Martes, Julio 07, 2009

BOTELLAS EN EL MAR. MODALES DE CARTÓN.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Somos una especie tan particular. Llenamos de basura nuestro hogar. Contaminamos todo nuestro patrimonio. Tiramos botellas al mar, bolsas de basura, comida y sus restos como si fuera un basurero. Sin cuidado por lo que es nuestro. Nos han enseñado tanto que parece que no hemos aprendido nada. Pero no es una cuestión nueva, es una amarga cadena a lo largo de las generaciones.

Tanta educación para nada. Tanto esfuerzo para que no valga nada. Tanto se ha hecho para que muchos otros sigan arruinándolo todo. Aún lo más hermoso de este suelo. La obra más perfecta por la Naturaleza creada, queda arruinada por una botella de cartón flotando entre su marea. La evidencia más baja, las conclusiones no alcanzan. Tenemos modales de cartón. Y tan poca valoración que nos estamos ensuciando.

Algunas botellas pueden ser arrojadas al mar para saber si algún día alguien pueda leer el mensaje que en ellas se encuentra. Como náufragos perdidos ya no encontramos el sentido, sólo nos queda esa herramienta de emergencia. Enunciar un pedido de alerta y dejarlo a la deriva, para que algún día alguien pueda responder. Porque hoy somos los que generamos nuestro propio engaño. Los que alimentamos nuestra propia condena. Con miseria. Con las sobras. Con las basuras que tapan la boca y pudren el aire.

Tantas botellas rotas en nuestras costas. Tantas botellas de marca flotando entre las olas dejando un aroma que no corresponde. Pañales usados, bolsas de plástico en el medio de la montaña. En lo más inhóspito de la cima uno no encuentra la salida de esta dejadez humana. Si siguen encontrando las marcas de una falta absoluta de respeto por lo propio y por lo ajeno. Botellas en el mar.

Parece que no tenemos modales. No se si alguna vez los hayamos tenido. Porque no hemos aprendido, o no nos han enseñado bien. Sólo con la frente entre los pies nos hemos permitido empezar a tomar conciencia de que la misma Tierra nos está avisando del espanto que hemos ocasionado. Por juntar tanta basura.

Modales de cartón. Pieles en extinción. Y demasiada basura creciendo. Son montañas y montañas que se amontonan entre las ciudades y sus afueras. No se sabe qué hacer con ellas. Porque no hay tanto espacio disponible. Porque generan una cadena de vicios, enfermedades y roedores. Epidemias a montones, en la parte más débil de la ciudad. El problema original está en la cantidad de basura que producimos. En la inmensa fortuna que gastamos tirando a la basura lo que no usamos. O lo hacemos mal. No sabemos y, parece que no queremos, hacer las cosas de manera limpia.

Sería una alternativa para empezar a ser una especie distinta. Limpia desde los pies. Para poder caminar con libertad. Para poder recorrer las playas y ver el paisaje que la naturaleza nos ofrece, en vez de tener que mirar constantemente al piso, por si hay vidrios. O jeringas. O condones.

En las playas como en sus bordes. En el mar se encuentra de a montones las sobras que esos hombres no saben administrar.

Botellas al mar, pidiendo ayuda.

Modales de cartón sin saber por qué razón hacemos esto.

Es una cuestión simple que llevaría una solución muy compleja.

El problema empezó en la educación y terminará con el planeta.


Domingo, Mayo 24, 2009

MANIPULAR LOS MEDIOS. SE DOMINA EL FIN.

Manipular los medios.

Se domina el fin.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Hay muchas cosas claras que van quedando de este mundo bastante extraño. Una de ellas es que si se manipulan los medios, se domina el fin. Algunos se han despertado muy temprano, a otros nos han madrugado. Porque aquellos llegaron demasiado lejos a costa de varios pellejos, por haber entendido a tiempo que manipular los medios era la mejor manera de dominar los fines, y convencer a los demás compañeros.

Cuando todo esto se hizo enorme, en un planeta bastante complejo, los medios fueron la clave del éxito. La piedra fundamental para poder dominar. Siendo ese el único fin, de toda esta eternidad que estamos viviendo. Y transitando como podemos. Y la verdad es que se trata de una cuestión de lógica, de los pies hasta la cabeza. Por donde lo mires. No entra otra opción. Ver que cada paso es la seguridad de la meta, era una cuenta simple, bastante traviesa. Porque pocos se dieron cuenta que cada centímetro está condicionando al fin. Es decir, que cada paso asegura un pedazo de la finalidad que estamos anhelando. Porque el fin es la unidad de esos pasos dados. Sin ellos, no tenemos nada. Sin que hayamos atravesado, no tenemos destino a donde llegar. Por eso, la novedad dio vueltas al mundo, para llegar al mismo punto.

Un comienzo que es el fin. El principio de los medios, que deberían estar entre medio y están al final, del comienzo. Parece un enredo, pero es bastante simple pensarlo desde adentro. Los medios de comunicación se hicieron los dueños de la información, por lo cual determinan hacia donde nos dirigimos. Punto definido desde el principio, aunque nos enteramos al final. Todo este asunto esta saliendo para atrás porque, nada es casualidad, la lealtad no se encuentra en ninguna parte del tramo que hemos hecho antes. Entonces, nada es confiable. Y quedaron atrapados en la red que enmarañaron, para poder apoderarse. Estamos donde empezamos, pero más cansados por la vuelta que hemos dado.

Y nos damos cuenta que quedamos atrapados, entre una información y la otra. Nos engañan diciendo que vamos a la “pausa”, una secuencia infinita de imágenes predichas y planificadas para no dejarte “nada de pausa”. Y venderte hasta el alma por un segundo de tu mirada, por donde entra el deseo de alguna empresa que te estaba condicionando desde el comienzo de su campaña de publicidad. Una secuencia inmensa que empieza quien sabe dónde y termina en la retina de tu cerebro que intenta un poco de silencio entre cuadro y cuadro.

Dejar de pensar. Ese parece ser el verdadero objetivo. Porque hoy nos llevan hasta el abismo del silencio, proyectando que el silencio se encuentra en la ausencia absoluta de ruido en la cabeza. Y los latidos se silencian, tratando de conseguir un instante de paz, aquella anhelada y programada hace miles de años por algunos maestros que no tenían la tentación de la televisión y vivían en los Himalayas. Por obvias razones.

Nos están vendiendo un cuento. Porque manipulan los medios para llevarte hasta el fin. De tus tiempos. De tus silencios. De tus descansos. Y puedas hacer lo que ellos te están indicando. Que te asustes. Que te escondas. Que corras porque la vida es así, una velocidad que ya nadie aguanta, pero de la cual la amenaza (si te querés bajar) es la caída ingrata fuera del sistema. Una dinámica armada de tal manera que nadie se escapa, o queda excluído del destino que tampoco lo miraría ni para darle una paliza, menos una migaja.

Buscan dominar el fin, creyendo que así nadie podrá pensar con libertad. Aún no entendieron que enjaular a la Humanidad es hacerla más y más humana. Porque se les escapa de las garras de la omnipotencia la soberbia que tampoco los quiere escuchar más. Porque a ellos les falta esa cuota de humildad, de ingenuidad, de vida sentida.

Entonces sólo les queda dominar. Una horrenda palabra que habla de la falta de compañerismo, de la poca sinceridad, de las falencias impunes para aceptar las faltas. Y poder ser de carne y hueso, y no pobres ancianos corrompidos por el olor del habano y las mujeres pagadas.

Porque sin esos medios, no llegarían al fin.

Un cajón igual a los de aquí. Bajo la misma tierra. En manos de los mismos gusanos. Y los mismos abogados repartiendo la herencia. Que pasa de mano en mano.

Mientras los medios nos dejan a dedo, sin poder llevarnos hasta el fin.

Artículo correspondiente al número "Medios de in(comunicación)" de la Revista EX-TIMO. Derechos reservados. prohibida su reproducción parcial o total.


EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS. ERA OBVIO.

El fin justifica los medios.

Era obvio

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Era obvio terminar así. Una frase que todo lo explica. Y demasiado lo simplifica. El fin lo justifica todo, hace rato, aunque ya no sean los fines de antaño. Porque hemos perdido todo, hasta el valor de los fines más remotos. Por el simple escollo de las uñas negras del poder, que todo lo ensucia. Y su olor abunda. La política del bendito infierno, en la tierra de los hombres muertos, que siguen caminando ciegos hasta las puertas de los templos. En los cementerios.

El fin justifica los medios. Y no hay moral ni ética que pueda ir contra ello. Por más que seamos millones los que lo aceptamos, son pocos (yo diría unos cuantos) los que se hacen eco a diario de ese lema, tan propiciado en las últimas épocas. Tan difundido como solapado, Tan extraño. Tan heredado.

Era obvio que los poderosos hicieran esto con los medios. Porque justificaba el fin, tener a todos de las narices. Y manipular la información, para que no puedas pensar en algo más allá. Si todos estamos hundidos en una crisis mundial, evitable y anticipada. Encima nos echan la culpa a nosotros, el pueblo. Porque no pagamos, porque no escuchamos, porque no hacemos caso. Mientras los únicos que se están enriqueciendo, hace muchísimos años, son los dueños de todo esto. Los que se creen que guían cuando en realidad comercializan nuestras vidas. Entre ellos. Vendiendo y vendiendo, minutos de silencio para la libertad, y los bolsillos llenos a la mediocridad.

Son sólo titiriteros hambrientos de poder, carenciados de afecto y empañados de malos tratos. Gordos sedientos de poder aborreciendo la felicidad de lo simple y lo honesto. Porque no pueden conseguir lo nuestro, entonces lo quieren arruinar. Armando crisis que no existían hasta que no les convenían. Por miedo. Todo se reduce a eso. Lamentable, inconmensurable.

Pero ese fin justifica cualquier medio para que no pase aquello, que en sus sueños los atormenta. Son pobres ciegos que no ven el futuro que les cae a los pies. Y los muchos dolores que empiezan en esas decisiones insanas para una Humanidad a la cual le cuesta dar un próximo paso. Ellos, los medios, son los que pudieron cambiar la Historia y sin embargo, cayeron rehenes del mismo verso de siempre. Son los menos, los que creyeron. Son los que siguen insistiendo en no ser parte de la media. Esa parte de la tabla donde nadie se destaca. Y se siguen acumulando. En masa.

Los medios son extraños medios para llegar al fin. Y era obvio que ibamos a existir así a esta altura del siglo. Tiempos que se van oscureciendo, porque aún no hemos conocido lo pleno del rostro de la noche. Una larga noche nos espera, como Humanidad entera, por haber entregado los medios a esos pocos tan ajenos a nosotros.

Siglos de esclavitud se vuelven a editar.

Ya están escritas esas páginas de la Historia bendita, por si nadie aún se había dado cuenta.

No son los siglos de la decadencia. Son los tiempos de la fuerza sobre la inteligencia. Otra vez. Otra vuelta. Que poca experiencia nos queda.

Ya se escuchan las cadenas.

Y el dolor nos saca la lengua, en un claro gesto de burla.

Artículo correspondiente al número "Medios de in(comunicación)". Revista EX-TIMO. Derechos reservados. Prohibida su reproducción parcial o total.


Martes, Marzo 31, 2009

LA FATALIDAD NO EXISTE CUANDO LA NEGLIGENCIA ABUNDA.

La fatalidad no existe cuando la negligencia abunda.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Se habla de fatalidad. Muchas veces se habla del Destino. Se le echa la culpa a Dios, diciendo que mira para otro lado. Que no se entiende por qué su mano no evitó este accidente, donde una familia entera perdió la vida. Donde las criaturas eran muy chiquitas. Y ya no les queda nada de futuro. Un padre descuidado, por el apuro, por la ansiedad de llegar, por la idea fatal de probar la potencia de su auto nuevo, dio un giro inesperado. Era un experto manejando a esa velocidad. Y terminó por terminar con la vida de tantos días. Y los sueños que ahora duermen el sueño eterno.

Fotos enmarcadas, en una caja. Recoger las cosas para guardarlas. Vaciar una casa ya vacía. Barrida por la muerte que se llevó lo mejor de vida que tenía. Ropa acurrucada, sin dueño. Abandonada por el misterio de alguien que no volvió. Un olor que sabe a recuerdos, una sucesión de imágenes que se convierten en puñales. Simplemente duelen hasta lo insoportable. Pensamientos viajeros que murieron en una ruta asfaltada de locura y negligencia. Una película que se repite y nunca termina. Una y otra vez. Con las preguntas al pie de la página.

Si las cosas hubieran sido distintas. Si alguien hubiera escuchado. Si alguien hubiera avisado. Muchas alternativas que se olvidan en el momento apropiado. Oportuno hubiera sido haber imponerse. El que calla otorga, la vida a la muerte. El descuido siempre puede convertirse en un destino. Fatal.

¿Quién los llora? ¿Quién los cuida? Padres sin vida, niños huérfanos. Padres que han sido arrancados, como un brazo que nunca más volverá. Una explicación que no alcanza jamás. ¿Es necesario morir así?

Un accidente es la confluencia casual de muchas variables, en tiempo y espacio. Pero no se puede creer en las casualidades a esta altura de la vida, donde las estadísticas hablan por sí solas. No se puede culpar a la vida dura que nos pueda tocar si nunca les pusimos el cinturón de seguridad a los chicos. Pero somos tan engreídos, que sólo reaccionamos cuando nos han tocado cerca. Con esto no quiero maltratar a las víctimas de estos sucesos, sólo pretendo que no sigamos sumando personas de ese lado. Personas que van reaccionando, o entienden del cuidado, cuando ya han perdido a un ser querido. O han destruido a muchas familias.

Uno se olvida de cuantos sufren por uno. Uno es egoísta al pensar que deja a todos los demás con un sufrimiento irreparable, y no hace nada para evitarlo. Uno es un incapaz si no cuida a los demás, manejando en condiciones normales. Sin ebriedad. Si nos pusiéramos a pensar, nos daríamos cuenta que por cada muerte hay tantos detrás desgarrados. Arruinados, lastimados irreparablemente.

