Martes, Marzo 31, 2009
LA FATALIDAD NO EXISTE CUANDO LA NEGLIGENCIA ABUNDA.
La fatalidad no existe cuando la negligencia abunda.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Se habla de fatalidad. Muchas veces se habla del Destino. Se le echa la culpa a Dios, diciendo que mira para otro lado. Que no se entiende por qué su mano no evitó este accidente, donde una familia entera perdió la vida. Donde las criaturas eran muy chiquitas. Y ya no les queda nada de futuro. Un padre descuidado, por el apuro, por la ansiedad de llegar, por la idea fatal de probar la potencia de su auto nuevo, dio un giro inesperado. Era un experto manejando a esa velocidad. Y terminó por terminar con la vida de tantos días. Y los sueños que ahora duermen el sueño eterno.
Fotos enmarcadas, en una caja. Recoger las cosas para guardarlas. Vaciar una casa ya vacía. Barrida por la muerte que se llevó lo mejor de vida que tenía. Ropa acurrucada, sin dueño. Abandonada por el misterio de alguien que no volvió. Un olor que sabe a recuerdos, una sucesión de imágenes que se convierten en puñales. Simplemente duelen hasta lo insoportable. Pensamientos viajeros que murieron en una ruta asfaltada de locura y negligencia. Una película que se repite y nunca termina. Una y otra vez. Con las preguntas al pie de la página.
Si las cosas hubieran sido distintas. Si alguien hubiera escuchado. Si alguien hubiera avisado. Muchas alternativas que se olvidan en el momento apropiado. Oportuno hubiera sido haber imponerse. El que calla otorga, la vida a la muerte. El descuido siempre puede convertirse en un destino. Fatal.
¿Quién los llora? ¿Quién los cuida? Padres sin vida, niños huérfanos. Padres que han sido arrancados, como un brazo que nunca más volverá. Una explicación que no alcanza jamás. ¿Es necesario morir así?
Un accidente es la confluencia casual de muchas variables, en tiempo y espacio. Pero no se puede creer en las casualidades a esta altura de la vida, donde las estadísticas hablan por sí solas. No se puede culpar a la vida dura que nos pueda tocar si nunca les pusimos el cinturón de seguridad a los chicos. Pero somos tan engreídos, que sólo reaccionamos cuando nos han tocado cerca. Con esto no quiero maltratar a las víctimas de estos sucesos, sólo pretendo que no sigamos sumando personas de ese lado. Personas que van reaccionando, o entienden del cuidado, cuando ya han perdido a un ser querido. O han destruido a muchas familias.
Uno se olvida de cuantos sufren por uno. Uno es egoísta al pensar que deja a todos los demás con un sufrimiento irreparable, y no hace nada para evitarlo. Uno es un incapaz si no cuida a los demás, manejando en condiciones normales. Sin ebriedad. Si nos pusiéramos a pensar, nos daríamos cuenta que por cada muerte hay tantos detrás desgarrados. Arruinados, lastimados irreparablemente.
Es imposible cerrar estas heridas cuando las preguntas no tienen respuestas. O sus respuestas son impensables o increíbles. Matar por cruzar un semáforo en rojo o por viajar apurado para llegar a tiempo. Porque venía hablando por el celular, en vez de mirar la cantidad de vidas que tiene por delante. La cantidad de vida que ya no tendrá. Tantos días que ya no vivirán. Tanto por crecer y cambiar. Y elegimos una vez más apurarnos para llegar al final del camino, nuestro destino final.
La fatalidad poco tiene que ver en todo esto. La negligencia es una abundancia que nos aplaca los sentidos y nos exalta la soberbia, creyendo que nunca es nuestra la cuenta regresiva, que está en marcha.
Siempre nos puede tocar a nosotros. En algún momento el dado cae de nuestro lado.
Y lo podemos saber, por lo menos podemos no facilitarlo.
La negligencia se evita no sólo con los cuidados necesarios, sino con el respeto y el valor por la vida.
Por la vida propia y la de los demás.
En eso, somos todos iguales.
¿COMO SE MUERE EN UN PAÍS?. IDENTIDAD NACIONAL.
Como se muere en un país.
