Sábado, Agosto 30, 2008
DOS PECES EN EL CIELO.
Ayer encontré lo que jamás hubiera imaginado. Un pez sin barro, en esta ciudad de cemento. Una sirana cantando en una hoja en blanco, las maravillas del dolor y de su sufrimiento. Ayer encontré y no paró de reirse de los intentos obsoletos por entender, por hacerla hablar a ella de "las maneras" que jamás me aclaró.
Es increíble ver que, aún en esta red, siguen apareciendo diamantes. Escribiéndole a los cobardes, con tanto coraje como orgullo. Sufriendo lo absoluto cuando abraza a la carencia. Llorando de pena y con algo de verguenza. Cuando su lágrima vale demasiado.
Un despilfarro de sensibilidad. Abrumadora lealtad, extrema y sincera. Te golpea la puerta si tu alma está encerrada. Ya no te deja quieta, ni a la inteligencia ni a la virtud. Admiro esa luz, que escribe entre el humo del cigarrillo.
Me sorprendió sin aviso. Directamente me arrojó una estrofa. Y detrás de esa, fueron otras, sin poder calmar mi sed. Saber que la palabra que viene después es mejor que la anterior. Y que su sublime candor no puede ser velado.
Las palabras en sus manos son caricias en invierno. Sus cuentos, casi relatos, eran pasajeros de un viaje largo. Sus rincones, nada helados, parecían revivirse cuando me mostraba algo. Una estrofa, su costado. Una línea, de su vida.
Melancólica y partida. Dolorosa y sufriente. La frente siempre al frente. Compartiendo y disfrutando. Se mostraba sin engaños, me veía sin mentiras. Universal y particular, todo en ese instante.
Ella llora todos los días.
Así de humana es su vida.
Así la vive a diario.
Un placer leer sus cuentos.
CENICIENTA. OTRA VEZ EN COMPOTA.
Esta vez le tocó a Cenicienta. Una vuelta incierta, ella desconoce las razones. Las razones de esos dolores que hablan en ella. Ahora le tocó al otro ojo. Una compota que desconcierta, con tanta simpleza como lo es su aparición.
Ella protesta. Avisa en cadena y se queja porque esta vez no hay una causa cierta. Según parece. Pero tal vez ella se miente, sólo un poquito nomás. Porque está reluciente, aunque aún no se da mucha cuenta.
La mudanza la espera. Si si, Cenicienta se muda de palacio. No se va a nada muy lejano. A lo sumo llega a una cuadra de distancia. Pero lo que peor la trata, es esa charla que tiene que dar. Esa conferencia que la espera en un hotel de lujo, en pleno centro de la ciudad.
Amargada y molesta. Hecha fuego por sus ojos de cielo. Y la tierra se sacude en cada protesta. Insiste en la cadena desconocer las causas de esta extraña aparición. Un ojo en compota.
Como si su cuerpo, que no llora, quisiera decirle algo. Un mensaje que ya no es extraño, a sus ojos castigados.
¿Será que no quiere abrir sus ojos a lo que viene?
Cenicienta, ya no a-parente, usted sabe de sus luces. No cargue con las cruces porque nadie será crucificado. No sienta que está pasando tan rápido la vida. No piense en los engaños, las ilusiones llenan de pasión el día.
Y de tanta pasión no vivida, tal vez el ojo se está encompotando.
A todo esto, y cerrando les cuento, que la charla salió de maravillas. A esta chica, hoy llamada Cenicienta la audiencia la aplaudía congraciada por la sabiduría desplegada en tan sólo venite minutos.
¿Para qué tanto barullo? Sabías que te iba a ir así.
Que dejen de competir tus ojos, por la mejor compota.
Viernes, Agosto 29, 2008
PRIMATES. PRIMITIVOS. ¿BÁSICOS?
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Somos primates, primitivos y básicos. Somos esclavos y amos de la nada. Somos la espalda, el frente y las rodillas. La cruz donde se clava la víctima, la estaca en las manos. Somos un pedazo, el todo y la nada misma. Somos la envidia y la cura de los peores males. Somos enemistades, somos la gran alianza. Somos la calma, la guerra y la tregua.
Somos la bandera, el mástil y asta. Somos la cuerda que ata y las muñecas entrelazadas. Somos armas. Y la muerte encarnada. Somos aunque nos queda poco. Somos y muchos intentan serlo. Somos pasajeros. Somos viajeros, el camino y la banquina. Somos y nos cuesta serlo.
Primates, primarios y básicos. Algunos secundarios otros protagonistas. Algunos están en la lista, los demás se quedaron afuera. Algunos piensan, otros se quedan esperando. Algunos se inquietan, otros están sumando. Los demás restando, y el resto dividido. Un mundo partido, multiplicados por millones. Somos enormes, pequeños y enanos. Somos algo humanos, mientras algunos ya se agotaron la cuota de Humanidad. Somos la lealtad, la traición y el perdón.
Por alguna razón, algunos hemos olvidado. Por algún perdón, algunos han abandonado su rencor. Y otros se abrazaron al dolor, mientras el miedo duerme la siesta. Algunos ya ni se acuestan, otros jamás se han levantado. Otros son hermanos, primos y maestros. Alumnos de a ratos. Los que se han olvidado, de lo aprendido y lo enseñado. De lo vivido y de lo compartido. De esos ya van quedando menos.
Algunos somos hermanos, amigos y distanciados. Enemigos inhumanos. Algunos somos novios pasajeros. Otros amantes en celo. Otros abandonados. O engañados. Algunos están esperando que la pareja se disuelva. Otros están esperando que la histeria desaparezca. Y que la amistad ya no sea una excusa para no amarse. Algunos están con el interrogante, dudando toda la vida. Algunos ya se animan. Otros ya no pueden hacerlo.
Primates primero. Primitivos después. Básicos alrevés. Sabios jamás o nunca. El mono oculta su sabiduría a
Somos un instante. Un minuto pasajero. Un eterno silencio. Una voz que perdura. Somos la voz oculta. Esa voz interior. Somos un montón de buenos momentos. Somos aquello que nunca hemos vivido. Somos y seguimos escondidos. Somos la eternidad en alguien. Somos lo inolvidable. Somos aquello que no se quiso dejar. Somos lo que nunca tuvimos. Somos el sueño perdido.
En cada amanecer.
Somos la peste después. Una vez que la enfermedad se curó. Somos el atardecer. La noche y el día. Somos la vida cuando alguien muere.
Somos ocurrentes para escribir tantas líneas.
Jueves, Agosto 28, 2008
NO ES LLEGAR NI MAS LEJOS NI MAS ALTO. ES EVOLUCIONAR.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Todos están preocupados por llegar más alto, por llegar más lejos. Se ve que nos ha quedado de nuestros ancestros, pegado, en la sangre ese objetivo. Llegar lo más alto que haya existido, hasta la copa del árbol más grande. Los monos son animales, nosotros nos parecemos. Pero no nos comportemos como ellos, a la hora de pensar las metas.
Pelear por la banana, trepar a ver quien gana. Quedarse con la mona más hermosa. Morir en la selva amazónica o pensar en dormir todo el día la siesta. Parece mentira pero es ciencia cierta que el hombre no ha evolucionado en sus objetivos. Que piensa siempre lo mismo. Cambió la fruta por la verdura. La lucha es absurda, todo por una zanahoria. Que con ayuda de
Evolucionar las ganas. Pensar en el otro. Dejar de saltar de rama en rama y poner los pies sobre la tierra. Es algo que cualquiera pudiera, pero parece que es imposible. Caminar sobre las dos piernas y dejar de pensar en cuatro patas. Las manos hacen falta, pero no para agarrar la próxima rama.
Evolucionar nos hace falta. Seguimos robándole hasta los piojos al otro. Rascando en vez de acariciar. Golpear en vez de hablar. Y todo esto colgados de la rama. Sentados en cuatro patas, evolucionadas en forma de silla. Una mesa bendita con las mismas frutas de la selva. Carne, como la de cualquiera. Somos monos evolucionados. Cambiamos en algo, ya nos sentamos en otras cuatro patas. Aunque no haga falta, porque las conductas siguen siendo las mismas. La comida está servida y casi nadie ya respeta el turno. Abalanzados y absurdos, hambrientos matamos a alguien que se haya puesto en el camino. Sedientos, somos capaces de chupar la sangre. Secos, por dentro, a todo le ponemos precio. Hasta la copa del árbol.
Seguimos siendo monos. Y aún nos sorprendemos cuando vemos en ellos algún rasgo de inteligencia. Y no nos queda sorpresa al ver tanta animalidad en nuestras conductas. Una mirada injusta. Tendenciosa y conveniente. Para mirar que inteligente se ha vuelto el mono. Y mirar, exhorto que brutos nos hemos vuelto.