Es imposible cerrar estas heridas cuando las preguntas no tienen respuestas. O sus respuestas son impensables o increíbles. Matar por cruzar un semáforo en rojo o por viajar apurado para llegar a tiempo. Porque venía hablando por el celular, en vez de mirar la cantidad de vidas que tiene por delante. La cantidad de vida que ya no tendrá. Tantos días que ya no vivirán. Tanto por crecer y cambiar. Y elegimos una vez más apurarnos para llegar al final del camino, nuestro destino final.

La fatalidad poco tiene que ver en todo esto. La negligencia es una abundancia que nos aplaca los sentidos y nos exalta la soberbia, creyendo que nunca es nuestra la cuenta regresiva, que está en marcha.

Siempre nos puede tocar a nosotros. En algún momento el dado cae de nuestro lado.

Y lo podemos saber, por lo menos podemos no facilitarlo.

La negligencia se evita no sólo con los cuidados necesarios, sino con el respeto y el valor por la vida.

Por la vida propia y la de los demás.

En eso, somos todos iguales.


¿COMO SE MUERE EN UN PAÍS?. IDENTIDAD NACIONAL.

Como se muere en un país.

Identidad nacional.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Dicen que un país habla por su cultura, por sus mentes y por sus muertes. Nuestro país habla por sus accidentes, sus gobiernos y por su pueblo que hace lo que puede. En esta tierra tan llena de misterios que no encuentran respuestas, está sucediendo algo que debería alertarnos. Sin embargo, seguimos ignorando.

Los accidentes de tránsito son un problema nacional. Una parte de nuestra identidad en el momento en que estamos plagados de un rastro que habla demasiado de nosotros. Vivimos enterrando seres amados en circunstancias que no esperamos. Todos los días, a cada hora en algún lado hay un accidentado, muerto o internado. Ya la sangre está salpicando para todos lados. Y seguimos igual.

Ya es parte de nuestra identidad nacional. Porque nuestros accidentados hablan de lo mal educados que estamos. Ellos explicitan las deficiencias de las leyes de tránsito, del mal humor con el que manejamos. Del poco respeto que nos tenemos llegado el momento de cederle el paso a alguien. Nos atropellamos, nos pisamos, nos chocamos todo el tiempo. Nos estrellamos solos contra los árboles en plena avenida. Cruzamos sin mirar a los costados, como si viviéramos solos en todo el mundo. Narcisistas, atolondrados, soberbios incapacitados. Nos llevamos el mundo por delante y nos estrellamos a cada rato. Somos tan argentinos. Estamos tan nacionalizados.

Es terrible que un país hable a través de sus muertos. Es terrible que estemos en los primeros puestos de esas estadísticas mundiales. Hubiera preferido un país grande, no una lista inmensa. Me habían contado que supimos ser una potencia, ahora somos la muerte en potencia. ¿Es lo único que hemos podido desarrollar?

En este país se vive muy mal. A tal punto hemos llegado que nos estamos muriendo, además de matarnos. Nos estamos atropellando entre nosotros, nos estamos suicidando y nadie lo está advirtiendo. Es claro, que la responsabilidad es compartida. Que nadie nos está administrando. Permisos de conducir otorgados a incapacitados emocionales, a enfermos psiquiátricos sin ningún control (ni siquiera periódico), a adolescentes alcoholizados, con antecedentes, a adictos recurrentes o a personas que simplemente no saben manejar, ni siquiera sus vidas. El Estado les da un arma, en sus manos. Un Estado que, queda claro, no sabe nada de su pueblo. Y no hace nada con ellos.

Como se muere en un país es como se vive en él. Los suicidios están silenciados porque son accidentes de tránsito. Las causas, detrás de las razones, son las cuestiones de las que jamás hablamos. El estrés, las presiones, el impulso y las obligaciones. El apuro, el mal humor, la poca satisfacción, la inmensa ingratitud. El egoísmo, la altanería, la soberbia compartida son componentes de un cóctel siniestro, de un día como el nuestro. Todos los días. La indignación por el padecimiento de gobiernos incapaces, la bronca que se descarga entre las partes, el “divide y reinarás” que hace una mezcla letal con el miedo y la pobreza.

Afinamos los autos, los hacemos cada vez más veloces. Sabemos que no estamos en condiciones, sin embargo, salimos a la ruta igual. Salimos a manejar en las noches, luego de tomar. Sabiendo que no debíamos. Nos hacemos los cancheros para demostrar lo que no somos, ni seremos jamás. Una curva. Un giro y nos convertimos en enemigos chocando unos a otros. Mordemos el polvo, salimos despedidos.

Así hemos vivido, desde que tengo uso de razón.

Este país tiene un corazón. Pero en este momento, está internado en terapia intensiva. Acaba de chocar con una realidad que no pudo sortear.

Y engrosa las estadísticas.

Las causas de muerte, a nivel mundial, una identidad nacional.

Tan nuestra. Tan dura.


Lunes, Marzo 16, 2009

¿LA ESCLAVITUD NO ESTABA ABOLIDA?

¿La esclavitud no estaba abolida?.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Tantos siglos escuchando sobre las conquistas. Tantos libros llenos de sangre e hipocresías. Tantas mentiras escritas contando historias asombrosas de héroes que eran asesinos. Todo lo dicho para encubrir un negocio entre manos. Países negociando con la animalidad usual de quienes saben gravar la tierra con sangre.

Tantos siglos luchando por los derechos reconocidos, aboliendo la esclavitud mientras estaban instalando otra. Tanto tiempo pensando, para terminar siendo clavado por la espalda. Las grandes potencias se manchan siempre de barro las manos. Los poderosos son los escombros de una sociedad mundial que no sabe vivir la libertad. Mucho menos puede educarla. Nos siguen enseñando las mentiras con las que nos van engañando, mientras se aprovechan del tiempo y de la ceguera del tuerto.

La esclavitud era del hombre negro, hoy es también del blanco. La esclavitud no discrimina entre hermanos, los trata a todos por igual. No hay ni poder ni lealtad cuando se trata de pensar sobre sus consecuencias. En sus orígenes había cierta coherencia, inaceptable, pero una manera de pensar. Hoy, en nuestra realidad, la locura se adueño de la sociedad y le brinda siempre argumentos que no encajan con ninguna realidad ni contexto. Simplemente, mantener el negocio y que los demás mueran a la intemperie.

La esclavitud nunca se erradicó de la Humanidad. Sigue los pasos de una sinceridad que nunca pudo ganarle a la hipocresía. Sigue dejando las huellas con sangre, dinero y otras partes. Muy mal olor en las playas. Botellas rotas, sábanas no blancas, baños sucios e intimidades en oferta. La esclavitud es la dueña de la vida del hombre moderno. Le ata al cuello una etiqueta con su precio. Y lo liquida, sin que se haya acercado nadie.

La vida hoy poco vale. La esclavitud así lo justifica. El negocio de la vida abarató los costos y destruyó todo. Vidas vendidas, tráfico de seres humanos, enfermedades y enfermos fabricando armas letales para aniquilar en masa, un negocio que se sostiene en las espaldas de quienes mueren infartados y estresados, una vida que es cumplida según los mandatos de una sociedad que no perdona el error ni la diversidad; que excluye si no se cumple. Todos estamos para atrás. Todos estamos con la espada al cuello y en el otro extremo, la esclavitud empuña.

Hoy, las cadenas son virtuales. Tan reales como las de antes. Con nuevas formas originales, llamadas modernas pero igual de complejas. Llevando su mismo mensaje. De esta vida no se sale. Uno queda encadenado, obedeciendo y respirando si el dueño lo permite. Hoy, del otro lado, no hay nadie. Las formas nuevas del poder permiten atarte a los pies, y doblegar las voluntades.

Ya sea el dinero, las sustancias o las adicciones. La carrera por las pocas almas disponibles. La corrida por una única oportunidad. No se puede salvar nadie de esta jungla. Donde la hambruna abruma y la esclavitud cobra la entrada. No hay salida, nadie se escapa de los parámetros que se han creado.

La esclavitud no fue abolida. Es todo una gran mentira.

Simplemente, cambiaron las cadenas.

Hoy, nos llevan de las narices.


Sábado, Marzo 14, 2009

LA ÚLTIMA MODA EN LA PAREJA. DESCONOCIDOS.

La última moda en la pareja.

Desconocidos.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Una tormenta se acerca. El clima está muy pesado. El cielo se está nublando y el frente de las nubes asusta. Algunos están con el aire acondicionado, intentando armar un clima singular, en el medio de esta abrumadora época. De tanto calor pesado. La pareja se está quebrando, tal vez busca un nuevo modelo. Pero en los últimos años ha entrado en una moda bastante particular. Fumar sustancias que no deberían entrar en esas casas, compartiendo un momento artificial. Dos seres que dejan de estar conectados, y entran de la mano, en un mundo que los hace desconocidos.

Hace años vengo escuchando sobre estos nuevos hábitos. Una mala costumbre que disocia y aleja. En las parejas se empieza a consumir, para no aburrirse ni amargarse. Ya no salen a divertirse, se quedan encerrados en sus pequeños mundos. Cada vez más vagabundos de una relación que no sabe hacia donde ir. Seguir por seguir. Caminando sin rumbo ni derrotas, haciendo pelota un compartir que deja de fluir para hacerse un trabajo arduo.

Hace tiempo los vengo escuchando. Empezó siendo una confesión, para luego ser un comentario. Nadie lo dice de antemano, nadie abre el juego por completo. No son del todo sinceros, saben que afecta a la pareja. Pero en esas noches de queja, quieren potenciar lo que ya no da para más. Intentan alimentar un momento que hace tiempo se muere de inanición. Ahora son parte del montón, son muchísimos más de los que uno creería. No encuentran la salida, fabricaron su propio callejón.

La infidelidad y el temor. Las puertas cerradas con candado. Y la angustia amenazando, exigiendo una explicación. En la esquina, el dolor haciendo de campana, por si la ley se acerca y no los deja entrar en la nebulosa del mundo. Hipocresías certeras, falsedades ingenuas, creen que la pareja vuela, pero va directo al piso. Son dos niños jugando con fuego. Incluyen en el juego una sustancia riesgosa, porque no los salva de nada. Y si los ata de pies y manos. Después de probar ya no es sano seguir intentando el mismo medio.

Son dos seres humanos que se unen a través de una sustancia que les mata el alma de la pareja. Una costumbre que se vuelve ciega. Que insta a repetir su condición. Apela a negar el dolor y que las dificultades no se resuelvan. Casi nadie comparte y las secuelas ya son parte de una vida cotidiana.

La última moda en las parejas. Y no son sólo las nuevas.

La tormenta ya llega. Absorbió toda la vista de mi ventana. Lo gris ya acapara la poca luz del día que nos queda. Un sol que se queja, pero cuya voz ya no llega a este lado del mundo.

En unos pocos segundos las gotas se harán tormenta.

Y a esas parejas les queda la cuenta regresiva.


Viernes, Marzo 13, 2009

EL OBSERVADOR DE LA CONCIENCIA. LA CERTEZA POSIBLE.

El observador de la conciencia.

La certeza posible.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Estamos en un mundo que está más allá de la mente que usamos en lo corriente. No es que este en otro lugar ni lejos ni cerca. Está en otra frecuencia, al mismo tiempo y en el mismo lugar. Es la conciencia que tantos otros han descrito. Pero aquí intentamos describir algunos aspectos de ese plano, que conviven todo el tiempo con nosotros, en nuestro trascender cotidiano.

El observador de la conciencia. Un aspecto de la misma que funciona de otra manera. Como ajena de si misma, pero sigue siendo ella. Una voz que dice las certezas, posibles, como si ya se hubieran dado. Un observador que está “mirando” la realidad todo el tiempo y va “captando” las frecuencias que son necesarias, para ir “aprendiendo”. Todos términos tan relativos, porque el lenguaje nos está quedando chico. No observa la realidad pero tiene esa actitud de ver sin mirar. No capta, porque no hay un emisor ni un receptor, porque nada llega de ningún lado. Y no aprende porque ya sabe todo. Sólo lo desenvuelve.

El observador es el motor. La voz despierta que inquieta. Que sabe cuando es el tiempo de esa certeza. Y la hace vibrar, sentir, notificar. Como si le avisara a la conciencia, como una luz que se enciende. Se despierta. Y conmueve. Esas certezas que todos hemos tenido, de que las cosas iban por tal camino, que tal cosa estaba sucediendo. Tiene un peso específico. Un valor propio y agregado. Una voz de lo extraño, conocida por cada uno. Que habla de lo pasado, del presente o del futuro. De lo que se está observando o de lo totalmente ignorado. Sabe. Con todas las letras.

El observador es el que sabe. Porque está en sintonía con todo. Somos ese observador, aunque a veces lo desestimamos. Porque no es arbitrario, sólo propone las certezas. Después, según cada mente despierta o no, se va eligiendo el camino. Si darle curso y sentido o ignorar el aviso. Si relativizar y que la realidad confirme, o consultarle a otro más experimentado. Todas las alternativas posibles que la mentalidad se anime a adoptar, porque esta información queda a libre elección y criterio. No se impone ni condiciona, no determina ni se adopta. Se sabe y se tiene en cuenta. O se ignora.

Pero la función del observador está igual en todos. Es constante y permanente. Depende de las capacidades del oyente y de la confianza que le tenga. Depende de su apuesta, si se anima o no a despertarse. Y al hacerse cargo o seguir de largo.

El observador sabe de las certezas. Comunica siempre certezas. Sin ingredientes ni agregados. Sin vueltas ni engaños. Certezas evidentes según la decisión que se haya tomado. Es ineludible saberlo. Se impone con una sensación inseparable de la idea. Es una intromisión sin violencia. Como si ya estuviera ahí. Pero no surgió de ahí. Es así. Es una certeza.