Identidad nacional.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Dicen que un país habla por su cultura, por sus mentes y por sus muertes. Nuestro país habla por sus accidentes, sus gobiernos y por su pueblo que hace lo que puede. En esta tierra tan llena de misterios que no encuentran respuestas, está sucediendo algo que debería alertarnos. Sin embargo, seguimos ignorando.
Los accidentes de tránsito son un problema nacional. Una parte de nuestra identidad en el momento en que estamos plagados de un rastro que habla demasiado de nosotros. Vivimos enterrando seres amados en circunstancias que no esperamos. Todos los días, a cada hora en algún lado hay un accidentado, muerto o internado. Ya la sangre está salpicando para todos lados. Y seguimos igual.
Ya es parte de nuestra identidad nacional. Porque nuestros accidentados hablan de lo mal educados que estamos. Ellos explicitan las deficiencias de las leyes de tránsito, del mal humor con el que manejamos. Del poco respeto que nos tenemos llegado el momento de cederle el paso a alguien. Nos atropellamos, nos pisamos, nos chocamos todo el tiempo. Nos estrellamos solos contra los árboles en plena avenida. Cruzamos sin mirar a los costados, como si viviéramos solos en todo el mundo. Narcisistas, atolondrados, soberbios incapacitados. Nos llevamos el mundo por delante y nos estrellamos a cada rato. Somos tan argentinos. Estamos tan nacionalizados.
Es terrible que un país hable a través de sus muertos. Es terrible que estemos en los primeros puestos de esas estadísticas mundiales. Hubiera preferido un país grande, no una lista inmensa. Me habían contado que supimos ser una potencia, ahora somos la muerte en potencia. ¿Es lo único que hemos podido desarrollar?
En este país se vive muy mal. A tal punto hemos llegado que nos estamos muriendo, además de matarnos. Nos estamos atropellando entre nosotros, nos estamos suicidando y nadie lo está advirtiendo. Es claro, que la responsabilidad es compartida. Que nadie nos está administrando. Permisos de conducir otorgados a incapacitados emocionales, a enfermos psiquiátricos sin ningún control (ni siquiera periódico), a adolescentes alcoholizados, con antecedentes, a adictos recurrentes o a personas que simplemente no saben manejar, ni siquiera sus vidas. El Estado les da un arma, en sus manos. Un Estado que, queda claro, no sabe nada de su pueblo. Y no hace nada con ellos.
Como se muere en un país es como se vive en él. Los suicidios están silenciados porque son accidentes de tránsito. Las causas, detrás de las razones, son las cuestiones de las que jamás hablamos. El estrés, las presiones, el impulso y las obligaciones. El apuro, el mal humor, la poca satisfacción, la inmensa ingratitud. El egoísmo, la altanería, la soberbia compartida son componentes de un cóctel siniestro, de un día como el nuestro. Todos los días. La indignación por el padecimiento de gobiernos incapaces, la bronca que se descarga entre las partes, el “divide y reinarás” que hace una mezcla letal con el miedo y la pobreza.
Afinamos los autos, los hacemos cada vez más veloces. Sabemos que no estamos en condiciones, sin embargo, salimos a la ruta igual. Salimos a manejar en las noches, luego de tomar. Sabiendo que no debíamos. Nos hacemos los cancheros para demostrar lo que no somos, ni seremos jamás. Una curva. Un giro y nos convertimos en enemigos chocando unos a otros. Mordemos el polvo, salimos despedidos.
Así hemos vivido, desde que tengo uso de razón.
Este país tiene un corazón. Pero en este momento, está internado en terapia intensiva. Acaba de chocar con una realidad que no pudo sortear.
Y engrosa las estadísticas.
Las causas de muerte, a nivel mundial, una identidad nacional.
Tan nuestra. Tan dura.
Viernes, Marzo 27, 2009
CORNALITOS. DE PESCA.
Era un día en que el sol había madrugado. Y el viento se había acurrucado en algún otro costado, lejos de la orilla. La mañana se vendía y ella parecía una diva perdida, solitaria, encerrada entre su blackberry y sus auriculares absorventes.
Eran tres las vidas que se unían para tomarle al sol todas sus energías. Mientras dos de esas vidas querían robarle al mar lo mejor de su producción, unas olas que iban y venían. A la salida, la diva se había recostado a tomar un sol que, en vano, pretendía abrazarla.