Insisto con la consigna. Insisto con la sentencia. No es llegar ni más alto ni más lejos. No es matar a quien se ponga en el medio. No es dominar a la manada. Ni sacarle provecho a la esclava, reduciéndola a lo mínimo posible. Es entender que ya hemos sido y que ahora debemos dejar de serlo.
Monos durante siglos.
Hombres… aunque sea por un momento.
Miércoles, Agosto 27, 2008
CRÓNICA DE UN MENSAJITO TARDÍO.
Se hacía de noche. De una tarde larga, se había cerrado la calma en las puertas de un consultorio. Con lo poco que quedaba, se había abierto la cama para recibir lo que quedaba. Aunque tendría que esperar.
La luz se apagaba. Las sábanas heladas enrollaban los restos y lo poco que quedaba de un cuerpo. Mientras, la mente se abrazaba a la almohada inflando el pecho, palpitándose una noche larga sin frenos ni interrupciones.
En eso, una señal, una alarma. Un sonido que se asomaba. No había ni siquiera cerrado un ojo, que la voz de la belleza escribía en letras un mensaje inesperado. Con el texto en la mano, la luz se atravezó e iluminó lo que no se esperaba. Una sonrisa larga, que duraría más de un suspiro.
Los mensajes fluían, de ida y de vuelta. La cumpleañera contaba sus hazañas. Una fiesta sorpresa, se festejaba la fecha de un día muy especial. Ella no lo esperaba, pero la casa se le llenó de afectos. Amigos sinceros y un molesto que llenaba la casilla, de mails. Que no llamó, pero que todo el dia se acordó de ella.
Los mensajes, en un momento interrumpieron su viaje. Una ida que no volvería. Una respuesta que no había llegado. El silencio se había acostado al lado. Apiñando la almohada estaba convenciendo a mi alma para que dejara mi cuerpo. Y empezara a dormir.
No pasaba nada. Ni los sueños cabalgaban. Todo era armonía y quietud. Todo era paz y tranquilidad. Una longevidad ininterrumpida hasta que de pronto, se produce la caída.
Y suena el celular.
Un salto mortal, mi alma entró asustada en el cuerpo. Mi corazón, de paso lento, comenzó a galopar. A pasos agigantados. Abró para hacer algo y recuperar el aliento.
Un mensaje vacío.
De la reina de esa noche, pasada.
Con la intriga que se reía en mi oído y la preocupación que caminaba sin parar, mi mano atinó a marcar un mensaje de vuelta. Esperando la eternidad de una respuesta que no tardaría demasiado.
El mensaje había retornado. Y la risa comenzó a brindar. Ella, si si, la reina que ya no lo era, cuenta que se había quedado dormida con el aparato en la mano. Y en algún chispaso, apretó el mensaje que se había perdido.
Contando lo sucedido. El mensaje tardío había llegado a este lado.
Me había despertado y encima con un sobresalto a las cuatro de la mañana. Era adorarla o matarla, imposible crucificarla, sólo quedaba reirme.
Y volver a conciliar el sueño. De la mano de su mensaje tardío se había garantizado la intromisión en mis sueños.
Lunes, Agosto 25, 2008
UNA CUESTIÓN DE PODER. SÓLO QUEDO ESO.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Seguimos siendo monos, peleando por la banana más grande. Por ver quién tiene en sus manos el poder más alto, el que ostenta lo más llamativo. Somos niños jugando con las idealizaciones, evitando las decepciones porque sólo nos queda el poder. Porque después, somos todos iguales. Una cuestión de detalles, medidas y lamentos. Como si todo se redujera a eso.
Una absurda cuestión de poder. De creer que las cosas valen por su tamaño o dimensiones. Símbolos de la fuerza que ya no nos queda. Como especie nos hemos debilitado. No estamos acostumbrados pero creemos que lo podemos todo. Si nos quedamos en el medio de una montaña, sin luz ni agua somos los primeros en llorar. Hoy necesitamos demasiado para ser felices, ni siquiera para tanto. Para conformarnos. Quedamos rodeados en el imaginario. Engañados por nuestra propia mente, estrecha, que nos piensa y nos piensa todo el tiempo de la mano de algo.
Solo nos ha quedado algo. La lucha por el poder. Por lo único que no sabemos cómo es. Pero que nos permite creer que somos dioses encarnados. Aunque sea pensarlo por un rato y después ver cómo sostenemos la desilusión. Una apropiación barata de una ley sana que sirve en un contexto adecuado. El poder, como herramienta de posibilidades, no puede quedar al margen de una realidad enmarcada en la fuerza y las ganas. Por sí mismo carece de sentido, se pierde su valor real. Peleamos por su paternidad, por su propiedad o por su elección, como si fuéramos monos en manos de unos salvajes dueños del circo. Poderes mendigos. Mendigos apoderados.
Sólo nos ha quedado eso. Una mediocridad en proceso. Y todos luchando por algo. Por el poder más largo. Por la posibilidad más posible. Y devoramos. Ya ni tragamos, sólo masticamos para arrancar el pedazo. Aunque nos quedemos sin dientes. La presa sirve de algo, pero no es la meta. Sólo es un paso.
La zanahoria se ha ganado todo el protagonismo. Mientras siga su sentido, no dejarse alcanzar nunca. La falta tiene el dominio, no hay manera de colmarla. Ni el poder alcanza, nos deja siempre con ganas. Nos deja siempre solitos. Como niños perdidos, desorientados y olvidados. La indefensión te hace esclavo. La perdida un tonto humillado. Y el dolor es el oso que se está acercando. Cada vez más cerca.
Sólo nos queda pelear por el poder. Pelear por él porque sino perdemos el rumbo. Un polo ya absurdo, perdió su capacidad de atracción. Un norte que se desorientó. Y un sur que ya no te da la espalda. Ya nada tiene gracia. Salvo el poder de esos pocos. Así piensan casi todos, así hemos reducido la cuestión.
El poder no es todo. Ni siquiera llega a ser algo. Nos están engañando, para que sigamos la zanahoria.
Ya es hora de empezar a entender. O seguir eligiendo ser monos en esta vida.
A mi me queda una intriga, ¿qué elegiría usted?
PAN AL QUE NO TIENE DIENTES.
¿Por qué? Siempre es la misma historia. Siempre comienza de una manera y termina igual. Siempre pensando en dar y recibiendo planteos a cambio. Sintiendo que debo cuando sólo estoy dando. Sintiendo que me reservo porque no puedo decir lo que estoy pensando.
Y no te estoy hablando. Hablo conmigo, hablo con mis sueños. Hablo cuando estoy dormido, pienso cuando no debo. Mi descanso se está cansando, de tanto esperar su turno. De tantas partidas sin un muerto. Mi pensamiento te está diciendo tantas cosas que no puedo. Mis ganas ya no te abrazan, porque no las queres ni cerca.
Pienso cuando me desespero. Porque me enojo y no entiendo. Sé que no puedo, pero ¿por qué debo ser de esta manera? Cuando ni te das cuenta. Cuando ni me ves desde lejos. No sos el ombligo del mundo, ni siquiera el absurdo orificio de mi panza. No sos nada. Siendo tanto. No te alcanzo y me desgano. No te trato de cambiar nada.
A vos no te hablo. No te creas nada. A vos te hablo, dejá de mirar para otro lado. Dejá de pensar que es raro, dejá de escuchar al miedo. No da buenos consejos, es un cobarde en el invierno, un hipócrita en verano. Soberbio como su hermano, altanero cuando está a resguardo. El miedo no te deja quieto. No para de decir estupideces.
El pan para el que no tiene dientes. Y la sopa para quien prepara las cosas con tiempo y dedicación. Dios se equivocó, hizo un mundo alrevés. Pensado desde los pies, última la cabeza. Dado vuelta. Mientras los dados nunca caen en mi número esperado.
Ni con treinta y tres de mano se gana la partida.
Se me cayeron las perlas. Dicen que las regalo. O las tiro por ahí. No es verdad, porque no se mentir. Se las dí a quien quería. Aunque las pierda o se las olvida.
Sé donde están. No me voy a arrepentir.
Pero a vos si, a vos te puedo decir algo. Dios, querido y amado, no le podés dar pan al que no tiene dientes.
Porque no puede y se enoja con sólo saberlo.
P.D: No está dedicado a quien cree que si lo está.
LA EVOLUCIÓN ES UNA SALIDA. NADIE ENCUENTRA LA PUERTA.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
La evolución es la salida. Es necesaria y comprometida. Es complicada y, por momentos aburrida, porque implica una constancia y tiempo que no tenemos. Y pocas veces disponemos. Pero es la salida. Aunque nadie encuentre la puerta. Aunque parezca pasajera, pero la evolución es absolutamente necesaria para la vida. Sino moriremos en el intento.
