Lunes, Junio 30, 2008

EN LOS SUEÑOS. RECREA MÁS QUE REALIDADES.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

El verdadero potencial, la gran riqueza de la mente se encuentra en los sueños. Los auténticos sueños, los que se recrean en la noche y se regeneran día a día. ¿Alguna vez se puso a pensar cómo la mente genera esas imágenes que jamás ha visto? En los sueños es vívido, crea intensidades que no se han percibido, crea una realidad que no se ha vivido, genera detalles que no existen en ninguna parte. Pero allí si.

Una maquinaria que puede más que la Realidad misma. Capaz, en forma independiente, de crear todo un mundo paralelo, con diez paralelos más. Y llegar a despertar sentidos que no se tienen, porque en muchos sueños uno siente cosas que no están concientemente en las posibilidades. Y no es poesía, ni es ficción. Es la capacidad de soñar. De ver todo, sin poder explicar cómo está sucediendo. Y la limitación la vemos cuando intentamos poner en palabras un sueño, sabemos de entrada que el intento es banal, porque es tanto lo que se escapa al relato, que casi no tiene sentido contarlo. Mientras, el cuerpo lo sigue sintiendo. Una capacidad impresionante.

Una fuerza admirable. El verdadero potencial, en el sueño, queda expuesto.

Allí uno puede medir las condiciones y las capacidades de una persona. La versatilidad para soñar, la modalidad para recrear condiciones totalmente distintas. Brillos y colores con profundidades jamás vistas por el ojo. ¿Con qué se ven entonces? Es el ojo de la mente el que siente, durante el sueño, lo brillante de los reflejos, la intensidad de los matices, la profundidad de las oscuridades. Una mente que, a la vez, intuye mientras está soñando. Una mente que se mueve, cuando está percibiendo. Que habla consigo, mientras piensa y siente las palabras de los demás. ¿Cuántas caras tiene? Pensar que si viviéramos así (como vivimos los sueños) nuestro mundo sería tan intenso, que los colores serían emociones, y las emociones océanos para los sentidos.

La mente conserva esas reglas, para cuando se deja de pensar lo cotidiano. Y mezclas escenas y vivencias para transmitir un mensaje que va mucho más allá de todo. Algunos inocentes, tal vez aterrados porque saben de esa realidad, me mandan a averiguar a mis sueños lo que ellas saben perfectamente. Como si fuera a sacar de la caja una información que se vive, a diario. Si pudiéramos vivir de otra manera, dejaríamos salir a la mente que sueña. No la que revolotea por algún lugar, inespecífico, sino por la realidad, por el mundo de lo concreto.

Soñar es desplegar las alas. Para poder volar, no para sólo imaginarnos el vuelo.

Porque la mente inventa cielos que no existen. Pero que allí están.

La mente sabe cuál es la fuente, que nosotros desconocemos. Entonces llego a una conclusión, un poco extraña para lo que venía escribiendo. El hombre elije ser un pequeño, con mente limitada, para que no se salgan las cosas de un control, que lo único que hace es limitar.

El hombre le teme a su mente, porque sabe el potencial que tiene. Porque sabe la maravilla que hay dentro de ella.

Tenerle miedo a los sueños, es tenerle miedo a la vida.


EN TIEMPOS DE TANTO PLACER Y BENEFICIOS. MÁS DEPRESIÓN.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Nunca termino de saber si vivimos mejor o peor. No termino de entender una ecuación matemática, las cuentas son claras pero me dan alrevés. A mayor placer y más comodidades la gente razonable debería vivir mejor. Sin embargo, y con horror, me sigo dando cuenta que vivimos peor que antes. Y cada vez empeoramos el tramo.

No entiendo al ser humano. Ni sus dudas ni sus costumbres. Algunos y algunas le temen al amor, eligen lo peor y después se quejan. Otros tantos padecen el maltrato y se quedan a esperar la mano que viene a pegar, en vez de buscar una caricia. A la gente que se olvida, le cuesta recordar, no quieren ni pensar que sus males están dentro. El beneficio es cierto, el placer llega a ser abrumador. Es que ya no tienen corazón, entonces les late el espacio vacío.

Cuando las venas se llenan de sangre, la ansiedad, que no es cobarde, domina el panorama. Encierra al alma, no la deja disfrutar. Cuando todo está al alcance de la rama, es parte del mismo árbol, el pájaro en mano se vuela sin rumbo ni destino. Estamos desarmando la historia. Cuando en sus principios nos enseñaban que la vida se trataba de encontrar la mejor manera para vivirla. Y que las épocas de vendimia traían alegría y festejos. Hoy, en este enorme desierto, todas las fiestas terminan a las trompadas. Alguno se emborracha, otros tantos consumen sus drogas. Mientras, en las sombras pasan cosas que no debieran. Ya ni en la escuela los chicos la pasan bien. Una depresión que ya se sienta en los primeros bancos de primer grado.

Cuando sólo estaba en las manos de los ancianos retirándose de este mundo.

Un efecto rebote. O somos hombres rebotando en los efectos. Tanto han fragmentado las cosas que el placer y la alegría no son compartidas, ni partes de una felicidad mayor. Duele el amor porque se siente demasiado. El miedo se ha apoderado de las sanas costumbres. Y por podredumbre la gente se lastima. Por las dudas. Por si se olvida y cree que sentir baja la guardia.

La sensibilidad no mata ni te hace más vulnerable. El amor se comparte, sino es puro narcisismo. El dolor se ha sentido, la perdida es incontrolable, la muerte es gobernable sólo cuando es la de uno. La soberbia se hizo cobarde y la omnipotencia nos ha lavado la cabeza. Haciéndonos creer que podemos contra todo eso, y sólo morimos empobrecidos.

La gente no ha sabido disfrutar. No ha podido armar las cosas para vivir mejor. El placer y los beneficios terminaron trayendo más y más depresión. Posiblemente porque le tenemos mucho miedo a vivir.

Y con la mano en el corazón, es una barbaridad que no sepamos hacerlo.