El observador no es una voz. Es la conciencia conectada en su esencia con el resto del Universo. Lo propio y ajeno inseparables. La seguridad absolutamente confiable, si la dejamos en libertad y no pretendemos controlarla. Si dejamos que actúe con calma y no interferimos con la insistencia y la ansiedad.

La certeza posible ya está existiendo. Antes de saberlo.

Desde el principio de los tiempos.

Luego, llega el observador.


LAS SOBRAS DE LAS SOBRAS. PACO-NQUISTAR.

Las sobras de las sobras.

Paco-nquistar.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

El tercer mundo. Tan lejos del primero. Tan lejos de todo. Nuestro mundo, no puede ser el deshecho del mundo. No hay derecho a eso. Nuestra tierra es parte de la Tierra, donde habitamos todos. Los del primer mundo, los del segundo y todos los que aquí estamos. Intentan alejarnos, pero no tiene sentido. Lo que ocultaron seguirá estando, más allá de las distancias.

Las sobras se tiran fuera de casa. Las sobras se alejan como basura incierta y restos desechables. Las sobras se incrementan en un mundo que no encuentra una solución más productiva. Una globalización que aniquila, al mismo tiempo que recrea. Una sobras que dejan afuera a miles de millones de seres humanos. Una forma, moderna, de conquistar el planeta por esos pocos millonarios.

Las sobras de las sobras sirven para conquistar. Siempre hay alguien en la base de la pirámide. Siempre la escala tiene un mayor y un menor. El poder es el descontrol, el lado oscuro de la Humanidad. El poder es la razón para no evolucionar. Por eso los grandes negocios de este mundo, son asombrosamente clandestinos e improductivos para el avance de la Humanidad.

El negocio es matar. Y fabricar esas herramientas para que la masacre sea cada vez más sofisticada. Las armas, las drogas, el contrabando, el mercado negro y el tráfico de influencias. La tecnología moderna es la clave para que la ciencia emprenda una nueva campaña de conquista. Las sustancias adictivas.

Una nueva arma silenciosa.

El paco. El vuelto del vuelto, que ni siquiera llega a ser propina. Las migas que quedan de las ratas que dejan sus sobras en el suelo. Los restos que fueron olvidados por el viento y abandonados por las hormigas. El paco es la miseria misma, consumible en una lata encendida.

El paco es la nueva manera que han ingeniado para matar a nuestros hijos. Para eliminar a una franja de la sociedad. Eso se llama “crímenes de guerra”, atentados contra la Humanidad. Por más que no lo admitan jamás, el paco es una nueva arma inventada para eliminar a cierta parte de la generación que no podrá, por delante, producir de la misma manera.

Una conquista nueva. Reducir a la humanidad en su humanidad. Y empezar a generar zombies adolescentes. Niños inminentes que ya son ancianos improductivos. Almas evaporadas en un cuerpo que tenía toda la vitalidad. Una esperanza atrofiada en una lata agujereada.

Las sobras de las sobras viajan al tercer mundo. Esperan en ayuno a una vida que recién se levanta. Nada le alcanza. Ya nada será igual.

No podemos seguir siendo la resaca de la resaca. Ni siquiera podemos avanzar si dejamos aniquilar a las próximas generaciones.

El paco es el resto de la sustancia. Es el resto de las sobras.

Esas gotas que caen de la basura arruinada por días de extremo calor. Esas gotas que largan mal olor. Un aroma nauseabundo.

Así dejamos a nuestro mundo. Así permitimos que nos traten.

El paco es el arma de los cobardes,

La nueva manera de conquistar América.


Sábado, Enero 03, 2009

LAS CLAVES DEL PODER MENTAL. Variables simples.

Las calves de su poder.

Variables simples.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Una mente compleja tiene reglas simples. Esa simplicidad es la que le permite complejizar sus obras, y crear lo que quiera. Una mente conflictiva no puede crear casi nada, sólo se limita a mal gastar su talento en la lucha con el adentro.

Las claves del poder mental, son tan simples como básica es la Naturaleza.

Hacer lo que se deba, es una de las principales reglas. No es que se viva según el “deber ser”, sino que la Naturaleza no puede cambiar el orden de las estaciones porque se le canta ese día. El problema del hombre es que cree que el “deber” es externo a él.

Vivir con placer, cada centímetro de la obra. La Naturaleza se queda absorta cada vez que ve brotar una hoja, de la cantidad de millones que lo hacen por día. El hombre se desespera por llegar a su primer millón de dólares, y no disfruta nada. Porque cuando lo alcanza quiere el segundo. No vivimos cada paso. Siempre miramos el próximo antes de dar el más cercano.

Las cosas son simples, en su complejidad. Ir a lo básico es la metodología de la mente. Lo cual no quiere decir que nada es difícil, sino que todo se reduce a un principio básico: las cosas tienen solución. Sino no estarían acá, y no serían un problema.

A cada cual le corresponde lo propio. Pero todos quieren lo de los demás. Si nadie se metiera en la propiedad ajena, todo sería sumamente sencillo. Ocupate de tu terreno, y dejá que el vecino se ocupe de lo ajeno.

Amar. Una ley fundamental. Hay tanto por decir de las fallas que tenemos con este principio que no me daría el tiempo para escribir lo que debo. Pero sin amor, no hay nada eterno.

Cambiaría el concepto de libertad por el de las ataduras. Pensando en un hombre moderno, la libertad es una plomada demasiado pesada para cargar, o entenderla. En cambio, a este hombre que todo le pesa hay que decirle, para que entienda, que la clave está en soltar las ataduras. Dejar que las cadenas no se encadenen a nada. Y sola la Naturaleza hace lo suyo.

De adentro para afuera. No entendiste nada si tu camino tiene la dirección opuesta.

De arriba para abajo. Jamás de abajo para arriba. Uno con todo lo que es, puede dejar de serlo. Pero si uno no es nada, jamás llegará a ser algo. Porque no cuenta con esa mentalidad, no sabe cómo es ser, porque no es.

Todo tiene un principio. Y todo termina. No es una cuestión caprichosa. Es una regla básica. Porque el cambio necesita desaparecer, para poder aparecer.

La muerte. Debe acontecer, sino no hay nada nuevo. Sino no existe la “posibilidad”. Y desde allí todo el resto.

Todo lo demás, se reduce o relaciona, surge o muere en estas leyes, que se multiplican porque su potencialidad las lleva a generar (desde ellas mismas) las más infinitas posibilidades.


EL DOLOR PSÍQUICO. Del que poco se habla.

El dolor psíquico.

Del que poco se habla.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Se habla mucho del sufrimiento, mucho más de la angustia, como si fueran los dolores del alma. Como si el hombre ya no los soportara. Pero poco se habla del verdadero dolor, de ese pesar insoportable que carcome al alma, la oxida. Del dolor psíquico pocos hablan, porque no tienen mucho para decir. Solo sentir y revisar por dentro, que en el fondo hay un encuentro que no quiere tener.

El dolor es sufrimiento con un agregado más, no se va con la simple descarga. El dolor es intenso y supera las magnitudes del físico. Y no alcanza con un remedio, no hay pastilla que lo alivie. Sólo sentarse y mirar un poco hacia adentro. Ver al alma en su lealtad, verla sufrir y hacer algo. Por uno. El ser humano se está acostumbrando a resolver sólo aquello palpable, lo que está al alcance y se ha olvidado de lo profundo. Parece absurdo, porque es lo que más le duele. Para algunos es el suelo, para otros es la caída. Para quienes tienen envidia, es cuando se les estruja el alma. Para los que viven en llamas, es la violencia que estalla. Para los que lloran, son las lágrimas derramadas por el psiquismo que se desangra. Por dentro. Para otros es la nada, a veces el aburrimiento. Es un grito en silencio que emerge desde allí, abajo. Detrás.

Es una catarata. Es la gota que orada la piedra.

Una pena no resuelta. Es el dolor que va por dentro. Lo que no tiene consuelo, aquello que no se ha perdonado. Ni olvidado. El pasado que se hace presente una vez más. Y nos deja inconcientes, golpeados contra las cuerdas. Caídos y aplastados. Como si tuviéramos un agujero. Ese es el verdadero sentimiento, un orificio con entrada y salida. Que atraviesa como la mentira, toda la pureza del alma. Una bala que no es de salva. Y te deja sin rescate posible.

Saltar al abismo, sin garantías ni seguridades.

El dolor psíquico te parte. Te llena de agujeros la vida.

Es como una eterna agonía que no se pasa. Ni pasará. Se puede acallar, cuando se sumerge en los confines del alma, pero en una mañana se acerca para alimentarse. Del sol de la madrugada, sólo quedará la luna y un par de estrellas. Todo a oscuras, mientras algunos pierden ya la cordura, y mueren afligidos por lo pasado. Que no han perdonado, porque el dolor psíquico siempre requiere de “una cuota de perdón”. Por lo que pasó, por lo que jamás ha sucedido. Por el miedo que se ha sufrido, por la pureza y la inocencia lastimadas, la humildad ultrajada, por tanto odio envenenado. El dolor inflingido no parece humano, esa es la razón que hace al dolor pasar de ser físico a ser el dolor más inhumano posible.

Por eso, no en vano, poco se habla de él.

Porque se sabe hacer mucha maldad con todo esto. Porque se puede perder una vida derramada. Porque se puede ver cómo un alma elige el suicidio, para aliviar su destino de esa carga que ha recibido. Sin pedirlo. Sin poder ni siquiera elegir saltar al abismo.

El dolor psíquico envuelve la mirada de tristeza. Como si llorara desde atrás, como si gritara enmudecida, desde lo lejano. Y no se llegara a escuchar.

E dolor psíquico es emocional. Y se siente en todas partes.


Martes, Diciembre 30, 2008

DOS VINOS. SIN PROMESAS.

Dos vinos.

Sin promesas.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Dos vinos sin prometer. Dos vinos a puro beber. Y dejarse llevar por las palabras que ya no están. Por las mentiras que se despliegan. Por las habladurías que nunca llegan a decir toda la verdad. Sólo cree quien quiere creer, el mismo que sabe que le están mintiendo. Nadie es tan inocente, como nadie es tan sincero. Todos en el fondo creemos lo que nos conviene creer.

Por eso se suele prometer, con dos copas en la mano. Aquello que no está planeado, pero que suena tan encantador. Como lo negado. Juntos podemos sentarnos a tomar dos copas del mejor vino, a tomarnos dos vinos con las mejores copas. A beber nuestros vinos y ser uno en la acción. A beber del sudor, sin que corra una gota de uva.

Las promesas nunca dejan sus huellas. La idea es que nadie se vaya a enamorar. Y que la soledad no se meta en este partido, porque sino canta envido cuando ni siquiera se han repartido las cartas. Las copas en la mesa, sin patas, muestran hasta donde alcanza la mentira.

Después de dos vinos todo es tan raro. Todo es tan distinto. Todo parece claro. Pero nada es tan relativo. Una vez alguien prometió que no se iba a enamorar y en la mitad de la ocasión el vino comenzó a aflorar, y la realidad sentenció su condena. Tu cara era incierta, tu mirada certera y tus brazos alrededor. Tu corazón dijo lo contrario que escucharon mis oídos. Y eso recién empezaba. Eran las 2 de la mañana y la mujer ya empieza a tropezar, otra vez. Ya quiere que las promesas se cumplan.

Nos estamos acostumbrando a vivir de la mano, sin promesas ni certezas. El futuro ya es puro engaño, porque en el pasado ya hay demasiados cadáveres en el placard, como para limpiar las huellas del presente. Nos hemos convertido en seres impacientes, que resucitamos, en vano, con el aire de las promesas. No importa si se cumplen o se las lleva cualquiera, eso ya es otro nivel.

Sólo se quiere prometer para poder saber, y quedarse tranquilos. Porque el arbitrio suele despertar torrentes de ansiedad. Que nada los calma. La mujer vive de promesas, el hombre de prometer. Cuando se invierten los papeles, la gente se revierte y todo es puro fracaso. Dos vinos enjaulados, uno picándose. El otro, divirtiéndose. Mezclados dan vinos perfumados. Separados, una cosecha que se arruina. Y avejentados, una sepa que se ilumina y termina siendo un buen champagne. O un cabernet.

Las promesas generan un sabor amargo. Al dejar esperando, expectante e incierto. Porque es parte del juego, nunca cumplir las promesas. Porque a uno se lo encierra en la espera y la inquietud. Mientras el otro juega con el poder de la vanidad. Intentando buscar la manera de saborear el paladar de un ego, con mayúsculas.

Subirse a un tren fantasma. Asomándose el sol. Empezando un viaje, sin cinturón.

Entre dos. Una promesa juega a ser certeza, con garantías acumuladas.


Domingo, Diciembre 28, 2008

UNA CARICIA QUE NO ACARICIA.

Una caricia que no acaricia.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Inmigrantes del amor. De guantes fríos y mancos del abrazo. Caricias en vano que pasan a una milla de esa piel. Que los sigue esperando, ansiando recorrer los dedos de ese cruel mundo lejano. Deshabitado. Inexplorado.

Hay caricias que no nacieron. Hay amores que se murieron apenas fueron concebidos. Esos errores que ya fueron cometidos en el mismo momento en que uno se ha arrepentido. Una juventud hecha vejez porque es tan cruel que se le ha ido la luz. Y no habían pasado ni siquiera seis meses. No pasaba nada cuando esa mano acariciaba. Como si alguien faltara. Como si alguien ya no estuviera en esa mano seca, de poca vida. De cualquiera.

Las caricias no avisan. Ni pueden traicionar. Son la única verdad que el hombre no puede ocultar. Una guerra que no se aplaca. Que no se calma con nada, cuando es un cuerpo contra el otro. Es la única manera en que el cuerpo pueda olvidarse del dolor, sin que queden cicatrices. Hay una guerra en marcha en la ciudad, una guerra que se está haciendo cada vez más fría. Donde las primeras caídas son las caricias. Y los rehenes son los amantes ardientes que ya no pueden recorrerse.

