siempre está de nuestra parte. Mejor, le toca al otro. Es bueno hacerse responsable, autor y creador del destino. Algunos parrafos escribo en esas hojas de mi vida. Hay otras firmas, que reconozco y me enorgullecen, hay otros presentes que dejaron su marca y su huella. Capitulos enteros que se cierran, un libro que sigue creciendo.
Sus paginas se vuelan con el viento, su tapa ya no es rigida. Volver a las viejas heridas es leer de atras para adelante. Un laberinto que se sabe enroscado y complejo. Un misterio que ahora tengo, que conozco y del que guardare siempre su secreto. Yo la conozco, ella tambien lo sabe.
Me llevare a la tumba esa parte. El silencio esta de mi lado.
Volver, es lo importante. A creer y a confiar. A volver a usar el poder para curar, hay mucha gente que necesita. Y muchos momentos de la vida que quieren sentir la felicidad.
Queria estar, otra vez aca.
En el eje.
Lunes, Abril 26, 2010
LA MUJER LE PISA LOS TALONES. GUERRA DE PIRATAS.
La mujer le pisa los talones.
Guerra de piratas.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
La igualdad llegó a su máxima expresión. Hoy, la mujer equiparó todo con el hombre y llegó a sacar lo peor de él. Por ser iguales, por pelear a la par, quién sabe en realidad el motivo, lo importante es que le está pisando los talones y la guerra es entre piratas.
En el medio quedan los inofensivos. Aquellos que aún quieren hacer las cosas bien, pero no pueden ser ajenos a esto. Una guerra que tiene sus desperfectos porque es siniestro lo que ambos bandos están haciendo. Un lamento que llegará muy lejos, en las próximas generaciones, porque son leones hambrientos que buscan la sangre del otro. No hay consuelo, no pueden discriminar lo bueno y, mucho menos, lo nuevo. Esa oportunidad quedó atrapada en el medio de un fuego sangriento que no va a terminar bien.
Esta vez la mujer se equivocó. Equiparar la cuestión en los peores aspectos del hombre no es lograr con razón un lugar de paridad. Es perder la razón y perder también el juego. La mujer tiene mucho más que perder y su valor es estructural. Empezar a piratear tiene sus altos riesgos. Porque hoy ya no son cuentos, son realidades en abundancia, ver que muchos padres lo son de hijos ajenos, porque esa mujer lo engañaba y nunca le dijo que estaba criando a uno que no era suyo.
Brutales consecuencias que van mucho más lejos que el dolor tremendo que produce la infidelidad. Una traición que le clava la espada a sus hijos, ajenos a todo esto. Hermanos que se dan cuenta que dejaron de serlo, o que nunca lo fueron como creían. Una mentira que es producto directo de este ataque tremendo hacia la masculinidad del hombre. Hacia su poder y sus rencores por ser dominante durante tantos años. Una realidad que se nos escapa de las manos, sabemos que las cosas no eran tan así, tampoco.
Pero el hombre se queda ciego cuando la mujer es la pirata.
La mujer le come los dedos cuando quiere ser pirata. La mujer engaña mucho mejor que el hombre cuando sale de los bordes o límites de lo correcto. Y lastima sin consuelo, hiere donde sabe que duele, porque en la guerra la mujer siempre fue mas fuerte. Y mas hiriente si quiere serlo.
Hay toda una explicación psicológica que se puede dar respecto a los riesgos. El hombre tiene mucho que perder, la mujer lo perdió desde el comienzo. Esto le da una soltura inicial, una soltura peligrosa. Una mujer herida o despechada es lo más peligroso con lo que uno se puede encontrar. El hombre, en eso, es más animal, menos sofisticado y, a veces, más bruto. No lo justifico ni lo culpo, son modos diferentes.
Lo que si es recurrente es ver que la mujer hoy es tan pirata como el hombre del que se quejaba hasta hace, relativamente, poco tiempo. Una guerra que no tiene frenos. Una guerra alimentada por ambos lados. En la capa de la dama está el lema de la ausencia de los caballeros. En las banderas de ellos está el miedo y su resguardo.
Mantenerlas alejadas es su mejor arma, por eso caen en la falta de compromiso. Porque es digno protegerse de alguien con rencor, y cegado por un amor que no fue ni podrá ser.
La guerra de la mujer contra la masculinidad del hombre es el comienzo del fin. No hay manera de salir de esta encrucijada en la que hemos caído.
