Lunes, Abril 27, 2009

LA FUERZA. SIEMPRE LLEGA. COMO TODO.

Vos pensás que tal vez no vaya a llegar. Cuando la realidad te dice con, su habilidad de mensajera, que nunca se fue. Porque la historia no es la carta escrita en puños de la memoria. Los renglones se cambian los pañales, mientras desordenan sus juguetes. Las brujas cuentan sus escobas mientras nosotros nos acordamos de no habernos olvidado.

Cantar canciones que no fueron escritas. Cambiarle la letra donde mis venas lloran. Dudar, como si las preguntas fueran eternas. Armando un lío en este tremendo río, donde nada. Sin salvavidas te dignas a salpicarme la vida. Tu sonrisa me explica que extraña estas caricias. Y que escribe cartas que no se llevó aún el cartero.

Puede ser que todos estemos colgados. Mientras no estemos ahorcados. Puede ser y tal vez sea. Pero sabemos que las certezas son cerrajeros de nuestra intuición. La combinación se la llevó quien nunca se pudo ir, de nuestro lado.

El cantor que el otro día hablaba del amor, le puso fecha de vencimiento. Pidió perdón, por la presencia injustificada de alguna excepción. A mi me reforzó las ganas que esperan en las caballerisas de mi alma. Donde no hay portero. Un buzón espera inquieto avisarme que tus besos ya no están lejos.

Mi amiga espera con la misma intención, un llamado que no llega. Y un encuentro que la desespera. Tenemos las zuelas de los zapatos del cansancio agotadas de tanto tropezar. Máquinas que intentan arreglar el asfalto de mi camino torcido. Tal vez son los preparativos para tu arribo.

Ansioso Ezeiza espera la llegada del alma. En un vuelo sin pasaje de vuelta. Con valijas vacías, para llenarte de calma, abrazos y caricias. Tus besos ansían la llegada en primera clase. Tu cuerpo le pide un respiro a la azafata del vuelo sin número de regreso. Porque te vas a quedar en mi corazón.

A mi amiga y a vos, les digo, que todo llega cuando las fuerzas de la Naturaleza se pusieron de acuerdo con los planetas. Y armaron un plan en esa reunión de consorcio.

Esperar, es la calma de las dudas. Rezar son las palabras de la desesperación, o la voz del temor. Saber, es la señal del corazón que late al escuchar que el amor lo pasará a buscar. Dormir, es la posibilidad de soñarte. Abrir, es la posibilidad de vivir.

Mentir, es una fe de erratas del tropezón.

Disfrutar, sé que me dirás, es una fantasía fuera de este mundo. Lamento discentir, es el regalo que te ofrezco porque quiero compartir mi mundo con tus sueños. Y tu mundo con mis abrigos.

La fuerza de lo hecho es la obra de un plan perfecto.

Vos y yo (como ellos dos) somos los arquitectos.


Domingo, Abril 26, 2009

AYER VI. A UN HOMBRE SUFRIR.

Ayer vi como a un hombre le sangraba el alma a borbotones. Ayer vi que el amor hace sufrir y que la canción sabe decir. Ayer vi el poder de una emoción en la voz del cantor estremeciendo a su auditorio. Ayer vi que la piel sabe sentir y que su dolor me hizo sufrir.

Y lo admiré.

Porque se puso de pie frente a toda su gente. Y se hizo ver, sin caretas y sin mentiras siniestras. Con la guitarra a cuestas y una buena compañia en su copa, nos dió una lección. Nos enseño como saber sufrir. Nos mostró que el amor sabe ser una corona de espinas. Y que una mujer te puede arrancar de la piel, las últimas ganas de volver.

No nos podía mirar. Estaba más allá, en sí mismo. Todo era silencio y oscurantismo. Sólo se lo veía a él, con su guitarra y de pie, de rodillas frente al dolor. La angustia no le tuvo compasión. Las lágrimas eran de cabernet. Y su voz una bocanada de pasión, de quien sabe vivir la vida.

Solo y en compañia. Nos dió lo mejor, estando en su peor momento. Con un humor sangriento, retó al amor que solo sabe vivir tres años. Nos contó los peldaños que hay que subir para ser feliz. Que está tan lejos de volver a reir, que nos heló la sangre a todos. El logró, como pocos, que su público lo cuidara. Que la gente lo abrazara y se sintiera mejor que en su casa.

Todos lo acompañaban. Todos querían sentir, para que él pudiera vivir el alivio que tanto se le deseaba. Las garras del fracazo no lo soltaban. Las heridas profundas sangraban. Y la angustia, esa estúpida dama, le dió las fuerzas necesarias para ser el anfitrión, esta vez, de una noche muy distinta.

