Viernes, Julio 31, 2009

LA REVOLUCIÓN... SIEMPRE LLEGA.

La revolución avanza. Te llena el alma de tremendas oleadas. De pura aventura. La revolución sale de las penumbras para hacer escuchar. Ella sabe donde dar su estocada principal, la final que da comienzo a todo. Ella sabe que se anticipa a todo. Llega primera para no irse nunca más de la historia.

Ella tropieza con las grandes barreras. Demuele todo a su manera. Derrumba todas las estructuras. Ella sabe que alumbra con un nuevo horizonte, las ruinas de los confortes, de aquellas viejas comodidades. Ella sabe que sale adelante, más allá de las dudas e incertidumbres.

Ella puede con tus costumbres, con tus viejos hábitos maltrechos. La revolución no tiene consuelo, simplemente te dejas llevar por la corriente. Es inminente. Siempre. Es un acto presente. Una renovación y algo más. Siempre deja atrás, siempre se abre hacia adelante. Si no estás de su parte, pobre de vos, que poca vida te queda.

Nadie se resiste a ella. Ahora me ha tocado a mí. Ella sabe divertir, renovar y alumbrar. Ella puede y será, la reina de los nuevos tiempos. Ella sabe que la entiendo, aunque me siga abriendo la cabeza. Ella sabe que es la certeza de la nueva generación. Ella es el motor, el camino y el destino.

Una revolución que ha venido, para cortarle la cabeza al pasado. Para desparramar su nuevo reinado en un mundo ahora distinto. Ella ha jerarquizado los valores que se habían desteñido. Ella le ha sacado brillo ala luz divina, porque ella es la íntima y natural belleza. La revolución es eterna, entera y forjada. Con el mejor metal en sus espadas, con la armadura más intrépida, ella está plagada de certezas que apuñalan a la hipocresía. Ella resguarda a su vida con ese inmenso corazón. Ella deja atrás al dolor cuando encuentra una razón que la anima.

Ella es la envidia de muchas pobrezas perdidas. Esta revolución se anima a conquistar el corazón porque se ha dejado enamorar. Porque se vuelve a jugar con ese coraje tan admirado. Orgullo, pasión y encanto. A esta revolución le sobran cualidades, fuerza y entereza.

Ella es mi revolución. No ha dejado nada como antes.

Gracias desde esta parte, por haberme elegido. La revolución tiene nombre y apellido.

Y un enorme corazón que me parte.


Sábado, Julio 25, 2009

LA VIDA TE DA...

Siempre soñe. Siempre albergue en mi vida los sueños de esas caricias. Los besos que ella me daría. Los cielos que con ella volaría. Pero eran sueños. Las obras maestras de mi imaginaria impaciencia que revoloteaba en los confines de la ensoñación, agitando lo mejor de sus pinceladas. Yo siempre la soñaba, pero no sabía.

De tantas cosas que escuchaba, la vida parecía una tarde gris oscuro. De tantas manzanas podridas, el día parecía un eclipse de eternidad. Y el sol un cobarde que se escondía. A tantas palabras malditas yo me rebelaba. No quería caer en sus garras. No me permitía entregar mi alma, a esas oscuras que engañan con un mundo opaco.

Hasta que el día había llegado. Y la vida vendría en las manos de esas caricias. Hasta este hermoso día en que sus palabras llegaron a mis orillas, para no volver jamás al océano. En ese día, vi lo que es capaz la vida. En la mirada de esa vida encontré las llaves que no sabía, que tenía. En ella disfruté lo que es la entrega, el coraje y la valentía.

Dicen que siembras y cosecharás. Yo no sabía que en mi vida crecería el paraíso en las manos de esa inmensa mujer tan reina, tan sentida. Una mujer intensa, una mujer que podía. En ella encontré más de lo que había en mis semillas. Ella es la tierra fertil, la lluvia y el sol que ilumina. Ella es esas ganas de crecer, ese amor a la vida. Es la razón que mi vida admira.

Ella es la contemplación, no sólo lo contemplado.

La vida te da. Y no te quita.

Enredado entre sus brazos, sintiendo la piel en mis labios, siento toda una vida. Ya no soy el de antaño, ella me ha cambiado la esencia. Y me ha matado mil y una vez entre risas y alegrías. Nos hemos tentado tanto, que ya nuestras miradas desbordan de sonrisas.

Ahora entiendo a la envidia, lo que le pasa cuando la admira. Puedo entender la codicia de quienes hayan pretendido encerrarla en sus guaridas. Pero yo no podría, porque el vuelo de sus alas es mi alegría. Porque su libertad es la plenitud de mis días. Porque verla en su identidad es la razón fundamental de la nueva historia.

