Jueves, Julio 31, 2008
A LOS PIES DE LA CAMA. UNA EXPERIENCIA HABITUAL.
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Ya he escuchado muchas veces que algunas personas ven a un pariente parado a los pies de su cama en un gesto de despedida, en el mismo momento en que ese familiar se está muriendo. ¿Un sueño? Demasiada casualidad para serlo. Es una experiencia. Y muy habitual.
Se sabe a esta altura y es innegable que este tipo de situaciones suceden, aunque no se pueden contar demasiado por temor a lo que vayan a pensar. También he oído en personas muy sanas que tienen miedo a que se les aparezca una persona (o fantasma como ellos los llaman) conocida por ellos durante la noche, la misma que se enteran a la madrugada que ha fallecido de manera imprevista en un accidente. Y se repite la aparición a los pies de la cama.
Obviamente uno en el estado previo al sueño o entre sueños, al despertarse a la mitad de la noche, se encuentra en un momento muy particular de anulación de la conciencia y los filtros del control están en su punto de menor nivel. Esto prepara a aquellas personas que tienen una sensibilidad especial para captar, ver o sentir experiencias sutiles que se están sucediendo. La experiencia de la muerte es sumamente intensa, por más que lo queremos negar y sólo suavizar en una despedida, y simplemente se apaga el alma. Todo lo contrario.
El cuerpo libera al alma. No por ser una jaula, sino por ser demasiado concreto. Entonces las experiencias se hacen más sutiles, especiales para estas personas sensibles. Que son canales. Y pueden captar. No son experiencias de otros mundos ni nada extraño. No es para asustarse. Son sucesos de este mundo, pues aquella persona sólo se está despidiendo. Sigue aquí y de eso no hay dudas.
La intención pareciera ser no asustar, por más que es una gran posibilidad. Pero es evidente el vínculo afectivo que existe entre aquel que se despide con el que está durmiendo. Tan evidente como que la línea que separa los dos mundos es muy tenue. Un simple cerrar de ojos. La despedida es necesaria, si no se ha hecho posible. Es la última posibilidad de ratificar los sentimientos y brindarle la compañía eterna.
Insisto con esto, no es un delirio, son experiencias reales que se llevan en lo íntimo por temor a ser mirado y señalado. Suceden frecuentemente, tanto como las visitas años más tarde. O en momentos difíciles. ¿Acaso alguien puede negar que ha “soñado” con un padre o una madre que habían fallecido y los vuelve a cobijar? Son situaciones, vivencias que desde lo emocional son absolutamente intensas y enriquecedoras, y desde lo psicológico son completamente normales. Pero si no se aclaran de entrada, la predisposición a la angustia y a los miedos desde la infancia se vuelven una tortura y una realidad a futuro. No son fantasmas, son personas queridas.
No hay manera de que hagan daño. Todo lo contrario, por más que la forma no la hubiéramos elegido. Pero si fuera por nuestra inmadurez, ni siquiera la muerte existiría. Y creo que la vida también estaría en peligro. No siempre los adultos están preparados para abrigar estas experiencias naturales en la mente de sus hijos. Cuando se sabe que ellos mismos también las han vivido. Los miedos más íntimos que uno pueda tener no deben ser la base para los ajenos.
Muchas personas que hoy tienen miedo, deberían vivir tranquilas.
A los pies de la cama se suceden maravillas, por más que se resistan a abrir los ojos.
La noche no es una enemiga. No sea incrédulo ni negador. Lo que pasó esa noche aconteció. Y no debe angustiarse. Alguien se despidió o vino a visitarlo.
Es una experiencia habitual. Yo he escuchado muchas en mi corta vida.
Derechos reservados: Revista EX-TIMO. Num "Experiencias espirituales".
Miércoles, Julio 30, 2008
LOS SECRETOS MANCHAN CON BREA.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
La impunidad escribe sus letras con sangre. Mientras el secreto escribe con brea. Todos ocultamos algo, pero los secretos dejan sus huellas. Pisadas en la cama, huellas en muchas almohadas, visitas que no corresponden. Encuentros que lastiman millones de futuros momentos, por una sola vida. Los secretos, con plata codician las almas benditas que no podrán vivir en paz. Trafican con la tranquilidad, negocian con lo que no se vende.
Nos tratan como paquetes. Somos mercancía sin valor. Ellos que tienen las manos manchadas con brea. Salpican la inocencia porque están salpicados de odio. Porque la vida los lleno de nada, desde la infancia. Y nadie se preocupó jamás por alentar una luz, de esperanza. No es difícil detectar la mancha de humedad en las paredes. Cuando algo pierde, ya no sirve como contención. Cuando hay mal olor, algo se está pudriendo. Tantos son los secretos, como seres hay en el mundo.
Pero pocos son los dueños, del petróleo y la brea. Aquellos que condenan sus vidas por el oro negro. Los que no piden consuelo, se ríen en la cara. Mientras su víctimas proclaman un poco de justicia, ciega. Algunos manchan con brea la inocencia que desgarran. Dejan esa marca, oscura como su mirada. Pegajosa como las intenciones asquerosas que pululan por sus mentes. Vagos del alma, vagabundos del mundo. Condenados a muerte.
No hay luz viviente dentro de ellos. Una caricia es hiriente cuando la brea está ardiendo. Impermeable a los sentimientos y a las súplicas sufrientes, del alma inocente que se desgarra en ese instante. La brea es del cobarde que se oculta porque sabe de sus actos. Que priva del descanso, al irrumpir entre la oscuridad. Donde sabe subsistir, porque no puede salir a la luz. No puede ver su verdadero rostro. La cara del que siempre ha odiado. Del que lo ha llevado hasta el fondo del sótano.