LA FALTA DE AMOR. ES UN BAJÓN.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Es muy interesante ver como se multiplican las consultas por problemas de pareja, o para conseguir pareja o para separarse de la pareja. La falta de amor es la principal razón por la cual las personas empiezan terapia. La falta dentro de lo encontrado. La falta en lo inapropiado. Y las consecuencias anímicas cuando no funciona.

La falta de amor hoy provoca depresión. Por muchas razones, por cuestiones que nada tienen que ver con él, pero que se le atribuyen para evitar las secuelas de los problemas internos no resueltos. Al amor se le atribuye la desesperación. Se le suma la ansiedad y el temor. La soledad aporta su gran cuota. Y la historia es la principal responsable de las falencias y deslealtades con las que nos relacionamos, hoy en día. Toda una vida perdida porque la cosa no funcionó, porque el amor nunca existió. Entonces, se deprimen.

Deprimida porque está sola. Debería estar, a lo sumo, angustiada. Y preguntándose qué hace para estarlo. ¿Qué hace para modificarlo? Lo más seguro que la respuesta sea un nada enorme. Elocuente e incipiente. A rajatabla y sin vuelta atrás. Como todos los demás que no encuentran porque no buscan. Pero la apuesta es absurda, dejar de estar solos para seguir estando solos, con alguien al lado. Enfrente o al costado, les da lo mismo. Atrás o adelante, fríos o distantes, no les importan las condiciones. Dos individualidades bajo el mismo techo. Nada nuevo, pero ahora es más claro.

Se deprimen los que han estado. Se deprimen los que no lo están. Se deprimen por ir más allá. Por no quedar embarazadas, en soltería. Se deprimen porque se olvidan que las causas las generan ellas mismas. Se deprimen porque se obligan a estar en pareja cuando no quieren estarlo. Se deprimen porque hay que estarlo, para evitar los comentarios sobre la soltería y la ancianidad inminente.

Se deprimen porque no pueden dejar de mirarse el ombligo. Porque quieren pero no le abren la puerta a nadie. Porque se escudan en excusas insoslayables, en corazas que no tienen piedad. En una crítica mordaz que, cuando no hay nadie, se las devora de un bocado. Todo por estar al costado, por diferenciarse de la Historia. Si supieran que no hay forma, que nadie puede escapar de ella, se animarían a vivir cualquiera de las tantas experiencias que la vida te ofrece. Nadie se muere por experimentar el amor. Nadie muere de dolor, nadie quiere probar otra vez.

Prefieren morir en los pies de una depresión que no es tal. En las manos de un bajón que sólo es una simple y voluminosa descarga.

De soledades aburridas y de omnipotencias flanqueantes.


Domingo, Junio 29, 2008

PENA DEL QUERER. (Autora: Alejandra Oviedo)

En mi pueblo vive una persona que hace veinte años que quedó cuadripléjica por un accidente automovilístico. Ya son veinte años sin moverse, dependiendo de los demás y con una gran falta... Hace muy poquito ella enfermó y su familia llamó al médico. Él es un gran ser humano, de esos que parecen extinguirse .... comenzó a hablarle, a estimularla con afectos, a hacerle entender que era una persona y valía por ello ... justamente era lo que le faltaba... “que le hablen desde el afecto”. Por una cosa o por la otra, vivimos tan ocupados por tener o poseer dejando de lado lo que nos mantiene vivos “el amor”... Está de moda discutir a gritos, denigrar, humillar, deshonrar , mentir, maldecir porque parece que son las llaves del éxito... Se están perdiendo las cosas simples de la vida o dejamos perderlas .... es por ello que tengo una pena que me ahoga el alma y la quise compartir contigo... quizás te pase lo mismo....

Pena del querer

Me ahoga una pena que se ensambló en el alma,

saltan preguntas salpicando el corazón con manchas...

...aureolas de sombras que desechan lágrimas

saltan y salpican anunciando una partida extraña

la muerte de los afectos en el ser humano

porque desea prescindir de ellos para vivir elevado

por las buenas cosas que parecen que importan

valen más que una caricia, un abrazo, una abierta mano.

Me ahoga una pena que se ensambló en el alma,

se retiran los afectos y nadie lucha por ellos...

...Aún con luna la noche parece más oscura

y el resplandor del sol perece en la triste anchura.

...Aún con flores el jardín es color trivial

y el inmenso mar se suspende en la adversidad.

¿Por qué esas sonrisas extrañas de la falsedad?

¿Dónde quedó el saludo de aquel que no lo supo dar?

Ríos de mentiras fomentamos con ansiedad

y pretendemos que el otro no pueda pensar

olvidamos con liviandad el significado de la dignidad

humillando sádicamente para doblegar

sometiendo sin perdón al que molesta por vivir en libertad.

...Si la gente se quisiera un poco más...

...¿No vale la pena intentar?...

Escrito por: Alejandra Oviedo


SI UNO NO SE SOSTIENE. DOS MENOS.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

No voy a decir nada nuevo. No voy a hacer un gran descubrimiento. Simplemente un poco de matemáticas. Si uno no se sostiene, no se puede sostener a dos. Uno más uno sigue dando dos, pero en las relaciones las matemáticas dejan de ser exactas. ¿O son una estafa pergeñada por mi profesora?

El malestar nos lleva a pensar que las situaciones de a dos son mejores, más fáciles y más llevaderas. Pero hay una condición, que no es cualquiera, es casi fundamental a la hora de llegar a ese tipo de conclusiones. Es más simple el mundo si no hay rencores ni debilidades. Si hay alguien del otro lado del mostrador. Si, por alguna razón, ese otro no puede con su vida, menos podrá con la mía. Imposible pensar que pueda con las dos. Hay tanta carencia junto al dolor, que dos no pueden llevarse juntos. Por el simple hecho que conlleva al miedo, por la simple excusa de la altura y la disparidad. Porque la lealtad no se sostiene en cimientos frágiles. Porque siempre pierde el honesto en las manos del cobarde opuesto a los principios que se habían planteado. El que está solapado es quien tirará la primera piedra. No la que construyera una mega catedral, sino la que romperá con las relaciones.