En el infierno de los que no maduran. Y nunca crecen. En el encierro de lo que no se abre y no se renueva. De aquello que cuesta ventilar, y sin renovarse. El hombre ya no hace el intento por crecer, solo piensa en competir. Sólo intenta salir cuando es necesario. Mientras, con el fusil en la mano cuidamos lo nuestro. Sin ver que todo es pasajero, que la vida continúa y el tiempo no nos abruma, pero tampoco sobra.
La cuenta engorda cuando nos hemos quedado quietos. Los hombres viejos ya no poseen la sabiduría. Ni siquiera la experiencia es advertida. Las cosas pierden su valor necesario. Todo se nos escurre en las manos. Unos dedos flacos que ya no transmiten esa fuerza. Que no agarran con contundencia, porque saben que en cualquier momento se pierde. Todo se pierde. Entonces, ¿para qué buscar la salida?
Romperse la vida peleando, creciendo y madurando para ver que a la par están los otros, que sin remar, llegan más lejos. Nada de evolucionar, dicen que viven la vida. ¿Todo era mentira? Evolucionar y crecer se suponía que eran las leyes básicas para entender, las reglas de
Los mejores puestos se están ocupando. Y todos te siguen pagando para que crezcas una vez que estás adentro. Y de viejo, antes de los cuarenta, te firman la cuenta de despido y la indemnización. Viejos del montón, cuando aún puedes seguir creciendo.
La evolución es un cuento. De fábula o ciencia ficción. Y de la salida ni hablemos. Sólo quedan las de emergencia. Nunca entendí esa cuenta, ¿Para qué armar las puertas de emergencia si se pueden abrir más puertas de salida? Así de cerrados estamos como seres humanos, sólo pensamos a la hora de las emergencias en las puertas traseras y nos olvidamos de las principales.
Madurar para ser un fruto amargo, un tiempo más prolongado y la vejez arruina los mejores jugos. Una fiesta que dura una siesta, porque apenas está lista la fruta, ya comienza su decadencia. Y para ella no hay salida. Ni siquiera una puerta. Por eso, ahora, se exportan inmaduras para que la fruta llegue a su destino a tiempo. Y nunca un poco pasada.
La evolución terminó siendo una trampa. Un lugar por donde muy pocos quieren pasar. Los que han evolucionado de verdad, ya no se pueden contar, están del otro lado de la puerta. Los que nos hemos quedado detrás de ésta aún estamos pensando si es conveniente cruzar al otro lado, o es preferible quedarse aquí.
Para no sufrir, porque nos convencieron que la evolución y el crecimiento se hacían con tanto esfuerzo que ya casi nadie quiere hacerlo.
Mientras, seguimos en la jungla. Una selva plagada de mamíferos no evolucionados.
Monos caminando. Con una inteligencia artificial.
LOS ANIMALES NO SE COMPORTAN DE ESTA MANERA. CAZAN PARA SOBREVIVIR.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Que manera perversa hemos desarrollado para vivir. Matando y matando para sobrevivir a los que nos están aniquilando. Y nos hacen consumir. ¿Contra quiénes estamos peleando? Los animales sólo hacen eso para sobrevivir. Pero no matan a sus pares. Migran por alimentos. Nosotros matamos hambrientos. Sedientos por vivir lo que no tenemos.
Y nunca seremos. Porque es robado.
Los animales cazan para sobrevivir. Nosotros somos presas entrampadas. Acorraladas y algunas ya lastimadas. Furiosos de rabia, alterados por la ignorancia y descontrolados por el rencor. Matamos con tanta razón que ya nos creemos todas las causas. Matamos por tanto dolor, que ya nos duele la presencia del otro. Los animales no matan al par, se mueven en compañía. Nosotros destruimos todo en la espera. No es casualidad ni una idea pasajera que el mayor problema de
Una guerra en plena jungla. Donde el enemigo no se oculta, es el que está al lado. No hay más bandos. Es una guerra de guerrillas. El enemigo está en la misma orilla. Dentro de la casa. A veces, en la misma cama. Que lejos hemos llegado. Lo hemos arruinado. Absolutamente todo.
Nos estamos cazando. Los pobres a los ricos. Los ricos entre ellos. Los que están desempleados a los que tienen empleos. Y los compañeros al que puede ascender. El jefe al que viene después, porque puede llegar a subir. El aprendiz al maestro, para quedarse con su puesto. Para ser alguien en la cadena de sucesiones. Los sucesores matan hambrientos. Los dueños esclavizan por las dudas. Al que le sobra porque abunda, al que le falta porque lo justifica. Al que están en la media porque envidia la diferencia. Al que no está porque quiere estar. AL que se fue para volver. Y así nos matamos entre todos.
Después ayudamos cuando una masacre nos toca. Pero en plena barrida de la escoba algunos se aprovechan y negocian. Con la sangre ajena. Matando de sed y de hambre a la víctima.
Los animales no se comportan así. Saben vivir en comunidad.
Posiblemente nos llevan una gran ventaja. No son educados. Pero se saben contener.
Estamos mal educados. Mejor dicho, nos estamos mal comportando. Porque ya no educamos a nuestras emociones y nuestros hijos se están descarrilando. Porque los padres destruyeron las vías, con generosidad. Los nuevos trenes venían marchando a una gran velocidad. Y los demás no estaban preparados.
Menos mal que los animales no hablan. Nos dirían tantas cosas.
Con tanta autoridad y tanta razón. Lo digo con dolor, parecemos bestias más que animales. Esas fieras salvajes que no saben ni leer ni escribir un futuro. Mitad hombre mitad salvaje, en esto los animales no tienen nada que ver. Nosotros no cazamos para sobrevivir.
Cazamos para hacer lo menos posible.
Domingo, Agosto 17, 2008
NI LOS RICOS NI LOS POBRES. LA ANIMALIDAD NO DISCRIMINA.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
La animalidad no discrimina. No es como nosotros que somos ignotos en el tema. Que nos creemos cualquier cosa superior a la nada e inferior a todo. Por eso somos niños asustados en manos de enormes imperios. Donde hacemos masiva una batalla de soldaditos de plomo. Y matamos a todos, simplemente y cruelmente, por miedo.
Y me involucro porque en algún punto, la cuota de poder de cada uno cae en estos vicios, tiene estos miedos. En otras dimensiones, con otras mínimas consecuencias, pero caemos en la cuenta de que no estamos preparados para tener el poder en nuestras manos. Ni siendo ricos ni siendo pobres. Aún las emociones están contaminadas y la sangre nos llama, seguimos siendo animales y caníbales. Animales con muchas crueldades que no sabemos dominar.
Algún que otro, por casualidad, cree que es mejor dominar el afuera antes que el adentro. Ellos han sido grandes personas formadas y educadas, que no les ha servido para nada a la hora de entender que la misión no viene de los pies. Sale de la cabeza. Que los miedos no son sólo barreras, sino enormes armas de aniquilación masiva. A gran escala.
Es mayor la demanda para quien, se supone, está más preparado. Pero no es en vano, se calcula que tiene más herramientas en las manos para manejar los impulsos y las agresividades. La animalidad caminante que fluye y circula por todo el cuerpo. Lo cual no exime a los demás, todos somos parte de una gran empresa que es llevar esta vida a cuestas y hacerla producir. En función de los demás y para el bienestar de uno. Si la civilización no nos mata antes. O nos enfrenta con nosotros mismos.
La animalidad no discrimina. Todos venimos de los monos. Aunque algún Tarzán se habrá escapado a la ciudad a gobernar a los civilizados. Y los ha embarrado. Con tanta selva y tanta bestia suelta. Con tanta niebla sobre la educación y tanto resplandor en los tesoros. La conquista del más tonto, el dominio de los que están por debajo, son las reglas del barco que se está hundiendo. Que así no va a llegar lejos. Y con menos tripulación.
No hay diferencias entre ricos y pobres. Entre las verdaderas pobrezas que esta animalidad plantea. Y que nosotros tanto hemos alimentado. Con el poder en la mano, comiendo de la boca. Hombres fracasados y almas empobrecidas. Ricos en vano. Con sangre en las manos. Y bocas hambrientas. De vacíos e impurezas, de volver a la selva. El hombre siente frío y el animal se abriga.
No hay diferencias a la hora de salvarse quien pueda.
Y no nos queda mucho tiempo. Para evolucionar o morir en la animalidad de una civilización que está mostrando sus fracasos. Que no ha podido, separando, gobernar con igualdad. Y llevarnos a todos hacia la comodidad de la alteridad. De la generosidad y el compartir. Nos ha hundido en el sufrir, en la represión y la educación de la inteligencia a expensas de la educación emocional. Y la desinformación sexual, que está generando los peores problemas de hoy.
