Sábado, Febrero 07, 2009

CON LOS PASAJES EN LA MANO. Y UNA PIERNA ROTA.

Un mal que afecta a la mujer moderna. Tanto como para ir trepando y saltar, sin estar colgado. Caer de un lado, justo en la medianera. Un problema que pocas veces se cuenta, y que muchas madres padecen.

Tener los pasajes en la mano y dejar a sus hijos. Para irse, a donde el destino ha dicho. Por seguir una vida que debe ser hecha y vivida, por más mochilas y mosquetones. No es abandono ni perdida de ilusiones, no hay dolores en juego ni siquiera riesgos. Pero a ella le cuesta mucho. Separarse, para irse de viaje, aunque sea por un segundo.

El tema no es para cobardes. Y aquí se me abre una disyuntiva, o un dilema, mas bien diría. Si la caída fue o no por el viaje. Un intento, impensable, para evitar semejante cruzada. O simplemente, irse con una mancha mpas, en la pierna izquierda. Para que nunca se olvide las secuelas de este pequeño gran paso.

A ella le tiendo una mano. Espero que no se lo tome a mal. Pero a veces es mejor empujar, que contener y anular. Ella debe saltar, hacia el próximo paso. Soltarse de las manos y poder volar. Ella verá que un tropezón no es caída, que ni los cinco metros son una vida. Ni podrán terminársela.

Las paredes siempre están, a veces para molestar, otras veces para apoyarse y pensar. Para ella, las paredes están hechas para rebotar. Y que le dejen una marquita más, total, ¿que le hace una mancha más al tigre?.

Los pasajes en la mano, pero el vértigo no se hace extraño. Ni siquiera las preguntas se toman el barco. Ella se irá a lo alto, a tocar el cielo con las manos. Y el silencio abrazador, de ese compañero que tanto tiene para decir. La vida es así, algunos pueden llegar a la montaña, subirla y treparla; mientras otros nos quedamos abajo. Viviendo en lo más alto, o sintiendo la caída. La verdad es así. No tiene vueltas ni pasajes. Un asiento más adelante y la aventura se puede compartir.

Ella debería ser feliz, porque puede seguir su vida. No hay obstáculos que podrían anular semejantes fuerzas. Y a los pequeños que deja, les va a enseñar algo. La fuerza de lo humano vive en el corazón de su madre.

Niños, así jamás serán cobardes, porque la leona vive en sus casas.

Lo mejor, por más que tenga rota la pata. Son los pasajes al cambio. Una aventura que se trae grandes sorpresas entre manos.

Salud.


Viernes, Febrero 06, 2009

PSICOLOGÍA CUÁNTICA. Una realidad hace años.

Hace años venimos trabajando asi.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Hace años, un camino se había iniciado. Y como todos esos caminos, había empezado sin que uno se diera cuenta. Los senderos que conocía no me estaban dando las respuestas que necesitaba. Las maneras que me enseñaban no me permitían llegar a los resultados que anhelaba. Entonces, fue apareciendo una búsqueda que terminó siendo una escuela. Una manera de aprender del paciente y de fundir, al mismo tiempo, diferentes corrientes del pensamiento humano. Así se fue dando, la emergencia de la psicología cuántica. Un iceberg dentro de la ciencia de la mente y de las emociones humanas.

Entre la psicología y la física se empezaron a tejer hilos, que empezaron a emerger con claridad en los últimos años de la Humanidad. Hace poco tiempo en el pensamiento del hombre. Algunas explicaciones están más cerca de allá, que de lo esperado y querido. Algunos avisos los hemos recibido desde diferentes lados, leyendo un libro o escuchando. Viendo como científicos se habían encontrado con mecanismos físicos del átomo que explicaban perfectamente las redes inteligentes de las emociones humanas.