Las carencias albergan demasiados temores y mucha descalificación. Las debilidades estropean las comodidades que se puedan llegar a generar. Y la lealtad se quiebra cuando alguien sospecha, por propia persecución. Porque el olor sale de su propio mundo. Un nauseabundo perfume a fracaso. Enrostrado para alejar al curioso, sospechoso de esconder una sorpresa cruel que puede ser la mirada. En la falta se escapa la posibilidad de ser honesto. Seamos sinceros, nadie cuenta lo que no tiene. Y cuando se obtiene, salen a la calle a gritarlo.

Si el andamio no me sostiene. Menos puede tirarle una mano a quien lo está solicitando, sea el amor de mi vida. Pierdo la partida si me faltan fichas, pierdo el rumbo si no escucho. Y no me dan las fuerzas para sostener a quien lo requiera, cuando mis recursos no están alineados. Pero todos encuentran una queja para hacer, un reclamo para emprender aunque no hay quien los escuche. No se pueden ver, pretender ser el amor del otro. Es de no creer, que si no soportan a su espejo, el otro tiene que llenarlos de amor y vendimias. Una mentira que ya no comparto. Una carga que ya no arrastro. Las huellas en el asfalto me están hablando de cansancio. De cierto hartazgo al ver que muchos, casi demasiados, no pueden con sus bardos y pretenden que otros los cargue.

Solo al hijo de Dios, por orden de un señor, le llevaron la cruz hasta el final. Pero nadie morirá por él. Nadie cambiará su lugar por más que los demás le alivianen el peso. Entonces, debemos hacernos, con respeto, un poco más cargo de lo que somos. Alcance o seamos un estorbo, somos uno y debemos asumirlo. Porque no hay piso que no se derrumbe con estos cimientos. No hay vínculo con respeto si cada uno no puede con su vida. Todo será una gran mentira y al final serán más profundas las heridas. Y más oscuro el agujero.

Si uno no se sostiene. Dos menos. Serán dos los que mueran, serán los dos buenos ejemplos. Lo incorrecto, lo presiento, está en la manera de relacionarnos. En lo que buscamos. En la manera de aprovechar lo que encontramos. No sabemos nada de lo aprendido. No hemos visto, porque elegimos la ceguera. Las cuentas no cierran y es necesario sumar.

Dos más dos es lealtad. Dos más dos es competencia. Dos en una unidad son más que millones de palabras sin que nadie las escuche. Pero no debo crear la falsa ilusión de pensar que el otro debe cubrirme, o que debe salirse de su vida para dármelo todo. No puedo ser otro, si esa persona no me acepta tal cual soy. No puedo formar más que escombros si parto de las carencias y la ansiedad. De la espera con inseguridad. De las faltas por todos lados.

No llego a ningún lado. Mucho menos si camino solo.


NO ES NI LA CONVIVENCIA NI LA RUTINA. ES EL MIEDO AL DOLOR

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Dicen que las relaciones fracasan, dicen que el matrimonio es un desastre. Y todo por culpa de alguien que tiene nombre, se llama rutina, una caricia que se vuelve automática, una almohada que siempre huele igual. Una tonada rancia que aburre y un saludo que no encuentra llegada. La vida se vuelve amarga y todo por su presencia. Una ausencia de mística que se queja y no hace nada. Sólo revolver la que se sabe debe desaparecer entre los caños.

Los que fracasan deben asumir la falta y dejar de echar hacia fuera las culpas, que siempre son ajenas, porque nos viene comodísimo. Culpar a la vieja convivencia, responsabilizar a la rutina de una vida poco digna, de un día que no se termina en la noche, y de un trastoque que puede arruinar al más profundo amor. ¿Qué pasó? Si sólo pasó la vida. Fue la maldita idea que enferma, fue la manera en que las viejas escuelas siguen enseñando lo mismo. Nadie se enfrenta a la verdad cruenta, el miedo al dolor que asoma su cabeza cuando está todo en su lugar.

Siempre tenemos miedo a la fidelidad, más cuando amamos profundamente. Siempre escondemos la realidad cuando más hay por perder o perdonar. Siempre estamos un paso atrás a la hora de emprender con claridad las cosas. Es el miedo el que se vuelve el inmenso obstáculo a resolver. Una vez presencie la vívida imagen de estas palabras, cuando vi a un alma que se estaba por salvar de las garras de su ingenuidad, al creer que podía perderse toda si no pasaba un examen de la vida. Obviamente estas cuestiones adversas siempre salen mal y la realidad le dio una lección fuertísima. Las cosas no saldrían como se esperaban, porque el miedo le quería enseñar que la única manera de zafar era animándose a no apostar todo en tan poco.

La viruela de las parejas no pasa por el virus de la convivencia ni por las escenas pasajeras que se presencian para intentar esquivar lo inevitable. La enfermedad llega cuando nadie enfrenta al dolor que espera ser atendido. Algo que pica en la cabeza y no cesa al rascar. Algo que inquieta y no se reserva derecho de admisión ni permanencia. El miedo al dolor asecha. Y alguien debe hacerse cargo.

El miedo llega a ser dolor porque no se escuchó a tiempo.

Dejemos de tirar la pelota hacia fuera. Y asumamos que en algún rincón somos los responsables del dolor y quienes alimentamos el miedo.

Con la negación.


allá de todo.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Me podrán decir que la facilidad que existe hoy para lo vincular es mucho mejor que si no existieran tantas posibilidades. Pero sigo sintiendo que el hombre es una contradicción contínua o una paradoja constante. Que nada sale como debiera, que los planes cuanto más confiables peor salen. Entiendo que no somos culpables de lo mal que están saliendo las relaciones, pero si creo que somos responsables del daño que nos estamos haciendo. No tenemos salida ni alivio si no nos advertimos sobre la única salvación: las relaciones.

Más allá de todo, con miedo y con anhelos, con rabias y desconsuelos. Con los renglones abiertos a una escritura que no llega, con la historia que sólo acumula mentiras, contadas para ocultar las verdades jamás dichas, ni en la casa ni en la sociedad. Más allá de toda la maldad y el daño generado, sabemos que no llegamos a ningún lado si no nos relacionamos. El vincularnos nos ha salvado durante estos siglos. Estamos empantanados, desorientados y muertos de sed; porque dejamos de beber el alivio de la relación.