El que mancha con brea fue manchado.
El que se ha ocultado, necesita ocultar su sonrisa. La que perdió hace muchos años. Pero ya es responsable, por no haber pedido ayuda. Por silenciar y agonizar en la amargura, esperando arrastrar a alguien más, como consuelo, como venganza o por envidia.
Los secretos manchan con brea las vidas ajenas que corren peligro.
Esos seres que no han sido protegidos, será su castigo vivir pegados al secreto ocultado. Por obvias razones.
Las huellas digitales marcan las identidades.
Y la brea marca las oscuridades, de cada uno.
Revista EX-TIMO. Num: "Todos ocultamos algo". Derechos reservados por Ley.
AQUELLO QUE QUEDA SIN RESOLVER. AL MORIR.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
El peor espejo es el que trae la muerte en sus manos y que un momento antes, te refleja la vida. Esa que se expira, pero que deja tantas cosas pendientes. Por egoísta, por obsecuente, por cobarde tal vez. En ese espejo no hay secretos. Allí todo se ve, sin matiz, tal cual se ha sentido. En un instante furtivo, pero suficiente.
La muerte, a la que todos tememos, tiene tus secretos. Bien guardados. Esperando el momento indicado para que los veas, y entiendas, que salida te espera. Que clase de ser humano has sido. Por eso, no tiene sentido seguir escapando. No vale la pena dejar sin saldar las deudas, dejar sin contar los secretos. Esos que te condenan, los que has generado por negligencia, por avaricia o por simple estupidez. La maldad te tiene de los pies y la locura te espera con los brazos abiertos.
Un abrazo esperado.
Nada es en vano. Nadie sale de esta vida sin saldar las cuentas, vencidas. Ese es el negocio de la oscuridad, la cual al final, tiene su cuota de bien. Es su aporte a
Son instantes suficientes.
Cuentas pendientes, que siempre se supieron. Saldos en negro, que la dama pasa a cobrar. La cuota última viene con el sello final. De exportación y sin retenciones. El cobrador pasa a ser deudor, aunque los demás no lo sepan. En tu conciencia se incrementan los dolores que habías generado, allí el mal que has desencadenado llega a su eslabón último, que no estaba perdido. En tu conciencia se avivaron los fuegos del infierno, para depurar las corazas que habías sembrado, para poder herir a otros sin salir lastimado. Por pensar sólo en vos. Por ocultarle a la razón los verdaderos motivos. Habías sido un gran cobarde. En el fondo, solo temor acumulado. Puro miedo, esa era tu razón de ser.
Tantos te temieron, porque tú les temías. Tanta agresión impartida, donde faltaba la autoridad y el respeto. Lo lamento, pero ahora, en ese momento te toca. El espejo muestra tu verdadero rostro. Una identidad que no ha pasado de esos primeros años, en un cuerpo ya avejentado y amargado por el odio. Y el rencor en vano.
Cuantos espejos en las manos, reflejan lo mismo.
Tantos son los que han envejecido sin poder resolver las cuentas. Creyendo que se levantarán de la mesa sin pagar. Que podrán cruzar la puerta sin que nadie los detenga. Y les exija. La cuenta esta servida. Las cartas sobre la mesa.
No te vas sin que se cierren las heridas.
No podrás cruzar la puerta, sin saldar las cuentas rotas.
Hipocresía. Ocultamiento. Mentiras y secretos. Más la propina.
LA SANGRE EN EL OJO. ORZUELOS SIN CONSUELO.
A todos nos sobran motivos para sangrar. Heridas abiertas por tanta negligencia, por poca valoración, por broncas que no se liberan. La ira llena el ojo, de furia en cadena, de tantas cosas sin decir.
El ojo se llena y un orzuelo amanece. Las formas imprudentes de aquellos que no saben ser reyes. Las puestas en escena de un principe que deja su trono, corriendo entre lágrimas de un dolor ajeno. Cobarde consuelo para quien realmente queda herida. No era una mentira, era el poco coraje que le quedaba entre las partes de una retirada.
Años más tarde, la desilusión se hace grande. Tanto como el orzuelo. No tiene consuelo, no encuentra explicación. No aparece el dolor, claramente está indignada. Porque nada rescata a esa imagen que se despedaza. Porque no hay forma de sostenerlo. No encuentra ni siquiera resabios, de aquel que había tantas veces abrazado.
Y el enojo no encuentra paso. No tiene la salida abierta. Barreras que no penetra. Un rencor que nunca llega. El enojo se acumula. La sangre en el ojo no escucha las palabras que le permitirían salir. Un insulto no es convertirse en algo que no es. Una descarga puede ser, simplemente, una alternativa. Una reacción con fecha de vencimiento.
Un alivio que jamás llegaría.
El orzuelo avisa que el enojo está por estallar. Que no puede ser cómplice ya, de ese tiempo amargo. Que es en vano, sostener a quien se quiere caer, por tantas cosas mal hechas. Por no valorar la sorpresa, ni el amor ni el cuidado. Por todo lo dado, es que se puede estallar.
Porque no puede ser, nunca más, la propia mirada la perdida. Porque la sangre se alivia cuando la herida se cierra. Una vez que en ella ya no quedan los recuerdos estancados.
