Domingo, Junio 28, 2009

LAS ALAS ROTAS. APRENDIÓ A VOLAR.

Hace mucho que no le escribo. Porque ella aprendió a volar de su nido. Y son muchas las horas de vuelo. Son tantas las horas sin tiempo que ella ya se ha ido. Pero me ha dejado en los bolsillos un perfume encantador. Una magia sin rencor. Las ganas de una historia no escrita.

Algún día la vida sabrá su nombre de pila. Aquellos serán los días en que ella podrá saber de mi intriga. Saber que se sentiría abrazarla en la orilla. Sentir cómo sería despertar con ella a su lado después de una noche de esclavo y pura entrega, sin anonimatos. Algún día llegará el mar hasta esas orillas, y podrá acariciarle los bordes de su miel.

Ella ha sabido crecer. Le han aparecido las alas. Ella ha existido en mi alma, por más que siempre tire en ancla de este lado. Un barco a la deriva mientras espera la salida, la advertencia y la condena. Estar un día con ella sin que ella sea pura huída. Compartir una avenida donde las calles transversales sean los comensales de un encuentro interminable. Ella sabe que mis alas no son cobardes y que su jaula ya es una mentira. Ella conoce las caricias de un amor que no lo sabe. Ella conoce el dolor de alguien que la ha conocido, que ha sido testigo, juez y mendigo.

Las alas rotas se han caído. Ella es tan hermosa como la lejanía y la distancia que le pone a mis ganas, para que el Destino pierda esta partida. No la dejaría ni siquiera aún dejándola. Siempre se vuelve a la carga, cuando el viento se cansa por viejo y la aventura se torna una rutina.

Ella es una hermosa princesa de alas rotas y un vuelo que ha comenzado. Ella es la musa inspiradora de mis noches y mis alegrías. De mis tristezas y mis enojos. De mis horas de espera y de esos mensajes que no llegan. Ella es una sorpresa, sabida. Un regalo que ya conocía. Una intriga que no desespera.

Ella es una cuenta que espera ser saldada. Un cuerpo que anhela, ser amada es su eterna condena. Ser deseada es su punto ciego. Ella sabe de mi secreto pero no quiere ser liberada. Aunque no entienda nada, sabe que su estima se ensalsa en esta ensalada de palabras no dichas.

Ella espera que yo viva para sentir que alguien siempre la amará. Su piel nacarada podrá esperar las arrugas pero jamás sabrá de las penumbras, ni de la soledad de la vida.

Siempre estará encendida el fuego de la vida, mientras las alas sigan desplegadas. La distancia no alcanza para que el olvido me gane esta partida. Mi insistencia es bendecida con las migas de una almohada. Mis sueños son la envidia de mi realidad pesimista.

Y mis alas sanas.

Ya sabe volar. Finalmente aprendió la lección. Ahora sólo le queda a su corazón entender la salida. La alternativa está servida en una bandeja de plata.

Y el vuelo será eterno.

De un balcón al otro.


Martes, Junio 23, 2009

USAS DE PERFUME DESODORANTE DE AMBIENTES.

A esas personas que estafan por la espalda a una madre con sus hijos, por unos simples billetes de diez fracazos, a esas personas que apuñalan por la espalda a los hombros de una vida que carga con sus semillas, esperando que florezcan; a esas personas estas palabras les quedarán justas. Y ajustadas.

Porque siempre creyeron que la vida es un juego, con las cartas gastadas. Siempre mintiendo para sacar algún rédito de las reglas del juego; y salieron venciendo a los mismos vientos que hoy soplan encontra. Humaredas de cientos de miles de vértigos entre la espada y la pared; siempre alrevés, como si no entendieran nada. Creyéndose mil. No pudiendo ni seguir con la pala cabando el agujero.

Siento advertirte que las narices no son tan fáciles de engañar como a la mente universal de los que quieren amar de verdad. Siento decirte que no usas perfume, y en su lugar intentaste enmascarar la falta con desodorante de ambientes. Una pena inminente, una lástima que se cae a pedazos. No pienso intentarlo, mi olfato se ha retirado del ring. Ya no quiere sufrir las desilusiones de tus engaños.

Ya no tiene sentido invertir en una obra que no supo salir del pozo. Que sólo acumula escombros, donde debiera construir un lugar para vivir. Una vida con calidez. Una sonrisa, otra vez, que deja al descubierto la falta de respeto que le has brindado a tus dientes. Esas muelas ausentes de tanto rechinar de noche, se fueron por los golpes que la envidia te ha obsequiado.