¿Por dónde empezamos? Por lo básico e indispensable. Por el amor de una madre que debe cuidar de su hijo, no como si fuera una parte de su ombligo sino como una persona que depende de su sostén. Una madurez que sólo llega a los pies de una adolescente que no sabe como crecer. Una responsabilidad que se amalgama, en un eslabón flojo. Somos ignotos e ignorantes soberbios al creer que no existe consuelo, en los brazos de otra persona. No se trata de la vulnerabilidad, ni de la fragilidad, solo es estupidez creer que el otro me puede lastimar porque abra mi alma y le cuente la intimidad. El otro sacará su espada por más que no me vea como rival. El otro se equivocará siempre que intente aprovecharse. Por más que te quiten o te digan cobarde, la lealtad es una condición para la salvación. La lealtad con uno y con el otro.

El amor no sabe de realidad, para eso nos hicieron inteligentes. Pero obsecuentes a la hora de admitir las necesidades. Por eso cuanto más fácil se nos hace, más complicamos todo. Todos estos destrozos se pueden evitar, tanta calamidad y tanto despojo humano, si no aceleramos al ver el muro. Parece que pensamos sólo en nosotros mismos, pero somos nuestro propio enemigo, ni siquiera sabemos cuidarnos. Mucho menos podemos cuidar a otro. Pero ahora debemos pensar en la salvación. En dejar tanto rencor de lado y empezar a buscar una salida. Porque la envidia ya se ha hecho un problema social, un problema de razas (y no de educación). La discriminación ganó el terreno entre los supuestamente discriminados, y ellos se han salvado al tomar las armas y acorralarnos.

En la relación víctima-victimario nadie se hace daño, nadie sabe quién es quién. La moneda cae de lado, ya no importa cuál es su seca. Nadie pierde en esta cuenta, nos hundimos todos seguro. Si no aprendemos la lección.

Las relaciones son la única salvación. No nos queda otra alternativa. No le digo que piense en su sobrina, ni en sus hijos ni nietos. Sólo le advierto que, en algún momento, necesitará de alguien y ese será el momento de la venganza de aquellos a los que usted sometió y castigo.

Lo lamento si ya es tarde.


MÁS ALLÁ DE TODO. SON LA ÚNICA SALVACIÓN.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Me podrán decir que la facilidad que existe hoy para lo vincular es mucho mejor que si no existieran tantas posibilidades. Pero sigo sintiendo que el hombre es una contradicción contínua o una paradoja constante. Que nada sale como debiera, que los planes cuanto más confiables peor salen. Entiendo que no somos culpables de lo mal que están saliendo las relaciones, pero si creo que somos responsables del daño que nos estamos haciendo. No tenemos salida ni alivio si no nos advertimos sobre la única salvación: las relaciones.

Más allá de todo, con miedo y con anhelos, con rabias y desconsuelos. Con los renglones abiertos a una escritura que no llega, con la historia que sólo acumula mentiras, contadas para ocultar las verdades jamás dichas, ni en la casa ni en la sociedad. Más allá de toda la maldad y el daño generado, sabemos que no llegamos a ningún lado si no nos relacionamos. El vincularnos nos ha salvado durante estos siglos. Estamos empantanados, desorientados y muertos de sed; porque dejamos de beber el alivio de la relación.

¿Por dónde empezamos? Por lo básico e indispensable. Por el amor de una madre que debe cuidar de su hijo, no como si fuera una parte de su ombligo sino como una persona que depende de su sostén. Una madurez que sólo llega a los pies de una adolescente que no sabe como crecer. Una responsabilidad que se amalgama, en un eslabón flojo. Somos ignotos e ignorantes soberbios al creer que no existe consuelo, en los brazos de otra persona. No se trata de la vulnerabilidad, ni de la fragilidad, solo es estupidez creer que el otro me puede lastimar porque abra mi alma y le cuente la intimidad. El otro sacará su espada por más que no me vea como rival. El otro se equivocará siempre que intente aprovecharse. Por más que te quiten o te digan cobarde, la lealtad es una condición para la salvación. La lealtad con uno y con el otro.

El amor no sabe de realidad, para eso nos hicieron inteligentes. Pero obsecuentes a la hora de admitir las necesidades. Por eso cuanto más fácil se nos hace, más complicamos todo. Todos estos destrozos se pueden evitar, tanta calamidad y tanto despojo humano, si no aceleramos al ver el muro. Parece que pensamos sólo en nosotros mismos, pero somos nuestro propio enemigo, ni siquiera sabemos cuidarnos. Mucho menos podemos cuidar a otro. Pero ahora debemos pensar en la salvación. En dejar tanto rencor de lado y empezar a buscar una salida. Porque la envidia ya se ha hecho un problema social, un problema de razas (y no de educación). La discriminación ganó el terreno entre los supuestamente discriminados, y ellos se han salvado al tomar las armas y acorralarnos.

En la relación víctima-victimario nadie se hace daño, nadie sabe quién es quién. La moneda cae de lado, ya no importa cuál es su seca. Nadie pierde en esta cuenta, nos hundimos todos seguro. Si no aprendemos la lección.

Las relaciones son la única salvación. No nos queda otra alternativa. No le digo que piense en su sobrina, ni en sus hijos ni nietos. Sólo le advierto que, en algún momento, necesitará de alguien y ese será el momento de la venganza de aquellos a los que usted sometió y castigo.

Lo lamento si ya es tarde.


NADIE QUIERE COMPLICARSE MAS.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

El mundo está muy complicado. Nadie puede más. Todos están agotados, muchos están agobiados, los que tienen algún resto no se quieren complicar más la vida. Entonces, aparece una aparente salida, no relacionarse. Pero salen, todo el tiempo y a todos lados. Al encuentro de todos, a no encontrarse con nadie. ¿Para qué complicarse más?