Mi cuerpo conserva las marcas de esa caricia que no acaricia. Lo peor es que yo lo sabía. Conocía los antecedentes de esas caricias que, parecen ardientes, pero llevan sus dientes afilados. Sin embargo, el engaño mío de cada día dijo muchas de sus promesas al oído. Y de golpe el cielo parecía enrojecido. Empezaba el recorrido y no pasaba nada. Ni una brisa se asomaba. Era una chica que nada sabía de la vida. Que pocas dulzuras la habitan. Que se le agotan las risas en las primeras carcajadas. Y el odio la acompaña, destilando grises a su alrededor.

Yo veía como teñía mi cuerpo de otro color. Pagando el precio de un juego que arruina. Como el perfume se había desteñido. Y la huída era una salida. Tener que dejar que las caricias se mueran para poder salir de esa cárcel era esperar que Quijote ganara su batalla. Y especular que en algún momento se cansara de desgarrar mi cuerpo. Y que las heridas no se pudrieran de mi paciencia tan lenta.

Finalmente la rabia de sus dedos se canso de mis velos. Y la agonía llegó a terminar de contar sus secretos. Ya no podía estallar. Ya se había quedado sin fuerzas para lastimar. Ya era, ella misma, una presa de su propia desdicha. Y se estaba dando cuenta de la falta de caricias en su propia vida.

Dicen que el espejo no avisa cuando va a traicionar. Cuando te tiene que mostrar tu peor cara. Y maldecirte con siete años de desgracias. Y una calidez ausente de caricias.

A esa niña yo la quería. Porque le faltaban caricias y creía poder dárselas. Al final entendí que no hay manera de convertir el gris en algún color. La única solución es terminar de ser negro o morir en la ausencia absoluta de su naturaleza. Esa niña tenía vida, muy adentro de sus caricias. Debajo de todas las tumbas y las celdas que estropean su apasionamiento. Sus ojos eran inciertos, un día estaban tristes, al momento eran puro fuego.

De esas caricias no quedan recuerdos. Por ese cuerpo no ha pasado nada.

Aún albergo cierta esperanza de que la vida le de la gracia de sentir una caricia. Y no el golpe en la espalda.

Sus manos eran una lija.

Tantas veces lijadas por ella misma

UN CAFÉ EN EL DESAYUNO. SIN CUCHARITA.

Un café en el desayuno.

Sin cucharita.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Un café en el desayuno, luego de una noche de humo, viene sin cucharita. La mujer espera que exista una excepción, que haya alguna alternativa de que la vida ese día cambie las reglas. Pero ella sabe que nadie la espera. Sabe perfectamente que después de hacer el amor, él mismo se termina. Que no queda lugar a la caricia, ni al servicio en la habitación.

La mujer ansia el antes y el después. Nadie entiende el por qué de semejante capricho de la naturaleza, pero a ciencia cierta todos ya entendemos que en ciertas circunstancias el café viene sin cuchara. Y que el hombre se toma todo rápido, sin esperar a la dama, que necesita regular sus ansias y atemperar las emociones. El café sin desayuno, viene en tasa. Y sin apuro.

Y la cucharita se queda con la expectativa de acompañar a las circunstancias. Sabe que no fue invitada. Sabe de las limitaciones de esa soledad, que espera una vez más, un abrazo de respaldo. Una caricia en la espalda. Y un mimo en la cara, mientras la arropan con caridad.

Como dice un gran poeta de aquí nomás, la madrugada se despierta sin afeitar. Y que el sol se va a soñar un rato, en vez de preparar el desayuno. Así se pasa la vida, esperando que asista al desayuno una cucharita, aunque sea de compasión. Pero el hombre jamás entendió que la mujer está hecha de sueños, y que no puede ser el del papel histérico porque no hay más juego. Si el hombre se esconde, la mujer se pone los pantalones. Y sale sin desayunar. Se va a trabajar no sabiendo quien es. Pensando en aquel que ya se fue, sin haberle dado una sonrisa. Como quien solo asiste a un encuentro pautado, firma el contrato y lo cumple al pie de la letra.

No quedan espacios en un mundo tan marcado por el café instantáneo. Tal vez cortado, pero no más que eso. Habrá que ser más tercos que el temor. Para quienes aún tienen corazón y se animan a servirle el desayuno a una mujer que, siempre pide más de uno. Y que se lo tiene merecido.

Es claro que han invadido espacios que no les pertenecían. Es cierto que en varios momentos son ellas las que empiezan con la cucharita y terminan en la cima del cielo. Pero no por eso es menos cierto, que la mujer sigue siendo mujer, más allá de los pantalones robados y del viento que no afloja, en la proa.

La mujer domina, pero siempre necesita una guía para seguir siendo femenina. La noche puede ser divina, pero necesita de un amanecer en compañía. Tanto como el café tiene que ser revuelto, para que el azúcar no se quede en el fondo. Y endulce un poco, en una vida tan amarga.

Las circunstancias espantan. Estamos todos asustados y escondidos. Hay mucho mito perdido en la playa, mucha gente barata y tantos dolores sobrevaluados que un café en mano, junto al jugo de naranja parece ser una hazaña. Y simplemente es un gesto.

Muchos hay que dejan la cara y se van. Muchos que no convencen con sus besos pero manejan autos importados. Que creen ser dueños por fumar habanos. No tienen el alma perfumada, sólo dagas quebradas por chocar con su propia armadura.

No hay nada más eternamente paralizante que abrazar a una mujer luego de haberle dado el placer de todo un mundo de amor, caricias e ilusión. Una ciudad de antojos en manos de una dama caprichosa como ella sola. Para hacerla feliz.

El desayuno es ayuno si viene sin cucharita.


Sábado, Diciembre 27, 2008

LUCHA EN EL BARRO. SÁBANAS NUEVAS.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Lucharon en el barro. Y ensuciaron las sábanas nuevas. No es como debía haber terminado. Ella se llevó un pedazo. Él se quedó con lo de ella. Los dos terminaron empatados, pero en el fondo, ambos fueron eliminados de la competencia. La rivalidad ya es para cualquiera. Y la derrota, un cheque en blanco.

Lucharon en el barro. Ella lo empezó todo. Para irse de un momento a otro, porque las cosas no se dieron como quería. Pero entre la realidad y las mentiras, desdibujó los parámetros y él, un poco gobernado, dejó que la confusión hiciera su intromisión y se llevara la mejor parte. Ahora, nadie sabe que se hace. Quien da el próximo paso. Ella se ha alejado, ha viajado para sus pagos quien sabe con que pensamientos. Mientras que él sigue en el ruedo de una vida cotidiana, que a partir de ese día dejaría de ser la misma. Porque la tiene a ella de protagonista, silenciosa.

Las sábanas siguen nuevas. E intactas. Fue una noche larga, de cena, charla y tarot. De sueños de un ladrón que quería llevarse un beso. De una dama con tanta pasión en sus espaldas y una boca que brillaba de ganas, hambrienta. Esa boca recién pintada era su mejor obra. Lo mejor que la noche habría podido crear. Pero está llena de misterios, de secretos que no se ponen en juego, pero se sienten a la distancia. Ella, impecable y adorable, dejó cosas sin decir. No dejó de advertir que su búsqueda era otra. Pero sabemos que sabe mentir, en su mirada se leían otras prosas. Pero jamás daría el brazo a torcer. Y sería perder la elegancia, saltar y caer en la trampa.

Una torpeza inédita.

Hubiera luchado en el barro, toda la noche. La hubiera salpicado de pasiones desenfrenadas mientras ella perdiera su calma en unos brazos que la recorren. No hubiera sido solo una noche. Hubiera pretendido y ahí ya empieza la equivocación. Ella no alcanza en una noche, su mundo es tan enorme que me llevaría toda una vida. Llegar a sentirla. Llegar a amarla. Ensuciar las sábanas nuevas de tantas experiencias inéditas que ella no sería la misma.

Entre la lucha en el barro y los misterios de las sábanas nuevas, mi vida elige la espera. La paciencia y la conquista. Una mujer perdida vale más que esas cualquieras. Una mujer que se desea justifica cualquier esfuerzo. Esa mujer que espero es la mujer de una vida. Una noche perdida, millones de momentos encontrados. Un rose solo de las manos, me sigue acorralando por las noches de recuerdos. Aún la sigo sintiendo. Tenía las manos frías. Y un corazón ardiendo. En ese fuego de su mirada.

El negro la iluminaba. Y el dorado de sus zapatos combinaba con las flores de su regazo, que eran amarillas. Las cartas la advertían sobre su pasado. Y le ofrecían los carros del triunfo para un futuro sin escrúpulos siempre y cuando ella rompiera con sus estructuras.

Se hizo muy tarde. Igual quiso irse sola. El taxi la estaba esperando y a mi me llegó un abrazo que hubiera detenido al mundo. La hubiera raptado, y hubiera pagado el rescate.

Con ella lucharía en el barro. Y estrenaría las sábanas nuevas.

No es una mujer cualquiera.

Las cartas se lo dijeron.


LOS QUE SE ACUESTAN SIN DORMIR. ALGUIEN SE VA TEMPRANO.

Los que se acuestan sin dormir.

Alguien se va temprano.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

¿A quién engañan? La Humanidad está plagada de mentiras y escondidas. De una relación siempre alguien se enamora. De dos, uno siempre queda enganchado. Somos seres humanos, carenciados de afecto y necesitados de amor. Con ausencias por todos lados, con una Historia que no se queda al costado y que empieza facilitando, para terminar complicándolo todo.

De dos que se acuestan, uno amanece solitario. De dos que se han acurrucado, uno está siempre pensando cómo y cuándo se va a ir. No dejan de mentir, pero siempre esconden algo. Alguien se va temprano. Siempre antes de lo esperado. Y uno de ambos queda llorando, o extrañando, o necesitando más. Aunque esté todo claro y el arreglo haya sido con mutuo consentimiento, alguien está mintiendo, alguien no fue del todo claro.

De migas viven algunos. Los que no se animan a comer del plato. De esos encuentros esporádicos se siguen alimentando, mientras sus sueños se van marchitando. Porque los años pasan volando y ya no saben salirse del juego. Porque se siguen mintiendo, creyendo que han cambiado. Simplemente siguen rodando en esa calesita. Jugando a ser los más avivados. Nunca llegan a la sortija.

Alguien se va temprano. Siempre antes de lo esperado. Nunca alcanza el tiempo. Nunca estamos satisfechos. El vacío se derrite entre los dedos de una mano, mientras la otra sigue acariciando. Y una mente sigue pensando en los próximos cinco minutos. Otra vez una cama gigante para tres, con una sola alma rondando. De aquí para allá. Sin saber nada de él. Siendo castigada y burlada por su perfume que le acaricia los pies. Y la ata de pies y manos.

Era lo arreglado. Como dos amigos de años que siempre se estuvieron esperando. Y nunca les llegó el momento. Porque eran amigos en serio y ya son amantes soñados. Una relación no se lleva de la mano. Se juega a los dados, te toca cara o seca. Estas arriba o abajo. Sólo por un rato, porque el mundo se puede poner del revés. Con un simple tras pie.

La pasan bárbaro, mientras dura el polvo mágico. Se abrazan como si se amaran, juegan a dejar de ser extraños. Para darse lo que tanto han anhelado, y que no han alcanzado. Dormir con alguien a su lado. Pero el misterio pierde sus encantos cuando todo se ha explorado y las incertidumbres se han transformado. Y todo vuelve a la normalidad. La mentira queda atrás o nos lleva unos cuantos pasos. Se siente extraño saber que se pierde en un rato, mientras se cree estar ganando tanto. Una ilusión que vale las penas.

Por más que se haya arreglado. El encuentro cercano termina con la distancia. Cada uno a su casa, a seguir con su rutina. La cual creen que se termina en cada uno de estos encuentros. Pero el cordón los ata al viento y los hace flamear sin sentido. No saben manejar al destino, y quedarán atrapados en esta red de pesca arruinada.

Para luego pensar en casamiento. Como dejar atrás a aquellos que han compartido los peores momentos y que ahora son parte del olvido. De una historia plagada de amantes. Nadie sabe que se hace con tantos que no fueron nada.

La cama está manchada. Es una mezcla irreconocible de perfumes y cicatrices. De nombres sin nombres.

Y ni un apellido.

De los que se acuestan sin dormir, alguien amanece más temprano.


TE PIDO EL REMIS. UNA PESADILLA FEMENINA.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Cuando la situación ya no da para más. El teléfono es una posibilidad. Y se termina todo. Cuando el absurdo lo colmó todo y la prepotencia arruina una noche, la tarjeta ya no se esconde. Y se pide un remis.

Porque se atreve a incurrir en esas cuestiones que lastiman. El ego tiene una herida, un rasguño que no puede ser profundo. Un puntaje descalificando el coraje de robarle un beso. Ansiado y esperado, pero en el momento señalado, tenía que arruinarlo todo. Porque la histeria hace escombros con el deseo del otro, con los besos propios. Tan bien intencionados. Tan esperados como ansiados. Entonces, se merece el remis.

Es dejarla ir. Pero ¿vale la pena alguien así? Que categoriza los besos en vez de disfrutarlos. Que les pone un puntaje para aproximarlos a una tabla, plagada de gente extraña que pudo besarla mejor. Pero se olvida del corazón, se olvida de quien está detrás de ese beso. Entonces, nunca corre el velo. No quiere ver a la persona. Se queda, casi ni se asoma. Le tiene tanto miedo al amor, que prefiere puntuar a la pasión con que los labios se acercan.