Y somos todos responsables.
La mujer es, innegable, protagonista de esta guerra. Una pirata encubierta en la maternidad o en la fragilidad de buscar al amor de su vida. Y se va con la primera vela izada.
Miércoles, Marzo 17, 2010
EL CAPRICHO EVOLUCIONÓ A ORDEN.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Dicen que el mundo está evolucionando, a veces creo que está retrocediendo. Pero al margen de las visiones personales hay cuestiones en este planeta que van en direcciones opuestas a las esperables. Y una de ellas es la evolución del capricho, en su contraparte la orden. Se supone que el capricho debería ir despareciendo en la medida en que el niño se encuentra en un mundo con todo más facilitado, sin embargo, el tiro sale por la culata y los cangrejos caminan para adelante. La facilidad de los estímulos los está haciendo más cómodos y dominantes, más demandantes y exigentes. Por eso ya no nos sorprende escuchar de sus bocas la cantidad de órdenes que salen hacia sus padres, en forma autoritaria y sin márgenes de nada. El capricho evolucionó.
Antes frente al capricho la reacción era otra. No había margen de nada. Muy pocos niños se animaban a hacerlo y quedaban expuestos como chicos caprichosos y desubicados, malcriados. Hoy la historia es otra. Con el paso del tiempo los padres van perdiendo y modificando lo vivido, enseñanzas que se habían aprendido se quieren cambiar hacia otros lados. Flexibilizando y naturalizando lo que antes era rígido y estructurado, pero con un efecto extraño que tampoco era el esperado.
La flexibilidad parece debilidad y con la soltura llegó el exceso, la permisividad y la tolerancia en extremo, hasta que se ponen los limites como antes. Y se cae en la contrariedad, un doble mensaje que confunde a favor de la otra parte, el niño que se impone. Entonces se desdibujan los límites y la autoridad queda permeable, ya no frente al capricho sino frente a la orden emitida por el niño, con una postura impresionante. Parecen grandes, pero son chiquitos que han evolucionado en este mundo tan extraño y ahora dan órdenes.
Ahora los niños son distintos. Y tienen más lugar para serlo. Por eso es que el capricho está dejándole paso a la orden y el mandato, de hacer lo que ellos quieren. Porque ya no tiene sentido hacer un escándalo y nada más, la simple idea de plantarse en ese deseo y llevar al extremo la paciencia de los padres, ya va cediéndole su parte a la orden que los obliga a traerle servida la satisfacción de sus deseos. Y sino, se van ofendidos, se escucha un grito, un “no” rotundo e implacable, algunos llegan a golpear. Le levantan la mano a los padres, como signo de autoridad, una imposición fuera de lugar que muestra la evolución. A donde los lleva este mundo.
El problema tiene varias aristas complejas, una es pensar que a esta edad ya empiezan así, ¿que les devendrá en la adolescencia? Por otro lado, seguirán evolucionando las conductas que reafirman la propia identidad y la autoridad, por sobre las directivas. Siempre y cuando los padres vayan acompañando estos cambios con líneas cada vez más claras. Sin pensar que estamos en manos de niños manipuladores o extorsionadores que tienen esa intencionalidad. Y podamos pensar que todos los días se les transmite ese mensaje, y que es de nuestra parte de donde salen las malas interpretaciones. Porque es de uno atribuirles semejante peso un poco absurdo, cuando vemos que tienen dos o tres años. No niego que lo hayan causado, se los ve negociando a cambio de ahorrarnos el grito sin descanso, pero no va más allá de eso.
Son chicos y quieren seguir jugando. Nosotros debemos preocuparnos y ocuparnos más del mundo que les estamos ofreciendo, dónde y cómo estamos viviendo, para que podamos comprender mejor la evolución, del capricho a la orden.
El capricho está evolucionando y nos va mostrando su nueva dirección. Antes eran mal educados, los pocos niños que hacían estas escenas. Hoy las hacen todos y algunos están en el plano de la orden. Un paso enorme para un chico tan pequeño. Un obstáculo nuevo para la tranquilidad de los padres, que tienen por delante nuevos desafíos.
El capricho ya es una orden a los padres.
Prepárense.