La playa sería testigo del episodio más relevante del verano pasado y del otoño vendido. La arena tendría las marcas de una huella. Y las olas muertas de risa escucharían las frase más atrevida y descolgada de todo el año.
Ella estaba metida hasta las rodillas. Una mirada poco perdida la avistaba desde lejos, mientras los murmullos se debatían entre la insistencia y la verguenza. ¿Ir o no ir? el dilema de esa existencia. Hasta que las patitas empezaron a dejar sus huellas en una arena tibia. Cada vez menos fría.
Él llegó hasta el borde del universo. Ella, con los pies adentro, dando la espalda. Mostrando lo más hermoso que la escoltaba. Comenzó la sumergida en lo que no tendría retorno. La tensión aumentaba, la conmoción se sentía. Cuando la bomba se estaba por soltar una voz interrumpe el clima, con un grito que hizo girar toda la situación. Hasta el frío polar.
Una frase tan magistral como desubicante supo decir que "parecía un psicótico caminante". ¿Saben lo que es sentir que el mundo se le viene a uno encima? eso fue lo que vivió esa alma con el agua hasta las rodillas y totalmente decidida a hablarle a la diva. pero volvió sobre sus pasos, con la capa caída. Y tantas expectativas arruinadas.
Como niño retado, volvió a sus pagos. Acurrucado y enojado. Caliente pero distinto. Desolado pero no resignado. Esperar agazapado sería una alternativa. Entonces, luego de pelearse con la voz extravagante que de esa manera inquisidora lo arruinó todo, decidió guiñarle el ojo a la suerte.
Y se fue caminando sobre las huellas dejadas de antemano. E intento facilitar la cuestión. Cuando ya había pasado media hora, la resginación lo llamó, reclamándole su crema protectora. Al volver, por segunda vez con las manos vacías, la rendición ya no era una alternativa. El capricho y la perseverancia ya jugaban sus propias cartas. La decisión estaba tomada.
Nada terminaría así.
En eso, la vi pasar. La diva se iba hacia el mar. Y las huellas que había dejado volverían a ser partes del esclavo. Detrás de ella, siguiendo su retaguardia y sin quitarle la vista de encima, el mar vería la obra maestra del ridículo. Junto a las carcajadas y muchas risas.
Ella, metida con anteojos hasta las rodillas en el mar. Que la molestaba con sus olitas, esas pequeñas que sólo salpican. Él, otra vez en el borde de la orilla, a metros de costado. Dando pequeños pasos hacia la izquiera se fue alineando. Hasta tenerla en línea. Y emprendió la marcha, cuidando que en su retaguardia no apareciera otra vez la voz inquisidora.
Avanzar sin pensar. Solo repitiendo una frase. El anzuelo que agarre a la sirenita. Una red era demasiado para ella. Los pasos en el mar helado se sentían tan pequeños, como los pies del dueño de la caña. El momento se acercaba. Ella se dió vuelta y emprendió la salida, marcando la llegada inminente del instante único.
A la misma altura, frente a frente, una boca sin aire y con mucha frente esgrimió una frase que parecía insolente: "te tengo los lentes... así te podés meter?"... era la muerte o la vida. Era no volver del ridículo o morirse de risa. Ella, con una calma extraña, lo miró a la cara y le dijo: "no, gracias, está fría".
Tiritando, él respondió: "¿te parece?".
Y lo dejó. Sólo. Con el agua por la cintura. Y tantas ganas como intrigas. Se había ido, luego de regalarle sólo una sonrisa. La batalla estaba perdida. Y ahora, había que meterse en el mar para hacer "la gran Alfonsina".
No se escuchaba nada. No se veía nada. A la vez que se sentían todas las miradas de la playa. Solo, en el medio de un mar eterno, pensando.
No le quedó otra que meterse debajo de la siguiente ola, para justificar semejante movida.
Congelado. Tiritando. Pero feliz por haber avanzado y sin esgrimir el orgullo del blanco logrado, siguió retornando por tercera o cuarta vez a su lugar. El que vió nacer el deseo de poder contactar a esa diva.
Muerto de risa. Los otros dos estrujados por los nervios, todo lo vieron y sufrieron lo que él no.