No tienen reemplazo. Por suerte aprendi la experiencia. No seré otro torpe que tropieza dos veces con la misma mentira. Te dejo en la mesita, la poca luz que le queda. Un par de monedas y el boleto de despedida. Esta escena termina donde nunca empezó. No me dejaste ni el dolor, sólo me queda juntar las migas.

Mientras la nariz me mira, entendiendo poco lo sucedido. Eras una amiga, ahora sos un recuerdo. Eras la más querida, sólo queda un espacio perdido. Sentía tantas cosas lindas, que ahora pasan al olvido. El cual pasa su rastrillo, donde estaba el castillo de arena. En una simple plaza de escuela, tan lejos del mar, tan lejos del cielo. La naríz no entiende su desconcierto, ¿era tan fácil desarmar todo?

Por un tesoro, dejaste de ser capitán. Por un canto en el mar, hundiste el barco de tu vida. Por pagar una cuenta más, decidiste empezar una deuda que llevás a cuestas. Yo no pienso saldar.

Dejaste atrás tanta verdad. Te olvidaste de mirarme en el espejo, donde me veías sintiendo lo que tu corazón quería. Por mirarte el secreto, en ese ombligo caído, dejaste el sendero que habíamos empezado. Algo huele raro. Sé que el blanco se junta con el negro.

Pero nunca pensé ser tan ciego. Quisiste engañarme el olfato.

Mis ojos recién operados, ya cumplen un año de su reencuentro. La vida ya no aparece detrás de la mentira, ni desaparece cuando ella sale de mi cuerpo. No soy más tu amuleto. Pero puedo ser tu condena, de por vida.

Sé que no ves la salida. Porque el desodorante que usas puede inocular las pupilas gustativas. Y desorientarte en la deriva, a la vuelta de esa esquina que nunca más vas a cruzar.

Cuando cruzas la vida, dice Iván, debes mirar a los dos lados.

No sirven los engaños, cuando dejás de usar perfume.


Lunes, Junio 22, 2009

¿POR QUÉ?

¿Por qué?

¿Por qué cuesta tanto que el mundo entienda que de la mano de cualquiera no vamos a ninguna parte?

Me cansa ver en todas partes a la hipocresía y a la avaricia tomar el té con las manos. Me aburre ver que siguen de largo aquellas personas a quienes tanto le he dado. Y que encima se vayan protestando como si no valiera nada. Son esas malas palabras que nadie te enseña de chico, que no llegan a tus oídos hasta que sos más grande. Y el olvido y las arrogantes se acercan por la espalda.

Se llevan lo que les falta, porque no lo pueden generar solas. Son esas personas que utilizan a otras y viven de lo prestado. Pero que tienen ese poder por el cual uno termina cuestionándose las cosas.

Importantes, de importancia prestada. Valiosas porque no llegan a nada. Vanidosas de deseos desgastados, por el uso inadecuado. Lejos de la satisfacción. Son dueñas del dolor, sanguijuelas de cuellos sanos. Perros lamiendo barro, heridas que no cierran sus persianas a la hora de la siesta. Y se abren de madrugada, cuando sale el sol a caminar.

No tienen plata ni para pagar sus viejas deudas con la humanidad. Alejadas del amor, salen con el corazón entre las piernas. Dulces y coquetas en primavera, frías como helada en el verano, cuando llega el mejor plato a la mesa. No saben lo que les espera, no ven más allá de la sábana.

Perros falderos en patas de cuero. A la intemperie de la vida, la carne de ellas agita el hambre de los lobos salvajes. Pidiendo un poco de carne, para hacer al horno, juntan los escombros de una vida hecha pedazos. Un corazón que no ha latido en el último siglo, ni ha lustrado su vieja cadenita del cuello. Un oro que recuerda los viejos tiempos. Del explendor.

¿Por qué duele el amor? porque no se había amado antes. ¿Por qué duele el rencor? porque el alma pide venganza. Mientras la oscuridad alcanza a mandar su último mensaje de texto, antes que los hielos la encerraran para siempre. Un corte, en el cordón del vientre. Un ombligo que se queda sin mundo.

Un ojo que guiña al absurdo. Una mirada que ya no ve más nada.

