Domingo, Mayo 31, 2009
ENOJA. Y NO ES PARA CUALQUIERA.
Proximamente
LA DECEPCIÓN. EL FRACASO DE LA ILUSIÓN.
Y bue...
Lunes, Mayo 25, 2009
HORA DE SALDAR LA DEUDA. TARDE.
Es hora de saldar la deuda de una apuesta, lamentablemente perdida. Era con una diosa divina, que esperaba a su príncipe azúl. Y no llegó. Yo apostaba por su corazón, ella indudablemente encontra. Una cosa llevó a la otra. Debates entre la desesperanza y la alegría. Entre tanta fortuna merecida y un destino que ahorra justo con ella.
Pero alguien le dijo que no. Aunque la sigue visitando. Un hombre un tanto extraño que no se deja llevar. Mientras ella sigue dudando de su impecable efecto sobre todo el resto de la masculinidad. Ella no deja de atacar a su rival del espejo, porque no mira para adentro, ni mira a otros que le siguen el destello.
Llegó el tiempo. Tengo que saldar mi deuda con ella. A destiempo, por eso son deudas. Y creo que tal vez en sus cuentas, figuren los intereses. A ellos me entrego. Yo estoy en falta. Si ella quiere, entrego mi espada, mis poderes o mi fortuna. La deuda ahora es suya, solo me queda pagar.
Dentro de esa reina existe una princesa que quiere ser querida. Que busca, aunque escondida, la llave de su fortuna. En algún rincón perdida. En alguna mano robada. Algún recuerdo la engaña, porque le sigue hablando de mentiras. Ella, un tanto perdida de su propia mirada, sigue creyendole esas pavadas. Y no se mira ni un poco.
Su sonrisa lo es todo. Sus energías pueden despertar huracanes. Su empuje se siente como un torrente de oleajes en pleno temporal. No se anima a soltar las cadenas de su crucero. Si bien sabe que es de primera, no suelta las amarras a la deriva.
Y se pierde las aventuras del mar abierto.
A ella le dejo mi deuda saldada. Y le agradezco por la paciencia regalada. Y tantos momentos compartidos.
El otro día estaba sentada entre los desconocidos. Escuchando con su agudo sentido las palabras que expresábamos en una conferencia de su especialidad. Esperando poder abrazarla al final de la charla, como viejos y queridos compañeros. De viajes, de encuentros. De ilusiones perdidas.
Ahora, ella es la gran reina. Que ya suelta sus últimas amarras.
El viento la espera.
Sus alas están desplegadas.
Y mi deuda saldada. Pagaré los intereses.
Domingo, Mayo 24, 2009
MANIPULAR LOS MEDIOS. SE DOMINA EL FIN.
Manipular los medios.
Se domina el fin.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Hay muchas cosas claras que van quedando de este mundo bastante extraño. Una de ellas es que si se manipulan los medios, se domina el fin. Algunos se han despertado muy temprano, a otros nos han madrugado. Porque aquellos llegaron demasiado lejos a costa de varios pellejos, por haber entendido a tiempo que manipular los medios era la mejor manera de dominar los fines, y convencer a los demás compañeros.
Cuando todo esto se hizo enorme, en un planeta bastante complejo, los medios fueron la clave del éxito. La piedra fundamental para poder dominar. Siendo ese el único fin, de toda esta eternidad que estamos viviendo. Y transitando como podemos. Y la verdad es que se trata de una cuestión de lógica, de los pies hasta la cabeza. Por donde lo mires. No entra otra opción. Ver que cada paso es la seguridad de la meta, era una cuenta simple, bastante traviesa. Porque pocos se dieron cuenta que cada centímetro está condicionando al fin. Es decir, que cada paso asegura un pedazo de la finalidad que estamos anhelando. Porque el fin es la unidad de esos pasos dados. Sin ellos, no tenemos nada. Sin que hayamos atravesado, no tenemos destino a donde llegar. Por eso, la novedad dio vueltas al mundo, para llegar al mismo punto.
Un comienzo que es el fin. El principio de los medios, que deberían estar entre medio y están al final, del comienzo. Parece un enredo, pero es bastante simple pensarlo desde adentro. Los medios de comunicación se hicieron los dueños de la información, por lo cual determinan hacia donde nos dirigimos. Punto definido desde el principio, aunque nos enteramos al final. Todo este asunto esta saliendo para atrás porque, nada es casualidad, la lealtad no se encuentra en ninguna parte del tramo que hemos hecho antes. Entonces, nada es confiable. Y quedaron atrapados en la red que enmarañaron, para poder apoderarse. Estamos donde empezamos, pero más cansados por la vuelta que hemos dado.