Una armónica apasionada, con una fuerza indescriptible. Una percusión audible en cada latido del corazón. Un piano que comandó durante toda la noche. Y un hombre que se abrió y nos dió lo mejor que le quedaba. Las agallas y la garra de un hombre que caminó. La altura y la prestancia necesarias para darnos lo mejor de su voz y de su grata compañia.

Nos contó en que muletas caminaba su vida. Y los tropezones que lo mantenían tan tuerto como distraído.

Nos contó cómo había sido. Y como seguiría. Nos pudo regalar alguna sonrisa, con sus ojos llenos de lágrimas.

Es una voz que admiraba, ahora es un amigo al que ayudaría.

Es un hombre agoviado y afligido. Con una consistencia y una presencia que llenó nuevamente el teatro.

Y colmó todas las expectativas.

Uno fue con exigencias y se volvió con tanto más. Uno que siempre se acuerda de pretender, recordó que esta vez la idea era dejarle algo. Un merecido aplauso por el coraje de haberse sentado a cantar en semejante estado.

Y darnos lo mejor que tiene.

Su mundo, doliente y sufriente, por todo lo que le está pasando. Y tantas lecciones en la mano, que uno volvió con los bolsillos llenos.

Gracias de nuevo. Por todo lo que ayer he aprendido.


OJALÁ. Desde Octubre hasta Miramar.

Desde las páginas de un libro, para nada ligero, las tapas duras me hablan de una vida blanda. Arqueado sobre su propia espalda, sus palabras viajan desde el viejo continente. Un mensaje tan sonriente, como su último abrazo de despedida.

Letras que no pueden arrancarle las medias a su voz. Palabras dichas desde su corazón, arropado en el almidón de su arrugada historia. Tiempos de derrotas que no le arruinan las botas a sus recuerdos. Mirar hacia adentro y ver que la avenida sigue siendo nuestro sendero.

La caminata de un encuentro que nos ha llevado más años que a mi adolescencia madurar. Imagenes que no se las pudo llevar el viento, sensaciones que me mintieron durante tanto tiempo. Y supieron esperar. Un "adiós" que no fue un "hasta luego", ni un "hasta pronto". Que parecía llevarse toda la vida, y sólo nos llevó hasta el muelle.

Donde los pescadores arrojaron sus anzuelos y nosotros quedamos atrapados en el tiempo. Pudimos quitarle a la distancia su carnada de tiburón y dejarla con las ganas ancladas en el pilote viejo y cansado de tanta ola golpeando.

Algo de aquel Miramar quedó intacto. Algo de este "ojalá" está esperando. Todo lo que un mundo pueda estar especulando, se lo lleva un rato con vos. Una noche de encuentros tan ansiados, de viejos rejuveneciendo y de historias saliendo a la luz. Sin dejar su cruz, sin morir clavado.

Siendo resucitado a los tres minutos de haberte abrazado.

Y ver que todo ha comenzado, despúes de un Miramar que nos vió llegar y nos dejó partir. Y este "ojalá" que hoy me recomendas encontrar en las palabras escritas de un libro que vive en ambas orillas.

Una realidad que quizo esperar para ser. Que supo entender que las vueltas se debían dar para saber disfrutar la plenitud de una llegada. De esas ganas atrapadas en las encrucijadas del tiempo insolente. Y muy inconveniente. Una fantasía que me deja llevarte hasta la esquina del borde de mi mundo, esperando ser tu último romántico. Mientras vos insistías en bajarme a la tierra de las realidades opuestas. Donde las soledades ni siquiera se comparten. Y las ganas se quejan cansadas de la rutina que no quiere dejar de ser la misma aburrida vieja hormiga de siempre.

Quiero avisarte que este libro te representa tanto como aquella canción que besaron mis oídos aquella noche donde todo volvió a empezar. Sin más allá, y tanto más por acá.

Aquel taxista de la vida no entendía la sonrisa que pintaba el viento entre mis mejillas. Ni la agitación de los brillos de mis ojos lagrimeando una despedida que jamás llegaría. Y el cantor que encendía las palabras de una llama en el centro de mi alma. Un abrigo que tejiste sin aviso. Un mojito que no supo disfrutar la sabia naturaleza de tus labios. Y mis torpezas que no podían caminar después del segundo daikiri en esa pequeñisima mesita que separaba nuestros enormes planetas.

Un "ojalá" que sabe madurar. Que nos viene trayendo desde algún octubre hasta este nuevo Miramar que hemos compartido en esos minutos de caminar por la costa.

Un recorrido que he repetido durante todos estos años. Y ahora sé que no fui el único.

Un "ojalá" que ya ha nacido.


Martes, Abril 14, 2009

LA EMOCIÓN ES COMO LA LUZ. PSICOLOGÍA CUÁNTICA.