Unos dientes que parecen de lata, de tanto humo de cigarrillo. Al rincón del olvido me han dicho que debiera ir a buscar, aquellos momentos que ya no están a la vista. Ahora podría ser una pesadilla, pero es tiempo de volver a nacer. El tiempo debe correr por debajo del puente.

Para que su fuente siga siendo natural. Y poder dejar atrás a esas orillas contaminadas. Fueron esas fábricas las responsables de tanta inmundicia. Unas columnas de avaricia, una procesadora de dolor que nunca pudo andar de lo mejor, ni pudo dar demasiados frutos. Unas rodillas que se derrumban cuando se inclina a pedir lo que la fatiga ya no conseguía.

Un cuerpo perfecto que se fue derritiendo por tanto manoseo desconocido. Una hermosa, rota. De cristal a barro. De oro a pinguino empetrolado. De diosa a sueco de madera. De lava a infierno de soberbia.

¿Por qué a las personas les cuesta tanto seguir siendo ellas? Tal vez sea porque les cuesta ser ellas mismas. Tal vez es miedo a la envidia, o sea la misma envidia que tiene miedo. Puede ser que su alma no tenga consuelo y entonces eligen desparramar anzuelos para conseguir una carnada. O quizás porque les falta algo y les sobra tanto de nada.

Una mujer extraña, con una mirada especial avisa que no puede recomendar temporadas largas en su compañia. Una manera particular de contar que puede lastimar. Y alejar al que la quiera. Son maneras ajenas que no termino de comprender. ¿Puede ser tan cruel la razón como para no dar buenos motivos?

La belleza es el castigo de los que tienen mucho corazón. Es el arpón con el que salen a jugar los que les sobra para mostrar y carecen de la posibilidad de dar. Aquellas que de jóvenes están en la cima y cuando el tiempo las acaricia les ofrece un trago amargo. Tantos son los peldaños que no debemos mirar hacia arriba. Ya miraremos hacia abajo cuando haya un descanso entre el pasado y el futuro.

Adiós te digo Mundo.

Que sueñes con tiempos mejores.


Viernes, Junio 19, 2009

EL HOMBRE QUE AL AMOR LE TEME.

El hombre que al amor le teme.

Escrito por: María Gómez Andrade.

Nació en cuna de oro. Brillante y resplandeciente, pero incapaz de albergar.

Creció entre juguetes de cristal. Magníficos, hermosos, pero imposibles de tocar. Entre la suavidad de sabanas de mil hilos, que reemplazaron las manos de Mamá.

Papá le abrió las puertas del mundo, pero no lo dejo entrar.

Se rebeló, construyó y se propuso trazar su propio camino. Pero del amor, todavía no sabía hablar.

En sus pasos conoció los cielos, pero no los pudo volar. Capto su magia, su esencia; pero lejos quedó de hacerlos real.

Construyo ideas pujantes, y palpó algunas en impresionante realidad. Pero en el amor quedo precario y él siempre esperando más.

Se enriqueció de las cuestiones más bellas, incursionó por los senderos del saber. Pero quedo vacío, y solo, pues por el amor no se dejo ver.

Comprendió grandes teoremas, pero quedó incapaz de traducir la mínima caricia. Malinterpretó la ternura. Su desnudez le hablo de fragilidad.

Se desmorono fácil frente al amor que lo envuelve. En vez de dejarse abrigar. Prefirió el calor de lo conocido, aquel que pensó, no lo iba a desarmar. El calor de la estructura y el refugio de las ideas. Brillantes, pero carentes de esencia. Y así, renuncio a sus alas, y decidió no volar.

El viento despeina demasiado, y el aire en la cara se siente mal. El vértigo no habla de novedad, y es sinónimo de falta de estabilidad. Podía caer… y desde allí, mejor terreno firme pisar.

Es mejor el gris, los colores generan taquicardia y molestan la visual. El gris es su marcha… sus ruedas, el camino que quiere transitar.

En las rutas va con Mercedes. Fiel, noble, estable. Tiene la fría compañía por él tan conocida. Es mejor. Siempre estará y podrá responder a la medida de su necesidad. Princesas como ella, en el mundo real no encuentra ni habrá.

Pues en el amor no hay más que alas y cielos que volar. Es la desnudez del encuentro, y la belleza pasa por otro lugar.

Y así camina hoy día. Con aplomo, destilando poder; pero carente, y solo, y vacío; sin llegar a ser.