Entre ricos y pobres.
Humanos al fin. Desde el principio.
CIVILIZACIÓN SIN BARBARIE. SOLO UNA TEORÍA.
Civilización sin barbarie.
Solo una teoría.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Civilización sin barbarie. Simplemente una teoría imposible. Irrealista. La cultura no civiliza. La civilización no siempre educa, pareciera que margina. Porque no le da lugar a todos, porque no valora a todos. ¿Por igual? ¿Es posible? Una irrealidad que se está notando. Una decadencia que va aumentando en su dimensión, en su profundidad, en su crueldad. La civilización sin barbarie es una mentira que ya no compra nadie.
Por lo cual, estamos en peligro. Cuanto más avanzamos parece que más retrocedimos. Desde un extremo al otro, los ejemplos ya no son remotos. Tienen consecuencias incalculables. Y de proporciones inexplicables. Cuanto más sofisticada es la civilización, más cruda es la barbarie. Y más se nota la deferencia. Menos se toleran las incongruencias. Más se lastima. Una decadencia que se encuentra en la esencia misma del crecimiento de una sociedad. En su germen habita la solución y el problema. Una trampa para cualquiera que pretenda purificar la civilización de las imperfecciones, que en sí misma contiene.
Hablamos de la exclusión. Hablamos de la incapacidad de ella para calcular el valor exacto de cada uno de sus miembros, o esclavos. Ignorando un concepto básico, que levanta polvareda, no somos todos iguales y eso lo sabe cualquiera. No confundamos conceptos, seamos bien claros en esto para que nadie se ofenda. Ni pretenda mezclar la hacienda con el olmo. No hablo del valor de la vida humana, hablo de las diferencias innatas en las propiedades de cada uno. De los roles y las funciones que se ejercen dentro de una sociedad, en la construcción de una civilización. Lo cual no implica que se pueda lastimar ni aniquilar, nadie justifica la violencia. Estamos hablando de las diferencias por las cuales muchos se creen más y otros quieren masacrar.
Mientras, seguimos siendo monos.
La civilización conlleva principios básicos que van más allá de la educación. ¿Acaso no han visto a miles de ricos poco civilizados? Implica una función interna de estructuración, donde los principios son pilares constructivos que le permiten manejar y canalizar los instintos o las pulsiones básicas que vienen desde el cuerpo haciendo un camino largo y paralelo hasta llegar a las alturas de la mente. Una energía emergente que, sin estructura, se condensa y se pone densa a la hora de empujar. Por lo cual, la barbarie y la sangre logran apoderarse de un campo tan grande como es el ser humano. Más allá de lo humano, más acá de lo enseñado.
Una teoría que nos han enseñado. Una práctica que ellos mismos no han realizado. Porque la animalidad se domina desde arriba. Con el poder y la autoridad que están por fallecer, en una larga letanía de condenas y morfinas. A la civilización se la ha vendido por un puñado de enemigos y unos cuantos billetes. Porque no les ha convenido a los simios la civilización como forma de dominio. Eran muchas las preguntas y pocas las respuestas. Entonces, ha servido más la barbarie para llevar a la masa a ser cada vez más ella.
Para eso nos han enseñado algo muy lejano. Para que siempre nos mantengamos alejados de nuestra propia realidad, una vida educada y civilizada que se está alejando de la prosperidad porque ellos manejan la selva. Con poca propiedad y mucha leña hecha de los árboles caídos.
Que no son los enemigos.
Es lo aprendido.
Jueves, Agosto 14, 2008
SEGUIMOS SIENDO MONOS. O PEORES AÚN.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Seguimos siendo monos. Se suponía que éramos la raza superior, sin embargo, estamos mostrando lo peor que tenemos. Lo peor que podemos hacer, actuar peor que los animales. Porque destruimos a nuestros pares, porque destrozamos nuestro medio ambiente y porque somos, a la vez, cazadores y cazados.
No hemos evolucionado. No venimos de los monos. Ni mucho menos mejoramos lo de ellos. Se dijo, durante muchos siglos, que la culpa de todos los desastres la tenía esa parte “animal” que tiene
Porque el animal aprende los peligros del medio. El ser humano entiende, pero hace todo mal. Sabe y es capaz, pero tiene un costado peligroso. Seguimos siendo monos viviendo como animales. Seguimos creyendo que no hay pares, pero estamos muy por debajo de lo esperado para el nivel de inteligencia. Y de las capacidades a cuestas que tenemos por ser, como somos.
Discriminamos a los individuos de nuestra especie. Nos alimentamos de ellos. Nos matamos hasta que no nos dan más las manos. Somos cazadores cazados por las propias presas. Una vida incierta que ha multiplicado la jungla, la ha sofisticado al punto de vivir en la penumbra porque agotamos los recursos de la selva. Tanto en su campo como en sus reglas. Llevamos todo a tal extremo que nos estamos muriendo y no nos queremos dar cuenta.
Seguimos siendo monos. De esos que nunca existieron. De los que rompen con todo. Y aniquilan a sus hijos y nietos. Una especie extraña, más parecido a la plaga que a la raza humana. Desarrollándonos como si nada. Ocupando todo como si viviéramos solos. Sin ganas de compartir, pensando en competir y jugar sucio, claramente. Contaminando todo lo ocurrente, comprando cada centímetro de libertad para enjaular a los diferentes. Y si son peligrosos, para nuestra individualidad, morirán sin mayores explicaciones. Se suponía que éramos inteligentes, se preveía que podíamos evolucionar en nuestra calidad de vida. Y sólo planificamos la muerte. Sólo desplegamos los más sofisticados mecanismos para matar y morir, en el camino de vivir, que cada día es más corto. Y larga la agonía.
Seguimos pareciéndonos a los monos. Colgados todo el día. Obedeciendo y admirando, persiguiendo a la reina que pueda calmar los instintos. Pero ya son asesinos, decididos a matar por lo que sea. Eso no le pasa a cualquiera, sólo nos pasa a nosotros. Como especie.
Somos decadentes. No hemos evolucionado ni un poco. Tantos años de desarrollo, tantos siglos y dioses, tanto oro hecho polvo y muchísimas vidas perdidas. Para no encontrar la salida. Para no haber crecido aunque sea un poquito. Y dejar de ser bestias hambrientas.
Sedientas por venganza. Por envidia y celos. Por un comercio, parte de un sistema, que arruina a cualquiera. Aunque beneficia a tan pocos. Seguimos siendo monos en un rebaño amargado, guiados por unos extraños a esta raza humana. Si nos llevan a la rastra no creo que podamos llegar lejos.
Es una pena y una lástima.
Seguir siendo monos, pero vivir encerrados.
Martes, Agosto 12, 2008
PERCEPCIÓN. UNA APERTURA DE LA MENTE.
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Percepción. Depende cada vez menos de los órganos de los sentidos. Y más de la apertura y la naturalidad. Y voy más allá de la simple anticipación de quién llama por teléfono. Algo ha sucedido que en los últimos años, más de una década, muchos son quienes han tenido estas experiencias perceptivas y se han animado a ver, con los ojos cerrados.
La percepción es una apertura de la mente a ratificar la información que sabe. Hay canales que superan a los órganos sensoriales. Hay datos dando vueltas por el mundo que no pueden ni verse ni oírse, sin embargo están y su existencia modifica sustancialmente la vida. Hay certezas que viajan por allí, y se producen en cada uno. Cosas que se saben sin entender de dónde ni cuándo se han aprendido. Esa es la percepción, una intuición que viaja con certeza por la mente de uno, al llegar. Sólo hace falta abrir las cadenas de la cabeza y sentir en el corazón como la información llega. Sin poner limitaciones ni dudas ni interrogantes.
Es duro pensar pero una realidad nos cuestiona. Los ojos ven lo que quieren, algunos sólo lo que pueden, pero no ven más allá de ellos mismos. Su visión está sujeta a una interpretación que muchas veces modifica o altera lo visto. De lo oído no podemos ni hablar, son demasiadas las distorsiones a las que exponemos esa realidad. Sus diferentes tonos, sus gestos a la hora de ser emitidas las pocas palabras que pueden decir tantas cosas alternativamente. Una boca que se expresa y un oído que se cierra, son una combinación que no se llevan de la mano. Una obviedad que es torpe a la hora de decir, de hablar, de comunicarnos.
Tal vez el problema no esté en los órganos perceptivos sino en la mente que procesa dicha información o le agrega lo que puede. Cuando por otras vías llega una información que viene con tal nivel de integración que no requiere de interpretaciones ni de moldes prefabricados. Es extraña la sensación, es como una idea que se siente en el medio del pecho. Donde uno naturalmente ubica al yo, cuando con sus manos habla de sí mismo. Será que el instrumento de captación va directo por esa razón. Llega directo al alma, la que no tarda en comunicar. Sólo tardamos en escucharla.