La emoción es como la luz.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Hace mucho tiempo se conocieron las particularidades del comportamiento de la luz. Sus cualidades, sus virtudes, sus velocidades. Hoy en día, podemos hablar igualmente de la emoción. La cual comparte con la luz la mayoría de sus cualidades y características. Tan científica como ella misma. Tan cierta como evidente. La emoción es como la luz. Aunque viaja a una mayor velocidad.

El descubrimiento mayor respecto de las particularidades de la emoción radica en la capacidad que tiene el ser humano de registrarla. Así como respecto de la luz existe una longitud de onda a partir de la cual el ojo humano no puede captar una franja importante de ciertos rayos luminosos; el registro humano está también limitado a cierta longitud emocional.

Es decir, que podemos captar a las emociones pero no en su total expresión, ni intensidad ni frecuencia. Debido a esto, es que muchas veces nos “contagiamos” emocionalmente del ambiente o de alguien con quien nos hemos encontrado. Motivo por el cual, después es difícil descontaminarse de ella. Ejemplos abundan en todas direcciones, situaciones cotidianas, sensaciones inexplicables, el percibir emocionalmente a alguien a la distancia. Son todas las razones por las que podemos explicar que las emociones tienen una longitud de frecuencia mayor de la que estamos acostumbrados a registrar. Que captamos emociones sin darnos cuenta, las cuales no podemos descifrar, pero si influyen.

A diferencia del ojo humano, la capacidad de registro es modificable. Se puede aprender, se puede extender el registro emocional para poderlo ampliar a un campo mayor de intensidades y de sutilezas. Con un entrenamiento y un hábito instalado, podemos llegar a captar muchísimas más sensaciones y emociones. El espectro emocional es muy amplio, plagado de matices, lleno de grises y colores, fusiones de emociones y de sensaciones que, pocas veces, nos enseñan a diferenciar.

El espectro emocional se extiende hacia arriba tanto como hacia abajo. Es decir, que hay sensaciones y emociones mucho más sutiles y delicadas por un lado; como más densas y oscuras por otro. La mayoría de las personas tiende a mezclar la ira con la rabia, la furia con la bronca, el odio con el rencor, y el dolor con la angustia y la melancolía. La lista puede ser infinita, la estamos resumiendo demasiado. Entonces, el registro se va acartonando, se rigidiza y pierde sensibilidad.

Al igual que la luz, existe una emoción espesa y otra emoción como el láser de certera. Y tiene la particularidad de viajar mucho más rápido, a una velocidad que supera ampliamente la conocida por la luz. Casi tanto que parece un efecto instantáneo, lo demás es tarea del registro, el cual puede anular, descreer o relativizar. Interfiriendo con el pensamiento.

Durante décadas se identificó al mundo emocional con el agua. Tal vez llega el tiempo de actualizar los conocimientos y darle a la emoción su verdadero lugar, su cualidad tan particular, su versatilidad y velocidad que la hacen muy sutil como certera. Lejos de la inestabilidad, la emocionalidad es una fuente perdurable como el sol.

Fuente de vida y de mundos lejanos. Su ausencia puede helar, su presencia puede brindar calidez como quemar. Domina las mareas del psiquismo y de las hormonas, llega hasta las sombras del cuerpo y a los rincones más lejanos de cualquier misterio.

La emoción se comporta como la luz.

Un descubrimiento de la psicología cuántica.


Domingo, Abril 12, 2009

CUANDO EL OÍDO NO QUIERE ESCUCHAR. La voz del silencio.

¿Qué se hace cuando el oído no quiere escuchar? Y se siente como un algodón en el alma.

¿Qué se hace cuando esas palabras tienen tanta fuerza? Y parece que no, pero golpean las murallas de una historia.

Parece que alguien no quiere escuchar. Por lo menos una parte hace oídos sordos. La parte izquierda de los escombros que nunca salieron del fondo. Y que ahora, en silencio, se hacen escuchar. Un ruído callado que hace más ruído enmudecido que a los gritos. Un reparo que ha detenido los latidos de mi pensamiento. Algo se quedó quieto, dentro de mí.

Pero el oído derecho sigue escribiendo las notas de mi vida. El sigue oyendo el silencio de su compañero. Y tratando de jugar al equilibrista. Persevera la vida del sonido en la mejilla de este lado del mundo. Todo parece tan absurdo, mucho más si supieran la razón por la que no fue la ceguera y si la sordera la que salió sorteada.

Las cuestiones del amor a veces no se superan tan fácilmente. La gracia está allá afuera, lejos del mundo de mi lado izquierdo. Muy cerca de la otra mejilla, la que espera activa la llegada de su voz. Será esa la razón por la que mi oído izquierdo se ha ofendido. Porque extraña sus latidos, que tanto lo hacen vibrar. Porque su voz siempre pudo sortear las vueltas del laberinto, y golpear con el martillo, la barrera que nos separa.

