Martes, Noviembre 25, 2008
CRISIS. VERSIÓN ARGENTINA
Dicen que la crisis es un momento de oportunidad. Pero no hay que olvidar que en este país, tan bendito como complicado, la crisis tiene una versión especial, viene en su tamaño extra large. Sin oportunidad de cambio, porque seguimos repitiendo, seguimos intentando, seguimos copiando los errores que jamás olvidamos.
La Argentina es un país extraño. Su gente vive ajena a su gente. Nos conocemos pero no nos recordamos. No tiramos todos para el mismo lado. Es más, si podemos joder al de al lado, no va a faltar momento, ocasión ni habrá resguardo. Algún amigo, imaginario, te dará un palazo para sacarte lo poco que hayas logrado.
Somos la mejor versión del ser humano. En su versión completa, con todas sus miserias, todos sus engaños, con todas sus capacidades en la mano, esperando para echarse un rato a descansar. Nunca esperar a terminar. Siempre intentando afanar un pedazo de siesta al tiempo. Vivimos de los recobecos. Urgamos en los secretos para sacar una mayor tajada. No somos malos. Simplemente somos extraños al de al lado.
Egoístas tal vez. Criados como hijos únicos de un matrimonio fracazado. Respaldados por haber tenido todo. Y por haberlo perdido tanto. Sacrificados, laburando. Oportunistas, sólo carteristas. Nunca un gran asalto.
Tenemos delincuentes de medio pelo. Inteligentes de la cabeza para abajo. Cobardes de antemano. Sinverguenzas a cuatro manos. Humillados sin dignidad en la mano. Manchados hasta el cuello. Ahogados hasta el último pelo, por cuentas de un cable del que estamos colgados. Acostumbrados a gastar más de lo que ganamos. Y a pedir prestado, para jamás devolver.
Tiramos manteca al techo. Después la vendemos, creyendo que somos genios, y somos estafados. Vendemos hasta a nuestro propio pueblo, todas las tierras, todos los lagos. Creemos que hemos ganado, un dinero manchado, podrido, arruinando el futuro del cielo, las tierras de nuestros ancestros, el futuro de nuestros hijos y nietos.
Embargamos hasta lo que no tenemos. Apostamos el ego. Y perdemos a cada rato. Sin embargo, seguimos luchando. Con pasión, con el espíritu ensanchado y la garra a la que estamos acostumbrados. Siempre y cuando no haya dinero de por medio. O algún bolsillo abierto, dispuesto a ponerle precio a todo.
Nos vivimos engañando, mientras otro de nosotros nos mete la mano en el bolsillo. Nos infla el ombligo, para sacarnos hasta el último retazo de confianza en nosotros mismos. Somos, en algún punto, una estafa. O un desperdicio, o vagos en olvido. Porque tenemos todo para hacer algo.
Y no hacemos nada.
Esta crisis es distinta a las otras que he vivido. Esta tiene algo en el bolsillo. Algo comprometido, puede ser el cansancio, el riesgo o los asesinatos que estamos viendo.
Será que esta vez no es clara la cara del revés. A esta crisis no se le nota su lado oportuno. Puede ser un absurdo, pero la gente está muy cansada. Arruinada, golpeada, robada y asesinada. Y encima ahora hay plaga de violadores.
¿Qué han hecho nuestros mayores? ¿Esto nos han enseñado?
En algún momento fuimos un país sano. Hasta que empezamos a elegir a nuestros gobiernos y nos convertimos en animales de carroña.
Matar por unas sobras. Esta crisis se está complicando. Hay mucho fuego entre las manos. Muchas armas escondidas y mucha droga maldita, respaldada por el gran negocio. Mentes que son sólo escombros. Mentes en blanco.
Sin visión. Sin su lado humano.
Estamos cambiando la versión argentina de nuestro castigo cotidiano.
Miércoles, Noviembre 19, 2008
DEJÁ EL PACO CUANDO TE PIDO ALGO.
Sé que es un tema serio, pero aprovecho para escribirte algo mientras te estás dando una vuelta sin retorno. Te pido algo y me reboleas escombros. Me preguntas cosas que sabes que no tengo las respuestas. Soy sordo y mal acostumbrado. Estoy acompañado por una señorita un tanto negativa que solo sabe repetir su muletilla instintiva: "no".