El orzuelo es el que avisa. Ya es hora de olvidar. EL que pierde siempre perderá.
El que actúa mal, sangra por la herida.
La ira no puede ser temida, si fue provocada por el otro. La bronca es sómo un escombro, olvidado por el destructor. Simplemente eso.
No se puede conservar el enojo. Es lo peor de una relación.
Juan Cruz Cúneo
Para una amiga que no tolera el enojo sobre un ser querido. A ella le digo, que la causa ya no vale la pena.
Domingo, Julio 27, 2008
CADENAS. QUE NO ATAN. QUE LIBERAN.
Cuando uno piensa en las cadenas, se acercan ideas de pesadez, atadura y rigidez. Cuando se sienten en los pies, a uno le cuesta caminar. Y mucho más le cuesta volar. Pero hay unas cadenas, que generan un efecto opuesto. Son las que empiezan con una simpleza y terminan en una gran amistad.
Son las cadenas que se unen con fuerza. Aquellas que ahunan los eslabones, lejos de los rencores y con muchas ganas de unificar. Son la posibilidad de unir los esfuerzos, de juntarse con el ingenio para buscarle la vuelta a la realidad, la que nos quiere atar muchas veces a sus caprichos. Y tantas veces lo ha logrado.
Es un privilegio vibrar entre ciertos eslabones. Los que siempre llevan su nombre escrito en un estilo de vida. Son dos las que dominan, las cadenas y sus destinos. Ellas dos son amigas, compañeras y enseñan todo el tiempo con el ejemplo. Dos eslabones sinceros, con los cuales uno no tiene miedo alguno. Con ellas no hay rumbo, pero si un destino final. Pueden ir para donde quiera el mar, dominan hasta las fuerzas del viento. Son dos eslabones al encuentro de una cadena de cuidado y respeto. En función de los principios y el beneficio para el otro. Gratitudes enzambladas a la generosidad, la ironía unida a la risa y las carcajadas que siempre salen a respirar.
Es un placer participar en esas cadenas. Muy lejos de las oraciones. Y tan cerca de lo natural. Pura espontaneidad, sin ofensas ni molestias. Tres que han demostrado poder contra la ridiculez humana y la falta de profesionalismo. Dos que enseñan con motivos y saben mucho de todo.
Y uno que no para de aprender.
De la cadena que, alguna vez, tuve en los pies pase a la cadena del dar y el recibir. De estar feliz porque puedo aprender, contener y suspenderme en el aire. Porque sé, como ellas también, que las espaldas están cubiertas.
Es un placer trabajar con ellas. Dos eslabones en la cadena de mi vida.
Que ahora ha forjado dos grandes amistades.
TODOS OCULTAMOS ALGO. POR NO DECIR "MUCHO".
Escrito por Juan Cruz Cúneo
¿Existe la sinceridad? ¿La honestidad tiene límites? Pareciera ser que la humanidad es el límite de lo claro y lo sincero. Nosotros somos nuestra propia trampa. Porque todos ocultamos algo. Nadie cuenta todo, ni siquiera en el espacio más privado ni asegurado. Siempre guardamos algo, por no decir mucho. Nada puede ser totalmente transparente. Algo siempre queda velado. Oculto.
El ser humano tiene una naturaleza extraña. Impropias son las pretensiones de absoluta claridad y honestidad frente a cada pregunta. Absurda pareciera ser la persona que quiere ser totalmente fiel, sin creer que algo se esconde. Si Dios hablara, no se salvaría nadie. Si se pudieran leer los pensamientos, ¿cuántos secretos se sabrían?
La luz fue concebida desde las sombras. Su antecesor, fue su gran gestor. Y cada objeto en este mundo, tiene su reflejo y tiene su lado oscuro. El que algunos, hemos aprendido a ocultar. El que otros, con o sin maldad, lo han explotado como estilo de vida. Victimizando y acosando, dejando sus marcas y sus huellas. El secreto espera ser descubierto.
En el secreto siempre hay alguien inmerso. Entonces alguna vez se sabrá.
Todos ocultamos algo. Y siempre lo que se oculta es mucho. Porque se acumula en el mismo rincón. Porque la mugre siempre se amontona. Aunque, para ser justo, no siempre lo oculto es necesariamente malo. Hay muchos samaritanos de los que nadie se entera. Hay mucho excelente ser humano que no se da a conocer, ni quiere ser parte de ese escenario multitudinario.
Igual, estos artículos están dedicados a aquellos que han hecho de las sombras su deporte predilecto. Un estilo de vida, una forma fortuita de molestar a los demás. Y de esconder algo. Los he escuchado tanto, los he visto hacerlo. Ocultar como si no los viera nadie. Mentir para no ser descubiertos.
Todos ocultamos algo cierto, claro y definido. ¿Por qué no lo decimos? Porque no sería igual. El sabor de ocultar más la censura del otro, sería perder el filtro y dejar entrar a cualquiera. Sería aceptar que las fronteras no tienen razón de ser. Y que no se saborea el gusto de lo oculto. O lo prohibido.
Sólo lo explico. No lo fomento ni lo incremento. Hablo de una realidad que está muy presente en nosotros. La sombra es parte de todos, la sombra es parte de la esencia. No necesariamente de la miseria, aunque se sientan juntos seguido.
No está permitido. No se supone que esté bien. Pero hay que reconocer que todos ocultamos mucho.
¿Ocultar es igual a mentir? Ocultar es ocultar. Una verdad evidente, para los ojos que no lo sienten y ni se enteran.
