Lunes, Septiembre 29, 2008
UNA HISTORIA QUE ES UN FLASH. Crónica de enamorados.
A veces en estos tiempos tan lejanos, uno cree que el amor ya es en vano. Pero en alguien muy cercano, se ha dado una hsitoria casi perfecta. En contra de las encuestas y contra todos los pronósticos, él la encontró y están de novios. Pronto a casarse, por amor al arte, por el amor de Dios y porque se les ha llenado el corazón, tan rápido que no se dieron cuenta.
Una historia de pasión, amistades lejanas y tantas llamadas que la Historia se hizo a un lado. En el rincón menos esperado estaba uno de los enamorados, en la esquina de enfrente con el pelo planchado y los rulos desactivados una mujer con topadoras en las manos, unos ojos delatando un asalto a la franqueza y una charla que no cesa, ni por un minuto de silencio.
Los secretos se los dejo a ellos, yo les voy a contar las mejores partes de este encuentro, de un mundo aparte. De esas historias que ya muy pocos cuentan, porque entre milagros y secuelas a ellos les ha llegado la magia.
Una muestra de esperanza para aquellos que están desanimados. A ellos se les ha dado, aunque es cierto que se lo merecían. La fortuna los envidia, la alegría les suplica un respiro de corazón, el dolor ya se olvida y la razón ya no puede ni pensar. Tanta casualidad, tanto de golpe y tan pleno. A ellos los veo y la luz les brota desde el alma.
Les cuento las hazañas que se viven a su alrededor. Una presentación que se produjo en un imprevisto. El señorito, duro de carácter y enorme de corazón, con armadura de telgopor y caricias de guante blanco, cangrejo hasta las manos, camina de costado porque no le encuentra sentido a ir derecho. Ese mismo sujeto, desconcertó a todo su mundo, cayó una noche de domingo, sin aviso y sin anticipo para presentar lo que sería su paso más triunfal en esta vida, de largos días y eternas noches.
Ella de galope en galope arrazó esa noche con su presencia a quienes se presenta, un matrimonio acorazado. Una charla que dejó alejado al hermano faltante, por vivir en otro lado.
Luego, el cumpleaños libriano de un personaje sin parámetros, donde se daría la presencia oficial y ella dejaría mostrar su carencia de filtros. Le dijo, sin aviso ni anestesia a su suegra, que llora de nad ay por cualquiera. Que ella jamás lo haría. Una risa ensordecida, sino los restantes tres eramos asesinados. Mientras, algunos comentarios acidos adornados de humor, iban rondando el sudor que ella sentía. Una mirada, para nada perdida y unas orejas que más que escuchas eran siluetas satelitales. verdaderos radares que no dejaban escapar ningún ruido.
Para hacerlo más sencillo, ellos darían el gran paso. Primero, un intento de asesinato a la madre de ella. Dejarle el corazón helado, anunciando un impacto, su sueño más esperado. Antes, habiendo anunciado por mensaje de texto, a un cuñado mareado por el sueño de esa noche, que se había sellado un compromiso evidente. Sigo para ser consecuente, prepararon el gran asalto.
Y yo era testigo.
Anunciaron con nervios y platillos que en menos de un año no sería tío, sería el gran testigo. Se formaría la Nueva alianza.
Y tengo el honor de ser testigo. Con la piel herizada y la emoción en la garganta, las lágrimas invaden la alegría que desborda. Son dos enormes personas y una historia increíble.
Se lo merecen y serán felices.
Porque Dios asi lo quiere, porque Dios así los hizo.
Jueves, Septiembre 25, 2008
¿DE QUÉ LADO CAE LA RUEDA?
Siempre que se espera, las cosas salen distintas. Alguien me avisa, pero no llega a tiempo. Algo que espero, no se dá. Un mensaje no se asoma a mi celular. Un llamado,es equivocado. Y esas palabras no son las que anhelaba.
El dado cayó del otro lado. Me faltaba un seis para hacer generala.
La bola en la ranura salta y cae en el número equivocado. Tus labios le han errado, besan la boca de otro. Y lo esperado, cae en saco roto.
Tengo los bolsillos agujereados. Y las monedas llegan a mis pies. Una rueda y rueda hasta caer en la rendija del olvido, justo cuando estaba a tiro para agarrarla de las orejas.