El cornalito siguió su destino. Ir de pesca para no morir enredado.
La diva siguió pero nunca más se olvidó de aquella gran frase.
La frase que desconcierta a cualquiera.
"¿Te tengo los anteojos para que te puedas meter?" Ninguna sirena puede caer en las redes de quien se atreva a decir esa frase, en el medio del mar, en el medio de la nada.
Una anécdota más. Una barrera menos.
Lunes, Marzo 16, 2009
¿LA ESCLAVITUD NO ESTABA ABOLIDA?
¿La esclavitud no estaba abolida?.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Tantos siglos escuchando sobre las conquistas. Tantos libros llenos de sangre e hipocresías. Tantas mentiras escritas contando historias asombrosas de héroes que eran asesinos. Todo lo dicho para encubrir un negocio entre manos. Países negociando con la animalidad usual de quienes saben gravar la tierra con sangre.
Tantos siglos luchando por los derechos reconocidos, aboliendo la esclavitud mientras estaban instalando otra. Tanto tiempo pensando, para terminar siendo clavado por la espalda. Las grandes potencias se manchan siempre de barro las manos. Los poderosos son los escombros de una sociedad mundial que no sabe vivir la libertad. Mucho menos puede educarla. Nos siguen enseñando las mentiras con las que nos van engañando, mientras se aprovechan del tiempo y de la ceguera del tuerto.
La esclavitud era del hombre negro, hoy es también del blanco. La esclavitud no discrimina entre hermanos, los trata a todos por igual. No hay ni poder ni lealtad cuando se trata de pensar sobre sus consecuencias. En sus orígenes había cierta coherencia, inaceptable, pero una manera de pensar. Hoy, en nuestra realidad, la locura se adueño de la sociedad y le brinda siempre argumentos que no encajan con ninguna realidad ni contexto. Simplemente, mantener el negocio y que los demás mueran a la intemperie.
La esclavitud nunca se erradicó de
La vida hoy poco vale. La esclavitud así lo justifica. El negocio de la vida abarató los costos y destruyó todo. Vidas vendidas, tráfico de seres humanos, enfermedades y enfermos fabricando armas letales para aniquilar en masa, un negocio que se sostiene en las espaldas de quienes mueren infartados y estresados, una vida que es cumplida según los mandatos de una sociedad que no perdona el error ni la diversidad; que excluye si no se cumple. Todos estamos para atrás. Todos estamos con la espada al cuello y en el otro extremo, la esclavitud empuña.
Hoy, las cadenas son virtuales. Tan reales como las de antes. Con nuevas formas originales, llamadas modernas pero igual de complejas. Llevando su mismo mensaje. De esta vida no se sale. Uno queda encadenado, obedeciendo y respirando si el dueño lo permite. Hoy, del otro lado, no hay nadie. Las formas nuevas del poder permiten atarte a los pies, y doblegar las voluntades.
Ya sea el dinero, las sustancias o las adicciones. La carrera por las pocas almas disponibles. La corrida por una única oportunidad. No se puede salvar nadie de esta jungla. Donde la hambruna abruma y la esclavitud cobra la entrada. No hay salida, nadie se escapa de los parámetros que se han creado.
La esclavitud no fue abolida. Es todo una gran mentira.
Simplemente, cambiaron las cadenas.
Hoy, nos llevan de las narices.
Sábado, Marzo 14, 2009
LA ÚLTIMA MODA EN LA PAREJA. DESCONOCIDOS.
La última moda en la pareja.
Desconocidos.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Una tormenta se acerca. El clima está muy pesado. El cielo se está nublando y el frente de las nubes asusta. Algunos están con el aire acondicionado, intentando armar un clima singular, en el medio de esta abrumadora época. De tanto calor pesado. La pareja se está quebrando, tal vez busca un nuevo modelo. Pero en los últimos años ha entrado en una moda bastante particular. Fumar sustancias que no deberían entrar en esas casas, compartiendo un momento artificial. Dos seres que dejan de estar conectados, y entran de la mano, en un mundo que los hace desconocidos.