La verdad queda afuera, de esta discusión. Y la realidad da la ocasión para jugar con sus cartas. Porque es ella quien da la pauta para hacer sombra con las luces.
Todos ocultamos algo.
De eso vamos a hablar.
Derechos reservados para la Revista Ex-timo.
DIRECCIÓN OBLIGATORIA. ¿PARA DÓNDE?
Editorial.
Del Número 52.
La mujer ¿Quiere o desea?
La mujer es un gran misterio. La mujer es un gran encuentro, con quien uno se desencuentra a diario. Uno se la pasa buscando, para luego encontrar. Para ver que más allá de esa hermosa persona, la sombra acosa con sus misterios y sus ambigüedades. La mujer es intachable, ella es una dirección obligatoria.
He escrito mucho sobre sus enormes misterios. He pasado como un vuelo, rasante, por sus rincones. He intentado recorrer las colinas en busca de una mínima indicación correcta. Y siempre uno encuentra una flecha doble que se burla. Que te escucha y te empuja hacia el enigma de
La mujer es una dirección obligatoria.
La mujer es quien viaja sobre la escoba. Es el ángel de
Es el demonio encarnado. Que te rodea siendo esclavo de sus llamas ardientes. Sin que ella se queme, ni se rompa una uña.
Es la costilla hecha una hermosa compañera. Es la causa justificada de la perdida del Paraíso.
Ni Dios ha podido contra ella.
Y la manzana no estaba prohibida.
Estaba riquísima, y valió la pena.
Juan Cruz Cúneo
Director de EX-TIMO
CENICIENTA EN COMPOTA. Esperable. (crónicas II parte)
No le revolearon el zapato. No fue nada imprevisto. No es nada para preocuparse. Cenicienta no es cobarde. Es una gran dama. Que con agallas y mucho amor propio, le está dando batalla a los escombros.
Pero cada tanto una esquirla le pega. La abraza y la consuela, dejándole una marca. Esta vez en el ojo. Esta vez en la cara. Porque ya no quería lastimarle el corazón. Ya no pretendía causarle más dolor. Simplemente llamarle la atención, sobre una basurita. ¿En el ojo?
Si la vieran. Si la conocieran. Se darían cuenta de tantas cosas. Serían testigos de una impronta, que ni siquiera ella aún reconoce. Por eso es Cenicienta. Porque siempre espera tener que barrer algo más. Porque se queja, sin dejar de hacer las cosas. Porque no ve la belleza, que su alma le sigue escondiendo. Por supuesto, ella espera el encanto. Ella espera el embrujo.
Y cuando le agarra el apuro revolea todo por el aire. No queda ni la calabaza ni los ratones. El príncipe se esconde. ¿Quién será el próximo? Mientras, la sangre en el ojo se le sigue acumulando. No es contra el zapato, es por culpa del destino. El que aún la priva del camino, correcto.
Esta en una lucha, en una encrucijada. No encuentra en sus espaldas las respuestas que necesita. No sabe si está en la mira de algúna otra alma, elegida. Ella cree que la vida se ha olvidado de ponerla en la lista, de casamientos. Sigue siendo ingenua, en su forma de pensar. Cierta inocencia descubierta, detrás de su personalidad.
Su mirada se estropea. Sólo un poco por la compota.
Su sonrisa supera siempre las pruebas. Ella sigue caminando. A veces resongando.
La vida le reserva muchas sorpresas. Es un poco incrédula, pero eso no importa.
Hay muchas Cenicientas sueltas. Algunas llegará a reinas, luego de ser esa noche princesas.
Y dejar de tener el ojo en compota.
Viernes, Julio 25, 2008
UNA DENUNCIA. CENICIENTA PERDIÓ AL "ZAPATO".(crónica parte I)
No se puede entender como a veces la vida se equivoca. Y quiero agradecer que, a veces, la vida se haya equivocado. Que le haya alumbrado el camino a cenicienta. Una bella y pequeña dama que perdió, en las corridas del corazón, al zapato que la acompañaba.
No es que la engaña. No puede con ella. Y el otro día en la fiesta todo quedó al descubierto. El principe de rojo al pecho, la cenicienta en lo alto de la escalera. Es una crónica cierta, es pura verdad y algo de ficción. Porque el corazón no puede entender ciertas razones, que no tienen perdónes cuando se trata de una relación. Que ya terminó.
El príncipe se había equivocado. Habría tomado de la mano a la incorrecta. O le habría soltado la mano a la indicada. Para darle la espalda más de una vez. Para luego no entender, que la vida tiene sus vueltas. Que allá arriba, en la escalera, se cerraría una historia larga.
El príncipe no llegó a comprender que su transformación ya era un hecho. Que no había más tiempo de descuento, que cenicienta ya era una princesa vestida a la moda. Con un departamento para ella sola y una profesión impecable. Respaldada en todo por sus padres, ya era una mujer distinta. El tiempo te avisa, por mail un tiempo antes.
Pero la intriga siempre espía, desde la baranda del entrepiso. Una mirada, una viso. Allí está llegando el príncipe desteñido. Con su flequillo al viento y otra mujer en la mano. Era en vano, no le hacía sombra a cenicienta. La que estaba custodiada y cuidada por una multitud en la escalera.
Y la noche se cierra cuando el príncipe se acerca a saludar. No quiere mostrar lo que trae en sus manos; ella con todo su encanto se esconde detrás de las espaldas de otro hombre, un amigo de verdad. El principe se acerca, entre la masa y la multitud, saluda con un tímido beso en la mejilla. Y ella, con tanta elegancia como glamour, le devuelve la gratitud y saca su filosa indiferencia.