Así está ella. Viajando de regreso en el remis. Porque no se merece un beso en la nariz. Porque no ha entendido nada del amor. Ni del deseo. Sólo piensa en el desenfreno, en las conveniencias de una liberación de las cargas. En vez de alzar la mirada y ver un poco más allá. Una noche que podría haber sido muy larga. Quedó interrumpida por su estupidez. Quedó en ruinas otra vez, porque creía ser brillante y terminó siendo una cobarde que no se anima a más.

La pesadilla femenina está detrás. Siempre se queja de lo mismo. Los hombres son sus enemigos, porque no se involucran. Cuando son ellas las que tienen miedo. Se supone que hacen todo por un poco de afecto, pero seamos sinceros se han convertido en la peor cara de la masculinidad. Esa manera fatal de arruinar la feminidad con la grosería invasiva de aferrarse a una pierna, para no dejar que pueda agarrar el teléfono. Y llamar al remis.

Desde ahí todo dejó de ser feliz. Una mezcla de arrepentimiento e indignación. Una lástima que la pasión se haya tenido que ir, cuando estaba todo listo para servir el desayuno en la mañana. Una mujer que se engaña, que se cree la gran dama y no deja de ser una mendiga del alma. Esperando que la llama se encienda, cuando la mecha ya está mojada. De tanto soplarla se apaga para siempre.

Lo demás es evidente. Venganzas. Recelos y rencores. Jugar en los balcones al sube y baja. La histeria es pura venganza, pero jamás da el brazo a torcer. Arrepentirse los pies de haber dado esos pasos, exclamar con encanto que “ya no da para eso”. Con una cara al viento que ya no puede mirarte a la cara.

Después todo fue venganza, por haberle pedido el remis. Con los huevos de codorniz al plato y una ensalada con lo mejor de la noche. Todo estaba para alquilar balcones. Todo más que listo. Al ego yo no lo invito, me había olvidado su entrada. Ella vestía como una gran dama, una sirena en la playa, acariciando la arena de un cuerpo que la esperaba. La cercanía estaba en la sala, los roces estaban a la orden del día. La mirada era pura envidia y los labios se esperaban, ya desesperados.

Fueron cuatro los besos dados.

Y mientras el remis estaba llegando, una aproximación de lo que jamás se daría. Esa fue su despedida.

Para siempre.

Hasta nunca.


Jueves, Octubre 23, 2008

¿HAY SOLUCIÓN?

¿Hay solucion?

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Pareciera que no hay solución para el problema de la discriminación, menos para el grave asunto del antisemitismo. Más que nada porque no hay voluntad, no hay intención de llegar a puntos de concordancia con las masas y las minorías, no hay una mente fría que quiera razonar con coherencia. No hay, a la vista, una solución posible para este estigma.

La solución no creo que pase por la aceptación, ni por las campañas de prevención ni las propagandas escolares. Algunas de las cuales son, simplemente, publicidad para enmascarar otros asuntos peores. Porque hay mucha frivolidad, muchas miradas torcidas y mucha envidia como para poder llegar a una solución y plasmar lo mejor para todos. Todos miran de reojo, nadie quiere hablar. Menos lo están, aquellos que habitan en el supuesto primer mundo, donde empieza lo oscuro que se extiende hacia acá.

Discriminar no se puede solucionar. Ni siquiera es una cuestión de educación. Hay mucho dolor y mucha Historia, muchas secuelas rotas y tanto por aprender. Se trata de entender que la solución pasa por la formación humana de las personas. Y no por la idea desalmada de preparar a las masas para combatir por el agua, el hambre o las riquezas. Hay para todos, hay para cualquiera, si no se tratara de acumular. No es un discurso racional ni siquiera una ideología, es una realidad vivida. Los que más tienen más discriminan. Y los que menos tienen, se discriminan entre ellos. Para ver quien queda bien pegado al piso.

De los últimos, quienes serán los más últimos. Aunque ya resignaron ser los primeros. Los del medio, porque están en el medio, y los de adelante por temor y por ser cobarde, se cuidan las espaldas. No hay manera, no se escapa de esta guerra donde la discriminación hace sus cuentas. Y gana millones de adeptos a diario.

No hay una solución cerca. No hay una manera de empezar la historia otra vez. Repartir las cartas para después querer cambiarlas. Ya empezó el juego, Los dados salen al viento, no podemos cambiar las reglas. Ya está puesta la fecha, tenemos un vencimiento marcado. Como seres humanos, debemos aprender tanto, que no podemos abrir los ojos. Nos duele el mundo con sus escombros. Nos duelen las miserias que hemos generado. Pero seguimos mirando hacia el costado, discriminando más cuando menos debemos.

Por los defectos, por las virtudes, por los sueños, o por lo concreto. Por todo o por nada, la suerte ya está echada en su letanía de siestas y esperando que cualquiera se anime a despertar. Nadie podrá marcar una diferencia que no genera una secuela irreparable. Nadie está a expensas, todos estamos a merced. De los pelos hasta los pies, estamos condenados porque fuimos marcados por el sello de la Historia.

Generaciones porosas. Agujereadas por el destino. La solución no da avisos. La madre naturaleza no espera.

La sangre es la nuestra. La que corre hace siglos por los ríos. Mares de frío. Océanos de hielo.

La solución se cae al piso. Pide clemencia y perdón. No fue suficiente el dolor para que aprendamos de una vez.

Por todas.


YA NO HAY MUERTOS. SOLO VIAJEROS.

Ya no hay muertos. Solo viajeros.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Tal vez así podamos pensar en ellos de otra manera. Posiblemente podamos perderle el miedo a la muerte y reconciliarnos con la idea de un más allá distinto, no tan lejano, ni oscuro ni sufrido. De esta manera pensando, ya no hay muertos sólo viajeros que se han ido lejos, o siguen tan cerca como siempre.

Nunca se han ido, cambiaron la forma de su presencia. Y así las experiencias no tienen que llamarse “espirituales”, son experiencias personales según el vínculo que se haya tenido. Una relación intensa, una necesidad imponente hace presente a cualquiera, que se haya considerado perdido. No es una nueva manera de ver las cosas, siempre ha sido así. Lo único que puede estar cambiando es la forma de pensar a la muerte y sus pasajeros. Muchos discursos se han vendido pero ninguno en su realidad ha enseñado a pensar estas cuestiones de una manera acorde a tantas palabras dichas.

Las sensaciones son las mismas, como si se hubiera ido de viaje. Aún las comunicaciones pueden ser tan fluidas si dejamos de pensar un poco y nos animamos a sentir. Así les damos la bienvenida. Y establecemos las comunicaciones, que serían la única diferencia. Una aproximación factible pues no han desaparecido. De hecho muchos en esos momentos quisieran poder hablar, y sólo están en los sueños pues por otros medios se asustarían y sería más traumático que beneficioso.

No estoy volviéndome loco, sé lo que estoy escribiendo. Y no se requiere de mucha ciencia para saberlo, tan sólo un poco de sinceridad. No es magia ni nada imposible. No es videncia ni mediunidad. Mucho menos es mediocridad, de estas cuestiones tan importantes.

Lo importante me parece que está en abrirnos de los mandatos y pensar con más libertad, pues la vida está allí, plena para ser sentida, recorrida y explorada. Una mente amplia puede ver diferentes matices. La luz tiene entre sus cualidades fragmentarse e ilusionar, dividirse entre todos los colores. Y la sabiduría está en seguir siendo ellos aún cuando están unificados.

Debemos aprender demasiado, por ver tanto blanco o negro.

La muerte no es la contracara de la vida. Son sólo matices de un espectro mucho más amplio y rico.

Somos vibraciones y hay tantas como seres en este mundo. Por decir un mundo y no mencionar al universo. Al margen de la cantidad de variables o formas distintas, la razón de nuestra existencia pasaría por vivir todo esto como “experiencias”.

¿Se anima?

Hace vidas que fue invitado.


Domingo, Octubre 05, 2008

UNA GUERRA QUE EXPLICITÓ LO PEOR DEL HOMBRE.

Una guerra que explicito lo peor del hombre.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

La diferencia se encuentra en la base de la Humanidad. Es la piedra angular de todas las guerras y las peleas. Nadie la tolera, todos le temen como si fuera la peste. O la condena a muerte con agonía incluida. La diferencia genera la envidia y desde allí las guerras. Que son su secuela, su efecto inmediato.

La diferencia explicitó lo peor del hombre y despertó al demonio de las guerras. Pocas herramientas nos quedan para poder sortear la diferencia. En realidad, para tratar de anularla. No sirve ni siquiera la calma, no hay manera de digerirla. Principios que emigran de un poco de la cordura al odio, sin mediar esbozo de lógica ni coherencia. La diferencia no respeta, porque no es respetada. Buscan anularla con la igualdad, cuando no es real, ni posible ni visible.

La guerra explica las miserias y muestra los temores. Las debilidades del hombre, de los más poderosos. Contra los que, se supone, no le podrían hacer mucho. Sin embargo, son los temores los que juegan a las cartas, con sus fantasmas en las espaldas crucificadas de esos que no podrán soportar. Aunque debieran. La guerra no es una posibilidad, mata a la mayoría. Extermina las salidas. Asfixia con su veneno a la esperanza. Sus secuelas y sus marcas se esgrimen en las posteriores generaciones, sin calma y con rencores. La herida siempre queda abierta.

Se habla de la diferencia. No se habla de ella.

Los temores y el miedo son huracanados y sin consuelo. No hay límite que contenga. Y para evitarla se llevan las cosas al extremo. La guerra no tiene freno, siempre se seguirán debatiendo. Porque detrás hay un comercio que permite tramitar la diferencia. Se la vende o se intenta. Se la transporta a los territorios de afuera, lejos de uno. Matando a otros. Cuanto más lejos más se respeta la diferencia. Alejada, casi ciega. Donde nadie la vea. Donde no pueda tocar.

Por eso se discrimina. Para alejar la bendita posibilidad de la igualdad. Porque en el espejo se cuentan los miedos, cada día. En cada mañana.

Desayunan con las mismas ganas, sabiendo que hoy matan a millones en el mundo. Pensar que somos todos seres humanos. Bajos o más altos, iguales o diferentes. Nadie está a salvo, ni la sombra ni el hermano. El que está espejado tampoco.

Las guerras las hemos hecho con las manos. Explicitando lo insospechado, lo conocido y negado del psiquismo humano, de sus emociones, de sus oscuridades.

Matando al hermanado. Al enemigo que hemos gestado para justificar lo injustificable.

Si no hubiéramos creado semejante maquinaria las vidas que se salvan serían más que las que se han salvado.

Aceptando la diferencia. No se si habremos ganado, pero dejaremos de morir en vano. De esas maneras absurdas y ocultas, justificando lo injustificable.

Perdonando a los responsables, que no tienen perdón.

¿Somos todos iguales?


UN PROBLEMA QUE NO TIENE SOLUCIÓN. EL ANTISEMITISMO.

Un problema que no tiene solución: el antisemitismo.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Un problema que emergió con los comienzos de los tiempos y que tuvo su punto de eclosión máximo donde todos sabemos, desde varios lados. Muchos involucrados en esa matanza sustentada, aparentemente, en una discriminación insolente que ha dejado secuelas. Un germen que llevaba siglos de escuela.

El antisemitismo se sostiene en la discriminación. En el poder de la desolación que se produce cuando no se acepta la diferencia, cuando no se convive con el que está afuera. Cuando se le tiene miedo al otro. Porque en esos esbozos se denuncian los temores, se encuentran los rencores y el poder termina por desequilibrar. Una cuestión que va más allá de toda razón, y que se apoya en un tema complejo.

El poder desde el comienzo de los tiempos no tolera la diferencia. Y necesita marcar con estrategias una diferencia de alturas. Mientras uno domina, el otro se enquista en el odio y la acumulación. Esperando el momento para que se encienda el motor y vengarse de lo padecido. Usar el poder contra el enemigo, implica que existe ese precedente. Que se identifique al de enfrente para poder orientar todas las emociones que no se manejan.

El antisemitismo como la discriminación no son producto de una emoción irracional ni impulsiva. Conllevan en sus venas una ideología, que no es cualquiera, que tiene sus fuertes fundamentos. Una lógica de encierro y una conclusión que asusta. Interpela y reniega, cuestiona y no tolera. El antisemitismo no es para cualquiera. Se tiene que tener una personalidad particular.

Por todas estas razones es que el antisemitismo no encuentra una solución. No tiene una salida, no hay alternativas. Ni siquiera una puerta de emergencia. Su base es la diferencia. Su lógica es la del temor. Su brazo siempre está armado, esperando el chispazo que inicie la explosión. Y un furor que se convierte en calor que, masificado, es un caldo de cultivo para el rebaño que espera a su conductor. El fervor no se lleva de la mano con la razón, porque ya no se piensa a esa altura.

Y mientras menos duran los modelos y las estructuras más se acostumbran las personas a la discriminación. Ya no hay razón, ya no encontramos impedimentos. La discriminación ya es parte de nuestro cemento, ya tiene monumentos y modelos a seguir. Sangre para repartir, muerte por todos lados. Condenados y masacrados. Genocidios por todas partes del mundo.

Y nada está cambiando.

Estamos viendo que el brazo armado se está fortaleciendo. Que desde los más pequeños hasta los viejos ancianos, nadie se ha olvidado del antisemitismo. Muchos lo han padecido pero tantos otros lo están alimentando. Los que se suponía, antaño, nos defendían hoy en día son los que lo están encarnando. No es extraño que uno se pierda a esta altura. Que no se sepa de qué lado va la marea, porque ambas orillas están ensangrentadas.

Nadie se escapa. Todos tienen un poco de hielo en la sangre. Todos tememos a alguien. Y caemos en esa trampa.

Discriminar no hace falta. Madurar es necesario.

El mal no está exterminado, ni discriminado ni extirpado. Está entre nosotros y por todos lados.