Hace años vengo escuchando sobre estos nuevos hábitos. Una mala costumbre que disocia y aleja. En las parejas se empieza a consumir, para no aburrirse ni amargarse. Ya no salen a divertirse, se quedan encerrados en sus pequeños mundos. Cada vez más vagabundos de una relación que no sabe hacia donde ir. Seguir por seguir. Caminando sin rumbo ni derrotas, haciendo pelota un compartir que deja de fluir para hacerse un trabajo arduo.
Hace tiempo los vengo escuchando. Empezó siendo una confesión, para luego ser un comentario. Nadie lo dice de antemano, nadie abre el juego por completo. No son del todo sinceros, saben que afecta a la pareja. Pero en esas noches de queja, quieren potenciar lo que ya no da para más. Intentan alimentar un momento que hace tiempo se muere de inanición. Ahora son parte del montón, son muchísimos más de los que uno creería. No encuentran la salida, fabricaron su propio callejón.
La infidelidad y el temor. Las puertas cerradas con candado. Y la angustia amenazando, exigiendo una explicación. En la esquina, el dolor haciendo de campana, por si la ley se acerca y no los deja entrar en la nebulosa del mundo. Hipocresías certeras, falsedades ingenuas, creen que la pareja vuela, pero va directo al piso. Son dos niños jugando con fuego. Incluyen en el juego una sustancia riesgosa, porque no los salva de nada. Y si los ata de pies y manos. Después de probar ya no es sano seguir intentando el mismo medio.
Son dos seres humanos que se unen a través de una sustancia que les mata el alma de la pareja. Una costumbre que se vuelve ciega. Que insta a repetir su condición. Apela a negar el dolor y que las dificultades no se resuelvan. Casi nadie comparte y las secuelas ya son parte de una vida cotidiana.
La última moda en las parejas. Y no son sólo las nuevas.
La tormenta ya llega. Absorbió toda la vista de mi ventana. Lo gris ya acapara la poca luz del día que nos queda. Un sol que se queja, pero cuya voz ya no llega a este lado del mundo.
En unos pocos segundos las gotas se harán tormenta.
Y a esas parejas les queda la cuenta regresiva.
Viernes, Marzo 13, 2009
EL OBSERVADOR DE LA CONCIENCIA. LA CERTEZA POSIBLE.
El observador de la conciencia.
La certeza posible.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Estamos en un mundo que está más allá de la mente que usamos en lo corriente. No es que este en otro lugar ni lejos ni cerca. Está en otra frecuencia, al mismo tiempo y en el mismo lugar. Es la conciencia que tantos otros han descrito. Pero aquí intentamos describir algunos aspectos de ese plano, que conviven todo el tiempo con nosotros, en nuestro trascender cotidiano.
El observador de la conciencia. Un aspecto de la misma que funciona de otra manera. Como ajena de si misma, pero sigue siendo ella. Una voz que dice las certezas, posibles, como si ya se hubieran dado. Un observador que está “mirando” la realidad todo el tiempo y va “captando” las frecuencias que son necesarias, para ir “aprendiendo”. Todos términos tan relativos, porque el lenguaje nos está quedando chico. No observa la realidad pero tiene esa actitud de ver sin mirar. No capta, porque no hay un emisor ni un receptor, porque nada llega de ningún lado. Y no aprende porque ya sabe todo. Sólo lo desenvuelve.
El observador es el motor. La voz despierta que inquieta. Que sabe cuando es el tiempo de esa certeza. Y la hace vibrar, sentir, notificar. Como si le avisara a la conciencia, como una luz que se enciende. Se despierta. Y conmueve. Esas certezas que todos hemos tenido, de que las cosas iban por tal camino, que tal cosa estaba sucediendo. Tiene un peso específico. Un valor propio y agregado. Una voz de lo extraño, conocida por cada uno. Que habla de lo pasado, del presente o del futuro. De lo que se está observando o de lo totalmente ignorado. Sabe. Con todas las letras.
El observador es el que sabe. Porque está en sintonía con todo. Somos ese observador, aunque a veces lo desestimamos. Porque no es arbitrario, sólo propone las certezas. Después, según cada mente despierta o no, se va eligiendo el camino. Si darle curso y sentido o ignorar el aviso. Si relativizar y que la realidad confirme, o consultarle a otro más experimentado. Todas las alternativas posibles que la mentalidad se anime a adoptar, porque esta información queda a libre elección y criterio. No se impone ni condiciona, no determina ni se adopta. Se sabe y se tiene en cuenta. O se ignora.