Y nos damos cuenta que quedamos atrapados, entre una información y la otra. Nos engañan diciendo que vamos a la “pausa”, una secuencia infinita de imágenes predichas y planificadas para no dejarte “nada de pausa”. Y venderte hasta el alma por un segundo de tu mirada, por donde entra el deseo de alguna empresa que te estaba condicionando desde el comienzo de su campaña de publicidad. Una secuencia inmensa que empieza quien sabe dónde y termina en la retina de tu cerebro que intenta un poco de silencio entre cuadro y cuadro.
Dejar de pensar. Ese parece ser el verdadero objetivo. Porque hoy nos llevan hasta el abismo del silencio, proyectando que el silencio se encuentra en la ausencia absoluta de ruido en la cabeza. Y los latidos se silencian, tratando de conseguir un instante de paz, aquella anhelada y programada hace miles de años por algunos maestros que no tenían la tentación de la televisión y vivían en los Himalayas. Por obvias razones.
Nos están vendiendo un cuento. Porque manipulan los medios para llevarte hasta el fin. De tus tiempos. De tus silencios. De tus descansos. Y puedas hacer lo que ellos te están indicando. Que te asustes. Que te escondas. Que corras porque la vida es así, una velocidad que ya nadie aguanta, pero de la cual la amenaza (si te querés bajar) es la caída ingrata fuera del sistema. Una dinámica armada de tal manera que nadie se escapa, o queda excluído del destino que tampoco lo miraría ni para darle una paliza, menos una migaja.
Buscan dominar el fin, creyendo que así nadie podrá pensar con libertad. Aún no entendieron que enjaular a
Entonces sólo les queda dominar. Una horrenda palabra que habla de la falta de compañerismo, de la poca sinceridad, de las falencias impunes para aceptar las faltas. Y poder ser de carne y hueso, y no pobres ancianos corrompidos por el olor del habano y las mujeres pagadas.
Porque sin esos medios, no llegarían al fin.
Un cajón igual a los de aquí. Bajo la misma tierra. En manos de los mismos gusanos. Y los mismos abogados repartiendo la herencia. Que pasa de mano en mano.
Mientras los medios nos dejan a dedo, sin poder llevarnos hasta el fin.
Artículo correspondiente al número "Medios de in(comunicación)" de la Revista EX-TIMO. Derechos reservados. prohibida su reproducción parcial o total.
EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS. ERA OBVIO.
El fin justifica los medios.
Era obvio
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Era obvio terminar así. Una frase que todo lo explica. Y demasiado lo simplifica. El fin lo justifica todo, hace rato, aunque ya no sean los fines de antaño. Porque hemos perdido todo, hasta el valor de los fines más remotos. Por el simple escollo de las uñas negras del poder, que todo lo ensucia. Y su olor abunda. La política del bendito infierno, en la tierra de los hombres muertos, que siguen caminando ciegos hasta las puertas de los templos. En los cementerios.
El fin justifica los medios. Y no hay moral ni ética que pueda ir contra ello. Por más que seamos millones los que lo aceptamos, son pocos (yo diría unos cuantos) los que se hacen eco a diario de ese lema, tan propiciado en las últimas épocas. Tan difundido como solapado, Tan extraño. Tan heredado.
Era obvio que los poderosos hicieran esto con los medios. Porque justificaba el fin, tener a todos de las narices. Y manipular la información, para que no puedas pensar en algo más allá. Si todos estamos hundidos en una crisis mundial, evitable y anticipada. Encima nos echan la culpa a nosotros, el pueblo. Porque no pagamos, porque no escuchamos, porque no hacemos caso. Mientras los únicos que se están enriqueciendo, hace muchísimos años, son los dueños de todo esto. Los que se creen que guían cuando en realidad comercializan nuestras vidas. Entre ellos. Vendiendo y vendiendo, minutos de silencio para la libertad, y los bolsillos llenos a la mediocridad.
Son sólo titiriteros hambrientos de poder, carenciados de afecto y empañados de malos tratos. Gordos sedientos de poder aborreciendo la felicidad de lo simple y lo honesto. Porque no pueden conseguir lo nuestro, entonces lo quieren arruinar. Armando crisis que no existían hasta que no les convenían. Por miedo. Todo se reduce a eso. Lamentable, inconmensurable.