La intolerancia le gana a la aceptación. Por varios cuerpos

El problema ya está en marcha. Hace siglos que se escucha rugir sus motores. Y los caballos de fuerza con largas riendas que llegan hasta las nuevas orillas. Todos discriminan. Todos marcamos las diferencias. Pero alguien se pavonea, es la intolerancia sobre el podio. Es la intolerancia con su cinturón sobre la falda, cinturón de campeona y pionera. Con la corona a cuestas, muy lejos de las espinas y el sacrificio. Ganó por varios cuerpos.

La aceptación quedó allá a lo lejos, perdida entre los últimos lugares. Nadie se hace responsable pero todos tenemos un poco de culpa. No la alentamos, ya casi nadie la escucha. No se la estimula ni se la entrena. La aceptación quedó entre las penas, rezagada y frustrada, perdiendo la calma y un poco las fuerzas.

En una pelea ya no se respetan lo códigos. En una relación ya no hay intención de aceptar las diferencias ni las particularidades. De darle tiempo a nadie para que pueda darse a conocer. Para llegar a entender sus individualidades. Para que haya comunicación. Nadie entiende ya la razón y los beneficios de la aceptación. El egoísmo ha ganado la contienda. Ha usurpado y traspasado las fronteras que le estaban adjudicadas. Y con él asechan las manías, las pretensiones y las agresiones. Porque no somos hombres lo suficientemente maduros para ser puro orgullo sin lastimar a los demás. Somos hombres inmaduros que con el egoísmo en mano avanzamos como enanos de jardín. Niños sin fin. Los que nunca maduran.

Para que no se confundan, el egoísmo en cierta medida y sin combinación no es lo peor que tiene la Humanidad. Pero si van a mezclar, la más letal de las opciones es con una pizca de soberbia y cierta prepotencia que lleva a la agresividad. La intolerancia, entonces, está a la orden del día. Prepara la salida para poder avanzar. Y gana con maldad porque su intención es sojuzgar y someter. Rendir a sus pies a cualquiera que se anime.

La intolerancia no se recata. Absorbe e invade espacios.

Y una vez gobernando pretende más de la cuenta. Llega a las líneas que cuentan del autoritarismo y la mano dura. La soberbia en las alturas se convierte en debilidad. Y desde allí las vueltas se dan para perpetuarse en un poder debilitado. Entonces, tiene a mano otro de sus artilugios inmundos, someter a todo el mundo para que no puedan pensar. Se trata de anular las ideas y que la gente no pueda encontrar nunca más la paz. Así poder aquietar los fantasmas de las traiciones. Porque sin esos sacerdotes, ese dios no es tal.

La intolerancia parece ganar. Pero detrás y en silencio crece un movimiento muy fuerte en pos de la paz y la calma. Entre ellos se enlazan los principios de la salida. Una trampa que siempre está vencida porque tiene eslabones débiles. Y la calma se hace masa, fuerte y paciente, resistente a los afluentes del terror y la violencia. La calma espera. No tiene apuro ni inquietudes. Es un movimiento que une multitudes, y puede llegar a anular las diferencias.

La intolerancia gana, pero en sus espaldas se siente el respiro de esa gente que quiere vivir de otra manera.


Lunes, Septiembre 22, 2008

INTRESS. Una nueva teoría sobre el estres.

El estres tiene una nueva modalidad. Una nueva entidad cuando el factor estresante es el mundo interno. El interior del sujeto por momentos se puede volver un factor, el principal causante, del estres.

No se necesita de un factor externo para estar estresado. Muchas veces con el propio funcionamiento interno alcanza y sobra para terminar en las mismas condiciones. Un pensamiento recurrente, una manera intermitente o persistente de pensar y pensar, de una forma improductiva. Porque en esa modalidad no se llega a nada, y tampoco es la idea. Se da vueltas y vueltas, sin satisfacción, sin logro, sin producción de nada.

El cerebro se desgasta, las emociones se amotinan, la realidad se complica con cada idea que se vuelve a pensar. Todo se acelera, se va de las manos, se impide el descanso y no se puede frenar el pensamiento.

Asi es el estres interno, un estres que se desencadena con variables internas, independiente del exterior. Y que puede ser un disruptor, porque no necesariamente es aguda su insidencia.


Jueves, Agosto 28, 2008

NO ES LLEGAR NI MAS LEJOS NI MAS ALTO. ES EVOLUCIONAR.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Todos están preocupados por llegar más alto, por llegar más lejos. Se ve que nos ha quedado de nuestros ancestros, pegado, en la sangre ese objetivo. Llegar lo más alto que haya existido, hasta la copa del árbol más grande. Los monos son animales, nosotros nos parecemos. Pero no nos comportemos como ellos, a la hora de pensar las metas.

Pelear por la banana, trepar a ver quien gana. Quedarse con la mona más hermosa. Morir en la selva amazónica o pensar en dormir todo el día la siesta. Parece mentira pero es ciencia cierta que el hombre no ha evolucionado en sus objetivos. Que piensa siempre lo mismo. Cambió la fruta por la verdura. La lucha es absurda, todo por una zanahoria. Que con ayuda de la Historia y algún experimento genético se transformó en esto, siendo en el principio una banana.

Evolucionar las ganas. Pensar en el otro. Dejar de saltar de rama en rama y poner los pies sobre la tierra. Es algo que cualquiera pudiera, pero parece que es imposible. Caminar sobre las dos piernas y dejar de pensar en cuatro patas. Las manos hacen falta, pero no para agarrar la próxima rama.

Evolucionar nos hace falta. Seguimos robándole hasta los piojos al otro. Rascando en vez de acariciar. Golpear en vez de hablar. Y todo esto colgados de la rama. Sentados en cuatro patas, evolucionadas en forma de silla. Una mesa bendita con las mismas frutas de la selva. Carne, como la de cualquiera. Somos monos evolucionados. Cambiamos en algo, ya nos sentamos en otras cuatro patas. Aunque no haga falta, porque las conductas siguen siendo las mismas. La comida está servida y casi nadie ya respeta el turno. Abalanzados y absurdos, hambrientos matamos a alguien que se haya puesto en el camino. Sedientos, somos capaces de chupar la sangre. Secos, por dentro, a todo le ponemos precio. Hasta la copa del árbol.

Seguimos siendo monos. Y aún nos sorprendemos cuando vemos en ellos algún rasgo de inteligencia. Y no nos queda sorpresa al ver tanta animalidad en nuestras conductas. Una mirada injusta. Tendenciosa y conveniente. Para mirar que inteligente se ha vuelto el mono. Y mirar, exhorto que brutos nos hemos vuelto.

Insisto con la consigna. Insisto con la sentencia. No es llegar ni más alto ni más lejos. No es matar a quien se ponga en el medio. No es dominar a la manada. Ni sacarle provecho a la esclava, reduciéndola a lo mínimo posible. Es entender que ya hemos sido y que ahora debemos dejar de serlo.

Monos durante siglos.

Hombres… aunque sea por un momento.


Lunes, Agosto 25, 2008

UNA CUESTIÓN DE PODER. SÓLO QUEDO ESO.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Seguimos siendo monos, peleando por la banana más grande. Por ver quién tiene en sus manos el poder más alto, el que ostenta lo más llamativo. Somos niños jugando con las idealizaciones, evitando las decepciones porque sólo nos queda el poder. Porque después, somos todos iguales. Una cuestión de detalles, medidas y lamentos. Como si todo se redujera a eso.

Una absurda cuestión de poder. De creer que las cosas valen por su tamaño o dimensiones. Símbolos de la fuerza que ya no nos queda. Como especie nos hemos debilitado. No estamos acostumbrados pero creemos que lo podemos todo. Si nos quedamos en el medio de una montaña, sin luz ni agua somos los primeros en llorar. Hoy necesitamos demasiado para ser felices, ni siquiera para tanto. Para conformarnos. Quedamos rodeados en el imaginario. Engañados por nuestra propia mente, estrecha, que nos piensa y nos piensa todo el tiempo de la mano de algo.

Solo nos ha quedado algo. La lucha por el poder. Por lo único que no sabemos cómo es. Pero que nos permite creer que somos dioses encarnados. Aunque sea pensarlo por un rato y después ver cómo sostenemos la desilusión. Una apropiación barata de una ley sana que sirve en un contexto adecuado. El poder, como herramienta de posibilidades, no puede quedar al margen de una realidad enmarcada en la fuerza y las ganas. Por sí mismo carece de sentido, se pierde su valor real. Peleamos por su paternidad, por su propiedad o por su elección, como si fuéramos monos en manos de unos salvajes dueños del circo. Poderes mendigos. Mendigos apoderados.

Sólo nos ha quedado eso. Una mediocridad en proceso. Y todos luchando por algo. Por el poder más largo. Por la posibilidad más posible. Y devoramos. Ya ni tragamos, sólo masticamos para arrancar el pedazo. Aunque nos quedemos sin dientes. La presa sirve de algo, pero no es la meta. Sólo es un paso.

La zanahoria se ha ganado todo el protagonismo. Mientras siga su sentido, no dejarse alcanzar nunca. La falta tiene el dominio, no hay manera de colmarla. Ni el poder alcanza, nos deja siempre con ganas. Nos deja siempre solitos. Como niños perdidos, desorientados y olvidados. La indefensión te hace esclavo. La perdida un tonto humillado. Y el dolor es el oso que se está acercando. Cada vez más cerca.

Sólo nos queda pelear por el poder. Pelear por él porque sino perdemos el rumbo. Un polo ya absurdo, perdió su capacidad de atracción. Un norte que se desorientó. Y un sur que ya no te da la espalda. Ya nada tiene gracia. Salvo el poder de esos pocos. Así piensan casi todos, así hemos reducido la cuestión.

El poder no es todo. Ni siquiera llega a ser algo. Nos están engañando, para que sigamos la zanahoria.

Ya es hora de empezar a entender. O seguir eligiendo ser monos en esta vida.

A mi me queda una intriga, ¿qué elegiría usted?


LA EVOLUCIÓN ES UNA SALIDA. NADIE ENCUENTRA LA PUERTA.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

La evolución es la salida. Es necesaria y comprometida. Es complicada y, por momentos aburrida, porque implica una constancia y tiempo que no tenemos. Y pocas veces disponemos. Pero es la salida. Aunque nadie encuentre la puerta. Aunque parezca pasajera, pero la evolución es absolutamente necesaria para la vida. Sino moriremos en el intento.

En el infierno de los que no maduran. Y nunca crecen. En el encierro de lo que no se abre y no se renueva. De aquello que cuesta ventilar, y sin renovarse. El hombre ya no hace el intento por crecer, solo piensa en competir. Sólo intenta salir cuando es necesario. Mientras, con el fusil en la mano cuidamos lo nuestro. Sin ver que todo es pasajero, que la vida continúa y el tiempo no nos abruma, pero tampoco sobra.

La cuenta engorda cuando nos hemos quedado quietos. Los hombres viejos ya no poseen la sabiduría. Ni siquiera la experiencia es advertida. Las cosas pierden su valor necesario. Todo se nos escurre en las manos. Unos dedos flacos que ya no transmiten esa fuerza. Que no agarran con contundencia, porque saben que en cualquier momento se pierde. Todo se pierde. Entonces, ¿para qué buscar la salida?

Romperse la vida peleando, creciendo y madurando para ver que a la par están los otros, que sin remar, llegan más lejos. Nada de evolucionar, dicen que viven la vida. ¿Todo era mentira? Evolucionar y crecer se suponía que eran las leyes básicas para entender, las reglas de la Naturaleza. Se valoraba a quien pudiera mostrar esos rasgos, hoy todo eso es en vano. Crecen las fortunas de los menos afortunados. Crecen en los bancos las cuentas de los que más han robado y menos dejan. Los que menos están madurando son los que mejor tienen las manos y ninguna arruga del saber. ¿para que comprender? Ya no hace falta crecer.

Los mejores puestos se están ocupando. Y todos te siguen pagando para que crezcas una vez que estás adentro. Y de viejo, antes de los cuarenta, te firman la cuenta de despido y la indemnización. Viejos del montón, cuando aún puedes seguir creciendo.

La evolución es un cuento. De fábula o ciencia ficción. Y de la salida ni hablemos. Sólo quedan las de emergencia. Nunca entendí esa cuenta, ¿Para qué armar las puertas de emergencia si se pueden abrir más puertas de salida? Así de cerrados estamos como seres humanos, sólo pensamos a la hora de las emergencias en las puertas traseras y nos olvidamos de las principales.

Madurar para ser un fruto amargo, un tiempo más prolongado y la vejez arruina los mejores jugos. Una fiesta que dura una siesta, porque apenas está lista la fruta, ya comienza su decadencia. Y para ella no hay salida. Ni siquiera una puerta. Por eso, ahora, se exportan inmaduras para que la fruta llegue a su destino a tiempo. Y nunca un poco pasada.

La evolución terminó siendo una trampa. Un lugar por donde muy pocos quieren pasar. Los que han evolucionado de verdad, ya no se pueden contar, están del otro lado de la puerta. Los que nos hemos quedado detrás de ésta aún estamos pensando si es conveniente cruzar al otro lado, o es preferible quedarse aquí.

Para no sufrir, porque nos convencieron que la evolución y el crecimiento se hacían con tanto esfuerzo que ya casi nadie quiere hacerlo.

Mientras, seguimos en la jungla. Una selva plagada de mamíferos no evolucionados.

Monos caminando. Con una inteligencia artificial.


LOS ANIMALES NO SE COMPORTAN DE ESTA MANERA. CAZAN PARA SOBREVIVIR.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Que manera perversa hemos desarrollado para vivir. Matando y matando para sobrevivir a los que nos están aniquilando. Y nos hacen consumir. ¿Contra quiénes estamos peleando? Los animales sólo hacen eso para sobrevivir. Pero no matan a sus pares. Migran por alimentos. Nosotros matamos hambrientos. Sedientos por vivir lo que no tenemos.

Y nunca seremos. Porque es robado.