La cenicienta ya no se encuentra a los pies de aquel príncipe desteñido. El cual ha perdido el encanto que lo caracterizaba. Todo se daba al final de la escalera.
Se caminó el último escalón. Y ella perdío al zapato.
Y como todo cuento largo, este también tiene un final feliz. Para ella.
Martes, Julio 22, 2008
AQUELLO QUE DESCONCIERTA.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Es su mirada, lo admito. No es linda, le aviso, pero tiene algo que no puedo explicar. Aquello que desconcierta, y con cierta maldad a mi inteligencia, es la causa de mis noches con sueños. Es la razón por la que no me desvelo, esperando soñar con ella. Aquello que desconcierta, es su mirada, es su pelo. Es ese “algo” que no encuentro en ningún diccionario amigo.
Alguien me lo dijo, pero no lo creía. Alguien me habría advertido, pero la desesperanza ya me había amenazado. Hasta me había disparado, hiriendo de muerte al deseo. Ahora no entiendo, casi nada de la vida. No puedo seguir con la vista perdida, anhelando unas palabras que no se las lleva el viento. Esperando, sin consuelo, que las ganas se vayan de gira. Había recibido una cartita que decía en letra de imprenta, una frase que desconcierta, un mensaje que no leía. La carta estaba vacía, llena de su ausencia despierta. Que se burlaba a mi cuenta, sin dejarle propina a mi codicia.
Pasó hace un rato por mis sueños. Pasó por mi deseo y le dejó una caricia. Se reía, mientras se chocaban los planetas. Se preparaba para una salida. Y se olvidaba su sonrisa en mi ojal. Una flor que no se marchitará. Regada por la envidia, todos los días, sin que se pueda marchitar.
Cree que se puede ir lejos. Cree que se puede vivir sin entender. Sin dar explicaciones. Sin recurrir a la justicia. Una desdicha. Un karma con horizontes lejanos. Su vida no es sana, pero algo me desconcierta.
La mujer es ella. La dominante dominada. La que siempre engaña, jugando a la inocencia. La que desconcierta con sólo mirar. La que viste un escote de stras. La que amaga pero nunca asoma.
Tantos otros eligen olvidarse. Tantos tontos creen poder dominarse. Y superar la bala disparada. El arma tiene minifalda. Y taconea al pavonearse.
El hombre es un cobarde, elije maltratarla en vez de admirarla.
Yo tampoco dejaría el mundo en sus manos.
Aquello que desconcierta está de su lado.
Por suerte y lo lamento.
EL GRAN MISTERIO DE LA MUJER. PERDIERON LO SUYO.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
La mujer es un gran misterio. Tal vez uno de los más complejos e inabarcables que haya en este mundo. La costilla salida del costado del hombre, sabe ser noble, sabe convertirse en una serpiente. Suele ser candente, tanto como fría polar. La mujer y su dualidad, la mujer en su enormidad es la clave del misterio. Muchas veces encuentro en ella la posibilidad de que la enorme Humanidad se salve. O se hunda.
El misterio de la mujer la hace fecunda. Su misterio la hace intransigente. La hace permanente, inhóspita e indiferente. Obsecuente y grandilocuente. La mujer es y se nota. En su búsqueda nunca se agota, el hombre por entender. Quiere trascender las barreras de la feminidad para poder soslayar las barreras que se encuentran. En los pies de la bandera izada en lo más alto. La feminidad no es en vano. Es el emblema de la mujer.
La mujer sabe comprender. Sabe ser madre y amante. La mujer puede emprender cualquier proyecto y trabajo que se le ocurra. La mujer puede ser todo aquello que se le antoje, todo aquello que la provoque, todo lo que su deseo quiera imaginar. La mujer va más allá, ve lo que ninguna otra criatura puede. Lleva en su germen la posibilidad del nacimiento. Para perder el consuelo, y ser autosuficiente. La mujer puede ser siempre. No necesita de otro.
Y allí encuentra el escombro. Allí empiezan sus problemas.
La mujer genera sus mismas dificultades. Nadie puede rivalizarle, nadie puede hacerle frente. Una mujer es omnipotente. Lo sabe y se da cuenta. Una mujer es la misma piedra en su zapato. Porque no tolera ser el mando, ni serlo todo, en lo más mínimo. La mujer es abrigo de la criatura más indefensa del mundo. Lleva en su yugo lo más astuto de la inteligencia. La feminidad encubierta en la masculinidad explicitada. La mujer es la calma que ella misma ha perdido. Para pedirle al destino, aquello que ya tenía en sus manos.
Pero, el ser humano es innegablemente un ser de conflicto. La mujer no ha podido aún trascender esa naturaleza. Dándole la vuelta al asunto, perdió el rumbo y perdió lo más importante. Su alma de combate, su glamour y su “toque femenino”, dejar todo entredicho sin que haga falta explicitar todo. Olvidarse el zapatito para revolearle una indirecta muy directa. Hoy el hombre espera afuera, porque la mujer no pierde nada. No hay nadie en su cama porque acapararon todo el lugar. Al otro le queda la falta, porque ellas perdieron y buscaron, porque no se dejan llevar de la mano. Porque son mujeres que han perdido algo.
El misterio las ha abandonado.