Pero ese fin justifica cualquier medio para que no pase aquello, que en sus sueños los atormenta. Son pobres ciegos que no ven el futuro que les cae a los pies. Y los muchos dolores que empiezan en esas decisiones insanas para una Humanidad a la cual le cuesta dar un próximo paso. Ellos, los medios, son los que pudieron cambiar
Los medios son extraños medios para llegar al fin. Y era obvio que ibamos a existir así a esta altura del siglo. Tiempos que se van oscureciendo, porque aún no hemos conocido lo pleno del rostro de la noche. Una larga noche nos espera, como Humanidad entera, por haber entregado los medios a esos pocos tan ajenos a nosotros.
Siglos de esclavitud se vuelven a editar.
Ya están escritas esas páginas de
No son los siglos de la decadencia. Son los tiempos de la fuerza sobre la inteligencia. Otra vez. Otra vuelta. Que poca experiencia nos queda.
Ya se escuchan las cadenas.
Y el dolor nos saca la lengua, en un claro gesto de burla.
Artículo correspondiente al número "Medios de in(comunicación)". Revista EX-TIMO. Derechos reservados. Prohibida su reproducción parcial o total.
Jueves, Mayo 07, 2009
EL MONSTRUO DE TRES CABEZAS. MEDIOS DE INCOMUNICACIÓN.
El monstruo de tres cabezas.
Escrito por Juan Cruz Cúneo.
Por las calles de esta ciudad camina hambriento un animal sediento de noticias. Buscando editar una realidad que no siempre se muestra tan cierta, ni tal real. A veces tropieza, a veces encuentra, otras tantas inventa con la excusa de divertir, con la intención de destruir la credibilidad y la confianza de una sociedad que confiaba. Y ahora le escapa.
Huele, husmea, se entromete en los baños de la pobreza. Picanea, pisotea, revuelve los tachos de la basura de una sociedad que esconde en sus penumbras las bolsas de estiércol humano. Las miserias que tantas veces hemos nombrado. El egoísmo, el sadismo de ver a los niños asesinando. O muriendo por inhalar un pegamento que los deja pegados a la nada de futuro. Este monstruo cuadrúpedo se alimenta de su inocencia y los expone como rarezas. Personajes que inventa.
Guionados. Manipulados. Adversarios. Somos llevados como carnada en un anzuelo para ratas. Descartados después de ser explotados, por unos puntos de raiting. En unos minutos de televisión. Somos un par de renglones en el diario matutino, en el del domingo. Embaucados para hacernos daño, títeres de unos cuantos gordos ensalzados que pretenden llevarnos hasta el borde del baldío de esta sociedad de enemigos. Y de engañados, mezquinos desangrando por el asesinato pergeñado por algún poder politizado que no hizo lo adecuado.
Bandos que van quedando a cada paso que este monstruo va dando. Una huella manchada de brea. Unas garras con las que se rasga las vestiduras de la hipocresía. En manos de la mentira, con los huesos a flor de piel. Y una piel que está sucia de tanto arrastrarse por el peor de los subsuelos del infierno en el que están viviendo sus tres cabezas.
Sus mandíbulas se pueden abrir al tamaño de un cuerpo humano. Y destripar su intimidad, haciendo pública una privacidad invadida por su mirada tan felina como prostituida. Una correa que se enreda entre las tres cabezas y mancha los guantes blancos por andar en tanto barro, chapoteando, salpicando, regodeándose. La ira, del lado izquierdo, la bajeza del lado derecho y la hambruna en el centro, son las tres cabezas de un cuerpo, que son los medios de comunicación. Ladrando, amenazando con sus dientes afilados. Olfateando lo más bajo de la mugre de esta sociedad que sirve para dar vuelta siempre el tablero. Y los que te deberían cuidar te asesinan. Los que te tienen que informar, te ocultan la verdad entre las líneas.
Mientras digitan todo en un bar cheto de Recoleta. Hombres viejos y cansados, sobrealimentados por la gula. Y engrasados por tanta basura que han perpetrado. Sabuesos. Cuervos. Contaminación abrupta. Carne podrida. Mentiras dichas, pagadas, compradas, vendidas al peor a un cartonero que juega con la ilusión de una sociedad, en manos de esas personas que llevan a sus hijos al jardín. Mientras, le dan publicidad a los pedófilos y violadores que asaltan en las vías del tren y en las aulas de las escuelas. Y nos encierran en nuestras casas, aterrados y asfixiados; aturdidos porque se entrometen por cualquier rendija.
Se dicen serios y son obsoletos muñecos de madera. Hombres calvos que van de noche a algún cabaret a descargar la sed en un cuerpo fresco. Con un puñado de dinero que podrá lavar las manchas a la mañana siguiente. Para aparecer en cámara, como dios manda. Para la buena visión de la gente.