Una apertura de la mente. Y uno recibe muchos datos nuevos. Una nueva visión del mundo. Hasta los colores son más nítidos e intensos. La profundidad se vuelve dimensional, el negro más oscuro y la luz un brillante atenuado. Desaparecen las nubes y la duda queda desterrada. El debate se reduce a pensar si uno le hace caso o la ignora otro día más. Después uno se recrimina, yo sabía lo que sucedería, entonces ¿por qué no actué de otra manera?
La percepción se vuelve un instrumento valioso para actuar en el mundo. Excede su función de receptor, una reducción del mundo medieval que hemos heredado. Una equivocación de la religión, una enseñanza anulatoria. Así han conseguido adeptos y han perdido creyentes. Pero esa es otra cuestión, que va al margen de este debate interno.
La percepción vivida de esta manera permite compartir con otros que se mantienen lejos, con certezas y complejos enjambres de información que requieren que la mente se abra a vivir las otras dimensiones paralelas. Sortear las contradicciones y ver con simpleza y naturalidad.
Somos emisores de información y el cuerpo es una antena gigante.
La percepción requiere que abramos la mente. Pues la información nos llega directo al corazón. En el centro. En el eje.
Sabemos. Con contundencia.
La verdad de la razón. La hemos percibido.
CUANDO SE INTRODUCE OTRA ESPECIE. SE ROMPE EL ECO SISTEMA.
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Es sabido que cuando se introduce una especie en un eco sistema al que no pertenece, el mismo entra en crisis y corre serios peligros de extinción. Lo mismo sucede con las idiosincrasias y los sistemas sociales, cuando se introduce una patología que no es propia de ese grupo humano, comienzan los inconvenientes y se propaga como si fuera una epidemia. Es por contagio y es por identificación. Hay un factor que no debería estar.
Los sistemas tienen sus fronteras por razones obvias. Para evitar las mezclas y las fusiones que generan extremas confusiones y pérdida de identidad. Con el efecto de la moda sobrevalorada y llevada a lo más alto del podio, el contagio es obvio y la globalización así lo facilita. La influencia es inevitable. ¿La contaminación también?
Es una forma de modificar lo establecido. Sucede cuando se carece de una identidad sólida. Cuando apremian las necesidades y se quieren tapar los agujeros existentes. La culpa no es de nadie, pero estamos todos involucrados. Por omisión o negligencia, por descuido y por corrupción. Meras conveniencias que arruinan lo establecido. Lo propio más lo adquirido. Es el producto de la experiencia.
No sé si hay intencionalidad. Si sé que hay efectos y consecuencias.
Adversos, por obviedad. Con sólo caminar por las calles alcanza para ver la idiosincrasia invadida por elementos extraños. Ajenos y alejados, que ya fueron absorbidos como propios. Dicen que hay que cambiar, dicen que es parte del crecimiento. Pero me pregunto y no entiendo a qué se refieren con “crecer”. ¿Es desarrollar lo propio o es expandirse con lo ajeno? Llenarse de cosas de otros no es madurar ni desarrollar los propios recursos. ¿Dónde queda lo nuestro? Parece una secuencia confusa.
La contaminación de las ideologías en mi mundo se llama espionaje. Infiltrados, son los que mezclan las pinturas arruinando los colores. Llevar y nunca traer establece un desequilibrio, de aquí se han llevado las riquezas. Eso sí que no mezcla, llena de tesoros sus bolsillos. Y de pobrezas nuestros platos.
Es el efecto esperado a corto y mediano plazo. El que llega con los años se verá en algunas décadas. Ya son las nuestras las que han perdido “lo propio”. Son los severos trastornos que involucran a la identidad, el efecto a largo plazo de la ruptura del eco- sistema. Lo original es copia. Y la copia es de segunda mano.
Las materias primas se han llevado. Lo más personal de cada uno.
Esa es la razón por la cual no nos pertenecen algunas patologías. Que padecen nuestros niños y adolescentes. Es consecuente con lo realizado hace muchas décadas. Es el efecto indeseado. Al menos el no esperado.
Lo lamento muchísimo. Son pocos los grupos de pertenencia.
Son demasiadas las consecuencias.
Ya las vemos a diario.
NADIE CUENTA TODO. LA SOMBRA DE LA SOMBRA.
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Nadie cuenta todo. Aunque usted quiera lo contrario. Todos escondemos algo, todos ocultamos algo. Todos nos reservamos mucho. La sombra tiene su sombra, de ella nadie se escapa. Lo inevitable avanza sobre las posibilidades. Para oscurecer el atardecer, en la noche las sombras también se hacen presentes.
No sólo existen los secretos, esa estructura donde participan más de uno, pero se reserva el silencio para los demás. Donde inevitablemente están otros involucrados, pero quedan exiliados de la verdad. Y de la comunicación. La sombra de la sombra es aquello que queda reservado en uno, donde no hay otro involucrado. Donde no queda nada en las manos de los demás. Ni se perjudica a otros, directamente. No sé si se miente al esconder estas cuestiones, sé que genera rencores y tantas discusiones bizantinas. Pero la verdad no siempre es dicha. Nadie cuenta todo.
Es un problema de la comunicación. Es una falla del ser humano. Pretender que todos caigamos en un compromiso que no se puede cumplir. Decir todo lo sabido, es un absurdo de raíz. Una mentira de patas largas y buenas intensiones. Pero no corresponde, porque es una imposibilidad de la naturaleza humana. Es una garrapata que no se va a soltar. Decir toda la verdad y nada más que la verdad, ni siquiera se puede en nombre de Dios. La memoria no quiere, la conciencia no lo deja, las conveniencias se quejan, la inteligencia se retuerce envenenada, una falacia que choca de frente con la realidad.
No es fomentar el ocultamiento. Es ser claros y sinceros a la hora de hablar sobre uno. La sombra del espejo ya fue develada, ahora le queda la cama libre a la sombra de la sombra. A ese punto tan ciego que no se nombra. A ese lugar al que nunca se puede llegar, ni siquiera con el esfuerzo de los principios. El silencio es maldito, pero las palabras condenan. Ni el suicidio libera de esa ceguera a la mente. No le pida a la gente que cuente todo lo que sepa, ni lo que sienta ni lo que esconde. Sólo escuchará temores, broncas y asuntos viejos, cuando empiece a escuchar el silencio allí sabrá lo que le espera. La prohibición anuncia la sentencia. Y no habrá tolerancia que alcance.
Nadie quiere ser cobarde, pero frente a esto es inevitable.
Nadie quiere mirar de frente a la sombra de la sombra, aquello que cae detrás de la muralla. Lo que no se tolera, lo que no alcanza. Aquello que no tiene calma, una vez suelta la fiera. La prohibición anuncia la zona de detención, lo prepara con advertencias. Si usted siguiera, ya correría por cuenta suya. Si no le hace caso a la señal, no espere lealtad al momento del rescate.
La sombra no es cobarde. Su sombra es hambrienta.
No se alimenta de sangre, se alimenta de inocencia. A la sombra no le cuesta ser tan ella.
Lunes, Agosto 11, 2008
ACCIDENTES HOGAREÑOS. PROBLEMAS EN CASA.
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Son los más absurdos. Son muy letales. Se producen sin una razón aparente. Y son producto de una distracción mortal, que sabe generar consecuencias. He visto mutilaciones, muertes y explosiones por errores cometidos en casa. Suicidios que son perpetrados de una manera que se perjudica a cualquiera que nada tiene que ver con el motivo. Los accidentes hogareños son una muestra de los problemas que hay en casa. Una leve pero fatal expresión de los conflictos internos al clima familiar.
Dicen que los trapitos se lavan en casa. Algunos otros se queman allí. Las puertas están cerradas. El acceso y la externalización están prohibidos. Han claudicados los intentos. El clima se retroalimenta, se va caldeando de a poco. Se suman los problemas y la tención se incrementa. Hasta que explota. Es un ambiente de violencia que jamás llega a ser explícita. Mucho menos física, por eso es que se producen estos accidentes.
Mantienen la misma secuencia que los accidentes comúnes. Una decisión acompañada de la negligencia. Pero con un toque de humor, aunque sea de color negro. Pues aquí es la torpeza la que se gana el protagonismo. Un paso perdido en esos miles que se han dado a diario. Este es el complicado, el que produce el accidente. Un resbalón y el golpazo. Los bordes de la bañadera. La sangre que se lleva toda la violencia del impacto. La misma que se gesta en el almuerzo tenso por los problemas no resueltos. Y que producen así el quiebre.