No voy a dejar que nadie arruine su vuelo. La voy a cuidar sin cansancios y sin frenos. La quiero ver volar, es la pieza clave de mi sueño. No hay manera de enjaular, no tiene sentido limitar la pasión de sus cielos. Es poderla admirar, es acompañarla en el vuelo. Es enlazarse en la velocidad y poder cerrar los ojos a su viento.

Ella es. Y me alegra plenamente.

La vida te da miles de oportunidades. Pero una sola será.

A mi me da esta posibilidad, de escucharla hablar con su obra más maravillosa. Una pequeña que es su lealtad, su compañera, su vida. Porque la Vida dió vida y ahora están creciendo. Mientras una arma, la otra aclama una torre de flores. Mientras ella habla, aquella se imagina. Ambas son amigas, una dupla inseparable. Un torrente de singulares momentos e instantes; y yo soy un testigo privilegiado.

Ellas son madre e hija. Y una amiga que anda por allí revoloteando. Que si es su amiga debe ser otra maravilla que se ha creado. Por la manera en que se han cuidado, por el amor que se ve tantas veces reflejado, me alegro tanto de ser parte de su mundo.

La vida me ha dado. Y a ella le estoy siempre agradecido.


Domingo, Julio 19, 2009

EL HOMBRE QUE CAMINA ERRANTE.

Escrito por María Gómez Andrade.

Es el hombre que quiere parecer suficiente pero que es tierno e inocente.

Que está presente pero ausente. Que quiere, pero no puede. Que transita los cielos pero se apega a lo terrestre.

Que cruza océanos y atraviesa mareas, pero que no levanta el ancla de su pasado ni de sus penas. Que tiene alas, pero las ata. Que ve la luz pero la apaga.

Que parece espinoso pero está herido. Y que una vez cruce en mi recorrido.

Estaba errante y estaba perdido. Por momentos, detenido. Despertó mi curiosidad y me representó un desafío: llegar a su centro que parecía –aun- estar algo despierto.

No fue fácil, pero fue divertido. Por momentos un arduo camino -quizá sin sentido-.

Él es como un gran laberinto que solo suelta promesas de olvido.

Es como una gran muralla, que invita a ser rodeada y respetada. Pero que –de vez en cuando- deja algún hueco para ser atravesada.

Y yo quise ser como la flecha de Cupido. Atravesar su coraza y llegar a su alma.

Tocarle el corazón y pintarle la mirada de esperanza. Retrucar su miopía y volver sus sentidos al cielo que tan lejos de sí pensaba que estaba.

Curarle las heridas y llenarle las manos de estrellas ganadas. Desenterrar su pasión y sacar de las bauleras sus ganas olvidadas.

Hacerle saber que no todo está perdido. Que en la ruleta de la vida, los plenos pueden ser conseguidos. Despertarlo a la vida e invitarlo a bailar al compás de sus propios latidos.

Siempre me dijo que no; pero algunas veces me lo permitió haciéndose el distraído.

El tiempo se cumplió y el partió. Fiel a su errante camino. La despedida fue tibia pero ardiente es el interrogante sobre mi marca que oscila entre lo eterno y el olvido.


Domingo, Julio 12, 2009

LA DECEPCIÓN. PALABRAS VIEJAS, AVEGENTADAS.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Un tema recurrente en una vida ilusionada. Una mancha que se siente cuando las ganas recuperan la esperanza de una vida diferente. Y se asoma el frío otra vez sentido en la boca del estómago. La decepción se viste con la última moda de un shopping, gastando los ahorros de un bolsillo que no es el propio. Un sueldo jamás trabajado. Un engaño que la ilusión no ha sorteado. Y cantó bingo.

La decepción es el fracaso de la ilusión. Donde todo parecía, nada sería. Donde todo estaba por nacer, nada llegó a crecer. Solamente la desdicha. Esperar tanto de esa niña para que no sucediera nada. Apostarle tanto en esa carrera para que se quedara trabada en la salida. Jugarle todo a la quiniela, ella nunca buscó los resultados.

Ver a una mujer sonriente es la ilusión del pretendiente. Verla traicionar es la desilusión, una marcha atrás. La caída del gran vuelo. Estropeada contra el suelo, una mancha que empieza a llorar. La ilusión no pudo más. Ella se vendió por más comodidad. Ella quiso regatear y que otro hiciera el trabajo. Ella vino a jugar, y sólo se divirtió un rato. No pudo ser más que un pasajero fracaso.