LA OTRA CARA DE LA INFANCIA. SU MAJESTAD.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Es claro que amamos a nuestros hijos, pero debemos hablar de una realidad que se torna un padecimiento, muchas veces que ellos deciden gobernar la casa. La otra cara de la infancia, una vida cotidiana de la que poco se habla y todos comentan por lo bajo. He escuchado muchos reclamos, muchas demandas y he visto tanto cansancio que parecen esclavos de esos hijos que nunca se cansan, de-mandar.
Vamos a hablar de esos sentimientos encontrados, vamos a darle el lugar a todos aquellos que sienten que está mal hablar de los hijos así. Y pensar que es humano estar cansados y agotados de tanto escuchar esos gritos y esos llantos, ese “mami” que nunca para. A esos padres que todos los días se tienen que levantar pensando en lo que les espera. Otro día igual, llegar de trabajar y bañarlos, jugar, darles de comer y empezar a luchar para que se vayan a dormir, luego de leer por centésima vez el mismo cuento. Y ver que esos ojos no se cierran nunca, mientras a uno le pesan toneladas.
La infancia genera sentimientos de todos los colores. Una amplia gama que va desde la fascinación hasta el dolor, desde la alegría y la felicidad más plena hasta la bronca y el agotamiento. El hartazgo y el desconsuelo por no saber que más hacer. De esto pocos hablan, porque no se les da el espacio a los padres sin que se sientan juzgables, o cuestionados. La sociedad suele amenazar con sus culpas y responsabilidades, sin dejar ninguna chance al resto de las emociones que ese ser humano en crecimiento genera. Y despierta con tanta facilidad.
La infancia es, por un lado, una luz de esperanza para el mundo. El proyecto de un futuro, una criatura con todo su potencial y toda su capacidad para generar una sonrisa y la más profunda alegría. Tocar el cielo con las manos. Pero por otro lado, la infancia es la demanda constante, la exigencia de estar siempre dispuestos a todo lo que ese pequeño ser humano quiera. Y ver que se oponen sin ningún problema, que no aceptan un no, que luchan por seguir haciendo lo que quieren y que no comprenden lo que parece tan sencillo. Que uno también tiene una paciencia con límites y no autosuficiente.
Los niños de hoy no son aquella inocencia que decían las abuelas, esas creencias que nunca tuvieron fundamento. Los pequeños son seres de puro deseo, sin entender aún los límites. Y luego de entenderlos, sin ganas de respetarlos porque jugar les es prioritario y el adulto interrumpe todo el tiempo.
Son niños emperadores, gobernadores y conquistadores, dueños y señores feudales. Los padres son esclavos, fieles servidores, desobedientes y partes de la realidad que intenta insertar la idea de “lo que corresponde”. A ellos no les interesa nada de eso, sólo quieren que estemos a su servicio, para brindarles todo el cariño del mundo, ser partes de su mundo y darnos el personaje que ellos quieran. He visto a padres jugar a las muñecas, a madres ser hijas de una niña de tres años. A empresarios y serios profesionales hacer cosas inimaginables, partes del juego de ellos.
Debemos aceptar que la infancia tiene otras caras, más difíciles de manejar. Son caras que despiertan desde el alma a los sentimientos menos esperados. Enojos, tragos amargos, angustias y dolores; los niños son seres que pueden hacer de ti lo que ellos quieren. Partes de su mundo de juegos. Partes de su crecimiento.
Y de este lado, todos los sentimientos encontrados porque no quieren hacer caso y todo cuesta muchísimo.
A los padres les digo, bienvenidos a su nuevo mundo.
Miércoles, Diciembre 30, 2009
El brillo.
Hay un punto donde la vida se vuelve un segundo. Y todo pasa sin pasar. Donde la eternidad parece aquietar las aguas de los tiempos y todo parece tan quieto que hasta el silencio se contiene de respirar. Hay un brillo en su mirada cuando todo le pasa, sin avisar ni pedir permiso. Lo he visto, es una bola de luz alojada en el prisma de su lagrimal.
En ese rincón donde pasan los mejores momentos de una vida. Donde la vida misma se acumula antes de caer y recorrer los bordes de una cara tibia. Sonrojada por una emoción que ella nunca calculó. Pero que un día llegaría.
En ese rincón se alojó el más hermoso brillo de su vida. Y emanaba tanta luz que encandiló mis sueños y abrió la armadura. Una terca cerradura que hacía tiempo estaba sin abrir. Y la luna sabría los secretos que el sol escondía. Cuando el atardecer metía sus narices en mis asuntos, y dejaba sus huellas como marcas impresas en la arena de mis proyectos. Castillos completos, con reina y todo. Sueños enteros hasta que el despertar los volvía una larga lejanía. Un día más.