El misterio le da la espalda a esas mujeres, que no son tan bellas, porque no se animan a jugar. Las que aún corren para escapar, son las que conservan su feminidad intacta. Las que al subir las escaleras descansan en los abrazos de quienes las esperan.
Mientras, allá afuera la peste se roba el alma de un misterio que engaña con sus malas reglas a cualquiera.
La mujer se lleva lo mejor en juego. Al hombre y al misterio.
Y transitar el camino acompañada. Si no pierde la magia que conserva la feminidad.
Encubierta.
SIN PIEDAD. EL DESEO DE LA MUJER.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
El deseo de la mujer es impiadoso. No hay nada que le ponga un sabroso bozal cuando quiere. La mujer no sugiere cuando quiere algo. Avanza y no hay reparo. Se lleva el mundo por delante. La mujer es imperdonable, es irreverente y letal. La mujer y su deseo también, saben del poder que llevan en sus entrañas.
El deseo de la mujer no tiene piedad y no necesita nada para ser. Se sostiene en la falta. Lo cual es igual a nada, pero para algo le sirve. Sin piedad puede correr, caminar o gatear. Si te has cruzado en su camino, lamento amigo pero debo avisarte algo. Más vale que te entregues con las manos en alto, sino la balacera podrá herirte de muerte. No es dejar de ser valiente, es entender la realidad a la que te enfrentas. Para poder sobrevivir alguna batalla.
Ese deseo sabe de sus complejos. Entiende perfectamente las reglas del placer. Puede comprender lo que te falta y lo que necesitas. Puede ver las falsas rendijas y encontrar la grieta necesaria. Ese deseo de mujer puede ser tu perdición, o la mayor bendición para tu alma en pena. No serás cualquiera. Te convertirás en un elegido. Saldrás bendecido, saldrás lastimado. Saldrás o te habrá enganchado como el anzuelo al tiburón. Por ir al frente y por bocón, por dejar de nadar con libertad por sólo buscar de qué alimentarte. Y de quién.
El deseo de la mujer no tiene piedad. Sabe ser cruel.
El deseo de la mujer no sabe reconocer los límites ni las condiciones. No entiende de razones, mucho menos si está herido. No le encuentra sentido ni a la espera ni al castigo. La huída es la premisa para salvaguardar su destino. Espera un ratito, siempre retorna al ruedo. ¿El toro o el torero? El deseo elije. Si clava su estocada, la sangre se derrama mientras se extiende la pelea. El caballo anzuela. El jinete esquiva. No tiene sentido la partida, para tablero ya son pocas las partes. La reina siempre de encaje, se mueve mucho más que el rey de remate.
El deseo salta. Te elije y te condena. No hay moneda que caiga derecha. No hay azar que se anime a contrariar. No hay dios que use los pantalones. La dama sin los rencores, ya es una amenaza para
El deseo se da cuenta que el Infierno le pertenece. Deja para los ingenuos obsecuentes el cielo y el paraíso. Se ríe de si mismo, cuando se burla de las normas. ¿A quién le importa ser lo que se espera?
El deseo de la mujer es la crueldad encarnada en la absoluta imposibilidad de negarse.
A ellas.
Lunes, Julio 21, 2008
EL HOMBRE SIEMPRE QUIZO UNA MUJER DESEANTE. PERO TEMIDA.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Ahora les toca a ellos. A nosotros los hombres de cuello roto y bolsillos al viento. A los que usan un parche en el ojo, o renguean con la pata de palo. A los que no siempre son humanos, tantas veces son aves de rapiña. A los que envidian el poder de seducción de una mujer, a los que las imitan y se pintan la cara de inocentes.
El hombre siempre quizo una mujer ardiente. En su casa, en su oficina. Pero huye sin pena y sin gloria. La mujer deseante es temida. Porque además de mujer ahora se le nota el deseo. Y el hombre, ni tonto ni despierto, tiene la cola entre las patas. Teme que esa mirad dentada pueda arrancar de una mordida. Tiene siempre escondida las llaves de emergencia.
El hombre siempre buscó afuera con la excusa de no encontrarse adentro. Con la modalidad del tango rapaz que justificaba la división de las aguas. Para dominarlas, nada más que para eso. Cuando junto las aguas, el río se volvió una tormenta. Las condensaciones hacían que los aluviones no pasaran inadvertidos. Los peces del río, a río revuelto eran la condena de los pescadores. Tantos dichos sin valores. El hombre juntó a la mujer y a su amante.
Y se sintió un cobarde al darse cuenta que no podía ni dominar ni manejar. No podía con esas dos juntas. Entonces inventó la infidelidad, para justificar reavivar el amor. Y quemarse con otra. Pero se enamoró de esa también. Dos que fueron tres. Y cuatro e incontables. El hombre siempre quizo a la amante, pero no podía decírselo. El hombre no conquistó, fue conquistado. Empaquetado y embalado. Con una estampilla en la frente.
Hombre inteligente que ha caído en esas manos. Perfumadas y de uñas limadas. Suaves y aterciopeladas. Esas manos mágicas que engañaron al hombre de buenas intenciones. Y malos modales.
No es de cobarde reconocer el temor.
Tal vez haya alguna ocasión donde no duela tanto. Pero debemos sincerarnos, el hombre hoy teme a ser dejado. Teme al engaño. Le dio el poder a la mujer. Teme que lo dejen sin pies, siempre a punto de llorar. No es la sensibilidad, es la fragilidad de la masculinidad temerosa. Porque la mujer se hizo del deseo.