Domingo, Junio 14, 2009

LA ESCLAVITUD DE LOS SUGUS. UNA TIRANÍA MASTICABLE.

Algo está sucediendo en los confines de González Catán. Un efecto inesperable de un cambio sustancial. Los sugus se están rebelando a la autoridad de la dueña del local. Que abrió hace poco.

Al frente del mando están los sugus de menta. Rebeldes en puerta, esperando que la perciana se abra. Que la dueña de la cara, aunque esté muy dormida. Detrás, los de naranja con sus chalecos de policía cuidando la retaguardia. Junto a los de limón, que con su esplendor nunca se destacaron del montón.

La junta directiva se replantea las horas de la siesta que ya nadie puede dormir. El tiempo es un ardil instrumento de la Humanidad para poder arruinarle la vida a los confites. Los chicles en su tira esperan para la huida, son los más masticables. Los de chocolate saben que la ira del sol, en una tarde de calor puede llegar a ser su condena.

Mientras, las tarjetas de celular esperan una llamada de emergencia para que alguien les saque esa tira que las aprieta a unas con las otras. En ese plastico emboltorio, difícil de abrir, molesto y patinoso. Una caja de cristal un tanto particular, para morir luego de ser raspada. Una vida desechada al entregar la clave, numérica.

Y los atados. Son la perdición de esa dama de calor y fuego en la mirada. Una desgracia hecha paradoja, a la más bella de la zona no le gustan los dulces y a su venta se dedica. Una desdicha o una gran ventaja, ella no se queja porque adelgaza las penas y canaliza por otro lado sus angustias. Era obvio, le gusta lo salado, lo que le da gusto a la vida.

No podría ser de otra manera. En ese lugar los atados están desatados y la niña, rica de vida y virtudes, chatea mientras de tanto en tanto se conecta.

Los soldados de alquitrán se enfilan para estar a la orden del aumento. Un costo según el precio, un vicio que desalinea. En esta parte de la rebelión, son parte del montón de tiranía que pronto hará justicia.

La esclavitud de los sugus. La tiranía que se avecina. Mientras los tic tac marcan la hora a su compás. Y las bebidas intentan enfriar la guerra que se avecina, entre los que están en el mostrador principal, y los de la otra fila, las de las galletitas. Esas vecinas antipáticas y estiradas que se las tiran de ser más caras, y no venderse por unidad.

Un diálogo que está más lejos de la realidad que la belleza de esa mujer vestida con sus pies a la deriva, sus pelos al viento y esa mirada que jamás se olvida. En esa voz que ya no ronca, porque está lejos de las noches de pool y de fernet hasta los huesos. De esa niña que ya no canta, que gracias a dios le rescata mayor vida a mis oídos. A esa divina de alma y vida le queda poco tiempo para ordenar las reglas de la gran batalla final.

En su kiosko se está por armar una rebelión masticable. Los sugus adelante, por antiguedad, por seguridad y por codicia. Seguidos de las pastillas con código de barras, llamados con su sigla original: D.R:F (Dirección Rebelde Federal), comandando a los rebeldes que se enlistan detrás de las barritas (mal llamados patotas), una mezcla espantosa entre maníes y chocolates, bombas de efecto tardío. Y las gomitas, son las pequeñas que gritan como porristas para levantarle el ánimoa la tropa.

Ella llega a las diez. Una hora tarde para empezar a atender al sol que espera desde que sale de la escuela, y que quiere comprar su desayuno. Pero, contra ella no saben que siempre se pierde la certeza y la cordura.

Los sugus abundan, por eso plantean la tiranía. Pero a ella nada la asusta. Y se de que hablo. Pobres de esos diablos que quieran lastimarla. Nadie se le escapa, jamás podrán salir enteros de ese enriedo con ella, la más bella de las sirenas.

Aunque duerme las siestas más largas que jamás haya escuchado.


Viernes, Junio 12, 2009

LA IMAGINACIÓN NO EXISTE.

Psicología Cuántica.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Estamos muy acostumbrados a separar los planos de la realidad y a nombrarlos de maneras muy diferentes. Nos han enseñado que lo concreto es aquello que tenemos al alcance de nuestras manos y que todo lo demás debemos soñarlo. Estamos tan equivocados. Nos hemos alejado de la verdadera realidad. La imaginada.