Todo se trataba de lo mismo. Y se fue acercando el abismo. Las fronteras se fueron disipando y las secuelas de la disociación fueron enmendando una herida que no se debería haber exagerado tanto. Las ciencias, en el fondo, hablan de lo mismo. Intentan explicar al mismo sujeto. Desde el mismo lado. La psicología se está acercando a la física. Y la cuántica es la bisagra entre ambos mundos. En el mismo.

El recorrido fue sencillo. Viendo las problemáticas de los pacientes y pensando siempre en el presente de su realidad actual. Las huellas de la historia fueron contando sus formas, descubriendo sus mecanismos. Llevando la cuestión hasta lo infinito, desde el origen hasta el final. Viendo que en realidad no había ni separación temporal, ni coexistencia espacial. Viendo que todo era lo mismo, en lo diferente. En las problemáticas inminentes, en las estrategias para solucionarlas, en las formas en que se gestaba el sufrimiento, en las alternativas y las desesperanzas, en la cura; siempre estaba lo mismo. Siempre era el mismo recorrido. Dar vueltas sobre la diferencia. Encontrarle la vuelta que la identidad quisiera para poder salir, sin dejar de sentir.

En ese contexto. Dentro de ese marco, el paciente se fue sincerando. Y empezó a contar su verdadera actualidad. El átomo empezó a hablar. Y a expresarse en manifestaciones. Saber que se iba a decir, sin saber nada previo. Sentir lo que se estaba viviendo, sin haberlo vivido. Y modificar al que ha venido, sin haberle dicho nada aún. Estas son algunas de las huellas que se fueron marcando. Estos son los primeros pasos que llevaron al armado de las grandes explicaciones. Que, sin temor de reconocerlo, pueden ser reducidas a menos que la nada misma. Es la sencilla pero infinita manifestación del átomo la que ha hecho largos siglos de historia.

El problema ahora es que empezamos a entender la psicología del átomo. Y al átomo haciendo psicología. La misma vía de acceso a lo conocido. Sin desconocer todo lo que se ha escrito, pero ahora unificado en un campo. Donde el ser humano vuelve a ser uno, con lo suyo y lo extraño. Donde el pasado no es más que el futuro. Y el presente un segundo donde ambas partes se encuentran. La psicología de esta experiencia tiene muchos lazos con la física. Casi tantos que no siempre se ven las diferencias. Salvo en su campo donde esta la experiencia. Uno encerrado en el laboratorio, otro explicando las magnitudes del daño en la psiquis y las emociones. En un mundo plagado de sensaciones y vivencias, encerrados en una especie de mundo actual, llamado consultorio.

Una experiencia que pocos han podido aprovechar, en su magnitud real. Dejando de lado los ensayos y las teorías. Haciendo ciencia viva. Y pura psicología humana.

Hace años que venimos trabajando la psicología cuántica. Hace años que se viene desarrollando, desplegando un mundo nuevo, en realidad viejo pero inexplorado. Donde todo ha pasado y todo va a seguir pasando. Donde cada uno trae su manojo de átomos y los dinamiza con los que va encontrando, al contar su relato y ser mirado y escuchado. Los resultados son múltiples y variados. Personas que no lo han soportado o no se han hallado, personas que han cambiado profundamente sus vidas.

No es una teoría. No es una metodología más. Es una integridad y una manifestación. La relación que faltaba entre la psicología y la física cuántica. Una arista más de una realidad plagada de posibilidades. Y de las posibilidades haciendo realidad.

Desde aquí comienza el desafío de ser lo más claro posible para poder contar y hacer experimentar los conceptos fundamentales de la psicología cuántica. Sin promesas ni banalidades. Simplemente, la experiencia de los átomos que nos fuerzan a ser de una manera, cambiando.

El quantum emocional es la clave fundamental de la psicología cuántica. Es la energía en un concepto totalmente distinto al conocido hasta ahora. No siendo un flujo ni una onda. No siendo una partícula ni un pedazo de materia. La energía en esta era es la que cambia de estados. Es la energía siendo, sintiendo, pensando. Estando en cada parte de lo que es. Siendo como el todo es en cada una de sus partes.