Los animales cazan para sobrevivir. Nosotros somos presas entrampadas. Acorraladas y algunas ya lastimadas. Furiosos de rabia, alterados por la ignorancia y descontrolados por el rencor. Matamos con tanta razón que ya nos creemos todas las causas. Matamos por tanto dolor, que ya nos duele la presencia del otro. Los animales no matan al par, se mueven en compañía. Nosotros destruimos todo en la espera. No es casualidad ni una idea pasajera que el mayor problema de la Humanidad sean los demás.

Una guerra en plena jungla. Donde el enemigo no se oculta, es el que está al lado. No hay más bandos. Es una guerra de guerrillas. El enemigo está en la misma orilla. Dentro de la casa. A veces, en la misma cama. Que lejos hemos llegado. Lo hemos arruinado. Absolutamente todo.

Nos estamos cazando. Los pobres a los ricos. Los ricos entre ellos. Los que están desempleados a los que tienen empleos. Y los compañeros al que puede ascender. El jefe al que viene después, porque puede llegar a subir. El aprendiz al maestro, para quedarse con su puesto. Para ser alguien en la cadena de sucesiones. Los sucesores matan hambrientos. Los dueños esclavizan por las dudas. Al que le sobra porque abunda, al que le falta porque lo justifica. Al que están en la media porque envidia la diferencia. Al que no está porque quiere estar. AL que se fue para volver. Y así nos matamos entre todos.

Después ayudamos cuando una masacre nos toca. Pero en plena barrida de la escoba algunos se aprovechan y negocian. Con la sangre ajena. Matando de sed y de hambre a la víctima.

Los animales no se comportan así. Saben vivir en comunidad.

Posiblemente nos llevan una gran ventaja. No son educados. Pero se saben contener.

Estamos mal educados. Mejor dicho, nos estamos mal comportando. Porque ya no educamos a nuestras emociones y nuestros hijos se están descarrilando. Porque los padres destruyeron las vías, con generosidad. Los nuevos trenes venían marchando a una gran velocidad. Y los demás no estaban preparados.

Menos mal que los animales no hablan. Nos dirían tantas cosas.

Con tanta autoridad y tanta razón. Lo digo con dolor, parecemos bestias más que animales. Esas fieras salvajes que no saben ni leer ni escribir un futuro. Mitad hombre mitad salvaje, en esto los animales no tienen nada que ver. Nosotros no cazamos para sobrevivir.

Cazamos para hacer lo menos posible.


Domingo, Agosto 17, 2008

NI LOS RICOS NI LOS POBRES. LA ANIMALIDAD NO DISCRIMINA.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

La animalidad no discrimina. No es como nosotros que somos ignotos en el tema. Que nos creemos cualquier cosa superior a la nada e inferior a todo. Por eso somos niños asustados en manos de enormes imperios. Donde hacemos masiva una batalla de soldaditos de plomo. Y matamos a todos, simplemente y cruelmente, por miedo.

Y me involucro porque en algún punto, la cuota de poder de cada uno cae en estos vicios, tiene estos miedos. En otras dimensiones, con otras mínimas consecuencias, pero caemos en la cuenta de que no estamos preparados para tener el poder en nuestras manos. Ni siendo ricos ni siendo pobres. Aún las emociones están contaminadas y la sangre nos llama, seguimos siendo animales y caníbales. Animales con muchas crueldades que no sabemos dominar.

Algún que otro, por casualidad, cree que es mejor dominar el afuera antes que el adentro. Ellos han sido grandes personas formadas y educadas, que no les ha servido para nada a la hora de entender que la misión no viene de los pies. Sale de la cabeza. Que los miedos no son sólo barreras, sino enormes armas de aniquilación masiva. A gran escala.

Es mayor la demanda para quien, se supone, está más preparado. Pero no es en vano, se calcula que tiene más herramientas en las manos para manejar los impulsos y las agresividades. La animalidad caminante que fluye y circula por todo el cuerpo. Lo cual no exime a los demás, todos somos parte de una gran empresa que es llevar esta vida a cuestas y hacerla producir. En función de los demás y para el bienestar de uno. Si la civilización no nos mata antes. O nos enfrenta con nosotros mismos.

La animalidad no discrimina. Todos venimos de los monos. Aunque algún Tarzán se habrá escapado a la ciudad a gobernar a los civilizados. Y los ha embarrado. Con tanta selva y tanta bestia suelta. Con tanta niebla sobre la educación y tanto resplandor en los tesoros. La conquista del más tonto, el dominio de los que están por debajo, son las reglas del barco que se está hundiendo. Que así no va a llegar lejos. Y con menos tripulación.

No hay diferencias entre ricos y pobres. Entre las verdaderas pobrezas que esta animalidad plantea. Y que nosotros tanto hemos alimentado. Con el poder en la mano, comiendo de la boca. Hombres fracasados y almas empobrecidas. Ricos en vano. Con sangre en las manos. Y bocas hambrientas. De vacíos e impurezas, de volver a la selva. El hombre siente frío y el animal se abriga.

No hay diferencias a la hora de salvarse quien pueda.

Y no nos queda mucho tiempo. Para evolucionar o morir en la animalidad de una civilización que está mostrando sus fracasos. Que no ha podido, separando, gobernar con igualdad. Y llevarnos a todos hacia la comodidad de la alteridad. De la generosidad y el compartir. Nos ha hundido en el sufrir, en la represión y la educación de la inteligencia a expensas de la educación emocional. Y la desinformación sexual, que está generando los peores problemas de hoy.

Entre ricos y pobres.

Humanos al fin. Desde el principio.


CIVILIZACIÓN SIN BARBARIE. SOLO UNA TEORÍA.

Civilización sin barbarie.

Solo una teoría.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Civilización sin barbarie. Simplemente una teoría imposible. Irrealista. La cultura no civiliza. La civilización no siempre educa, pareciera que margina. Porque no le da lugar a todos, porque no valora a todos. ¿Por igual? ¿Es posible? Una irrealidad que se está notando. Una decadencia que va aumentando en su dimensión, en su profundidad, en su crueldad. La civilización sin barbarie es una mentira que ya no compra nadie.

Por lo cual, estamos en peligro. Cuanto más avanzamos parece que más retrocedimos. Desde un extremo al otro, los ejemplos ya no son remotos. Tienen consecuencias incalculables. Y de proporciones inexplicables. Cuanto más sofisticada es la civilización, más cruda es la barbarie. Y más se nota la deferencia. Menos se toleran las incongruencias. Más se lastima. Una decadencia que se encuentra en la esencia misma del crecimiento de una sociedad. En su germen habita la solución y el problema. Una trampa para cualquiera que pretenda purificar la civilización de las imperfecciones, que en sí misma contiene.

Hablamos de la exclusión. Hablamos de la incapacidad de ella para calcular el valor exacto de cada uno de sus miembros, o esclavos. Ignorando un concepto básico, que levanta polvareda, no somos todos iguales y eso lo sabe cualquiera. No confundamos conceptos, seamos bien claros en esto para que nadie se ofenda. Ni pretenda mezclar la hacienda con el olmo. No hablo del valor de la vida humana, hablo de las diferencias innatas en las propiedades de cada uno. De los roles y las funciones que se ejercen dentro de una sociedad, en la construcción de una civilización. Lo cual no implica que se pueda lastimar ni aniquilar, nadie justifica la violencia. Estamos hablando de las diferencias por las cuales muchos se creen más y otros quieren masacrar.

Mientras, seguimos siendo monos.

La civilización conlleva principios básicos que van más allá de la educación. ¿Acaso no han visto a miles de ricos poco civilizados? Implica una función interna de estructuración, donde los principios son pilares constructivos que le permiten manejar y canalizar los instintos o las pulsiones básicas que vienen desde el cuerpo haciendo un camino largo y paralelo hasta llegar a las alturas de la mente. Una energía emergente que, sin estructura, se condensa y se pone densa a la hora de empujar. Por lo cual, la barbarie y la sangre logran apoderarse de un campo tan grande como es el ser humano. Más allá de lo humano, más acá de lo enseñado.

Una teoría que nos han enseñado. Una práctica que ellos mismos no han realizado. Porque la animalidad se domina desde arriba. Con el poder y la autoridad que están por fallecer, en una larga letanía de condenas y morfinas. A la civilización se la ha vendido por un puñado de enemigos y unos cuantos billetes. Porque no les ha convenido a los simios la civilización como forma de dominio. Eran muchas las preguntas y pocas las respuestas. Entonces, ha servido más la barbarie para llevar a la masa a ser cada vez más ella.

Para eso nos han enseñado algo muy lejano. Para que siempre nos mantengamos alejados de nuestra propia realidad, una vida educada y civilizada que se está alejando de la prosperidad porque ellos manejan la selva. Con poca propiedad y mucha leña hecha de los árboles caídos.

Que no son los enemigos.

Es lo aprendido.


Jueves, Agosto 14, 2008

SEGUIMOS SIENDO MONOS. O PEORES AÚN.

Escrito por Juan Cruz Cúneo.

Seguimos siendo monos. Se suponía que éramos la raza superior, sin embargo, estamos mostrando lo peor que tenemos. Lo peor que podemos hacer, actuar peor que los animales. Porque destruimos a nuestros pares, porque destrozamos nuestro medio ambiente y porque somos, a la vez, cazadores y cazados.

No hemos evolucionado. No venimos de los monos. Ni mucho menos mejoramos lo de ellos. Se dijo, durante muchos siglos, que la culpa de todos los desastres la tenía esa parte “animal” que tiene la Humanidad. Hoy nos hemos demostrado que somos una raza muy particular. Que no nos conformamos con la individualidad, que nos tenemos que poner en peligro de extinción y, ni siquiera así, entendemos el asunto. No es la parte animal del mundo, es la parte humana la que falla. Es la parte que no alcanza para poder establecer las coordenadas adecuadas para sobrevivir.

Porque el animal aprende los peligros del medio. El ser humano entiende, pero hace todo mal. Sabe y es capaz, pero tiene un costado peligroso. Seguimos siendo monos viviendo como animales. Seguimos creyendo que no hay pares, pero estamos muy por debajo de lo esperado para el nivel de inteligencia. Y de las capacidades a cuestas que tenemos por ser, como somos.

Discriminamos a los individuos de nuestra especie. Nos alimentamos de ellos. Nos matamos hasta que no nos dan más las manos. Somos cazadores cazados por las propias presas. Una vida incierta que ha multiplicado la jungla, la ha sofisticado al punto de vivir en la penumbra porque agotamos los recursos de la selva. Tanto en su campo como en sus reglas. Llevamos todo a tal extremo que nos estamos muriendo y no nos queremos dar cuenta.

Seguimos siendo monos. De esos que nunca existieron. De los que rompen con todo. Y aniquilan a sus hijos y nietos. Una especie extraña, más parecido a la plaga que a la raza humana. Desarrollándonos como si nada. Ocupando todo como si viviéramos solos. Sin ganas de compartir, pensando en competir y jugar sucio, claramente. Contaminando todo lo ocurrente, comprando cada centímetro de libertad para enjaular a los diferentes. Y si son peligrosos, para nuestra individualidad, morirán sin mayores explicaciones. Se suponía que éramos inteligentes, se preveía que podíamos evolucionar en nuestra calidad de vida. Y sólo planificamos la muerte. Sólo desplegamos los más sofisticados mecanismos para matar y morir, en el camino de vivir, que cada día es más corto. Y larga la agonía.

Seguimos pareciéndonos a los monos. Colgados todo el día. Obedeciendo y admirando, persiguiendo a la reina que pueda calmar los instintos. Pero ya son asesinos, decididos a matar por lo que sea. Eso no le pasa a cualquiera, sólo nos pasa a nosotros. Como especie.

Somos decadentes. No hemos evolucionado ni un poco. Tantos años de desarrollo, tantos siglos y dioses, tanto oro hecho polvo y muchísimas vidas perdidas. Para no encontrar la salida. Para no haber crecido aunque sea un poquito. Y dejar de ser bestias hambrientas.

Sedientas por venganza. Por envidia y celos. Por un comercio, parte de un sistema, que arruina a cualquiera. Aunque beneficia a tan pocos. Seguimos siendo monos en un rebaño amargado, guiados por unos extraños a esta raza humana. Si nos llevan a la rastra no creo que podamos llegar lejos.

Es una pena y una lástima.

Seguir siendo monos, pero vivir encerrados.


Martes, Agosto 12, 2008

PERCEPCIÓN. UNA APERTURA DE LA MENTE.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Percepción. Depende cada vez menos de los órganos de los sentidos. Y más de la apertura y la naturalidad. Y voy más allá de la simple anticipación de quién llama por teléfono. Algo ha sucedido que en los últimos años, más de una década, muchos son quienes han tenido estas experiencias perceptivas y se han animado a ver, con los ojos cerrados.

La percepción es una apertura de la mente a ratificar la información que sabe. Hay canales que superan a los órganos sensoriales. Hay datos dando vueltas por el mundo que no pueden ni verse ni oírse, sin embargo están y su existencia modifica sustancialmente la vida. Hay certezas que viajan por allí, y se producen en cada uno. Cosas que se saben sin entender de dónde ni cuándo se han aprendido. Esa es la percepción, una intuición que viaja con certeza por la mente de uno, al llegar. Sólo hace falta abrir las cadenas de la cabeza y sentir en el corazón como la información llega. Sin poner limitaciones ni dudas ni interrogantes.

Es duro pensar pero una realidad nos cuestiona. Los ojos ven lo que quieren, algunos sólo lo que pueden, pero no ven más allá de ellos mismos. Su visión está sujeta a una interpretación que muchas veces modifica o altera lo visto. De lo oído no podemos ni hablar, son demasiadas las distorsiones a las que exponemos esa realidad. Sus diferentes tonos, sus gestos a la hora de ser emitidas las pocas palabras que pueden decir tantas cosas alternativamente. Una boca que se expresa y un oído que se cierra, son una combinación que no se llevan de la mano. Una obviedad que es torpe a la hora de decir, de hablar, de comunicarnos.