Sé que no te drogás pero a veces ni falta te hace, cuando me contestás con algunas frases que tendría que fumar tantas cosas para poder entenderlas. Sos una amiga, y no cualquiera. Pero un consejo te daría, dejá la heroína porque la vida ya te lleva a volar.
¿Explotar? Le diste clases a Bin Laden. Sabés como derrumbar edificios e ingenuidades. Sabés boicotear negatividades, trampas y defensas inmaculadas. Reinas que me gobernaban, hasta que uzurpaste y te zarpaste con tu ironía.
Carcajadas filmadas. Era una noche extraña, perpetrada por tu compañero de vida, hasta la muerte. ¿Dónde te enseñaron a incendiar con una mirada? Ni una limosna triste me dejás cuando te planteo mis mamarrachos a la deriva. Con esa ingratitud insolente de una persona vehemente que pierde la calma y la paciencia, cuando un equilibrista (ese soy yo) se tuerce el cuello y tiene miedos, absurdos ya lo sé.
No me grites otra vez. Solamente dejá de fumar paco. Y podremos encontrarnos en un diálogo coherente. Porque te escribo todo esto emergente, mientras sigo esperando que me respondas algo coherente, de lo que te pregunté.
Amiga, estimadísima amiga. La droga es un viaje de ida. Y te fuiste tantas veces, que seguís intentando. Amiga, se que te estás muriendo de risa, flotando entre tus risas al leer mis palabras, pero sólo te pido aterrizar para poder darme un poco de paz. Y alguna respuesta coherente.
Dejá el paco cuando te pido algo. O me obligás a volarme el cerebro junto a mis estructuras rígidas. Y mis inseguridades estúpidas.
Me puse serio, ¿será la realidad que se apodera?
Cualquiera.
HOY ME PICO UNA AVEJA...
Una aveja me pico. Una reacción alérgica se apoderó de mi y me hizo alucinar que te encontraba. Una muñeca de luces redondas y mirada de transparencias. Se te veía la médula espinal. En el medio del arco iris.
Ese aguijón sonó como una música intensa. Yo juro que te pago esta noche, si me transportas a donde vos quieras. Mi piel se agita. Erizas mis intrigas. Despertas mi infierno. En tu lago escondido.
Pago lo que quieras. Una cruz en mi regazo. Una guillotina en mi cuello olvidado por esos besos que extraño, que nunca se posaron. Alternativas. Disparar. Morir o acribillar a esta piedad que me estás teniendo.
Esa aveja me hizo alucinar. Pensar que estabas acá. Sólo vi colores, más de los que tiene el arco iris empalidecido. Escuche tu voz, senti tu calor. Y la jeringa que hinchaba mi herida. Esa maldita enfermera encaprichada por traerme devuelta. Y mi cerebro que no quería volver a ningún hotel, prestado.
Alucinarte. Imagen impresionante porque te hacía perfecta. Ver la ciudad que duele en las espaldas. Ni un miedo volaba. Ni una espera se animaba. Me llenabas la cara de dedos. Y me dejabas ampollas en el corazón. Un sol radiante que no podía masticar. Volaba de fiebre porque estabas en mi mente.
Me duele despertar. No quiero a esta ciudad sin tu nombre entre mis dientes. No voy a dejar de quererte. Porque te tengo. Es mi presente ausente. Y un pasado que se cree el futuro omnipotente. Y es impotente, ya lo sabemos.
Hoy una aveja me pico. Y en su aguijón cantaba una reina. Aluciné que te animabas. La enfermera me dejaba bien en claro como eran las cosas. Una cama de hospital, una ambulancia que chocó con el sesenta. Y se llevó a cuestas a mis experiencias, inútiles.
Te veo en Cariló. Te veo en Francia. Te veo en mis ansias.
Ya no te espero.
Me voy con la aveja.
En su aguijón muere ella.
Como toda mujer.
Martes, Noviembre 18, 2008
TODO LO QUE SE CAE... SE VUELVE A CAER.
Todo lo que se cae se vuelve a caer, dijo una vez y lo cantó miles de veces. Tan cierto como presente, tan duro como indulgente. Yo sabía que la vida sería así, ya desde el principio supe cual sería el final. Sin ver ni atravezar, siempre supe que asi estaría.