Somos mercancía barata de los medios monstruosos que se aprovechan de la comunicación para no comunicar nada. Y poder invadir nuestras casas, manosear nuestras vidas y entrometerse en las sábanas.
Para perturbarnos el sueño.
Y no dejarnos descansar. Ni en paz ni tranquilos.
El monstruo de tres cabezas asecha, en cualquier esquina. No hay barrio ni complejo cerrado que se salve de lo perpetrado por el cuadrúpedo y su dueño.
Hasta que él mismo se muerda la cola.
Sábado, Mayo 02, 2009
QUE MUNDO EXTRAÑO.
A veces no entiendo, lo que ya debería haber entendido. Sigo sintiendo que no hacemos más que meter la pata en el charco. Y salpicarnos. Una baldosa floja en la vida de tantos.
Un mundo donde los cuentos de hadas se transformaron en pesadillas. Y las grandes maravillas, ahora son empresarias y ejecutivas. Princesas que dejaron su tibiesa para encender el horno. Y quemarte vivo. Por ser el elegido, el último número del sorteo.
En este mundo, donde los garcas andan sueltos y los inocentes encubiertos, estamos todos preocupados porque el amigo del costado puede ser el enemigo al amanecer. Porque te puede querer y robar al mismo tiempo. Pues las relaciones sufrieron una enfermedad degenerativa.
EL Alzheimer de la vida. EL parkinson de la muerte. Ni a ella hoy se le puede confiar la puntería. Por las dudas ella tira, con su calibre veintidos. Sin mirar alrededor. Ya no queda compasión. El abusador es profesor en un colegio.
Que mundo extraño estamos haciendo. El tablero quedó dado vuelta. Y las torres serpentéan borrachas de impunidad. El alfil quedó detrás, manoseando a la reina. Y el rey que sólo juega con los peones a la esclavitud. Un caballo blanco, de un ajedrés tirado a la orilla del anden.
Sigo sin entender. Lo peor viene del primer mundo. Y los más viejos son los peores vagabundos. Los que hicieron que las cosas hoy estén así. Que nadie pida perdón. Que nadie quiere hacer las cosas bien. Que el dolor yase en los pies de la prostituta de barrio. Que el jefe, nuevo adinerado, se pasee con su nuevo auto cero kilómetro. Y con sangre en el zapato.
Un mundo tan extraño que a veces me da miedo ofrecerle este empleo a un hijo que tal vez esté en camino. Dando vueltas en una rotonda. No le puedo ofrecer lo mejor, porque de lo que hay, no quedó nada rescatable. El policía te afana, el ladrón te mata. El rico se enriquece, el pobre se muere. El hambriento camina por Puerto Madero. Mientras el turista congela ese cuadro tan extraño, entre la selva y los hoteles d elujo. Somos un mundo absurdo. Que ha perdido lo mejor de sí mismo. Girar sobre su ombligo, salirse de la órbita. Creerse la mejor escoba, con la que se barren las sombras de la bruja nocturna.
Un mundo tan extraño que el sufriente se siente discapacitado. Y nos estamos acostumbrando a no pedirle nada a nadie. Para no endeudarse y permitir que el otro se cobre el favor intereses impagables. Nos hemos vuelto tan raros que esperar nos está desesperando. Y amar, nos esta esclavisando.
Cuidar es de tontos que no saben negociar. Y respetar es de viejos oxidados que han abandonado la dinámica de los nuevos tiempos. Este invierno que le roba el calor al verano. Y este último lejano, siempre termina encendiendo las estufas, de su casa de brujas, por no haber podido descansar el resto del año.
Los mares, que antes acariciaban las playas, hoy se las están deborando. Con impaciencia y tanta impulsividad. Las olas están golpeando, intentando tirar la puerta abajo, de una casa de chapas en donde un alma se siente un grano de arena.
Las tormentas son la contemplación del poder de Dios peleando contra la Naturaleza. El anciano despierta de su siesta para ponerle orden a su obra. Pero por las preocupaciones que acarrea, la obra ya no es maestra.
Y se ven los telones del fondo.
La mística se está perdiendo, porque la competencia descubre sus secretos, vendidos a cualquier impostor. La clave ya no es una alternativa. La salida ya no quiere salir más. Y la puerta de atrás, se vino para adelante.
No intentes, es de cobardes. Abandonar al rebaño en el medio de la jungla.
Que mundo tan extraño. Y son tantas las cosas que contaría, que no tendría tanto tiempo para terminarlo.
Una diosa se queda dormida, porque su rey está trabajando. Una princesa, dentro de poco reina, se aleja por temor a enamorarse. Y un impaciente se aquieta, por el amor que la respeta.
Y los sueños que se van soñando.