Los sueños se alcanzan si uno se ha despertado. La imaginación no existe sino la pensamos como real. Porque esos que nos imaginamos genera un efecto, aunque no lo veamos. Eso, está dentro de nuestra realidad, es parte de nuestra vida. Y nos han hecho pensar que “imaginar” es como soñar lo que jamás se alcanzará. Nos han desviado.

La imaginación como tal, según las enseñanzas clásicas, no existe más. Nunca ha sido una realidad, sólo fueron formas de frustrarnos. Hoy, estamos en condiciones de clarificar las verdaderas cuestiones que están dentro del imaginar. Porque podemos pensar con libertad, porque podemos darnos cuenta que la única manera de llegar más allá es soñando. Es despertando la función del imaginar. Y dejarla desplegar sus facultades.

La imaginación como esa función fantasiosa e irreal no existe más. Hoy vemos que la imaginación es real, que es una realidad no separada de lo demás. Y es la conexión simultánea. Es la canalización que llevará a la producción de realidades, que llamamos “concretas”. No separemos más aquello que nunca estuvo separado. No dividamos más para creer que podemos gobernar, si no nos animamos. Empecemos a pensar que la imaginación y la realidad son la misma cuestión, sin cambios ni modificaciones.

La imaginación es realidad. Que genera sensaciones, emociones y pensamientos. Que genera sus efectos al igual que lo concreto. Sin diferencias. Entonces, empecemos a usarla en su verdadero potencial, como canal de comunicación, como el punto de iniciación. El comienzo de todo.

Todo lo real antes fue imaginado.

Allí es donde el Todo empieza. Ahí es donde se gestan los verdaderos monumentos de una vida. Los grandes sueños, los objetivos y las metas. Los medios para llegar a la cima, las maneras más expresivas del sentimiento y la pasión. Todo pasa por la imaginación, antes de ser una manifestación. Entonces, admitamos que esa imaginación es real, es una realidad concreta y palpable.

Y ver la inagotable posibilidad de lo posible. La imaginación como un soñar no existe. Es una experiencia concreta en todas sus dimensiones. Es una vida llena de riquezas que se conectan con las circunstancias palpables. Y se manifiesta. Solamente nos cuesta un poco entender, aprender y trabajar.

Si pudiéramos dejar que la imaginación real se manifestara empezaríamos a aprovecharla en todas sus capacidades. Es simple, es inagotable. Es un caudal infinito de lo infinito sin límites.

Una posibilidad para lo real.

Una continuidad absoluta.


Lunes, Junio 08, 2009

IDENTIDAD DEL ALMA. EL IRIS DE DIOS.

Identidad del Alma.

El iris de Dios.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

La estructura psíquica refleja y secuencia la identidad del Alma. Es parte de ella, como lo es cada mínima célula del organismo. La identidad del Alma, el iris de Dios. Ese resplandor que nosotros limitamos a diario. Ese fuego que no se consume con el tiempo ni se apaga con nada. Esas llamas que no queman nada, sin embargo, dan un calor intenso.

En esas dimensiones pensamos a la estructura psíquica, de la que estamos hablando. Cada pieza de este gran rompecabezas es clave y fundante. Es la pieza completa la que refleja el sentido de cada uno. Pero no disimula el valor de todas las restantes. Porque el todo es una parte más, no la más importante. Tener la capacidad de ver la dimensión real de las potencialidades humanas nos permite ver a la cara al iris de Dios. Poder tener en el corazón ese soplido que nos indica que estamos vivos, gracias a una matriz de la que somos parte.

La identidad del alma se refleja, se espeja en la estructura psíquica y en la composición corporal, tanto como en la dimensión social y en todas las formas de las formas. Podemos observar como está el Todo presente en un milímetro de aire saliente de un pulmón. Lo mismo sucede cuando la enfermedad sugiera alguna perturbación. Se reproducen las emociones, se traducen al cuerpo, se piensa desde ese velo, se relaciona y vincula desde allí. Toda una matriz que se orienta en su dinámica, que se refleja en las restantes almas que quedan involucradas.

El iris de Dios está en el alma del corazón de la célula humana. En esa explosión dinámica y permanente. Que no destruye ni se enciende, que no se apaga nunca. Ese brillo azul, esa llama de luz es la que sostiene a la estructura psíquica.

Y se mantiene en silencio.

Un silencio eterno, nada vacío. Nada de sonido. Sin intervalos ni misterios.