Algunos están viejos, aunque recién están bordeando la adolescencia. Otros jóvenes ingenuos ya están dejando la adultez, que nunca vivieron. Antecedentes y precedentes que anulan la experiencia, donde no germina la sabiduría ni se enriquece la plenitud. Las relaciones parecen verse como una gran complicación. Y en algo tienen razón, hoy no es fácil estar en pareja. Ni conservar amigos. Mucho menos tener una sociedad sin traiciones ni decepciones. De lo familiar, mejor no hablar demasiado. Una hermandad que siempre ocultó la competitividad de una hermana mayor en riesgo por la menor que viene galopando a trote pesado, mientras la del medio sin lugar y sin ingenuidad fue usurpándole a la realidad algunos de sus secretos ocultos, para relacionar una vida clara y honesta con otra mundana y soberbia. Oculta a los padres. Si es la soledad de un hijo, sin hermandad por explotar, será traicionar a sus compañeros o amigos. Si son dos los benditos, la pelea será por el primer lugar, mientras el mayor aceptaría gustoso el segundo. Si son una plaga, la mitad saldrá a tobar y la otra a estafar. Alguno asesinará. Otro abandonará. Y las relaciones siguen generando nuevas ofertas para el mercado de la deshumanización. El mercado de las relaciones que no son un buen negocio, según parece.

No quiero escribir un artículo benigno. No quiero hundirlo en una depresión, para eso le alcanza mirar alrededor. Sólo intento, por un rato y un par de líneas meterme en esa intriga por la cual tantos humanos ven que hoy las relaciones sólo complican más. Y hay algo de realidad, las demandas de otro desesperado, son insoportables cuando uno también desespera. O cuando alguien espera, y no quiere hacerlo más. Se queja y se queja, no sabe hacer otra cosa. No le interesa. Se produjo una partida, una desaparición más, inexplicable al suceder tantas veces porque uno lo permite. Sólo se va el que ha vuelto, porque uno jamás ha cerrado la puerta.

Y unos zapatitos se alejan, porque son de marca reconocida. Unos pies vendidos para entrar en aquellos zapatitos, sin dignidad y con la etiqueta del precio colgando. La amistad ha ganado los derechos, al rose y al manoseo. Y ha perdido el consuelo y la tranquilidad, el respaldo en la honestidad y no el jugueteo entra sábanas. Se las ha dejado de tratar como a hermanas, se han vuelto esas primas jugosas. Ya nada se respeta, será esa la beta que hay que examinar, la que produjo una desigualdad en las relaciones y son el terreno propicio para ejercer el poder. Se tenga o se pierda, sea pobre o suficiente, a alguien se quiere, a alguien se somete. Y la palabra se pierde, una vez más en el laberinto. No entiende y se lo han dicho miles de veces sin sentido. La palabra es la alternativa, la salida y la entrada en todo esto. Si nadie la avala pierde su sustancia y entra la acción. Un medio que adoptó el hombre desde los primeros tiempos, donde la animalidad debería habernos dejado, sin embargo, gobierna.

Las relaciones hoy son cualquiera. Terrenos perdidos sin que haya nadie. Meros motivos para acostarse. Pan para hoy y hambre a la mañana, no es que cambie la manera, han modificado el refrán. ¿Para qué estar si nadie se va a quedar? Es sólo jugarle a la soledad con cartas marcadas. Al final, de tanto acostarse terminó juntada con cualquiera. Con el que jamás quisiera, pero el tren pasaba por última vez. Eligió quedarse sola, sin amigos pero con marido. El que posiblemente se haya ido con otra, por algún lugar. Reclama igualdad, recibe gritos y quejas. Si quieres, me vas a dar. Si das, no vas a recibir. Si empiezas a mentir, serás el primer engañado. Si eres sincero, serás un extraño. Si eres honesto, serás estafado. Normal, en vano. Nadie querrá compartir contigo. Un caudal perdido en un mar poco oceánico.

La red de las relaciones tiene agujeros importantes. Nadie puede guardar un secreto. Cada uno hace la suya. Y si caes en la burla, serás el peor de la sociedad. Porque no te das cuenta que sólo reflejas la mugre que llevas adentro. Una paranoia que se está haciendo demasiado real. Un miedo con pánico a la verdad. Un compromiso que siempre le falta al extranjero de este mundo. El que se cree pionero será copiado hasta el hartazgo con tal de que pierda su creatividad original. Y si trabajas mal, conservarás tu empleo. Si te quieres destacar, estás condenado a la guillotina por la mano del que desafía al crecimiento y el desarrollo.

No dejo de estar absorto de la cantidad de contras que tienen las relaciones. No dejo de sentir igual que hemos distorsionado las verdaderas manifestaciones de una realidad que debía ser de igualdad, apertura y confianza, basada en el amor y la entrega; donde dar es como recibir, tan grato como satisfactorio. Y no un simple negocio donde todos sacan sus facturas, debiéndole a todo el mundo.

Creo que la humanidad puede recuperar su lugar entre los hombres. Algo de inteligencia nos debe quedar, en algún lugar del alma.

A las relaciones les falta, más de relación. Más de su entidad y su identidad.

Entiendo que nadie quiera complicarse más. Pero estamos más que complicados.


Sábado, Junio 14, 2008

OTRA VEZ. AGONIZANDO.

Otra vez sopa. Otra vez el enfrentamiento y la provocación. Las ganas de esconder la cara para hacer las cosas mal. Una vez más. Nos quieren lastimar con la mentira, nos quieren engañar con la patota. Nos quieren intimidar con el engaño y la publicidad, para vender nuestra lealtad al peor postor. Y en oferta.

Hermanos con una fraternidad que no termina de resolver sus conflictos más profundos. Un manejo del poder que se reduce a unos pocos y nos lastima a todos, los demás. Ponemos la autoridad en quienes no la saben llevar. En quienes la usan para llenarse los bolsillos de sangre, hambre y olvido. Quienes generan la mentira y los frenos para que sigamos el cuento de un país mejor, mientras a orillas del terror la muerte sigue sembrando sus frutos amargos, con sus manos sucias de tirar la basura siempre en la calle.