No juego más, lo pensé millones de veces. Pero siempre me cae una carta en la mano. Siempre y con desgano el dado me toca el tobillo. Y mi destino se sienta a beber, en un bar no es café. Es un martes que no puede ser un viernes, que no sabe si pierde. O si algún día ganará su vida en la ruleta.
Tantas veces quise verme ganar y ser feliz. Tantas otras veces me vi luchar por sentir. Y tus manos estaban en otros lados, tan lejanos como inóspitos. Vos sabes que hay escombros que no pretendes sortear. También sabes que tu lealtad tiene un precio, en oferta martes y jueves. Son mis venas las que cantan, no es una sirena la que baila.
Son puros encantos que no me llevan a ningún lado. Miles de histerias con las que me he encontrado. Tantas miserias crucificadas y un costado que ni siquiera sangra.
Tus disculpas que nunca he oído. Tus cadenas que te cierran la puerta. Y tus ojos que no se miran en el espejo, porque la noche se ha hecho de un cielo. Y la luz, un pozo ciego.
Me enoja que seas tan nesia. Me encierra que seas tan terca. Vida austera que me pides un poco más de esfuerzo. Y yo creyendo que ya me llegará el cielo, sin darme cuenta que la muerte me espera un día antes.
Con tantas he soñado, con tantas he estado sin que lo supieran. A tantas he llorado y de tantas me he alejado sin que se dieran cuenta. Si ellas se vieran siendo tan reinas en mi mundo jamás hubieran elegido el camino del olvido. Jamás se hubieran alejado de donde nunca han estado.
Son tantos los sueños que se han desvelado. Que nadie sabe que precio colgarles. Me siento tan raro, tan extraño pensando que todo se haya acabado, que no puedo ni siquiera pensar en la bala que vaya a atravezar esa vida.
Sabiendo que después de la partida todos te recuerdan más que en vida. Que extraño es el ser humano, se pasa toda su vida lamentando lo vivido, lo perdido, lo dejado, lo olvidado.
Un ser que se pasa todos sus días buscando lo que no le han dado. Creyendo que lo ha encontrado, engañándose un rato más.
Te escribo tanto. Soy parte de tu secreto, sigo siendo parte de lo que aún no se ha dado. Pensando que jamás se dará esa posibilidad de tenerte entre mis brazos, de poderte mimar un rato y que el tiempo no vuelva jamás.
A veces creo que soy capaz de pagar cualquier precio, aún el necesario con tal de tenerte a mi lado. Y otras tantas veces creo que me engaño.
Una vida que no fue vivida. Que fue extendida para que los demás pudieran vivir mejor. SIn un Dios. Sin un infierno. Sin tantos velos ni el sufrimiento mordiendo los talones.
¿Qué habrá de cierto en todo esto?
¿Cómo saberlo?
UNA CRÓNICA MÁS. DE UNA NOCHE DISTINTA.
Me llevaron engañado. La idea era un asado y termino siendo un bailongo. Con todo el encanto, me propusieron algo que no podía resistir, me invitaron a servirles el asado que les hiciera. Y como son dos reinas no me podia negar. No me iba a negar, por más que allí estuviera el rey de las reinas. Un "lolo" parecido al lobo.
Llegamos y el cementerio estaba animado. Todo listo y a mi servicio. Nadie sabía donde el destino había escondido las herramientas necesarias. Una casa deshabitada, no se usaba nada hasta ese momento. Carcajadas mientras yo cocinaba. Y una voz que iba generando el calor, en una mente dispersa.
El fuego, un parto sin dolor. Sólo había carbón. La parrilla sin usar. Un estilo traído de Uruguay que no tenía ningún uso argentino. Hago mis intentos fallidos, hasta que de tanto abanicarlo el fuego me hizo caso y se digno a encenderse.
No fue el fuego solamente. Porque el tinto ya corría por sus venas. Una dama, no cualquiera, intentaba mientras pudiera hablar por su celular con el "langa" que no quizo entrar en este laberinto nocturno. No pudo evitar mencionar, la dama muy hermosa esa noche, que eramos número par. Del otro lado no paraban de indignarse, le estaban escupiendo el asado aún en camino.
Mucho tinto y mucho tinto. Don Manuel, el anfitrión, se encargó con todo su furor de embalar a la noche. Ficha tras ficha, de a poco ella caía, mientras la otra muerta de risa no podía parar de filmar. Las caras se iban a dar entre la fobia y el asombro, hasta terminar resignado y alegrado, entonado por tanta buena calidad.