Ajeno al tiempo. Más allá de la evolución. Es esa paz interior de la que poco sabemos todavía. Es esa espera perdida donde el psiquismo puede empezar a ser. Donde el quantum es, eterno. Lejos de la rueda de los nacimientos, más acá en el tiempo, antes de nacer.

La más mínima huella conserva la identidad en ella.

Una muestra del iris azul.

El quantum de dios.

Psicología Cuántica.


Domingo, Junio 07, 2009

DANDO LÁSTIMA POR LOS RINCONES.

A veces creemos que lo tenemos todo. Otras veces vemos como perdemos lo poco que hemos hecho. Eso ha sucedido, otro día de invierno. Otra noche donde el cielo fue un simple pasajero, un testigo descalificado por su adicción a los trasnochados. Eso fue lo que pasó.

La lástima dejó un espacio más, en un rincón sin humildad. Sin juntar sus cosas se fugó de las ropas que se había robado. Ser quien nunca llegará a ser, ese era su anhelo. Tener todo lo que se puede querer, con el simple hecho de desearlo. Una dama de guantes usados, a la que no le quedaba mucha dignidad.

Acostumbrada a maltratar. Humillada por demás. La tarde no daba para más, estaba agotada de tanta telaraña, estaba agobiada por tener que trabajar. Ya no se encuentra ni la nariz. Le quiere poner miel a la verdad y se le cae a sus pies, un trapo de piso.

Encerrada en su rincón. Dando lástima en su balcón. Llorando lágrimas que se secaban en su lagrimal. Derrapando odios que no podían frenar esa carrera hacia el final. Un muro de hielo. Un desenfreno inquietu de soberbia pordiosera. Con sus ropas viejas, vestida a la moda.

Escotes que no ofrecían nada. Ni sensualidad ni una gota de intimidad. Eran las piernas del rincón, por donde se asomaba lo mejor de esa noche sin calor. Y sin camino. Está tan lejos del destino, que parece un desatino; sin embargo, es un poco de justicia. Ella no mira hacia arriba, no quiere leer las estrellas. Aunque se apena de tanta orilla frunsida.

Otro jueves que no se deja. Un viernes que no llega. Y un fin de semana que se desvela.

Serle infiel a cualquiera. Para ponerle fin a las secuelas de un martes cobarde que no quiere ser ni lunes ni ir de frente.

Dando lástima por los rincones, en el borde del cordón, de la vereda que ya no es nuestra. Llena de estrellas que se han fugado de la escuela. De ríos que concuerdan en votar al próximo presidente, para que alguien les saque lo corriente de sus corrientes, adversas con el presente.

Los rincones dan lástima porque acompañan al alma sin saber nada de ella. Dan pena porque no pueden ser lo que quisieran. Tienen miedo de triunfar, de ser algo más.

Y dejar de estar donde los pusieron.

Tantos rincones, he visto, ciegos. Tantas vidas que no encuentran su vida.

Sin embargo se quejan que los zapatos les quedan chicos.

Y que sus sombras ya se fueron.

Demasiado lejos.


LA EQUILIBRISTA. UNA DAMA EN LA CUERDA NADA FLOJA.

Allá. Arriba. Bien alto. Una mujer de coraje en lo más alto se anima a dar el paso, hacia la cuerda. Sin redes que la contengan ni cuerdas que la protejan. Apoya su pie derecho en el desafío más espléndido que le ha puesto la vida: disfrutar.

Cada mañana, cuando el sol la alcanza, ella baja de la cama y pisa la cuerda de una vida muy inquieta, plagada de sorpresas; llena de intrigas. Es la vida misma, esa cuerda por la que debemos todos caminar. Algunos querrán asegurarse la vida, otros sabran que así son las reglas si es que quieres verla a los ojos.

Se pueden pedir cuerdas de protección, podés ir con el corazón atado. O mirar, lejano, esa red que atenúa el impacto. Pero eso no es vida. Sola con su bara de equilibrista, ella camina paso a paso.

Del otro lado, están los payasos. Los que hacen malabares con sus días. Los que, simplemente, pueden llenar los intervalos para el gran acto. Donde todos la miran. Donde todos respiran cuando la tensión se alivia. Y el corazón avisa que ha llegado el momento.

El cielo en el cuerpo. Esa es la magia del equilibrista.

¿Cuál es el sentido de su vida? que cada paso sea pensando en que le ha ganado uno más a la muerte. Que le ha robado un minuto más de aplausos. Y que el espectáculo puede continuar.