Siempre es bueno sostener.
No sucumbir a la desesperación.
Si el hombre va a correr, que siga al montón.
Una estampida de la masculinidad. La razón está en la feminidad con pasión.
Una nueva especie: la mujer deseante.
Domingo, Julio 20, 2008
A MIS AMIGOS. PASAJEROS ETERNOS.
A mis amigos les quiero decir unas cosas. A los que aún encuentro, a quienes ya no veo, pero sigo queriendo. A los que ya se fueron, a los que vendrán. Porque la vida es una gran amistad, que me regala constantemente la presencia de ustedes. En mis recuerdos de aquellos tiempos, en mis sensaciones actuales, en mis emociones regadas por todos los vientos, en mis pensamientos y mis sentimientos que ustedes han sabido despertar.
A ustedes les quiero dejar un recuerdo de enorme lealtad y una inmensa felicidad por haberlos conocido. A ustedes, amigos y amigas, siempre los llevo en mi vida, a resguardo de las envidias, protegidos de la erosión del tiempo, lejanos del recuerdo porque siempre están conmigo. A ustedes los preservo, a ustedes los llevo en mi piel emotiva. En la historia de mi vida, son piezas fundantes.
Ustedes, mis amigos, esas personas que supieron dejar de ser conocidos para ser muy queridos. Amados y admirados. Fieles compañeros. Sabios consejeros. Espaldas enormes. Abrazos contenedores. Una mirada cruel, con una voz que alienta. Ustedes supieron conservar a mi esperanza en perfectas condiciones. Y a mis ganas siempre sanas.
Ustedes, amigos y amigas, mi alma las invita a estar siempre conmigo. Hay un lugar, jamás será un rincón. Lejos del dolor, por más lastimaduras. Cerca siempre de la emoción, en lo más alto de la amistad. En la punta del más allá, saben hacerme vivir. Pueden diluir la sensación de soledad. Un llamado y ya está. Una voz que me dice tantas cosas, a la vez.
La amistad jamás fue cruel. Ni egoísta ni puritana. Es una estrella en las tablas. Desplegándo su mejor obra. Escenarios sin alcoba. Mucho público presente. La historia la hicieron viviente. Me ayudan a construirme día a día. Son, por suerte, una larga lista. Cada uno es una historia nueva. Distinta y sincera. Con sus idas, con sus vueltas.
De esa enorme lista, al final hay un "gracias" escrito. Porque soy yo quien les ha dicho tantas veces esa palabra. Por dejarme ser bendecido, honrrado y elegido. Por dejarme ser parte de sus vidas.
Es enorme la lista, tanto como lo que hemos vivido. Aunque con algunos se haya interrumpido, ni el tiempo ni el espacio pueden contra ello. La historia no es sólo recuerdo, la Historia es la pieza clave del presente. Y la amistad es su pilar fundante.
Todos fueron grandes. Todos son mis grandes amigos. A todos los llevo conmigo, especialmente a uno lo tengo siempre cerca. A mi hermano del alma que también es un gran y excelente amigo. Como muchos otros que han sabido ser amigos y ser hermanos de la vida.
Es un gran día. Como todos los que vivimos juntos. Hermanos y amigos, juntos me hacen un niño rico. Sin que pase nunca el tiempo. Los mejores momentos, las interminables risas y carcajadas, las cómplices miradas, aquellas épocas de piratas y atropellos, de complicidades corriendo por tantas calles veraniegas. Con ustedes siempre sentí las espaldas cubiertas y mi vida fuera de peligro.
La amistad de ustedes no es la red del equilibrista. Es el camino que pisa.
En cada paso que doy.
Viernes, Julio 18, 2008
DESHIELOS. TÉMPANOS DE LUZ
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Tantas cosas te digo y aun no he dicho nada. Son mis témpanos de hielo los que llevo en el pecho, de tantas heridas vividas. Siento que mi garganta ya no quiere pronunciar el nombre de una alegría, la de aquella, la perdida, que en el tango camina.
Son mis fríos de tanta soledad sentida, por querer siempre empezar de nuevo, una historia que el espejo solo recrimina. Te digo que solo ese aire se mete en mis ganas, congelando las maniobras de un corazón ya tendido en una cama. Su sangre helada lamenta salir de tantas heridas. Pierdo la conciencia porque el tiempo ya no pasa, detrás de esos témpanos de hielo las agujas ya no caminan.
Se hace tarde para un rayo de luz, esos témpanos terminan con una vida. Dejar de esconderse delante de las lágrimas para que puedas verme enfrentado conmigo. En pleno conflicto el calor no sabe decir sabias palabras. El misterio de estas palabras ya no respira poesías, no puede pronunciarse ni sentirte porque el nudo lo ata. En la garganta se truncan las miradas cuando pretendo solo derretirme y morir sin ganas.
El sol lejano ya no puede, su poder caduca y sus brazos ya no abrazan. Parece una noche eterna y solo es el frío de una soledad que no abandona a sus preferidos. Los visita en cada hogar y viste sus mejores trajes, aunque jamás muestra sus caras. Hábitos y costumbres que solo me usan para vivir un rato más. El miedo de perder y la libertad de equivocarme son partes del hielo frío del polo Sur del rincón de mi alma.
Se que son témpanos de luz que solo quieren llegar a los demás. Viajan por los mares de una sociedad a la deriva. Se van derritiendo por el calor de un manoseo constante. Pierden su fuerza y en ello se va su esencia. Fusionada con las de otros ya perdidos en los vicios habituales de dejar de ser.