El asunto es complejo y pasa por entender las variables en juego para llegar a este punto. Los conflictos del mundo se saben introducir de una manera tan vil que explotan dentro de casa. Cuestiones humanas que no salen de esas paredes. Secretos que quieren encontrar la luz y chocan contra todo. Consciencias que pueden morir sin ser lavadas, perdonadas o arrepentidas. Y limpian sus culpas sin arrepentimiento. Con dolor y sufrimiento. De una manera no esperable. Un conflicto se alimenta de la energía de sus miembros. Los participantes son obreros de esa construcción torcida. El clima involucra tanto a protagonistas como a testigos. Todos terminan aportando su grano de arena. El elegido será el eslabón perdido, el más débil. O el más involucrado. Depende mucho de lo ocultado a los demás miembros del complot. Del horror. O de la intriga.
Un infarto anunciado. Una úlcera que se desangra. El golpe contra la ventana de esos niños que nadie cuida. Juegos violentos que terminan mal. Enchufes peligrosos que dejan al descubierto los cables pelados de algún miembro afectado por una enfermedad psiquiátrica. Son muchas las formas que adopta el accidente hogareño, desde el corte de un dedo hasta de los tendones o de la pierna. Una infección en las extremidades que ha comenzado en ese imperceptible suceso. Inadvertido. La fractura de la cadera de un abuelo cansado de ser el objeto abandonado. Alejado de los ideales de la sabiduría. Son tantas las intrigas que se han sembrado, que tarde o temprano encontrarán una forma de expresión.
Se los he presentado. Usted ya los conoce.
No es nada nuevo. Aunque es tiempo de pensar sobre las cuestiones que están detrás de estos accidentes.
Es el hogar el sustituto de las calles.
Es la luz roja la que no se respetó.
No se frenó a tiempo.
ACCIDENTES HOGAREÑOS. PROBLEMAS EN CASA.
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Son los más absurdos. Son muy letales. Se producen sin una razón aparente. Y son producto de una distracción mortal, que sabe generar consecuencias. He visto mutilaciones, muertes y explosiones por errores cometidos en casa. Suicidios que son perpetrados de una manera que se perjudica a cualquiera que nada tiene que ver con el motivo. Los accidentes hogareños son una muestra de los problemas que hay en casa. Una leve pero fatal expresión de los conflictos internos al clima familiar.
Dicen que los trapitos se lavan en casa. Algunos otros se queman allí. Las puertas están cerradas. El acceso y la externalización están prohibidos. Han claudicados los intentos. El clima se retroalimenta, se va caldeando de a poco. Se suman los problemas y la tención se incrementa. Hasta que explota. Es un ambiente de violencia que jamás llega a ser explícita. Mucho menos física, por eso es que se producen estos accidentes.
Mantienen la misma secuencia que los accidentes comúnes. Una decisión acompañada de la negligencia. Pero con un toque de humor, aunque sea de color negro. Pues aquí es la torpeza la que se gana el protagonismo. Un paso perdido en esos miles que se han dado a diario. Este es el complicado, el que produce el accidente. Un resbalón y el golpazo. Los bordes de la bañadera. La sangre que se lleva toda la violencia del impacto. La misma que se gesta en el almuerzo tenso por los problemas no resueltos. Y que producen así el quiebre.
El asunto es complejo y pasa por entender las variables en juego para llegar a este punto. Los conflictos del mundo se saben introducir de una manera tan vil que explotan dentro de casa. Cuestiones humanas que no salen de esas paredes. Secretos que quieren encontrar la luz y chocan contra todo. Consciencias que pueden morir sin ser lavadas, perdonadas o arrepentidas. Y limpian sus culpas sin arrepentimiento. Con dolor y sufrimiento. De una manera no esperable. Un conflicto se alimenta de la energía de sus miembros. Los participantes son obreros de esa construcción torcida. El clima involucra tanto a protagonistas como a testigos. Todos terminan aportando su grano de arena. El elegido será el eslabón perdido, el más débil. O el más involucrado. Depende mucho de lo ocultado a los demás miembros del complot. Del horror. O de la intriga.
Un infarto anunciado. Una úlcera que se desangra. El golpe contra la ventana de esos niños que nadie cuida. Juegos violentos que terminan mal. Enchufes peligrosos que dejan al descubierto los cables pelados de algún miembro afectado por una enfermedad psiquiátrica. Son muchas las formas que adopta el accidente hogareño, desde el corte de un dedo hasta de los tendones o de la pierna. Una infección en las extremidades que ha comenzado en ese imperceptible suceso. Inadvertido. La fractura de la cadera de un abuelo cansado de ser el objeto abandonado. Alejado de los ideales de la sabiduría. Son tantas las intrigas que se han sembrado, que tarde o temprano encontrarán una forma de expresión.
Se los he presentado. Usted ya los conoce.
No es nada nuevo. Aunque es tiempo de pensar sobre las cuestiones que están detrás de estos accidentes.
Es el hogar el sustituto de las calles.
Es la luz roja la que no se respetó.
No se frenó a tiempo.
CORTOCIRCUITO. LOS CABLES PELADOS
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Llega un punto en la vida que se pelan los cables. Y se produce el dichoso cortocircuito. En ese instante, la moneda vuela hacia el cielo y decide con el viento si uno muere o no electrocutado por un problema emocional. Es difícil pensar que uno está exento de esas movidas de la vida. De esas vueltas. Los imprevistos.
En ese punto el psiquismo está completamente a prueba. Su resistencia. Sus maneras. Sus recursos y sus debilidades. Si soporta los embates o claudica en un accidente.
A veces uno cree que esta afuera de la lista que la locura revisa una noche de invierno. En este otoño sereno me parece que escucho su nombre. Eso pasa de golpe y los cables se pelan. Una futilidad que es apenas el punto débil de la cuestión. Un profundo dolor que entra como una lanza hirviendo. De furia y de indignación. De impotencia o de lo que sea.
El cortocircuito no es una señal. Es el efecto inmediato del pedazo de la realidad que se clava. Es un costado del ventanal que se rompe y se viene encima.
No puedo escribir más, huelo a cable quemado.
Lo dejo pensando, antes que usted también huela lo mismo.
Domingo, Agosto 10, 2008
ESTALLA LA CABEZA. DUELE MUCHO.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Es uno de los pocos dolores que tiene una ubicación tan precisa. A veces maldita, y tan clara como física. Se encuentra en la cabeza, duele mucho y profundo. No es una migraña, no es un simple dolor de hígado que repercute sin sentido en los ojos y la nuca. Es una bala intrusa que de golpe se incrustó en la cabeza. Sin dar alivio a las penas, sigue su recorrido hacia abajo. Incrustándose. Penetrando.
Estalla la cabeza. El dolor no te deja pensar. Cuando más lo necesitas. Pero es imposible abordar un dolor tan grande. Tan punzante, tan sórdido y nada pasajero. Parece nunca terminar, y te hace pensar que su vida será eterna. Que nada lo calmará, que nadie podrá hacer nada para conseguir alivio. Entra a jugar la desesperanza, empieza a tirar sus cartas el miedo. Ideas remotas que no paran de zapatear tu cabeza inhóspita, ahora habitada por inmigrantes ilegales que están indocumentados. Que se han desubicado al traspasar las fronteras e invadir un alma en pena. Con acoso y poco contextualizada.
En ese momento es el alma quien se ubica a esas alturas. Perdida y en penumbras solo puede intentar pensar. Pero el dolor no pasará, sólo queda aguantar y esperar. Nada que le sirva pensar a alguien en estas condiciones. Porque cada segundo es letal, parece estirarse en el tiempo sin piedad. Porque cada llamado es mortal, para el alma que se vuelve a escuchar una y otra vez contando, lo desalmado que es el dolor con ella misma. Porque el cuerpo pesa una tonelada por cada centímetro de carne humana sufriente. Es como intentar mover a
Los ojos están ardientes. Estallan en lágrimas que no se consuelan. El alivio sólo es más pena y el rostro no puede llorar más. Es la sequedad interna la que ahora alimenta el dolor que ni siquiera se puede seguir llorando.
Un nudo que se sigue atando, cada vez más profundo y cerrado. El estómago ha cerrado sus puertas a las visitas; las piernas malditas ya no se quieren levantar. El camino del altar hasta la cocina es cada vez más largo; antes eran unos simples pasos, ahora son miles de kilómetros imposibles. Y la vista que sigue buscando algún punto hacia dónde mirar. Pero es leal a las sensaciones internas, y no encuentra más que Nada y Nada por todos lados. En la cama se hacen estragos con las maravillas del mundo, no hay ni un minuto de paz en esta guerra. Y estalla la cabeza por cada nueva granada que explota. Esquirlas que llegan a encarnarse en el cuerpo. Están calientes del fuego, es la furia con la que habitan en uno. Un ruido mudo que aturde y destroza los tímpanos. Que sólo pudieron escuchar esas últimas palabras antes de estallar y quedarse con ese recuerdo sólo. Ya no pueden escuchar ni siquiera las palabras de consuelo.