Tal vez el problema no esté en los órganos perceptivos sino en la mente que procesa dicha información o le agrega lo que puede. Cuando por otras vías llega una información que viene con tal nivel de integración que no requiere de interpretaciones ni de moldes prefabricados. Es extraña la sensación, es como una idea que se siente en el medio del pecho. Donde uno naturalmente ubica al yo, cuando con sus manos habla de sí mismo. Será que el instrumento de captación va directo por esa razón. Llega directo al alma, la que no tarda en comunicar. Sólo tardamos en escucharla.

Una apertura de la mente. Y uno recibe muchos datos nuevos. Una nueva visión del mundo. Hasta los colores son más nítidos e intensos. La profundidad se vuelve dimensional, el negro más oscuro y la luz un brillante atenuado. Desaparecen las nubes y la duda queda desterrada. El debate se reduce a pensar si uno le hace caso o la ignora otro día más. Después uno se recrimina, yo sabía lo que sucedería, entonces ¿por qué no actué de otra manera?

La percepción se vuelve un instrumento valioso para actuar en el mundo. Excede su función de receptor, una reducción del mundo medieval que hemos heredado. Una equivocación de la religión, una enseñanza anulatoria. Así han conseguido adeptos y han perdido creyentes. Pero esa es otra cuestión, que va al margen de este debate interno.

La percepción vivida de esta manera permite compartir con otros que se mantienen lejos, con certezas y complejos enjambres de información que requieren que la mente se abra a vivir las otras dimensiones paralelas. Sortear las contradicciones y ver con simpleza y naturalidad.

Somos emisores de información y el cuerpo es una antena gigante.

La percepción requiere que abramos la mente. Pues la información nos llega directo al corazón. En el centro. En el eje.

Sabemos. Con contundencia.

La verdad de la razón. La hemos percibido.


CUANDO SE INTRODUCE OTRA ESPECIE. SE ROMPE EL ECO SISTEMA.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Es sabido que cuando se introduce una especie en un eco sistema al que no pertenece, el mismo entra en crisis y corre serios peligros de extinción. Lo mismo sucede con las idiosincrasias y los sistemas sociales, cuando se introduce una patología que no es propia de ese grupo humano, comienzan los inconvenientes y se propaga como si fuera una epidemia. Es por contagio y es por identificación. Hay un factor que no debería estar.

Los sistemas tienen sus fronteras por razones obvias. Para evitar las mezclas y las fusiones que generan extremas confusiones y pérdida de identidad. Con el efecto de la moda sobrevalorada y llevada a lo más alto del podio, el contagio es obvio y la globalización así lo facilita. La influencia es inevitable. ¿La contaminación también?

Es una forma de modificar lo establecido. Sucede cuando se carece de una identidad sólida. Cuando apremian las necesidades y se quieren tapar los agujeros existentes. La culpa no es de nadie, pero estamos todos involucrados. Por omisión o negligencia, por descuido y por corrupción. Meras conveniencias que arruinan lo establecido. Lo propio más lo adquirido. Es el producto de la experiencia.

No sé si hay intencionalidad. Si sé que hay efectos y consecuencias.

Adversos, por obviedad. Con sólo caminar por las calles alcanza para ver la idiosincrasia invadida por elementos extraños. Ajenos y alejados, que ya fueron absorbidos como propios. Dicen que hay que cambiar, dicen que es parte del crecimiento. Pero me pregunto y no entiendo a qué se refieren con “crecer”. ¿Es desarrollar lo propio o es expandirse con lo ajeno? Llenarse de cosas de otros no es madurar ni desarrollar los propios recursos. ¿Dónde queda lo nuestro? Parece una secuencia confusa.

La contaminación de las ideologías en mi mundo se llama espionaje. Infiltrados, son los que mezclan las pinturas arruinando los colores. Llevar y nunca traer establece un desequilibrio, de aquí se han llevado las riquezas. Eso sí que no mezcla, llena de tesoros sus bolsillos. Y de pobrezas nuestros platos.

Es el efecto esperado a corto y mediano plazo. El que llega con los años se verá en algunas décadas. Ya son las nuestras las que han perdido “lo propio”. Son los severos trastornos que involucran a la identidad, el efecto a largo plazo de la ruptura del eco- sistema. Lo original es copia. Y la copia es de segunda mano.

Las materias primas se han llevado. Lo más personal de cada uno.

Esa es la razón por la cual no nos pertenecen algunas patologías. Que padecen nuestros niños y adolescentes. Es consecuente con lo realizado hace muchas décadas. Es el efecto indeseado. Al menos el no esperado.

Lo lamento muchísimo. Son pocos los grupos de pertenencia.

Son demasiadas las consecuencias.

Ya las vemos a diario.


NADIE CUENTA TODO. LA SOMBRA DE LA SOMBRA.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Nadie cuenta todo. Aunque usted quiera lo contrario. Todos escondemos algo, todos ocultamos algo. Todos nos reservamos mucho. La sombra tiene su sombra, de ella nadie se escapa. Lo inevitable avanza sobre las posibilidades. Para oscurecer el atardecer, en la noche las sombras también se hacen presentes.

No sólo existen los secretos, esa estructura donde participan más de uno, pero se reserva el silencio para los demás. Donde inevitablemente están otros involucrados, pero quedan exiliados de la verdad. Y de la comunicación. La sombra de la sombra es aquello que queda reservado en uno, donde no hay otro involucrado. Donde no queda nada en las manos de los demás. Ni se perjudica a otros, directamente. No sé si se miente al esconder estas cuestiones, sé que genera rencores y tantas discusiones bizantinas. Pero la verdad no siempre es dicha. Nadie cuenta todo.

Es un problema de la comunicación. Es una falla del ser humano. Pretender que todos caigamos en un compromiso que no se puede cumplir. Decir todo lo sabido, es un absurdo de raíz. Una mentira de patas largas y buenas intensiones. Pero no corresponde, porque es una imposibilidad de la naturaleza humana. Es una garrapata que no se va a soltar. Decir toda la verdad y nada más que la verdad, ni siquiera se puede en nombre de Dios. La memoria no quiere, la conciencia no lo deja, las conveniencias se quejan, la inteligencia se retuerce envenenada, una falacia que choca de frente con la realidad.

No es fomentar el ocultamiento. Es ser claros y sinceros a la hora de hablar sobre uno. La sombra del espejo ya fue develada, ahora le queda la cama libre a la sombra de la sombra. A ese punto tan ciego que no se nombra. A ese lugar al que nunca se puede llegar, ni siquiera con el esfuerzo de los principios. El silencio es maldito, pero las palabras condenan. Ni el suicidio libera de esa ceguera a la mente. No le pida a la gente que cuente todo lo que sepa, ni lo que sienta ni lo que esconde. Sólo escuchará temores, broncas y asuntos viejos, cuando empiece a escuchar el silencio allí sabrá lo que le espera. La prohibición anuncia la sentencia. Y no habrá tolerancia que alcance.

Nadie quiere ser cobarde, pero frente a esto es inevitable.

Nadie quiere mirar de frente a la sombra de la sombra, aquello que cae detrás de la muralla. Lo que no se tolera, lo que no alcanza. Aquello que no tiene calma, una vez suelta la fiera. La prohibición anuncia la zona de detención, lo prepara con advertencias. Si usted siguiera, ya correría por cuenta suya. Si no le hace caso a la señal, no espere lealtad al momento del rescate.

La sombra no es cobarde. Su sombra es hambrienta.

No se alimenta de sangre, se alimenta de inocencia. A la sombra no le cuesta ser tan ella.


Lunes, Agosto 11, 2008

ACCIDENTES HOGAREÑOS. PROBLEMAS EN CASA.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Son los más absurdos. Son muy letales. Se producen sin una razón aparente. Y son producto de una distracción mortal, que sabe generar consecuencias. He visto mutilaciones, muertes y explosiones por errores cometidos en casa. Suicidios que son perpetrados de una manera que se perjudica a cualquiera que nada tiene que ver con el motivo. Los accidentes hogareños son una muestra de los problemas que hay en casa. Una leve pero fatal expresión de los conflictos internos al clima familiar.

Dicen que los trapitos se lavan en casa. Algunos otros se queman allí. Las puertas están cerradas. El acceso y la externalización están prohibidos. Han claudicados los intentos. El clima se retroalimenta, se va caldeando de a poco. Se suman los problemas y la tención se incrementa. Hasta que explota. Es un ambiente de violencia que jamás llega a ser explícita. Mucho menos física, por eso es que se producen estos accidentes.

Mantienen la misma secuencia que los accidentes comúnes. Una decisión acompañada de la negligencia. Pero con un toque de humor, aunque sea de color negro. Pues aquí es la torpeza la que se gana el protagonismo. Un paso perdido en esos miles que se han dado a diario. Este es el complicado, el que produce el accidente. Un resbalón y el golpazo. Los bordes de la bañadera. La sangre que se lleva toda la violencia del impacto. La misma que se gesta en el almuerzo tenso por los problemas no resueltos. Y que producen así el quiebre.

El asunto es complejo y pasa por entender las variables en juego para llegar a este punto. Los conflictos del mundo se saben introducir de una manera tan vil que explotan dentro de casa. Cuestiones humanas que no salen de esas paredes. Secretos que quieren encontrar la luz y chocan contra todo. Consciencias que pueden morir sin ser lavadas, perdonadas o arrepentidas. Y limpian sus culpas sin arrepentimiento. Con dolor y sufrimiento. De una manera no esperable. Un conflicto se alimenta de la energía de sus miembros. Los participantes son obreros de esa construcción torcida. El clima involucra tanto a protagonistas como a testigos. Todos terminan aportando su grano de arena. El elegido será el eslabón perdido, el más débil. O el más involucrado. Depende mucho de lo ocultado a los demás miembros del complot. Del horror. O de la intriga.

Un infarto anunciado. Una úlcera que se desangra. El golpe contra la ventana de esos niños que nadie cuida. Juegos violentos que terminan mal. Enchufes peligrosos que dejan al descubierto los cables pelados de algún miembro afectado por una enfermedad psiquiátrica. Son muchas las formas que adopta el accidente hogareño, desde el corte de un dedo hasta de los tendones o de la pierna. Una infección en las extremidades que ha comenzado en ese imperceptible suceso. Inadvertido. La fractura de la cadera de un abuelo cansado de ser el objeto abandonado. Alejado de los ideales de la sabiduría. Son tantas las intrigas que se han sembrado, que tarde o temprano encontrarán una forma de expresión.

Se los he presentado. Usted ya los conoce.

No es nada nuevo. Aunque es tiempo de pensar sobre las cuestiones que están detrás de estos accidentes.

Es el hogar el sustituto de las calles.

Es la luz roja la que no se respetó.

No se frenó a tiempo.


ACCIDENTES HOGAREÑOS. PROBLEMAS EN CASA.

Escrito por Juan Cruz Cúneo

Son los más absurdos. Son muy letales. Se producen sin una razón aparente. Y son producto de una distracción mortal, que sabe generar consecuencias. He visto mutilaciones, muertes y explosiones por errores cometidos en casa. Suicidios que son perpetrados de una manera que se perjudica a cualquiera que nada tiene que ver con el motivo. Los accidentes hogareños son una muestra de los problemas que hay en casa. Una leve pero fatal expresión de los conflictos internos al clima familiar.

Dicen que los trapitos se lavan en casa. Algunos otros se queman allí. Las puertas están cerradas. El acceso y la externalización están prohibidos. Han claudicados los intentos. El clima se retroalimenta, se va caldeando de a poco. Se suman los problemas y la tención se incrementa. Hasta que explota. Es un ambiente de violencia que jamás llega a ser explícita. Mucho menos física, por eso es que se producen estos accidentes.

Mantienen la misma secuencia que los accidentes comúnes. Una decisión acompañada de la negligencia. Pero con un toque de humor, aunque sea de color negro. Pues aquí es la torpeza la que se gana el protagonismo. Un paso perdido en esos miles que se han dado a diario. Este es el complicado, el que produce el accidente. Un resbalón y el golpazo. Los bordes de la bañadera. La sangre que se lleva toda la violencia del impacto. La misma que se gesta en el almuerzo tenso por los problemas no resueltos. Y que producen así el quiebre.

El asunto es complejo y pasa por entender las variables en juego para llegar a este punto. Los conflictos del mundo se saben introducir de una manera tan vil que explotan dentro de casa. Cuestiones humanas que no salen de esas paredes. Secretos que quieren encontrar la luz y chocan contra todo. Consciencias que pueden morir sin ser lavadas, perdonadas o arrepentidas. Y limpian sus culpas sin arrepentimiento. Con dolor y sufrimiento. De una manera no esperable. Un conflicto se alimenta de la energía de sus miembros. Los participantes son obreros de esa construcción torcida. El clima involucra tanto a protagonistas como a testigos. Todos terminan aportando su grano de arena. El elegido será el eslabón perdido, el más débil. O el más involucrado. Depende mucho de lo ocultado a los demás miembros del complot. Del horror. O de la intriga.

Un infarto anunciado. Una úlcera que se desangra. El golpe contra la ventana de esos niños que nadie cuida. Juegos violentos que terminan mal. Enchufes peligrosos que dejan al descubierto los cables pelados de algún miembro afectado por una enfermedad psiquiátrica. Son muchas las formas que adopta el accidente hogareño, desde el corte de un dedo hasta de los tendones o de la pierna. Una infección en las extremidades que ha comenzado en ese imperceptible suceso. Inadvertido. La fractura de la cadera de un abuelo cansado de ser el objeto abandonado. Alejado de los ideales de la sabiduría. Son tantas las intrigas que se han sembrado, que tarde o temprano encontrarán una forma de expresión.

Se los he presentado. Usted ya los conoce.

No es nada nuevo. Aunque es tiempo de pensar sobre las cuestiones que están detrás de estos accidentes.

Es el hogar el sustituto de las calles.

Es la luz roja la que no se respetó.

No se frenó a tiempo.