Donde caminan cada día muchos chicos, que no deberían estar allí. Que deberían ir a las escuelas, vacías de promesas y llenas de esfuerzo docente. Un país doliente que no para de pelearse. Los de abajo con los cobardes, que escupen desde arriba. Sangre y saliba.

Vivimos la vida separándonos. Siempre en la vereda de enfrente. Divide y te reinarán. El campo contra la ciudad. El poder contra el pueblo. Los buenos contra los buenos. Y encima desabastesidos. Porque estamos llenos de vivos, que viven a costa nuestra. Que cuentan las monedas, de esos millones y millones que han robado.

Hoy, estamos violentados. Ignorados y encerrados. Asustados y cansados de vivir una nueva crisis, tan vieja. Golpeados, lastimados, robados y violados. Agraviados, anulados. Patoteados y amenazados. Desinformados y perdidos. Borrachos y drogados. Manipulados y avivados. Nos creemos los más piolas y somos unos pobres tontos, engreídos.

La soberbia nos está cargando a cuestas. No paga la cuenta. Y terminamos lavando los platos. Rotos.

Hoy estamos agonizando. Otra vez. Muchos están sangrando. Sudor. Y lágrimas por todos lados. Por la indignación, por la bronca y el dolor de estar una vez más con el pie en la misma piedra. No vamos a cambiar, lamentablemente.

Siempre vi de frente la realidad que estamos armando. Hoy vivo, en vano, la segunda crisis profunda, desde que tengo conciencia para entenderla. Y sé que vendrán muchas más. Y las vivirán mis hijos. Como si nadie hubiera aprendido. Como si la historia fuese circular. Pero hay una gran ingenuidad al pensarlo así. Se renuevan siempre las manos ajenas en los bolsillos propios.

Vivimos de la misma manera, pero cada día matan a muchas familias al arrancarle la vida a uno de sus miembros. Se llenan, los nuevos dueños, los bolsillos de opulencia. De las riquezas ajenas, hechas propias por ley.

Una ley despareja. Y una justicia ciega y desequilibrada.

Un país otra vez en llamas.

Espero que esta vez no llegue la sangre hasta los pies. Y manche al poder que debería cuidarnos, alimentarnos y abrigarnos. Aunque ellos tienen las armas cargadas y mandan a la batalla a inocentes iguales al de enfrente. Historia muy conocida.

La gente se anima. La gente esta vez puede.

Evitar la agonía.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

 (Más)

Lunes, Junio 09, 2008

UN PEZ. NADA.

A veces no sabe qué hacer, si seguir a la corriente o revelarse. El pez quiere ser de su especie, pero no puede resignarse a envejecer. Ser fiel al cardumen o morir en una solemne soledad, en el fondo del mar o allá en la superficie.

Nadar es como volar pero siempre sostenido.

Serpenteante. Es como arrastrarse pero en las manos del aire. Con una cálida caricia, el mar se filtra por los pulmones. Y la sensación mitiga las penas de sus branqueas. Una sensación oceánica, la inmensidad que lo atravieza. Pasa por sus venas y le deja lo mejor de la Naturaleza. El aire que refresca y le renueva la vida.

¿Hacia dónde iría? El pez tiene su contraparte. Para no ser cobarde, se vive jugando la vida. Un coraje que no abriga falsas esperanzas. Una mirada que llega hasta donde no puede llegar la luz. Una calma que no llega ni a la capa más superficial del agua.

Dos direcciones. Dos amarras. Siempre a punto de empezar la batalla. Está por explotar, la calma y la inmensidad. Pura intensidad en silencio. Escucha, no habla. Pero igual incomoda. Se calla las palabras, pero mueve las oleadas que llegan hasta la orilla indicada.

Dos mundos, casi opuestos. Al contrafrente. De frente. Disociado pero entero. Sabio y torpe a la vez. Duro y cruel, suave y cariñoso. Es pisciano hasta los codos. Es la dualidad en uno. Blanco y oscuro. Una caricia o el abandono. Un dolor que te hace escombro, una alegría que eternisa. Te salva la vida o la deja a un costado. No tolera el engaño, ni la traición ni la mentira.

Su mirada es tibia como la corriente del Golfo. Nadie y siempre se anima, aunque sus pensamientos son terribles correntadas de cemento. Que no paran de golpearle la cabeza.

Una conexión inmensa con los fluíres del universo. Un pez en el desierto. Tan solo y tan acompañado. Es capaz de algo. Lo puede hacer todo. Un pez y su opuesto, la complementariedad imperfecta. Sin el mar a cuestas, nada sería interesante.

La corriente va aparte. Su rebeldía le marca la dirección. Siempre a contrapie. En la diferencia encuentra la existencia, de lo mismo. En ese gesto ha visto, un brillo distinto. El de tu identidad. Ver más allá, el océano no le pone límites. Hasta la orilla llega, para ver las pisadas que nunca podrá dar. Para hundirse en el mar, porque volando nunca te pierdes de vista. Nadando, siempre llegás más lejos.

La profundidad es un consuelo. Lo oculto el desafío. Pero se le ha visto la transparencia en sus escamas. Una coraza que sólo desparrama las lágrimas del mar. Que no deja pasar las abrazaderas del petróleo. Un oro que es un estorbo, para nadar y para vivir. La coraza que prepara es para quien lo quiere agarrar.

Un pez siempre podrá safar de la red. Una pesca perversa que no podría encerrar su destino. Siempre está el desatino, caer en las redes equivocadas. Pero nada alcanza para encerrarlo en una lata. Nada puede con su alma de pez volador. Una fiel combinación que le ha dado la experiencia. De sortear a las ballenas y esquivar a los viejos tiburones. Una anguila eléctrica que va perdiendo su corriente, cada vez que muere electrocutada por meter la mano donde no debía.

Una manta, que no es frazada y se mantiene a rayas. Siempre al costado del camino. Un abrigo que se ha perdido y un salvavidas para los que se han olvidado de nadar.

Sin miedo va, sabiendo que el miedo lo acompaña.