El primer paso se ha dado.

Hace años.


Martes, Febrero 03, 2009

EXCESOS Y DEFECTOS. LO ESTAMOS ARRUINANDO TODO. Cambio climático.

Excesos y defectos.

Lo estamos arruinando todo.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Los excesos y los defectos ya empezaron a generar sus consecuencias. Ya es una evidencia demostrable que el cambio climático es parte de nuestra vida. Que ya estamos a la deriva en un mundo atormentado. En un mundo castigado por sus habitantes que, sin tomar consciencia ni asumir que son parte, ha comenzado a calentarse. Una cuestión psicológica que debemos revisar. El hombre y su incredulidad, el poder y el dinero han planteado su juego y aquí están las consecuencias.

Los excesos industriales y los defectos mundiales por proteger y cuidar al planeta han inclinado, de manera cierta, la balanza en nuestra contra. Nos hemos comportado peor que los animales, nos hemos alimentado sin cuidar a nadie. Hemos hecho estragos ambientales sin pensar en los futuros habitantes, que ya no podrán vivir en las mismas condiciones. Una desproporción digna del hombre, que se excedió y pronto empezará a sufrir las carencias. La falta en la Naturaleza ya rinde cuentas del maltrato, arruinando y quemando los recursos que necesitamos. Contaminamos todo. Ensuciamos todo. No cuidamos nada. No nos hemos planteado absolutamente nada. Nuestra forma de vivir es un desastre a advertir, desde el más pequeño de los hombres hasta el más importante de los gobiernos.

Los poderes del pueblo se han debilitado. Los hombres que han gobernado, están lastimando a nuestro planeta. Por sus negocios no cierran las cuentas. Nos queda poco tiempo y cada día menos recursos para no caer en el absurdo de vivir en un mundo, inhabitable.

Los excesos siguen abundando. Los recursos a mano para frenar el daño se siguen ausentando de las prioridades mundiales. Ya lo hemos lastimado. Ya hemos arruinado el equilibrio mundial de un planeta que estaba sano, hasta que empezaron los engaños con el combustible y la tecnología. El agua era divina, hoy no se puede tomar. El aire, pureza vital, está tan contaminado que algunos viven enmascarados, sin poder ver la plenitud del sol. Del otro lado, se están secando y las especies emigrando hacia algún lugar soportable. Al hombre, caminante, se le está acabando el camino. El mundo ahora empieza a ser chico. O somos demasiados.

Somos tan humanos. Siempre elegimos el exceso y nos ahorramos los defectos, cayendo en el anonimato. Y arruinando todo lo que está al alcance de la mano. Empezamos por lo más cercano y pintamos lo más privilegiado. No hay paisaje que ya no tenga el sello del ser humano, con una pintada o un hacha. Con una topadora o el aire contaminado. El cielo se está alejando, ya casi no lo podemos ver. No quiere ser parte de este mundo tan cruel, que se está marchitando, amargando y estropeando.

No puede ser que siempre terminemos igual. Siempre terminamos arruinando todo lo que tocamos. Y la Naturaleza ya nos ha tenido demasiada paciencia como para seguir aguantando el maltrato humano, incondicionalmente egoísta.

Los excesos están abundando. Y los recursos para la subsistencia están escaseando. Somos inhumanos a la hora de pensar que alguien más debe habitar este mundo. Pero no quiero sonar absurdo, hablo de lo más pequeño también. No hay quien ponga un pie sin pisar algo que no debía. No hay salida donde no se observe a una persona tirar basura sin que pase una escoba. Tirarla donde no hay recepción. En sus casas ya son un montón los que no cuidan nada. La basura se saca, a cualquier hora y de cualquier manera.

La convivencia es austera. Raquítica y mal alimentada. Sudorosa por la falta de un aire puro y agradable. El mundo no es cobarde, somos nosotros los que no entendimos las reglas.