Como para que no estalle la cabeza. Y pretendamos que no duela demasiado. A veces es solo un disparo, pero hecho en el momento menos apropiado. Y por una mano amiga.
El gatillo marca la salida, de esa bala alojada en mi psiquismo.
¿Es justo? Es necesario.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
¿Es justo ocultar algo? ¿Es necesario? Es inevitable. Es indispensable para poder sobrevivir en la matriz de una sociedad humana. Peor que en la jaula, más asediados que en la selva. Aquí las fieras están sueltas y más hambrientas que nunca. ¿De qué? Del otro. En crudo y sin filtros. Se ansia la carne humana. Y el psiquismo ajeno. ¿Era necesario llegar a esto? Seguro que no, pero así lo hemos hecho.
Llegamos. Tarde o temprano, no sé bien si es la hora. Pero que muchos seres humanos han muerto en vano, de eso estoy seguro. Por una justicia fría que no llegó a tiempo. Porque para muchos la necesidad era un motor, pero no la consecuencia de una venganza. Para tantos otros la esperanza no fue suficiente. Porque la realidad mordía los talones, porque la crueldad se hizo costumbre. ¿Era tiempo de llegar a esto? Nunca es suficiente, nunca es necesario. Pero somos seres humanos, entonces ¿era esperable?
Es justo. Es necesario. Es inevitable. Es esperable. Es y se impone la evidencia. La oscuridad rinde sus cuentas y tiene saldo a favor. En cuanto al dolor, todas las cartas están manchadas. Respecto del rencor, ya ha asfaltado varias ciudades enteras. Ya se han explorado todos los territorios ocultos, hasta el último rincón posible. Todo en nuestras narices, pero oculto.
Con al puerta cerrada.
Es necesario empezar a poner un orden. Es indispensable comenzar a entender las razones por las que llegamos a este punto de
Lo hemos ocultado demasiado. Ya los gritos no son de protesta. Los aullidos se acuestan con sus víctimas, por la noche. Hemos postergado mucho la solución. Y el horror ya es costumbre. El esplendor ya no es suficiente. Ya no alcanza para salvar vidas. En la noche se hace escarcha.
En las vidas se siente el frío.
No hay hombres escondidos, hay almas oscuras. Que necesitan ser iluminadas. Porque es necesario, porque sería justo. Por todos los seres humanos que están hoy bajo el techo de la injusticia. Sin calma ni tranquilidad. A quienes no les llegará la paz hasta que no se pongan las cosas en orden.
La justicia y la necesidad. Unidas de la mano. Enfrentadas con lo humano.
¿Desde hace tanto tiempo?
Viernes, Agosto 08, 2008
KILL PLUT. Una crónica intrigante.
Les voy a contar una gran historia. Verdadera y auténtica en todos sus ribetes, dimes y diretes. Pura realidad acontecida no hace más de una semana. En el consultorio de un colega, en esas paredes que no encierran el instinto pulsional de un psiquismo peligroso. Y no salgo de mi asombro por la sabiduría de esa mente. De ese inconsciente que deja sus mensajes sutiles.
No saben lo feo que es para un analista encontrar a sus pies una nota del inconsciente. No saben cómo se siente. No pueden imaginárselo. No es un cuento de terror, es una historia atrapante. De una mente brillante a la hora de dejar sus huellas.
Y sus marcas en la mesa.
Transcurría una sesión de urgencia. Ella aterrada por ver las marcas cuando se despertó. El analista, una mente despierta con sus acidez a cuestas y sus armas en la mano, no está preparado. Habla como siempre. Con un tono, tal vez urgente, proque la realidad apremiaba. La dama, con su bufanda, se iba a operar. Y las cartas, esta vez no marcadas, que el destino jugaba habían advertido que sería una mala partida.
Como ella es una mente despierta y poco tranquila. Fue advertida por el cirujano. Aspirina en mano, no se puede operar nadie. Así transcurría el relato, en plena sesión. Imagínense la ocasión, una pansada para el analista.
Pero ella, inadvertida, jugaba con su bufanda. Algo que la rodeaba, en su cuello estilisado. Jugando con la etiqueta en la mano, un rose, ida y vuelta.
Al terminar la encuesta, sobre la pulsión de muerte y los castigos. El tema bendito transitado en la sesión, llegaría la ocsión para que ella jugara su última carta.
Una amenaza, ¿un aviso?
¿Cuál seria el destino? ¿Y el destinatario?
Ella cierra con sus manos las puerta de la sesión. Él analista vuelve hacia la habitación y observa una mancha en el piso. Fija la vista y era la etiqueta con la que ella jugaba. La amenaza estába hechada.
La dió vuelta y decía:
KILL.
El recordatorio quedó guardado en la agenda del analista. Una prueba, una pista por si corría riesgo de muerte.
Dedicado a la mente (y a su inconsciente) más brillante que he conocido en una sesión. Y al pobre psicoanalista que aún no debe haber salido de su asombro.
Jueves, Agosto 07, 2008
UN PAÍS MANCHADO DE OSCURIDAD.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Donde oculta sus muertos, un país esconde sus miserias. Donde no entierra a los muertos, entierra sus secretos y condena su futuro. Muchos países son oscuros, y tantos otros se están contagiando. Ya no es en vano, las masacres se han esparcido. Se ha hecho un cultivo en las nuevas generaciones. Ciertos odios y muchos rencores que no se han resuelto. Se están repitiendo.
Un país manchado de oscuridad condena al eterno mismo instante. Impide que el reloj pase a la siguiente hora. Acuesta en sus sombras a la posible virtud, condena en su cruz al crecimiento. Y al potencial. Un país que no mira hacia atrás, comente los mismos errores. Un país sin sus rencores resueltos es un país que tiene secretos, escondidos. Perdidos en el tiempo, difíciles de recuperar. Heridas por cicatrizar. No sólo desaparecidos.
Una cultura que se ha ofendido. Una Historia que se ha mal escrito, intencionadamente. Para burlar a los inteligentes, para cosechar ignorancia. Y ocultar las ganancias de los que han robado, de manera sistemática. Un país manchado por la oscuridad tiene una enfermedad que se hace crónica, con las generaciones manchadas de dolores. Ignoradas en sus derechos y esclavizadas en su economía. Un país sin garantías, donde las posiciones las establece el viento. Según sople.
Un país que tiene su suelo manchado. Porque ha sido robado, ultrajado y vaciado. Desde sus riquezas hasta sus pobrezas. Un país que no se ha sabido defender, porque su pueblo se cae a los pies de los que gobiernan, para sí. De los que se saben reír porque no hay justicia que los persiga. Y no es sólo en esta esquina del mundo que pasa, es en todas partes que se alcanza este nivel de oscuridad. Donde hay riquezas y donde no las hay. Donde reina la pobreza o se cultivan las carencias. Allá donde se consume lo que se comercia.
La mancha es amplia. Alta y profunda. Inversamente proporcional a la cantidad de riquezas que quedan por explotar. Cuanto menos hay, más será la oscuridad. Y más cruel la guerra. Ya no podemos administrar, sólo se sabe robar. Asesinar. Y engañar. Para quitarle al que tiene, en vez de educar al que no tiene. Para esclavizar al que se puede, o morir en el intento. Un asesino encubierto entre las sombras de un país en broma.
Un país debe madurar, sino será una colonia. Un país hecho en broma que ya no causa gracia. Sus manchas está a flor de piel. Sus escamas están en los pies, y las yagas en la boca. Un país que ya no explora, sólo importa y es invadido desde afuera. Pierde, como consecuencia, su propia identidad. Y se deja avasallar por las bolsas de los peores.
Porque es un país que no sabe responder a su oscuridad. Que no puede entender que no hay otra salida. La más convenida y conveniente es la ser un país reluciente para darle futuro a sus generaciones.
Un país plagado de rencores. Lleno de oscuridades. No puede ser tan cobarde de mirar hacia el costado.
Debe ser responsable de darle un lugar seguro a sus miembros.
Domingo, Agosto 03, 2008
NO ES NEGACIÓN. ES LA PORCIÓN OSCURA INEVITABLE.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Estamos bordeando límites imaginarios. Tan fantaseados como reales pueden ser. Estamos en los bordes de los pies de la negación. Y el olvido. Una amnesia temporal, casi tan intencional como sarcástica. No es la negación la causa, es esa porción oscura inevitable. Esa parte imborrable de la historia, en cada uno. Ese cono de sombras que opacan la luz del sol, cada vez que gira el tambor. Y suena la vida.