Mis manos ya no escriben las palabras. Con golpes dejo la marca en una hoja en blanco. Es la magia de un hechicero que vive fuera de época. Mis silencios puedo pronunciar en los espacios de cada letra. No escribo jamás tangos, cantar no puedo ni creo lograr hacerlo. Mis penas se esgrimen con las alegrías, desfilando en cada renglón de una pagina que ha recuperado la cordura. La ausencia de sus renglones la hace llorar de pena.
Mientras me deshielo las luces aparecen. Derretido a tus pies tierra mía. Abrigo tus bordes que ya no son mis fronteras. Tocar el límite de una palabra no dicha puede hacer que el témpano muera entre mis manos. Es un calor que lo derrite todo para poder vivir entre los demás, aunque solo le interese vivir junto a ti.
Ese témpano se abre paso en la marea. La parte al medio olvidando su pasado. Necesita de tu espíritu para poder sobrevivir. Esa luz en el blanco sabe depositar lo mejor de su esencia, la del fuego, que mientras derrite las sombras acaricia los cielos. El camino de su vida ha de seguir con la esperanza de llegar a su destino. Abolir las corazas del mundo, las que te encierran entre paredes de un tierno hielo que puede quebrarse con solo sentir.
La luz desenmascara las penas que ya no pueden saber de si. Es un barco el que se cruza entre ellos, como si pudieran interferir en el destino. No serán los más grandes e imponentes, ellos saben caer primero. Perder la omnipotencia y la soberbia es una alegría. Nos permite escapar de tantos cuervos y palomas que revolotean. Son esas pequeñas cualidades que lo hacen a uno creerse más. Un hilo de donde cuelga el equilibrista. La prepotencia es otro iceberg del alma que no deja ni siquiera a la luz del sol llegar. Es todo ella misma, es la potencia previa que nunca llegara a ser. Los hielos son fuertes defensas que se niegan a la luz.
El hielo se quiebra. Se parte en pedazos pequeños, es nuestra alma. La hipocresía y la mentira solo enfrían una mirada que se vuelve vidrio sin reflejo, y deja al descubierto la gran falsedad de una vida sentada en una esquina solitaria. Yo no quiero morir así, ni solo ni frío ni seco. Ni sentado ni parado ni rompiendo todo a mi paso. Quiero flotar como el témpano, entre los brazos del mar y tener de techo al cielo. Que mientras camino en un sentido constante el sol me acompañe contando sus mejores cuentos. Escuchar los tangos o una buena canción que le dan a cada deshielo un sentir nuevo. La unión con los otros es una sensación extraña que a veces olvido y otras tantas recuerdo. No quiero parecerme a un maniquí, quiero moverme y llegar a ser ese mismo sol cantor, que sabe escribir y se siente escritor.
Los témpanos están llenos de luz y de deshielos.
Derechos reservados. Revista EX-TIMO.
Domingo, Julio 13, 2008
YA NO HAY MUERTOS. SOLO VIAJEROS.
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Tal vez así podamos pensar en ellos de otra manera. Posiblemente podamos perderle el miedo a la muerte y reconciliarnos con la idea de un más allá distinto, no tan lejano, ni oscuro ni sufrido. De esta manera pensando, ya no hay muertos sólo viajeros que se han ido lejos, o siguen tan cerca como siempre.
Nunca se han ido, cambiaron la forma de su presencia. Y así las experiencias no tienen que llamarse “espirituales”, son experiencias personales según el vínculo que se haya tenido. Una relación intensa, una necesidad imponente hace presente a cualquiera, que se haya considerado perdido. No es una nueva manera de ver las cosas, siempre ha sido así. Lo único que puede estar cambiando es la forma de pensar a la muerte y sus pasajeros. Muchos discursos se han vendido pero ninguno en su realidad ha enseñado a pensar estas cuestiones de una manera acorde a tantas palabras dichas.
Las sensaciones son las mismas, como si se hubiera ido de viaje. Aún las comunicaciones pueden ser tan fluidas si dejamos de pensar un poco y nos animamos a sentir. Así les damos la bienvenida. Y establecemos las comunicaciones, que serían la única diferencia. Una aproximación factible pues no han desaparecido. De hecho muchos en esos momentos quisieran poder hablar, y sólo están en los sueños pues por otros medios se asustarían y sería más traumático que beneficioso.
No estoy volviéndome loco, sé lo que estoy escribiendo. Y no se requiere de mucha ciencia para saberlo, tan sólo un poco de sinceridad. No es magia ni nada imposible. No es videncia ni mediunidad. Mucho menos es mediocridad, de estas cuestiones tan importantes.
Lo importante me parece que está en abrirnos de los mandatos y pensar con más libertad, pues la vida está allí, plena para ser sentida, recorrida y explorada. Una mente amplia puede ver diferentes matices. La luz tiene entre sus cualidades fragmentarse e ilusionar, dividirse entre todos los colores. Y la sabiduría está en seguir siendo ellos aún cuando están unificados.
Debemos aprender demasiado, por ver tanto blanco o negro.
La muerte no es la contracara de la vida. Son sólo matices de un espectro mucho más amplio y rico.
Somos vibraciones y hay tantas como seres en este mundo. Por decir un mundo y no mencionar al universo. Al margen de la cantidad de variables o formas distintas, la razón de nuestra existencia pasaría por vivir todo esto como “experiencias”.
¿Se anima?
Hace vidas que fue invitado.