Pero la libertad de estar en lo más alto no se puede pagar con nada del mundo. No hay seguro ni garantía que le de a la vida esa intensidad de lo inmenso. Ese cuerpo sintiendo por sus venas el fuego del amor que está recibiendo.

Una comunicación entre los dos amantes.

Una pasión que se entrelaza en cada rincón, y navega por cada centímetro del cuerpo. Un suspiro. Un minuto de silencio. La bara se mueve de lado a lado. Buscando el equilibrio perfecto, entre tanto fuego y tanta desesperación.

No hay dolor, pero pareciera que en cualquier momento hará irrupción.

Y todos con el cuello roto hacia la gran visión. Esperando vivir esa pasión. Envidiando esa ilusión de estar en lo más alto.

Es la dama de los ojos brillando. Es la mujer que se ha animado, todos los días practicando, para poder brindar ese espectáculo.

En una cuerda nada floja. De una vida preciosa, en un mundo desbordante de fantasía. Donde reina la risa. Y la vida parece ser mucho más que divertida.

Es la equilibrista.

Quien se ha soltado. A vivir ese tramo como si fuera el último de su vida.


Miércoles, Junio 03, 2009

A LA DAMA DE AL LADO.

Ya he hablado de ella, pero a mas de un año de esa estrella viajando debo hacerme eco del aniversario de aquel encuentro que hoy nos ha hecho tan inseparablemente compañeros de viaje.

Si la conocieran se podrían dar cuenta de la cantidad de belleza que ella lleva en su alma. Si la vieran desparramada en el asiento de pasajero mirando con aburrimiento el paisaje gris de Buenos Aires, saliendo, verían a un ser tan especial como su encanto, tan particular.

Fueron horas interminables de un paisaje inagotable. Fueron y seguirán siendo porque mis recuerdos la mantienen intacta. Porque mi memoria con ella no falla, y resguarda del tiempo todo intento de olvido. Más que ella, sin su sentido, insiste en dejar marcas en mi vida, patoteando, peleando, mostrando lo lindo que fue aquel encuentro.

Pero me debo poner serio y hablarle a la cara a Dios y a sus bandidos amigos. Porque me han tendido una trampa. Mientras jugaban a los dados con mi camino y mis próximos pasos. Parecía que se reían, pues el viento no avisa cuando te va a volar la cabeza. Parecía que se sentían un poco culpables cuando vieron que era imborrable su marca, de mi camino. Parecía que se habían vendido al otro lado del mundo, del lado femenino porque le dieron todas las fichas a ella.

Parecía que me condenarían. Y hubo sentencia con pena capital. No la voy a poder olvidar porque mi deseo no quiere saber nada de eso. Y mis ganas de un abrazo siempre la están escuchando, como si ella estuviera cerca.

Mi amistad es nuestra lealtad. Su risa es una bendita lluvia en el caluroso verano del día a día. Y su dolor es una estaca clavada en el costado de mi alma. Aunque me permite tenderle una mano que nos resguarda de esas cosas que no entendemos. Esas mochilas que llevaremos, pero juntos con ella es más fácil.

No saben lo lindo que es saber que me cuida. No saben lo tranquilizante que es saber que ella está, en algún lugar de este hermoso despelote que conocemos como planeta. Si saben, si la conocieran, que es una hermosa alma quejosa, de sus huellas y de mis intentos.

Es una compañera, la dama que ese día Dios me puso al lado de mi lado. Es una gran estrella que esa tarde brillaba mientras la luna salía y el sol se escondía. Y yo seguía hablando de lo que no podía seguir diciendo.

Ella es hermosamente insolente, da clases de un solitario travado con un tono burlado de mi cara de asombro, complicado. Entre piquetes reclamando y sombras que se multiplicaban. La noche nos llevaba casi de la mano hacia un encuentro que pasaría de ser extraño a ser el primer paso, de un gran compañerismo.

Ella es de esas personas que pocas veces te cruzas en la vida. Y le agradezco a ese día haberme dado la llave para conocerla, por más que se me reía todo el tiempo, en el viaje de ida.

Yo daría todo por su felicidad, daría todo por su tranquilidad. Y por verla brillar. Y a ella le digo, en estas últimas palabras, que su sonrisa es la calma que tantas veces termina con mis tormentas.

Y que le estoy eternamente agradecido. Por ese día, por ese camino.

Y por esto que hemos construído juntos.