Esto no es poesía, es psicología pura. Y analítica. Entender cuales son las partes de la red que pueden sostener la crueldad y la desidia. No es la negación la formación que genera la maldad, ni las consecuencias perversas de ciertos tratos. Es la porción oscura la real causa de lo imaginario, del morbo y del espanto que a diario genera
La porción oscura es la que se oculta, incluso al espejo. Es la que deslumbra con su atrocidad a cientos de personas que no pueden comprender y mucho menos tolerar. Esa porción no tiene obstrucción, se abre paso y camina libre. Ha encontrado siempre un argumento para hacer del encuentro una expresión de barbarie. Para hacerse inevitable y desde allí empezar a lastimar, a corromper, a distorsionar. Porque hace eso. Vive de eso. Sueña con eso. Piensa en eso. Todo el día.
Todos ocultamos algo. Alguna parte oscura que, desde la amargura, el dolor o el rencor, busca equilibrar la balanza. Desde las sombras apela a la deshonra para poder expresarse. Porque si no explota, invade el mundo interno. Porque la parte oscura no quiere vivir en el anonimato. Se siente dominante, quiere y puede sobrellevarlo. Ir avanzando hasta contaminar todo el resto. Así son cientos los ejemplos de expansión, los que han contaminado las generaciones futuras, arruinando con soltura a las futuras nuevas criaturas. Las que podrían aprender lo mejor, sin embargo, se encargan de juntar la basura que ellos han dejado.
Escribir sobre esa porción conlleva ir hasta el fondo del pozo. Con o sin salida.
Esa pequeña porción se está devorando al mundo. Por los oros oscuros, están llenando la tierra de desierto. Sequía de principios, poca vitalidad y muchos granos de pereza. Algunas pocas especies en venta y dunas de fidelidades mudadas.
No queda mucho de la porción liberada.
Nos queda poco tiempo de luz.
AMANTES DESPECHADOS.
Escrito por Juan Cruz Cúneo
Una relación particular. De idas y vueltas. De corazones rotos, celos y pasiones. El hombre no la quiere reconocer como su amante, por quien deja la vida más de una vez. Nadie la admite pero todos tenemos una relación especial con ella. Se pasean con la vida y se jactan de sus abrazos, mientras se acuestan con la muerte entre sábanas ardientes. Sangre, sudor y lágrimas.
El hombre cela a la muerte por su poder. Como toda amante domina. Ella se pasea con sus vestidos y sus perfumes mientras el ser humano se cree la ilusión de la vida y añora los momentos con la muerte. Sino no encuentro una explicación para tanto dolor producto de nuestra negligencia. No se tiene consideración al momento de subirse a un auto y manejar por las rutas matando personas y muriendo en el acto. No se tiene contemplación del sufrimiento provocado al asesinar a alguien por unas pocas monedas, que no le salvan la vida a nadie. La vida nos atropella y la muerte se burla en la esquina.
El hombre dice estar casado con la vida para formar una familia a la que pronto destruye, porque la engaña, en soledad, acostándose con la muerte. La infidelidad no es sólo hacia su persona sino que caen sus principios al no cuidarse por un ratito, en esos minutos de placer tanático.
El ser humano es un amante despechado de la señora muerte. Se le arroja a los pies y vende su alma por unas pocas monedas de placer. No paga, se entrega, sin cinturón de seguridad. Para ellos es vivir intensamente, lo que les llena de sentido la vida. Se engañan y se creen piolas, eso es ser amante de la muerte. Cuando ella tampoco tiene la culpa, pues la están usando también para continuar con el engaño y terminar lo antes posible este camino, del cual sólo sienten el vacío (rellenado de promiscuidad).
El ser humano actúa como un amante despechado que ha perdido la cordura y rumbea sin sentido. Ya no le sirve pensar y sus piernas no le responden. Ya no decide cómo actuar, sus principios han llegado al fin. No puede reflexionar, está absorto de pasión, que ya es casi un instinto irrefrenable. No entiende la espera, no tolera la calma. Sabe que necesita un freno, como el límite no es sincero, debe recurrir al control. Morirá en el intento o la asesinará para morir con ella. Es un suicidio. Autodestrucción. El colmo del egoísmo. No tiene contemplación para pensar un minuto en su familia, o sus seres queridos que llorarán en cada idea que se aparezca, un recuerdo invasor.
Por más que esa dama sea la segunda, sabe que tiene el poder para gobernar tu cabeza. Te enceguece, te obnubila. Te atonta y actúas como un inmaduro sin experiencia. Te hace creer en la omnipotencia y te envía derecho al infierno. En el cual sumerge a tus queridos, esos seres que no han comprendido nada de lo que sucede.
No es de piola acostarse con la muerte. Mucho menos viajar con ella. Por más que creas que tú puedes, ella en su esencia sigue siendo la misma.
Puedes pensar que ha cambiado, por la intensidad de lo que sientes. Puedes creer lo que quieras pero entonces ya no eres una víctima inocente.
Debemos reconocer que coqueteamos con la muerte en una constante seducción. El conflicto no es con la acción, es con la falta de consciencia.
El hombre no asume su error. Y el costo es muy caro.
Un amante despechado que muere de dolor.
¿POR QUÉ MORIMOS?
Escrito por Juan Cruz Cúneo
La respuesta le daría un sentido crucial a la vida o tal vez se perdería para siempre. Una respuesta que está más allá de nuestros días y sin embargo, nos persigue a cada momento de nuestras vidas. Entender el sentido de la muerte y responder a esta pregunta sólo sería posible si uno muriera y así se quedaría sin saber nada de la vida. Los opuestos existen para poder comprender su misión, que no es complementarse, sino otorgarle sentido al otro.
Es cierto, uno sin otro no existe. La vida sin la muerte no tendría mucho de ser. ¿Por qué morimos? Porque debemos vivir. Vivir en constante tensión entre esos extremos que tironean para sus lados. La vida es esa tensión, esos centímetros más acá o más allá, y sentir. El amor está tan cerca de la muerte como el nacimiento mismo. Y no es una paradoja y mucho menos una casualidad. Es la razón del ser. Y es la muerte la que se la confiere. Lo podremos entender cuando empecemos a ver o pensar a la muerte no como el fin sino como el silencio. Si dejamos de ver en ella solo la pérdida y el abandono, razonamientos egoístas a la hora de aferrarse a alguien, y observamos las entrañas de la muerte podremos comenzar a sentir su cercanía, su misión, su valor. Morimos para entender aquello que hemos vivido. En el silencio escuchamos lo dicho. Y allí se hace presente la muerte.
Morimos porque debemos comprender, justo antes. Porque si no comprendemos no podremos aprender, entonces la rueda comenzará otra vez a girar en el mismo lugar. Si, eso es la repetición, ese lugar o instante donde la muerte no pudo hacerse presente y todo vuelve a empezar (sin haber finalizado).
Morir es una pausa, sin saber de antemano cuál será el siguiente sonido. Un vacío necesario, pues es el espacio que revierte el sentido a un valor que se estaba escapando. La muerte será y se producirá ese entendimiento que le da vida. La vida vivida no sería nada sin la muerte esperando. Como las pulsiones en tensión o los extremos de la existencia en complot, el arco producido es la vida en su instante. Ese segundo de comprensión, que ya pasó. Futilidad le dicen quienes le temen hasta el horror, dolor le llaman quienes sienten su presencia aguijoneante. Amor quienes la aprecian. Furor quienes juegan con ella. Diferentes formas, múltiples sensaciones. Una sola vivencia con demasiados rituales a su alrededor. Lo inexplicable es el agujero, allí donde uno se siente morir, se ha quedado sin palabras. Y se siente caer, sin haberse movido del lugar.
Es el aire.
Morimos porque no entendemos el sentido de la vida. Le damos una entidad pues no soportamos la presencia de esa ausencia y no toleramos el silencio. Ya se fue, ese es el sentido de la muerte. Y morimos porque debemos comprender que en algún momento hay que partir, sin pensar en el abandono, ni en una pérdida ni en la dejadez del suicidio. Morimos para comprender. Nos detenemos para mirar. Allí donde el futuro desapareció es donde debemos morir. Y el pasado se ve distinto a lo vivido esos días.
No sabemos que hay allá porque nos cuesta pensar las cosas sin la linealidad del tiempo. Entonces quedamos limitados para pensar la ausencia. Nos cuesta ver que allí no hay nada, y hay tanto. Una vida distinta.
Morimos porque no entendemos.
La clave de la vida eterna. Donde no hay subjetividad. Y hay puro silencio.
Un silencio puro. Esencial.
¿Se entendió?