Se trata de convivencia. Se trata, más que de educación, de respeto y consideración por la vida, más allá de uno.

Lo estamos arruinando todo. No se si ya es tarde, pero queda poco.

Nunca hay exceso de conciencia. Y si hay defectos en la Humanidad.

Serios.


UNA IMAGEN CLARA DEL EGOÍSMO MODERNO. Cambio climático.

Una imagen clara del egoísmo moderno.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Una imagen vale más que mil palabras. Y la modernidad se ha encargado de pintar en la retina de la Humanidad múltiples imágenes imborrables de la desgracia de sus avances, de las miserias de sus infidelidades, de las traiciones de sus comandantes. De la atrocidad de sus negociaciones y de la impunidad de sus acciones. Desde el Guernica de Picasso hasta la muralla china, desde la desidia del nazismo hasta la brutalidad del mayor radicalismo extremo que derribo dos torres en pleno centro.

Pero todos ellos no llegan a ejemplificar el egoísmo letal que la Modernidad representa. Porque son partes, separadas de una totalidad inanimada y anónima que se encarga de secar los ríos, consumir los mares, destruir el aire y barrer con las selvas. La imagen que deja secuelas y una herida profunda en la conciencia hoy la representan esos animales masacrados a palos por las manos ensangrentadas del hombre que sólo quiere sus pieles. Y destruye su humanidad por unos pesos más.

El egoísmo pinta de sangre ajena los cuadros que, luego, cuelga en sus placares. O se sirve los manjares prohibidos por el aviso de una extinción y próxima desaparición de esa especie. Hemos hecho desaparecer razas y especies que jamás volveremos a ver. Estamos barriendo con el mundo. Por lo absurdo de querer siempre más.

Nada nos va a alcanzar. El egoísmo moderno ya no tiene frenos. No se alimenta, devora. No se despierta la conciencia, se atonta. La sensibilidad se acuesta a dormir con la primera moneda de cambio, duele tanto que ya no se sienten sus gritos ni sus llantos. El egoísmo se está vaciando, el psiquismo no da abasto para poder echar mano de todo lo que está sucediendo. El tiempo, un reloj sin mano. Agujas clavándose en la vida diurna y nocturna.

Salidas, luces. Gasto de energía. Despilfarro innecesario y la miseria caminando junto a los ostentosos autos. Carboneando la abundancia de una diferencia cada día más despareja. De una equidad que se olvida de la mitad del mundo. De los niños educados en las calles, armados para pelear contra el futuro que se los ha olvidado. Las mujeres luchando por unos derechos, cuando ya nadie respeta ni a la dignidad de la maternidad, pariendo a mansalva o abortando la crianza.

La modernidad nos ha alejado de la realidad. Nos ha engañado cruelmente y nos ha plantado una trampa letal. Cada vez son más los que menos tienen. Cada vez son menos los que son honestos. Un sistema perverso que se ha alimentado del desierto para seguir secando el suelo y derritiendo los hielos que equilibraban el cielo.

El sol cada vez más viejo, parece haberse revitalizado y encendido. Fue el hombre su propio enemigo. Es el presente el adversario del futuro, pretendiendo seguir sobreviviendo deteniendo al tiempo, para que las cosas nunca lleguen.

La modernidad ya pintó sus cuadros. Y la postmodernidad ya los ha vendido al peor postor. Ya no quedan lienzos en blanco. Y un planeta lamentando las heridas abiertas por el hombre deshumanizado.

Estamos a tiempo de reaccionar. O nos dejamos llevar hasta la línea final de esta historia que no va a terminar nada bien.

No estamos de pie. Nos han arrodillado con el engaño. Y nos han ultrajado la inteligencia que podríamos haber desarrollado si la historia que nos han contado, hubiera sido la verdadera.

Algunos pocos han pintado con la sangre de la humanidad este suelo universal, al que llamamos hogar.

¿Los dejaremos seguir con la matanza?