Y esa anciana lenta que frena cuando quiero pasar. El otro que dobla sin avisar y su rueda sondea los mares de ese charco. Salpicando de arrebato mis nuevos pantalones. Y los zapatos recién lustrados.
Me salvo cuando salgo con el paraguas en día de lluvia. Pero las alturas quedan suspendidas en el espacio. La lluvia viene de abajo, cuando piso esa maldita baldosa. Toda barrosa y llena de agua hasta los bordes. Mi pie derecho se esconde, el izquierdo recibe todo el río.
Cuando me abrigo, sale el sol. Cuando tengo calor cambió el viento.
Para empezar el partido se arroja una moneda al suelo. Cae sin respeto del lado equivocado. Al final, creo que estoy empapado por un elefante. Que ha hecho de sus partes un diluvio universal.
¿De qué oado cae la moneda? del lado de la rueda de la suerte que no me toca.
¿LA VIDA ES INJUSTA? Sepún el ojo que la mira.
Sé que pensás que la vida es injusta. Sé que te alumbra los amores demasiado lejos. Y te acerca sensaciones que mucho no te interesan. Sé, aunque me cuesta, que la vida es despareja. A muchos tanto, a otros tan poco. Pero también sé que ella sabe más que nosotros. Que ella entiende lo que nosotros aún no llegamos a ver.
A veces te regala lo que te sorprende. De la mano de quien menos lo esperabas. A veces un "gracias" tuyo me abraza y un "te quiero" me acompaña más de lo que creerías. Más de lo que te imaginabas.
Sé que las ganas son damas con poco glamour. Son peones en mi batalla, la primera fila que siempre sale lastimada. No hay en tus manos una lanza, no galopan tus malas intenciones. Sé que te duelen los dolores, pero mucho más las lastimaduras ajenas. Mis ganas te acompañan, te sieguen la espalda al compás de tu balada, esa que de noche en noche escuchabas. Melancoleando con tu melancolía.
Naufragando las heridas de un pasado que no se va. ¿Como se hacen callar a esos amores que no te dejan? De la misma manera que se escuchan a esos que nunca serán.
No podías pretender que no te pretendiera. No podrías entender lo que mis ojos encuentran. Una sonrisa que cuesta una fortuna. Estoy en deuda y con hambruna, una banca rota soltera. Y llega por esa puerta la fortuna, vestida de luna en una noche de fiesta. Manejando en zetas su borrachera inoportuna, con vidrios polarisados y sabina contándote tu vida.
Creo que la vida no es injusta. Simplemente soy un ignorante. No entiendo las partes de este rompecabezas hecho de piezas diarias y momentos que no encastran. El tiempo que se me escapa robándome la pieza fundamental. La calma le cuelga una soga al cuello, pero el tiempo es siniestro con sus mejores amigos.
Sé que para vos la vida no te dió lo mejor. O mejor dicho te lo quitó antes de lo debido. Sé que las diferencias han existido que doy más de lo que crees merecer. Espero algún día saber que te diste cuenta de lo que recibo. En tus manos, en tus escritos. En tus deseos que nunca existieron.
En tus cuidados encuentro a tu esencia leyendo el diario. Contándo las noticias del día. Avisándome que está por llover. Anunciándo que tal vez haya un tal vez, en las crónicas policiales. El chiste, siempre en la contraparte, se queja de nunca ser tapa. Un matutino que no se escapa a tiempo del kiosko y su dueño. Tendré que esperar, con consuelo, que el diario de la tarde me pase a buscar.
Y que sus titulares darán una buena noticia a mi intriga. Pensar que la vida puede pasar por un beso. Pensar que aún siento el abrazo que se pegó a mi cuerpo. Y que nunca más lo dejo. Que ese perfume sin olor a cigarrillo marca el sentido de mi destino, a la izquiera de tu izquiera. Para donde salen las estrellas, estrelladas esa noche que hablamos.
No duele ser sincero ni dejar de ser extraños. No duele el dolor de lo no dado. Porque sé que a mi lado está tu mano, aunque sea en mi hombro y no en un abrazo.
Para vos la vida ya no es injusta. Te acercó a alguien que siempre te admiró, por más que no lo hayas entendido.
Según el ojo que vió, esta vez la vida fue justa. Y cayó justo del lado correcto. Aunque mi dado esperaba un acierto.
Yo seguiré esperando. Preguntándo cada tanto la hora.