Rico estaba saliendo todo. Entre envidos y trucos, una falta lo ganó todo. El Don, experto en engaños y carteadas, me miraba haciendo una seña de trampa. No era el as de espadas. Era el anuncio de mi sentencia. Despúes de un baile con tintes arabescos y una reina que no quería apoyar su hermosura en el asiento.
Videos y fotos casi doscientos. De cada momento, de cada expresión. Hasta que en un momento, el asunto se puso serio. Aparecieron los ángeles.
Las cartas que dialogan con las almas, dijeron sus grandes verdades.
Y el tinto de excelente calidad llegó a la sangre, ya hirviendo.
La vuelta parecía simple. Una rotanda y a la derecha. Ella, la más bella del auto única en su encanto estaba totalmente perdida, no distinguía una rotonda de la derecha, dimos unas vueltas hasta que la orientación se digno a marcarnos el rumbo. Nos habpian indicado para el ort.... eran dos rotondas en vez de una. Claro, ella ya se acostumbra a ir hasta allá, hasta el barrio privado.
Nosotros eramos dos campechanos perdidos en la helada noche, de rutas y coches que no se veían por ningún lado. La chofer, con el volante en mano, ya se estaba asustando, si nos perdíamos nos iríamos por el "camino del Buen Aire".
Dios nos ayudó y un poco de orientación, en una noche perdida hace rato.
Viernes, Noviembre 07, 2008
UNA FOTO. UN VIAJE MÁS.
Si. Es cierto. Está caminando sobre un sendero. Un camino muy bien señalizado. Prolijo. Cercano. Dando sus pasos, en este momento el pie izquierdo se aleja primero, dejando atrás el mal paso. El viejo camino de aquello que pudiera estar desorientado.
Como imaginarlo. Sólo a ella le puede estar pasando. Sin darse cuenta el mundo está complotando, a su favor, como no podía ser de otra manera. Miren lo que es el complot, que las luces de ese camino están todas de su lado. En un camino de doble mano, especialmente está iluminado su paso.
En una sonrisa que se asoma de perfil, se la ve feliz. Porque ella sabe que pasos está dando. Porque se está acercando al gran paisaje, que aparece tímido, en un segundo plano, a lo lejos. De frente como un espejo.
Un bosque plagado de encanto. Y una casa simbolizando. Alrededor, puro campo sembrado. Lo que su alma está cosechando luego de desparramar sus semillas preferidas. Las que desparraman su sonrisa y esa alegría tan particular. Regadas, nunca de más, por algunas lágrimas que se le han escapado.
No saben lo que es quedar maravillado. Porque es más que una foto. Es místico y misterioso verla caminar. Ver, sin vueltas ni caretas, su camino al andar.
Y ver esa espalda tan recta. Una espalda que no lleva más cargas. Sin mochilas ella viaja. Porque se encuentra. Ella sabe que se encuentra. Sabe que está dando el paso fundamental. Porque se está conociendo.
Se mira hacia adentro y ve el paisaje que ella refleja. Porque se ve mientras uno la encuentra. En esa foto. En ese instante.
Ya he escrito sobre ella. Y sus instantes.
No saben lo gigante que es el alma de esta mujer. Y lo imponente de su transe.
Esta vez vi el camino que tiene por recorrer. Y veo el destino que tiene rendido ante sus pies, ante su alegría.
Ella te invita a caminar su camino.
Miércoles, Noviembre 05, 2008
RESPIRAR.
Estimado Iván, te robo un poco de letra porque ya no tengo escuela que me enseñe a respirar. Uno siente que la lealtad no es un principio sino el fin de los amigos, el final de un camino donde siempre se siente lo mismo. Una necesidad enorme de una bocanada. Una urgencia inmediata. Un poco de aire oxigenando el aire, enrarecido en un mundillo que parece asfixiar.
Y morir en el camino.
Respirar. Parece tan fácil. Parece sobrar. Algunos podrían dejar que mis pulmones llenen los corazones de un aire nuevo y renovador. Pero a alguien se le metió una maldita idea en la cabeza. Poner el pie en mi cabeza para que no pueda respirar. Una función natural que me enseñaron en el primer momento en que puse el ocico en este bendito mundo.