Pero la función del observador está igual en todos. Es constante y permanente. Depende de las capacidades del oyente y de la confianza que le tenga. Depende de su apuesta, si se anima o no a despertarse. Y al hacerse cargo o seguir de largo.
El observador sabe de las certezas. Comunica siempre certezas. Sin ingredientes ni agregados. Sin vueltas ni engaños. Certezas evidentes según la decisión que se haya tomado. Es ineludible saberlo. Se impone con una sensación inseparable de la idea. Es una intromisión sin violencia. Como si ya estuviera ahí. Pero no surgió de ahí. Es así. Es una certeza.
El observador no es una voz. Es la conciencia conectada en su esencia con el resto del Universo. Lo propio y ajeno inseparables. La seguridad absolutamente confiable, si la dejamos en libertad y no pretendemos controlarla. Si dejamos que actúe con calma y no interferimos con la insistencia y la ansiedad.
La certeza posible ya está existiendo. Antes de saberlo.
Desde el principio de los tiempos.
Luego, llega el observador.
LAS SOBRAS DE LAS SOBRAS. PACO-NQUISTAR.
Las sobras de las sobras.
Paco-nquistar.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
El tercer mundo. Tan lejos del primero. Tan lejos de todo. Nuestro mundo, no puede ser el deshecho del mundo. No hay derecho a eso. Nuestra tierra es parte de
Las sobras se tiran fuera de casa. Las sobras se alejan como basura incierta y restos desechables. Las sobras se incrementan en un mundo que no encuentra una solución más productiva. Una globalización que aniquila, al mismo tiempo que recrea. Una sobras que dejan afuera a miles de millones de seres humanos. Una forma, moderna, de conquistar el planeta por esos pocos millonarios.
Las sobras de las sobras sirven para conquistar. Siempre hay alguien en la base de la pirámide. Siempre la escala tiene un mayor y un menor. El poder es el descontrol, el lado oscuro de
El negocio es matar. Y fabricar esas herramientas para que la masacre sea cada vez más sofisticada. Las armas, las drogas, el contrabando, el mercado negro y el tráfico de influencias. La tecnología moderna es la clave para que la ciencia emprenda una nueva campaña de conquista. Las sustancias adictivas.
Una nueva arma silenciosa.
El paco. El vuelto del vuelto, que ni siquiera llega a ser propina. Las migas que quedan de las ratas que dejan sus sobras en el suelo. Los restos que fueron olvidados por el viento y abandonados por las hormigas. El paco es la miseria misma, consumible en una lata encendida.
El paco es la nueva manera que han ingeniado para matar a nuestros hijos. Para eliminar a una franja de la sociedad. Eso se llama “crímenes de guerra”, atentados contra
Una conquista nueva. Reducir a la humanidad en su humanidad. Y empezar a generar zombies adolescentes. Niños inminentes que ya son ancianos improductivos. Almas evaporadas en un cuerpo que tenía toda la vitalidad. Una esperanza atrofiada en una lata agujereada.
Las sobras de las sobras viajan al tercer mundo. Esperan en ayuno a una vida que recién se levanta. Nada le alcanza. Ya nada será igual.
No podemos seguir siendo la resaca de la resaca. Ni siquiera podemos avanzar si dejamos aniquilar a las próximas generaciones.
El paco es el resto de la sustancia. Es el resto de las sobras.
Esas gotas que caen de la basura arruinada por días de extremo calor. Esas gotas que largan mal olor. Un aroma nauseabundo.
Así dejamos a nuestro mundo. Así permitimos que nos traten.
El paco es el arma de los cobardes,
La nueva manera de conquistar América.
Domingo, Marzo 08, 2009
UN MUNDO INTRANQUILO.
Que mundo extraño estamos creando. Unos mucho, otros tanto. Algunos desencontrados, otros tanto perdidos. Sombras que aparecen de antemano, miedos que son ajenos. Un cuidado que se ha olvidado. Un mensaje que siempre llega a tiempo.
Un mundo intranquilo está siendo revisado. Un mundo inquieto está atorado de conflictos ajenos que no lo dejan ser, como quisiera. Un mundo encerrado en una persona especial que intenta escapar, sin saber para donde. Que le teme a la sinceridad de un amor que está, esperando.