Sin ocultar nada, sabe dónde refugiarse. Y de quien.

Un pez es nada. Y Nada contra la corriente. El otro pez va al contrafrente. Donde está la nuca. Cuidando las espaldas. En direcciones contrarias, siempre para el mismo lado.

Ser pisciano. Una bendición. Una algría intensa.


Domingo, Junio 08, 2008

LA VANIDAD. UNA EXTRAÑA DAMA.

Una extraña dama que se engancha de cualquier escote. Que corrompe al alma más entera. La vanidad no es ajena, ella sabe mandar. La vanidad esconde y no para de hablar. Todos mueren por ella, mientras ella muere en todos.

No puede ser simplemente el otro. Necesita saber que piensan. Se muere en la belleza, dejando de ser lo bella que es. Una mirada se estrella cuando el espejo se niega. Ya no quiere hablar más. Está cansado de tanta opulencia. Se ha hartado de ser siempre ella, su centro y su existencia.

Le da vuelta las cosas, se arropa y ella insiste. Se cuelga las joyas para perder su valor. Se compra la mejor ropa cuando posa en la vidriera. Un ojo tiene envidia, una boca muestra sus razones. Un respiro y los corazones que ya no pueden parar de latir. La vanidad es así. Pura superficie. Puro desierto. Con mal aliento y el perfume más caro.

El tesoro sigue descubierto. Ella sufre en su interior. Sabe que el hombre no es el mejor para definir sus inmensidades. Explorar o reirse a carcajadas. La piel se vuelve lata. Oro y cobre al mismo tiempo. La mirada se empaña. Y los brillos salen al encuentro. Los aplausos y el desconsuelo. Todo es por nada. Puro egoísmo ajeno. ¿Quién da más?

La vanidad tiene sus secretos. Nadie sabe dónde están. Bajo el mejor candado. Una caja fuerte sellada. Sabe que en sus entrañas los engaños son fríos inviernos. Y sus atormentados veranos un desliz de vez en cuando. Siendo de tantos, ya no es de nadie.

No sólo es la clave de la belleza, sabe que en sí encierra las llaves de tus miedos. Que en la ironía y en tu agresiva respuesta, lleva a cuestas tu cruz.

La vanidad sale a la luz cuando hemos entrado en la sombra. Jactate de tu escoba, para espantar a quienes te aman. Alardeas de tus entrañas, limpias y ordenadas por no comer. En tu casa falta algo, la vida. Que en tus salidas, siempre la tristeza te acompaña. Porque en tu jaula, el miedo continúa emitiendo sus decretos de necesidad y urgencia.

Implorando mostrarte su rostro.

Nadie sabe lo que escondo. Sé tus secretos.

Un encuentro en la plaza donde sigue y no para de girar la calesita. Una vuelta a la vida, mil millones de veces más. No para de rodar, mareándote de sensaciones. En la noche se va a dormir. En el banco de allí, se sientan uno junto al otro. En honor a lo hermoso de la caballerosidad perdida, la vanidad se anima a dejarse piropear por la galante y real opulencia del señorío. Una voz y un desatino. Habla sin mirarla a los ojos.

Ese encuentro es corto. Difícil es entenderla a ella. Sentía y era sincera. Lo dijeron sus labios frenados. Con la garganta seca y un suspiro atardecido. Sentada a tus pies, estaba abriendo su coraza. Y mostrando el alma que se venía quejando hace rato. Esa fue la carta mal jugada.

Esa mirada que no le permitió seguir.

La vanidad necesita sentir que todos la desean. Para que el alma quede al margen de la partida.

Que extraña se vuelve la dama que se codea a diario con ella.


Jueves, Junio 05, 2008

NO ES LO QUE PARECE. Basta de tanta estupidez.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Basta de tanta estupidez. Basta de creer que son el centro del universo, ¿de quién? De alguien que les pregunta, de quien consulta o quiere conocerlos. Que poco tienen en los pies, que tanto se creen si encerrados en sus jaulas no pueden volar. A ellos que no son lo que parecen, que no pueden animarse a vivir por fuera de la estupidez, para no admitir que están enjaulados. Uno a cada lado. Y encima se ponen nerviosos.

Deprimirse o volverse locos. Defenderse cuando nadie los ataca, y atacar cuando nadie quiere tomarse revancha. La ignorancia emocional es la peor de todas las ignorancias. Para quien maltrata desde su jaula, creyéndose la mentira. Esa no es la vida, por más que las plumas se sacudan. Quedate muda, a nadie le preocupa tu canto. Ni los miedos son en vano, por algo estás encerrada ahí. No es por miedo a sufrir, no es por querer vivir sola, es porque no afloja la cadena que tenés en el cuello. El candado es de hierro y tu jaula de cristal. No vas a poder escapar de vos misma. No vas a ser la misma si seguís viviendo así. No podes huir, de tu propia voz interna.

Por si alguien quisiera. Las apariencias no engañan. Es la estupidez humana la que se jacta de cierta prepotencia. Una condena que hace justicia por mano propia. Una voz interna que sabe de tus verdades, por más que te sientas inconmensurable. Sólo sos uno más. Y si pretendes demás verás que la estupidez se apropia de vos y de tu sombra. Y no te dejará llegar lejos. La cadena se ata al cuello, para que las emociones queden estranguladas. No es la espada la que lastima, no es la lanza en la esquina de tu costilla la que derrama las pocas lágrimas que salen de tu costado. Sos vos, el mismo, el que se ha despertado. Otra vez vivo, entre muertos durmientes.

Un tren se aleja ardiente. Su locomotora hecha humo hasta el cielo. No tiene freno, su enojo está desencarrilando. Vagones de inutilidad, cargas de vanidad, pasajeros rumiantes. Todos hacia delante, pretenden ser más de lo que son. Un simple montón, que suma a la mediocridad porque no se animan a estar a la altura de las circunstancias.