Hasta que mis dedos la vieron llegar.. Hasta que mis pensamientos supieron naufragar y mis miedos salieron a trotar.
Cuando la armadura se abre solo te queda el brillo del alma. Sus olas rompen en los pilotes del muelle de mi equilibrio. Los vientos de sus vientos murmuran en mis oídos la perdida de un vestigio de la última salvación. Mientras la intemperie discierne si protegerme o dejarme solo. La angustia es un borde filoso entre la felicidad y la miseria, entre la inmortalidad y la fragilidad de verme con su ausencia.
El brillo en su mirada, cuando la emoción la abraza como si fuera el último abrigo del mundo infinito en el que ella estaba viviendo, me dice que a ella le llegó la alegría. El cumplimiento de su sueño.
Esa luz que he visto despierta, en el olvido, a los sueños que ya recuerdo.
Es la razón por la que hemos venido a este pequeño circo que dura casi cien años. Algunos se van temprano, otros no quieren irse nunca. La luz abruma a la mirada que se desnuda frente a esa posibilidad.
Ver que en el ojo está el brillo del alma. Pura.
Jueves, Diciembre 17, 2009
LES CAMBIO DE TEMA. HABLEMOS DE LAS RELACIONES.
La mayoría de las consultas hoy en día son por las relaciones. Parece que nadie las quiere, pero todos las seguimos buscnado. Todos quieren estar acompañados, pero juntos no se soportan. Una contradicción que escucho a diario, un dilema que no encuentra salida, ni alternativa. Si no querés estar solo, tenés que estar acompañado. Obvio, básico. Pero nadie lo entiende.
Se han vuelto un problema. Posiblemente siempre lo fueran, pero ahora todos hablan de ellas. Las relaciones. Las ocasionales, las pasajeras, las que nadie espera pero se dan igual, las relaciones de pareja, los que quieren estar solos cuando están acompañados, los que quieren a alguien porque están solos, pero después no saben si era lo que querían. Una vuelta que no termina. Todos miran al de al lado. Todos quieren lo que el otro tiene, cuando el otro tiene algo distinto. No dejamos de mirarnos el ombligo, en vez de mirar al otro a los ojos. Y sincerarnos, en lo patético que estamos. En esa ridícula vida.
Las relaciones. Una queja tras otra. Pedirle al otro lo que no hacemos. Un juego histérico, una lucha de poder. Porque no sabemos que hacer con la realidad nos metemos con el que está junto a nosotros. Y al final, vivimos esperando. Un llamado, un mensaje, al hombre indicado, a la madre de nuestros hijos. A alguien distinto, que después no sabemos manejar. A quien cuidar para después quejarnos.
No estamos acostumbrados a vivir en relación. El problema se motorizó en el seno de la familia y ahora se generaliza al resto de la sociedad. Un problema generacional, que no se va a detener. Y no solo es con las relaciones de pareja, también se juega este dilema en las amistades y en las sociedades, en las familias y en las relaciones comerciales. Nadie respeta lo pactado.
Nos engañamos. Nos mentimos todo el tiempo. No podemos vivir solos, no nos sostenemos ni durante un recreo. Nos encerramos mirando ese orificio que encontramos en la mitad del abdomen. Como si fuera un espejo, no deja de ser un agujero que no tiene ni principio ni fin.
Encerrados gritando para que alguien nos escuche. Peleamos gritando para quedarnos solos. Muchos prefieren estar esperando que tener lo deseado porque no saben como seguir.
Las relaciones nos pueden hacer feliz, si es lo que estamos buscando.
Si estamos aburridos y la idea es seguir girando, sigan ese camino, las relaciones sin vincularnos.
El intercambio es necesario. No podemos vivir de nosotros mismos. Estamos muy lejos de ser autosuficientes, de autoalimentarnos. Estamos alejados de nosotros mismos; estamos perdidos sin las relaciones.
No les voy a decir que necesitamos un cambio, porque están todos cansados de los cambios y de los pocos resultados que han dado. Necesitamos mirar hacia otro lado, para que podamos encontrar lo que estamos buscando.
Porque todos seguimos buscando.
Aunque damos manotasos de ahogados, siendo ciegos y lentos.
Las relaciones son un encuentro. Eso no lo soportamos.