Algo se pegó donde vibrara el corazón de mi oído izquierdo. Algo detuvo su reloj, a la hora indicada, en ese preciso momento, donde las palabras mágicas llegaban al decir de su último suspiro. Despúes no quizo escuchar más nada. Y las consecuencias llegan hasta la mitad de mi cerebro que parece haberse unido a la huelga. Donde el silencio prefiere morirse de hambre que seguir las infames palabras de la subestimación.

Ponerle alcohól como si fuera una herdida abierta. Para que no se convierta en dolor el silencio que enmudeció mi mundo por dentro. Ya no escucho esa voz tranquila y pacífica, escucho el tambor de las palabras golpeándo las paredes, en una mente que fue sacudida. Que piensa en la próxima vida y se queda pegada al paredón, escuchando un temblor que no puede aún vibrar, porque no llegó todavía el momento.

Ya llegará el encuentro para saltar de alegría. Ya llegará el día en que mis oídos vuelvan a ser juntos, dos grandes compañeros.

No es casual que la mitad izquierda de una vida se quede tan quietita que no se escuchan ni sus pasos. No es azar que en ese mismo día escuché una noticia que impactó de lleno, como a un boxeador viejo en su último round.

Lejos del ring, lejos del insight, las palabras están detenidas en el tiempo.

Cuando el oído no quiere escuchar, es la voz del silencio la que está hablando.


Domingo, Abril 05, 2009

LA INOCENCIA. PURA PASIÓN INTENSA.

Ahora me toca escribir sobre ella. Entre ellas se cuentan y me hacen trabajar a mi. Ahora le toca a la inocencia, encarnada en una pequeña gran persona. Intensa, pura fuerza, que va por la vida como si fuera una línea recta. Va, nunca frena, nada la detiene. Es la inocencia de una reina, de la Victoria en persona.

La inocencia de Lima. Una mujer divertida que, a veces, elige amargarse la vida. No entiende ciertas mentiras, no tolera y se indigna. Pero la pelea con tanta fuerza, que genera admiración por muchos lados. Ella, ni se da cuenta, pero a su paso deja una marca.

Una voz fina, un grito que siempre se indigna con la misma realidad. No entiende y eso la detiene. Da vueltas en círculos. Siempre vuelve al mismo punto. Pero nunca gira sobre su ombligo.

Su amor le habla al oído, pero nunca la acaricia. Esta harta y cansada de las palabras inertes. Ella quiere sentir la vida correr por su venas. Al ser la pasión la que late en su corazón, ella quiere acción y nada de palabras. Ella quiere que la vida le traiga lo que tanto le ha prometido.

Es un torbellino. Un huracán de pelos largos. Rubio mar que ha llegado hasta el borde del abismo. Pero este mar no se espeja. No ve lo que refleja. Sólo mira hacia adelante. No la detiene nadie. Ni se te ocurra ponerte enfrente.

Ella es imponente. De una mirada celetes y algunas veces triste. Una fuerza insolente, de lo mejor que se podría ver. Pero todavía elige la moneda corriente, que no cae del lado que ella quiere.

La victoria no suele verse en el espejo. De tanto se pierde. De tanto sigue derecho. Lo suyo es lo imponente. Por más que se encierre, por más que lo evite o lo intente.

Pronto se animará. Pronto verá que la vida la estaba esperando para darle lo que tanto ha soñado. Las riendas sueltas a su fuerza.

Soltar las alas del mar para que pueda despertar el mejor de los deseos. Ser la intensa que quiere ser. Ser la potencia que tiene en su cuerpo. Ser todo lo que ella quiere.

Y darle forma a su deseo.

Ella es hermosa por fuera y por dentro. Es una gran persona, con sus códigos y sus privilegios. Ella está mitad hacia afuera, mitad hacia adentro. Es la encarnación del misterio, nunca llegás a conocerla. Parece simple por fuera, es un laberinto de intrigas por dentro.

Con tanto para dar, con tanto merecido, con tanto por vivir. Ella quiere sentir, se merece el cielo. Hizo siempre lo correcto, en algún momento soltará las riendas y podrá vivir la vida de una manera más plena.

Es el mar en su intensidad. Es el amanecer en su claridad. Es el atardecer al llegar, pura dulzura, pura tranquilidad. Pero con la fuerza del sol, entre sus brazos, en su mirada.

Es la victoria del deseo, por sobre las fuerzas de la Naturaleza. Es el caracter con largas piernas. Una personalidad con acoplado. Una locomotora arrastrando las vueltas de la vida.

Es y genera mucha envidia. Entre hombres y mujeres.

Será y nadie la podrá frenar.

Ella es la fuerza del deseo.