Ese mundo sabe brillar. Ese mundo sabe ocultarse, frente a la mirada de nadie. Pero no puede esconderse de quien espera verle la hermosa mirada. Ese mundo se escapa, de las garras de tantas trampas, pero a veces se engaña pensando que se puede sola. Ese mundo no siente que la luna lo acompaña en su órbita extensa por el resto del universo. Y que, por más que de vueltas, la compañia siempre está tan cerca. Tan íntima.
Ese mundo, ya casi un planeta puede convertirse en estrella si se permite brillar. Si no se deja opacar por las cadenas de una historia ya vieja. Ya dejada detrás.
Ese mundo, hoy intranquilo, sabe cual es su destino. Y quien espera. Ese mundo, verá la paz cuando se anime a dar los pasos que le faltan. Donde sabe que esa mirada la extraña desde la adolescencia, la busco entre tantos cualquieras, sin poder encontrarla hasta una navidad.
Ese mundo pronto no estará más intranquilo. Y podrá encontrar su destino. Su camino. Su centro.
BRINDO POR LAS MUJERES... EN TU DÍA AMIGA.
Dios sabe por que hace las cosas. Dios sabe tanto que a veces las preguntas están de sobra. Dios quizo que nacieras un día después del día de las bellezas de este planeta para que nada pudiera opacar tu grandeza. Y no seas una más.
Dios quiso y seguirá queriendo que la vida te lleve a seguir creciendo. Los pasos que has dado nos están dando tanta alegría inmensa, tantas caricias al alma, a veces ciega. Dios quiso que seas una mujer sin ombligo, para poder ser pura entrega. Para poder ser la belleza que tu mundo encierra. A la cual me has invitado, como a estas personas que se han sentido orgullosas de ser elegidas por una barita mágica, que está en tu mano.
Dios quiso, y yo se lo agradezco, que un día su amigo el Destino nos reencontrara en el camino y desde ahí la vida ya no fue la misma. Dimos unos pasos por un camino tanguero, dimos unos saltos al abismo en un mundo virutero donde los videos muestran las vueltas de la vida. Tornados filmados, risas brindando, una amistad que se empezó a cultivar para llegar a ser una hermandad. Y una liga.
Dios quiere que este año juegues. Dios quiere que este año que empieza con tu cumpleaños festejes. Dios te quiere ver brillando, porque te hizo su hija más amada. Dios quiere que llenes tu alma de tanta luz como la estrellas te puedan brindar, en esta noche que comienza. Dios quiere que te des un gusto en la vida, que te permitas vivirla como la diosa que te hizo ser.
Dios quiere que este año vueles. Quiere que despliegues tus alas a lo inmenso de tu alma. Al abrazo del ser que te ama y que va a llamar.
Dios no quiere que te desesperes por tantas pocas cosas. Ni quiere que te angusties por las penas que ya tantas veces has llorado. Dios no quiere que sufras las vueltas de la vida, porque te dió una estrella viviente que duerme en tus noches al lado, mientras tu brillas.
Dios no quiere nada malo para vos. Ni pretende que vivas en sacrificio. Dios quiere que te llenes de amigos y estes llena de amor. Que la luz y la pasión broten por los poros de tu piel y la alegría te abrace como nunca había abrazado antes.
Dios quiere que seas un año más mujer. Un año más tu ser, porque te esperará siempre con los brazos abiertos.
Dios te envió a su ángel más preciado para que te cuide, además de cuidar a tu auto. Dios te envió a dos angelitos maravillosos para que los cries y les enseñes lo difícil de vivir en este mundito. Dios te da siempre a alguien para que lo guies porque sabe que sos una persona de cuidado.
Dios quiere que vibres este año.
Dios te quiere a su lado, para que lo llenes de alegría por tu misión cumplida. Y por haber brindado tanto amor a tus seres cercanos y lejanos.
Dios te está esperando. Mientras, festeja con vos un año más que comienza de la mejor manera posible.
Dios te tiene esperando... unas sorpresas.
Dejate sorprender tanto como dejate querer.
Te lo dice un amigo que te admira, te adora y te acompaña.