La depresión se engancha al final de la fila. Cuando la vida te acerca la cuenta. Y sin receta tenes que pagar, hacerte cargo y estar. Porque consumiste los recursos, naturalmente. Una idiotez inminente se acerca cuando estas por pensar que esto es para cualquiera, y que vos sos especial. Nada te engaña más que la jaula sin puertas. Todas las barreras terminan siendo igual. Una condena certera porque no te animás a volar.

No es lo que pareciera. Lo lamento mucho, a esta altura. Parecía madura, sólo era un espejismo más.

Seguir volando para estar.

Encarrilado.


Martes, Junio 03, 2008

INSENSIBLES E INDOLOROS. Falsa depresión.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Son indoloros e insensibles. Esos falsos deprimidos que potencian los motores y preparan sus radiadores para que el auto sea una máquina de matar. Van por las rutas sin pensar en el otro, que viene de la mano de enfrente. Se enfrentan para pasar, para ir más rápido y nunca llegar a destino. Son indoloros e imprecisos porque tienen los reflejos anulados.

La depresión es falsa o está oculta. Pero sabe manejar la vida y llevarla hacia la muerte. Sabe como hacer que un inconsciente se estrelle por propia decisión. Y que parezca un accidente. Porque no sienten que la vida valga, porque ya no sienten nada entonces buscan potenciarlo todo. Llevar hasta el fondo, el pie en el acelerador. Un impulso que explotó junto con el motor y el tanque de nafta. Una vida que no alcanza a ser vivida, pero ya es aburrida y apenas pasó la mayoría de edad.

Una depresión que es letal, a la hora de generar muertes. Le ha sacado el lugar a las enfermedades y a los infartos. Son más los accidentes de tránsito que las muertes causadas por el trágico destino. Los accidentes provocados, o esperables, no deberían llamarse accidentes. Porque no son casuales. Sus causas son previsibles y la ignorancia la proclive a la hora de salir a andar.

La depresión está, pero es una de sus modalidades falsas. Te arranca, de un retrovisor, las ganas de seguir viviendo. Te corta la posibilidad de ser una persona entera cuando se lleva a lo más querido que tenías. O cuando te deja mutilado o paralizado de por vida. Tantas secuelas vistas, tantos ciegos al volante. Depresiones galopantes que se tratan de paliar, buscando una solución facilista en vez de ir al analista para que la pueda diagnosticar.

La depresión está manejando nuestro tránsito. Sale por las calles sin respetar los semáforos. Sale andando como si no hubiera nadie más. Pisa y vuelve a pisar. Parece que no aprendemos nunca. La depresión está oculta, detrás del volante. O en los auriculares de un peatón que no mira al cruzar. Porque viene pensando en las penas que no olvida. Porque viene tratando de silenciar a sus demonios que no paran de hablar. Y discutir sobre ellos mismos.

Esta depresión es letal porque viene acompañada de descuido. Porque la negligencia está al servicio de la autodestructividad. Y el destino ya no quiere luchar contra la corriente. Si quiere, el hombre se muere por propia decisión. Y por propia preparación. Anticipada y potenciada porque nada alcanza.

Salvo la muerte.

Indoloros e incipientes. Matan o se mueren, sin darle valor a la vida. Destruyen familias porque están destruidos por dentro. No les pesa el encuentro con sus víctimas cara a cara. No les duele la falta. No dudan en pagar los juicios, para salir invictos y seguir manejando.

Una condena. Una pena. No sienten nada, ni por dentro ni por fuera.


Lunes, Junio 02, 2008

A SOLAS CON NARCISO. Puro reflejo.

Es como hablar conmigo mismo. Pero sin decir palabra. Se sienta en el bar, en una mesa de la esquina. Justo en la ventana, orientado hacia la puerta. No se refleja nada. Como si fuera un muerto viviente. Su mente es conciente. Su mirada habla a los gritos.

Fuego encendido. Y con una onda bohemia. Una mezcla, por momentos indefinida, por momentos introvertida. Es como un ideal, pero le falta algo. Co-sustanciado con su mismidad, que debiera ser la mía. Narciso me mira. ¿No sé que estará viendo?

Una tarde gris. Un hombre sin consuelo. Una lagrima en el suelo, secándose sin pañuelo.

Mira. Detiene el tiempo. Casi que no respira. Y la profundidad se anima a tocarme el hombro. El mozo que trae un café y dos cervezas. ¿Para quién?

Sigue con su mirada intimidándo mis entrañas. Siento que no tengo reflejo. Siento que me pierdo. Llendo y viniendo en un eco de reflejos que no se pueden callar. La mirada avanza, el abismo me invita con otra taza, mientras tira azúcar sobre el café. Una cuchara que no quiere revolver las entrañas de mis emociones. Ni contarle los secretos derramados en esas mesas del lugar.

Pasan los minutos y se hace agudo el misterio. En sus ojos no encuentro al otro. No me puedo ver. Un reflejo que no se ve. Un encuentro a solas.

Narciso no elabora, las palabras se arrojan de una ventana del último piso. Mientras, le digo pero no me quiere escuchar. La comunicación no es leal. El ida y vuelta es desparejo. Habla como si conociese mis secretos, pero no emite ningún sonido.

No le conozco la voz.

Narciso se levantó. Y sigo sin entender la nada. Sólo me deja la plata, unas monedas para la propina. Me saluda, antes de cruzar la salida, con una palmada lapidaria que me entristece el alma. Y me llena de orgullo. Narciso no es absurdo, sabe lo que hace.

Su silencio es intolerable. Su vanidad empalagoza. Y su soberbia una vieja chismosa que se ríe a carcajadas. Pero su mirada, habla tanto de mí. Sabe de mi fin. Sabe de mis temores. Siempre fue un desborde de críticas y castigos. Nada le alcanza, es un ciego que no habla, que no puede ir muy lejos, pero que sabe pegar. Y vulnerar las defensas del dolor.

Suelta tres monedas en la mesa.

Y deja su silla vacía. Antes de cruzar la salida, se da vuelta por última vez. Me mira a los pies y me devuelve la dignidad. No se la quiere llevar, no le entra en los bolsillos.

Narciso había venido para estar un rato solo.

Y se encontró conmigo, que estaba bien acompañado.