La decepción es el gran engaño de los mentirosos arruinados por la desdicha de su alma vacía. De los vagabundos de saco roto y bolsillos agujereados, que manchan de mentiras la ilusión que nunca los había mirado. Envidian en los demás. Quieren lo que les falta. Son esa semilla que no se planta. Y muere seca en el asfalto.

Ellos son los que no sueñan. Y roban esperanzas al precio que sea. Llorando piden ayuda. Blasfemias de una amargura que los acompaña en la almohada. Piden lo que les falta y ofrecen lo que les sobra. Tantos puñales por la espalda, que traicionan a la vuelta de la esquina.

Son soberbios, más que cualquiera. Se creen dueños y dicen ultrajando autoridades, que lo recibido antes no les alcanza para nada. El trabajo, el esfuerzo y el alma puestos en un saco viejo, con un agujero en el alma.

Una dama que asechaba. Otra dama que rebolotea. Dos versiones ajenas, dos maneras de decepcionar. Una por comodidad, para no tener que hacerse cargo de ninguna responsabilidad, porque la vida para ella es nada más que el servicio de los demás. Nunca devuelve nada. Ni agradece con el alma, porque la tiene congelada. Encerrada en su jaula mental.

La otra, el arma letal de la decepción con minifalda. La ilusión la miraba jugar, con sus lentes pequeños y un joistic hambriento de ganar. Ella refunfuneaba por no poder matar al monstruo que le robaba las vidas, mientras era mirada con la envidia de un alma que no le podía robar un beso. Para terminar huyendo en un taxi de pleno invierno.

La ilusión no fracasa desde el corazón, sólo acumula cicatrices. Las envidias corren como perdices, delante del cazador. La decepción es esperar más donde la razón no puede fundamentar la espera.

No dan lo que uno espera.

Sólo pueden decepcionar, porque siempre tropiezan con la misma piedra.

Ya es tiempo de sábanas nuevas. Ya es hora de cambiar. La ilusión no viaja en una caja de cristal. Puede soportar las peores lluvias y los más largos inviernos. Por más que la quieras apuñalar, no podrás dejarla ciega.

Siempre mira a los ojos y con su sinceridad, te puede regalar una nueva oportunidad.

Sólo si dejas de mirarte el ombligo.


EMOJA. Y ES PARA CUALQUIERA.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Enoja, darle tanto al tiempo y que se lleve las hojas a cualquier esquina. Enoja que la envidia sea la razón del puñal y la muerte del corazón. Por haberle dado, tal vez de más, pero con el alma entre las manos.

Enoja que sea tan abaro el destino con el resto. Porque siempre le da más cuello al corto de vida. Enoja que la ida sea tan incípida cuando tiene que volver, y cumplir con sus promesas. Que sea tan desabrida para dar y tan abundante para pedir. Que nunca sea sutil con su indiferencia y logre que uno ponga la otra mejilla.

Lamento que ya no sea divertido, el juego donde siempre pierde el mismo. Pero no soy parte de un montón. Las ganas no se merecen el desprecio. Angeles caídos del cielo. Zapatos viejos de tanto caminar en el barro.

Entiendo de donde nace tanta codicia, entiendo de donde vinieron estos pasos. Tanto dolor que no ha sangrado, tanto vivido en tan poco tiempo. Pero tus secretos ya no están bien guardados. Y has llegado tan lejos, porque los vientos te han favorecido, pero en algún momento se irán alejando. La lluvia cae del cielo.

No quieras volar muy alto, no te dan las alas. Tu espíritu angelical se arrastra por el fango. De chiquita ya no tenés nada. Y tus enojos son gigantes de mármol con espadas en las manos y la mirada del cíclope.

Enoja que hayas llorado tanto y tantas lágrimas fueran mentiras. Enoja que me hayas comprado el alma con tu sufrimiento de lata y un dolor descarado. No te hagas cargo, tampoco estoy hablando de tí. No eres la emperatriz que alguna vez mis labios hayan mencionado.

El telón de tu vida sigue bajo. Mientras tus enojos están a los aplausos. Y tus alegrías detrás de escena. Lamento que te lo perdieras, el sol ya no sale para todos.

Enoja. No es para cualquiera.

Lamento que te hayan cantado "falta envido" y sólo tengas un cuatro de copas.

Ya no queda otra que seguir caminando mi vida.

Y saber dejar, en las avenidas, las grandes bolsas de basura.