Y me llenaron de limosnas, la cara se asombra cuando no puede respirar. Mis miedos se asoman, cuando me empieza a faltar el aire. Mis ojos laten, y mi corazón enmudece. Las penas se pierden y las lágrimas no se animan a salir. Por temor a ser arrastradas, por una mejilla azulada y fría.
A veces tu bendita presencia me ha dejado sin aire. Otras tantas veces, tu ausencia maligna se ha llevado hasta mi última exhalación. Porque supiste herirme al prohibirme respirar el mismo aire que nos unía en esta vida. A veces hiciste que el puñal se clavara por detrás, abriendo mi espalda a la mitad.
Estoy tocado. Y anulado para respirar por la nariz.
Supiste hundir tu mano en mi cascarón. Y dejar los dados sin corazón. Ni vida. Ya no estoy en mi mismo. Soy un enemigo, un vecino o un maldito rehén. Sin recompensa ni rescate. Sin una mirada cómplice. Ni puntos suspensivos.
Supiste darme lo que me quitaste. Hiciste una apuesta con mi destino, a costa mío. Apostando mi cascarón para sacarme de encima. Y dejarme a la orilla, de un mar que no me llega a las rodillas.
Un nudo que me hace olvidar. Ya no recuerdo como respirar.
Porque te has ido, estando aún acá.
Ojalá que pueda perderte y volver a respirar el aire que da vida. Ese suspiro que te habla al oído y te hace latir la vida.
TANTAS CENIZAS POR VENIR.
Habrá que ser más tercos que el dolor, dijo alguien una vez, cuando estaba componiendo una canción. Hablando de la sangre en el ojo y el hachazo en el ojal. Me siento un pez, un cornalito en alguna red de alguien que piensa con los pies. Y camina alrevés, creyendo en el amor imposible.
La lluvia pasa derramando tanta ciudad por explorar. La lluvia trae algún rencor, mojado. Algun recuerdo inutilizado, por mi memoria de hielo. Y mis abrazos al cielo, del que nadie quiere bajar ni un escalón.
Creo saber sufrir. Creo saber pedir. Sé que no lo conseguí. Porque el milagro dobló en la esquina anterior. A la vuelta del dolor que el viento despertó en la proa de nuestro barco hundido. Un misterio escondido, sigo pensando por qué esperás tanto. Si yo ya desespero.
En la proa el veneno se asoma. No sabe si tirarse o ahogarse. No entiende las partes, que le cuento, cuando me siento un cobarde que no sale al encuentro. Porque no entiendo tu imposibilidad, sólo me reservo la lealtad de mis caprichos, se seguir contigo cuando ya soy parte de tu archivo. En la nada de tu armario. Donde dejaste la cara, antes de irte para olvidarla.
No pude convencer a mis besos de esperarte. No le pude contar a nadie de tu piel. Te di la mitad de mis días, entre todas esas noches habladas de tanta nada que nos pasó a los dos. No pude entretener a tu deseo, aburrido de tanto anhelo perdido a mitad de camino entre la imposibilidad y la desdicha.
Yo miraba fijo como tu dolor viajaba, en una ida y vuelta, desde allá hasta acá. Dejando la cara para que te vuelvan a pegar. En vez de abrazarte a mi fidelidad, con mi seguridad de garante. Y mis inseguridades de testigo. Te dí lo que no he dicho. Te hice sentir lo que no debería haber sido.
Una mañana donde no hubo más nada. Todo lo perdimos ayer. No me dejaste ni tu cara. No me dejaste robarte el alma. Sólo me dejaste una hoja en blanco. Y te fuiste, desesperando. Te fuiste, abandonando. Te fuiste, dejando todo atrás.
Lo que nunca ha sido. Lo que jamás será. Porque nunca has querido más que una amistad. A esta hora de la verdad, cuando la vida ya me marca la hora, pasando el mediodía. Y a mil por horas.
Un corazón que ya no explota, porque ni el dolor lo afloja. Que lejos estoy de tanta cercanía. Que alejando me voy de tanta compañia. Que tanto dolor que sentía, cuando te veía doblar en la esquina.
Menos mal que ya me iba, porque ya no sentía el fuego ni las ganas.
Tantas cenizas por venir, tantas cenizas que me visitan. Un minuto antes de dejar de quererte.
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